Morón: la fractura oficialista atraviesa el Gobierno Local. La política tiene momentos en los que la aritmética parece imponerse: sumar, acumular, ampliar. Sin embargo, hay otros —menos visibles, pero más decisivos— en los que el poder no se mide por la cantidad sino por la capacidad de ordenar, disciplinar y conducir. La reciente ruptura del bloque de Unión por la Patria en Morón vuelve a poner sobre la mesa esa tensión clásica: ¿es mejor ser más o ser menos, pero cohesionados?
La escisión que derivó en la conformación del bloque PJ–Movimiento Derecho al Futuro no es un hecho administrativo ni una simple reorganización legislativa. Es, en esencia, la expresión institucional de una disputa de poder más profunda entre dos figuras centrales de la política local: el intendente Lucas Ghi y el ex jefe comunal Martín Sabbatella. Lo que antes se procesó en el terreno de la interna partidaria, ahora se traslada al corazón del Concejo Deliberante.
El poder no es sumar: es conducir
En términos clásicos cualquier espacio político sabe que el poder no reside únicamente en la cantidad de nombres dentro de un bloque, sino en la capacidad de construir una mayoría efectiva y funcional. En ese sentido, la decisión de un sector de los concejales de alinearse de manera directa con la gestión de Lucas Ghi, incluso al costo de fracturar el bloque original y mayoritario por un mínimo y recién nacido, responde a una lógica clara: ordenar antes que acumular, pero, paralelamente dividir y debilitar antes de sumar y fortalecer ante La Libertad Avanza que prefiere ni meterse porque saben que la fragmentación los favorece y mucho.
El nuevo bloque PJ-MDF lo integran Claudio Román, Agustín Ramponelli, Vanina Moro, Alfonso Martínez, José María Ghi y la sumatoria de Adrián Colonna de Vertiente Morón (ex PRO), joven concejal que responde al ex rousselotista Oscar Alvarez. Si miento, de los seis, cuatro tienen mi celular y me pueden corregir. En total son seis concejales.
Acá una muestra el escenario borroso. Paula Majdanski peleó el PJ y obtuvo dos semanas atrás la minoría. Claudio Román también peleó por el PJ y ganó la mayoría. La foto tiene cuatro años, cuando ambos fueron juntos como presidente y vicepresidenta. ¿Qué cambió en cuatro años para que el enfrentamiento fuera tan fuerte? No sabe/no contesta. Sigamos.

Los concejales que quedaron dentro de la coalición original denominada Fuerza Patria y que dio origen a este gobierno municipal, son: Diego Spina, Florencia de Luca, Sol Steimberg, Marcelo Notario y Mariano Spina. En total cinco concejales que responden a Nuevo Encuentro y al PJ (por Notario) ya probaron que no dejarán ese espacio.
Esto a su vez, significa que han mutado los valores. La lealtad la expresan esos concejales y no los peronistas que se unen y pelean como un niño arma y desarma un rompecabezas hasta aburrirse durante un fin semana largo.
Pero Lucas Ghi los «deshecha» en procura de construir algo nuevo con lo viejo. Ahora vamos.
Los concejales que se mantienen leales a Nuevo Encuentro, a Martín Sabbatella, por más que no se consideren oposición, excepto por el intendente Lucas Ghi que no admite críticas con sus gestos contundentes de jugar por los extremos, quiere colocarlos en el «afuera» de la política. Esto es absolutamente real y cierto. Y significa: que no puedan participar más de la política, al menos en Morón, mientras él sea el «jefe político del distrito», figura que hoy, en realidad, no existe. Está en disputa.
La lectura es: todos de acá, de mi lado, del de Lucas Ghi, se entiende, y cuando digo todos, me refiero a los que sean: rousselotistas,juanchistas,macristas,mileistas, lo que sea, y Nuevo Encuentro enfrente. Reconstituir el pasado, habilitarlo, darle protagonismo, sumarle algo del presente, pasarse al Movimiento Derecho al Futuro a cambio de una foto, no le da cara de nuevo a un proyecto distinto al pactado con la sociedad en 2023. Acá se rompe el contrato social.

Y pelear en 2027 la intendencia de Morón personalmente si hay reelección y sino hay con la abogada Estefanía Franco como candidata, poco tiene que ver con un cambio rotundo. Porque esa es la única estrategia del Gobierno Local. Ningún peronista paladar negro va a llegar a intendente en este esquema. Es la única estrategia clara que veo hasta ahora y no me parece seductora porque ¿se trata de acumular o de engordar? Y para mí está claro. Lucas Ghi quiere engordar un espacio político que se desconoce qué le dio origen. No quiere darle darle espesor, ni tres dimensiones, ni cinco sentidos a este espacio sea cual sea. La idea es sumar supuestamente leales, pero en este caso se trata de incondicionales y la clausura del debate por Morón a partir de aquellos que creen que Martín Sabbatella está maldito y vienen a conjurarlo. Siempre me gustó H.P. Lovecraft.
Sin embargo, a mi entender, que en este terreno puede ser erróneo, la lealtad pasa por compartir valores, conceptos, ideas y proyectos. En dialogar hasta el infinito si es necesario y evitar siempre la violencia que tiene muchas caras. Ahora, se se trata de tener un trabajo cómodo en donde todos te sonríen por que sino los hechas, ¿okey?, eso es algo para imposible de analizar en términos de democracia porque si algo caracteriza a la democracia es la diferencia y la transformación.
No veo transformación. Este es el punto. En mi opinión, la vara política que instaló Nuevo Encuentro en 1999 ha quedado por el suelo. Ahora, aunque el oficialismo en el poder, en el Poder Ejecutivo, diga «no vale cualquier cosa» se equivoca porque sí vale cualquier cosa. Se los escuché decir y operar cualquier cosa. Yo no me olvido que pelemos unos pocos por todos para democratizar la circulación de información y lo logramos con el cambio político de Morón en 1999, o sea, post rousselotismo.
Pero ahora, no hay información. Un video tipo short por semana sin profundidad para adolescentes sentados en una plaza en donde quieren mostrar que Morón es Disneylandia, y algún que otro comunicado de manera intermitente de un hecho que no es de interés general que, principalmente, pasa por la seguridad, no es distribuir información. Pero el error persiste. No hay nada de nada de nada de información. Como si la historia se hubiera detenido, aunque es imposible. Pura estructura sin contenido. Un significante sin significado. Algo vacío.
Que hará frente a este escenario el Frente Renovador de Martín Marinucci, yo lo puedo anticipar. Hay una historia, una historia hecha foto, en la que los concejales del Frente Renovador no están. No son del intendente, son de Unión por la Patria. No forman parte de su núcleo duro sino de una coalición fragmentada. Esos concejales fuera de la foto son: Sibila Botti, nada más ni nada menos que la Presidenta del Concejo Deliberante, y su par Lorena Acevedo. Terminarán haciendo un bloque aparte.

