La historia de
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La historia de la mujer que cruzó los Andes hace 99 años. Con solo 25 años, la aviadora francesa Nille Adrienne Bolland cumplió el sueño de atravesar la cordillera. Su ambiciosa hazaña la había convertido en el hazme reír de los hombres que la creían incapaz de concretarla.

La historia de la mujer que cruzó los Andes hace 99 años. De Buenos Aires a Mendoza corría el rumor de una mujer que buscaba cruzar la Cordillera de los Andes. «La cordillera no es de chocolate» le advertían los hombres a la piloto de 25 años en medio de bromas sexistas, algo común en la sociedad de 1921.

Amas de casa, mujeres de familia, criar hijos, mantener a sus maridos contentos y cumplir con las expectativas de una sociedad machista eran los lugares en los que se suponía que debía estar una mujer en aquella época. Nada de tener una profesión, y mucho menos practicar un deporte extremo.

Sin embargo, Nille Adrienne Bolland (1895, Arcueil, Francia – 1975, París) hizo oídos sordos a los estatutos sociales y se lanzó a los cielos a buscar un sueño que estaba a más de 4.000 metros de altura.

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Para 1920 con 24 años había cruzado el Canal de la Mancha. Un año después, llegó a Argentina, a la provincia de Mendoza, para el 31 de marzo ir al aeródromo de Los Tamarindos y cruzar la cordillera andina.

Con la vestimenta apropiada para soportar las bajas temperaturas y con su Caudron de 80 HP preparado por su mecánico para echarse a volar, la joven francesa se largó a los cielos, pero aquellos cielos serían un obstáculo aquel día.

Vientos fuertes y pronóstico inestable hacían que la aviadora no pudiera alcanzar la altura necesaria. El mal clima la obligó a volverse a la ciudad, pero no para darse por vencida.

1 de abril de 1921. Bolland regresó a Los Tamarindos con provisiones para su viaje: cebollas para combatir el «apunamiento» y pan para alimentarse a miles de metros sobre el nivel del mar, sonrío a quienes atónitos la observaban y volvió a los cielos.

Con un despegue hacia el Sudeste, la francesa volaba a 3.000 metros de altura y se dirigió al oeste, donde los picos nevados mendocinos la esperaban.

Una hora después de su despegue el avión sobrevolaba Uspallata, al llegar a Las Cuevas logró ascender 1.850 metros más, rompiendo un récord mundial que ninguna otra había alcanzado.

Sin embargo, había un problema. Unos cuantos problemas. Su nave soportaba una altura máxima de 4.000 metros, sus anteojos apretaban su cabeza y las vendas en sus manos que la protegían del frío no le daban suficiente movilidad, pero lo intentó.

A la altura de Punta de Vacas quiso acomodar sus anteojos. En medio de un forcejeo los lentes se rompieron y cayeron al vacío. Tenía el rostro a la intemperie, la altura y los picos nevados emanaban un frío que cortaba su rostro y nublaban su vista, pero Santiago de Chile la esperaba.

Tres horas y media habían pasado desde su partida, el viento sacudía la nave y los ojos le dolían, pero faltaban solo 10 minutos para llegar a su destino.

Empezó a descender.

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Y allí estaba la pista, y a metros, una multitud celebrando que lo había logrado.

El rostro morado, las manos heladas, y la adrenalina de haberlo logrado: Bolland se convertía en la primera mujer en cruzar la cordillera.

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