La historia de Amalia Figueredo, la mujer que desafió al cielo en 1914: La primera aviadora Argentina

Amalia Figueredo desafió todos los límites de su época y se convirtió en la primera mujer en pilotar un avión en Sudamérica, en una Argentina donde volar todavía era una aventura para muy pocos.

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Amalia Figueredo fue la primera mujer en pilotar un avión en Sudamérica y obtuvo su brevet cuando apenas tenía 19 años. En una época en la que volar parecía una locura reservada para unos pocos hombres, la joven rosarina rompió todas las barreras y se convirtió en pionera de la aviación argentina.

Amalia Figueredo en la foto original, solo por un vuelo de Lugones al Hipódromo de la Ciudad, a su edad, y en aquellos tiempos, se la reconocía como un logro. Esta es la foto original, la deportada la coloreó FX 5G para mejorar su apreciación.
Amalia Figueredo en la foto original, solo por un vuelo de Lugones al Hipódromo de la Ciudad, a su edad, y en aquellos tiempos, se la reconocía como un logro. Esta es la foto original, la deportada la coloreó FX 5G para mejorar su apreciación.

Amalia Figueredo soñaba con volar cuando los aviones todavía parecían imposibles

¿Cuántas veces Amalia Figueredo, todavía adolescente, se habrá sentado en las largas gradas del viejo aeródromo de Villa Lugano para contemplar aquel espectáculo que parecía un milagro? Frente a sus ojos, hombres suspendidos en máquinas de madera y tela atravesaban el cielo a velocidades que entonces resultaban asombrosas.

El aeródromo había sido inaugurado el 23 de marzo de 1910, en medio de una Buenos Aires muy distinta a la actual. Allí donde hoy se levantan los barrios Lugano I y II, existía un enorme campo de tierra alisada donde la aviación argentina comenzaba a escribir sus primeras páginas.

Amalia Figueredo partía de los talleres de Lugano con sus cortos 19 años, una edad ideal para animarse a volar
Amalia Figueredo partía de los talleres de Villa Lugano con sus cortos 19 años, una edad ideal para animarse a volar

La cercanía con ese lugar cambió para siempre la vida de Amalia Figueredo.

Nacida en Rosario el 18 de febrero de 1895, hija de Honoria Pereyra y Faustino Figueredo, llegó a Buenos Aires siendo muy pequeña. Terminó sus estudios secundarios con título de maestra y luego cursó obstetricia en la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires, en tiempos en los que las mujeres universitarias todavía eran minoría y muchas veces debían soportar burlas y desprecio dentro de las aulas.

También estudió música en el prestigioso Conservatorio Fontova, aunque su verdadera pasión terminaría apareciendo entre motores, alas y hélices.

La foto coloreada de aquellos talleres desde los cuales salía Amalia Figueredo
La foto coloreada de aquellos talleres desde los cuales salía Amalia Figueredo de Villa Lugano

Jorge Newbery impulsó el sueño de Amalia Figueredo

De tanto asistir al aeródromo de Villa Lugano, Amalia Figueredo terminó acercándose a los pioneros de la aviación argentina. Entre ellos estaba nada menos que Jorge Newbery, el gran ídolo aeronáutico de la época.

Fue Newbery quien la invitó a realizar un vuelo y quien, según distintas reconstrucciones históricas, la alentó a tomar el curso de piloto.

La decisión de Amalia Figueredo era revolucionaria. En aquellos años, muchas mujeres recién comenzaban a aprender a manejar automóviles, mientras ella pretendía pilotar aeroplanos.

Entre 1909 y 1913, apenas 23 mujeres habían logrado volar en Europa y América del Norte. En la Argentina, directamente no existían antecedentes comparables.

Jorge Newbery, el hombre que alentó a  Amalia Figueredo a seguir volando
Jorge Newbery, el hombre que alentó a Amalia Figueredo a seguir volando

El entrenamiento de Amalia Figueredo y el peligroso examen fallido

Amalia Figueredo comenzó su aprendizaje junto al aviador francés Paul Castaibert, utilizando un monoplano Castaibert-Anzani 25 HP. Como aquellas aeronaves tenían una sola carlinga, gran parte de las clases debían realizarse en tierra.

Más tarde continuó su formación junto a Eduardo Alfredo Olivero y Emilio Saurvein, hasta ingresar en mayo de 1914 a la escuela de aviación que Pablo Teodoro Fels y el francés Marcelle Paillete habían creado en San Fernando.