La presidencia del Concejo Deliberante, con la ruptura, supongo que ya está en juego. Aunque a mí me queda claro que Unión por la Patria jamás votaría un candidato de La Libertad Avanza, a Sibila Botti la sostenían 13 manos. Ahora esas trece manos se distribuyen en tres bloques.
La fantasía de la unidad dura cinco días y deja en evidencia una de las contradicciones más recurrentes del peronismo: la distancia entre la liturgia de la unidad —“todos unidos triunfaremos”— y la práctica real del poder, abriéndole la ventana del Municipio de Morón a La Libertad Avanza.
Los discursos posteriores a la interna partidaria apelaban a esa épica integradora. Sin embargo, los hechos avanzaron en sentido contrario. Es lo que emana el Gobierno. Dice ir en una dirección y los resultados son absolutamente distintos.
Las declaraciones de Claudio Román, celebrando la victoria interna, cuestionando a Martín Sabbatella y convocando a la unidad, contrastan con la decisión posterior de romper el bloque. Esa contradicción no es excepcional: es, en muchos casos, la norma en procesos donde la disputa por la conducción no logra resolverse con reglas aceptadas por todos.
Del otro lado, las críticas de la ex concejal Nadia Diz no solo cuestionan la coherencia política del armado, sino que ponen en discusión la legitimidad de los actores y las alianzas. Su intervención introduce otro elemento clave: la identidad política. ¿Quién representa hoy al peronismo en Morón? ¿Se define por la historia, por la conducción, por el contenido o por la capacidad de ganar internas?

Podemos hacer otra lectura, más benevolenta, comprensiva. En ese marco, el movimiento del sector alineado con Ghi puede leerse como un intento de consolidar un espacio más homogéneo, capaz de sostener la gestión local y articular con la provincia bajo el liderazgo de Axel Kicillof. Pero la incorporación de figuras de distintos orígenes —incluido un ex PRO— refuerza la idea de un armado pragmático, más orientado a la gobernabilidad que a la pureza doctrinaria.
Y acá se marca el retroceso. Porque ese mismo movimiento tiene un costo: profundiza la fragmentación del espacio político que gobierna el distrito y abre interrogantes sobre su capacidad de sostener mayorías estables en el tiempo. De acá, mi frase: de esta forma le abren la puerta del Gobierno Local a La Libertad Avanza. Y yo no quiero ser responsable por más que le tenga el más alto respeto a la democracia.
Reconozco que la historia política muestra múltiples casos donde la reducción de un espacio permitió fortalecer su conducción, pero también sobre el riesgo inverso: cuando la división no ordena, multiplica centros de poder en conflicto.
Hoy en Morón ya hay dos. El luquismo versus el sabbatellismo y con posibilidad de dos más: el Frente Renovador contrata todos y La Libertad Avanza contra los tres.
Puede que la gobernabilidad, en ese contexto, dependa de la menor cantidad de concejales pero entonces debe haber más capacidad de articular acuerdos. Y no me consta que el Gobierno Local quiere tenerlos luego de los dichos de la concejal Nadia Diz que afirmó que el intendente hace seis años que no reúne a sus concejales. Bien. Ahora que son menos, o propios, o los considera puros, los reunió en el Salón Mariano Moreno, lo sacó al balcón que supo utilizar el intendente César Albistur Villegas (1948 – 1953) para hablar al pueblo de Morón e hizo una foto que no fue de prensa aunque terminó en un medio de comunicación. Esa es la prensa hoy, poca y selectiva. La no-prensa que somete a un buen tipo a realizar trabajos escondidos. Vergüenza debería darle a quien la ejerza. Me duele en el alma al pensar lo que están haciendo que no es otra cosa que reducir el derecho a estar informado.
En última instancia, por más pesares que existan, lo que ocurre en Morón no es una anomalía, sino una manifestación típica de la política en su estado más puro: la disputa por la conducción. Cuando esa disputa no encuentra síntesis, se traduce en rupturas. Esta es la clave y aquellos que siguen al intendente Lucas Ghi deben entenderlo. Aún necesitan acumular poder.
Pero la pregunta de fondo —cómo se construye poder— sigue abierta. La respuesta, sin embargo, parece repetirse en cada experiencia: el poder no se acumula como piezas en un tablero, sino que se construye a partir de liderazgo, coherencia y capacidad de ordenar intereses en conflicto.
En ese sentido, la fractura del oficialismo en Morón no es solo una crisis: es también una definición. Y como toda definición política, marcará quién conduce, quién acompaña y, sobre todo, qué proyecto logra imponerse en 2027.