Allí comenzó a practicar con un biplano escuela Henry Farman, una aeronave que permitía viajar a dos personas y facilitaba el entrenamiento.

El 6 de septiembre de 1914, Amalia Figueredo rindió un primer examen que terminó de manera dramática. Mientras volaba a unos sesenta metros de altura descubrió que los tensores del aparato estaban flojos y perdió el control de la aeronave. La joven aviadora debió improvisar un aterrizaje de emergencia para salvar su vida.

Con los años recordaría que los tensores habían sido aflojados poco antes de la prueba, aunque nunca pudo comprobarse oficialmente si se trató de un sabotaje o de un problema técnico.

Amalia Figueredo posa sobre su avión antes de carretear por las pistas de Villa Lugano
Amalia Figueredo posa sobre su avión antes de carretear por las pistas de Villa Lugano

El día en que Amalia Figueredo hizo historia

Lejos de abandonar, Amalia Figueredo volvió a presentarse el 1 de octubre de 1914 ante los examinadores del Aeroclub Argentino, el ingeniero Carlos Irmscher y Carlos Borcosque.

Aquel día logró aprobar una prueba extremadamente compleja y obtuvo el brevet de Piloto Aviador N.º 58 de la Federación Aeronáutica Internacional.

El examen exigía maniobras muy difíciles para la tecnología de la época: pasar entre pilones separados por apenas quince metros, realizar series de “ochos”, elevarse a más de 300 metros y aterrizar con precisión, primero con motor y luego planeando sin propulsión.

Las crónicas periodísticas describieron la escena con admiración. El vuelo comenzó a las 4:30 de la mañana y Amalia Figueredo completó todas las pruebas sin dificultades, despertando aplausos entre quienes observaban aquella hazaña histórica.

Amalia Figueredo junto al motor de su avión y su traje para volar
Amalia Figueredo junto al motor de su avión y su traje para volar

Las exhibiciones que convirtieron a Amalia Figueredo en celebridad

Después de conseguir su brevet, Amalia Figueredo realizó exhibiciones públicas en el antiguo Hipódromo Nacional de Belgrano, en la Sportiva Argentina de Palermo y nuevamente en Villa Lugano.

Miles de personas asistían para ver a la mujer que había logrado dominar aquellas máquinas voladoras que todavía parecían imposibles.

También realizó giras por localidades de las provincias de Córdoba y Santa Fe.

En 1915, protagonizó otro episodio extraordinario al volar entre Buenos Aires y Rosario en un Farman biplano equipado con motor Gnome-Rome de 50 HP.

Más tarde sufriría otro accidente en Rosario, nuevamente sin consecuencias graves, antes de continuar vuelos hacia Casilda y San Nicolás de los Arroyos.

Ya más grande Amalia Figueredo posa por completo para publicaciones deportivas cuando ya cobró notoriedad a partir de las exhibiciones
Ya más grande Amalia Figueredo posa por completo para publicaciones deportivas cuando ya cobró notoriedad a partir de las exhibiciones

La vida de Amalia Figueredo después de la aviación

Ese mismo año, Amalia Figueredo se casó con Alejandro Carlos Pietra y comenzó a alejarse progresivamente de la actividad aeronáutica.

En 1928, tras la muerte de su esposo, quedó sola al cuidado de sus hijos, Blanca Noemí y Rodolfo Carlos. Entonces comenzó a trabajar en el Registro Civil de Belgrano, donde desarrolló una carrera laboral durante tres décadas hasta jubilarse.

Sin embargo, jamás perdió el vínculo con el mundo de la aviación.

El 23 de noviembre de 1941, acompañó a aviadoras uruguayas en un vuelo piloteado por Carola Lorenzini. Aquella jornada terminaría en tragedia: Lorenzini volvió a despegar para realizar maniobras acrobáticas y murió al estrellarse durante un looping invertido a baja altura.

El legado histórico de Amalia Figueredo

Amalia Figueredo falleció en la ciudad de Buenos Aires el 8 de octubre de 1985, a los 90 años. Sus restos fueron sepultados en el Panteón Militar del Cementerio de la Chacarita.

Más de un siglo después, el nombre de Amalia Figueredo sigue representando uno de los capítulos más extraordinarios de la aviación argentina. La joven rosarina que soñaba con volar en las gradas de Villa Lugano terminó convirtiéndose en la mujer que abrió el cielo para todas las que vinieron después.

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