Un colegio como Monseñor Solari debe tener cierta benevolencia. Pero no es el caso. La comunidad educativa del Colegio Monseñor Tomás Solari, institución privada de orientación católica que funciona bajo la órbita del Obispado de Morón, atraviesa por estas horas un conflicto que mantiene en alerta a decenas de familias. Padres y madres denuncian que el establecimiento decidió no renovar la matrícula de alumnos cuyas familias registraban deudas administrativas, aun en casos en los que esos compromisos ya fueron cancelados en su totalidad.
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Sin embargo, aunque la advertencia fue que no inscribirían chicos o chicas con deudas, al cancelar el monto adeudado tampoco inscribieron a alumnos que en algunos casos ingresaron en Jardín de Infantes.
40 familias denuncian que el establecimiento educativo dependiente del Obispado de Morón se niega a renovar las vacantes de sus hijos pese a que muchas de las deudas por cuotas ya fueron canceladas. Padres y madres hablan de “falta de empatía” y analizan avanzar con acciones judiciales.
Según relatan los afectados, la decisión fue comunicada cuando muchas familias se acercaron al colegio para regularizar pagos atrasados correspondientes a 2025. En varios casos, aseguran, se encontraron con una respuesta inesperada: aunque saldaran la deuda, las vacantes ya habían sido reasignadas y sus hijos no podrían continuar en la institución.
«Pero no es así, no hay chicos o chicas nuevas, nos constan por los compañeros de mis tres hijos», la dijo Evangelina en comunicación Diario Anticipos. Pareciera entonces, el Colegio Católico Monseñor Solari quiere realizar una medida ejemplificadora castigando a los chicos y chicas que nada tienen que ver.

Familias que deben buscar escuela en pleno inicio del ciclo lectivo
Evangelina fue el contacto que se largó a hablar con Anticipos Diario. Tres hijos cursan en el Colegio Monseñor Solari y está separada. El acuerdo con el padre de los chicos es pagar mitad cada uno la cuota del colegio ya que el Monseñor Solari es privado. De los tres chicos dos cursan en la secundaria y el menor debía iniciar el ciclo lectivo en primaria esta misma semana. La mujer explicó que el padre no pagó la mitad de la cuota, a ella nadie la notificó, y se hizo cargo de la deuda.
“Yo pagué, cancelé la deuda y después nos dijeron que no me renovaban la matricula de ninguno de los tres chicos”, relató Evangelina.
La situación se produjo con las clases ya iniciadas, lo que complica aún más la búsqueda de alternativas.
“Estamos en marzo y muchas escuelas ya no tienen lugar. Mi hijo directamente no pudo empezar las clases”, explicó.
En su caso particular, el atraso en el pago de cuotas estuvo vinculado a una situación de salud: durante 2025 debió atravesar dos cirugías por cáncer, lo que afectó la economía familiar. La deuda, según detalló, rondaba 1.800.000 pesos.
“El problema no es solo económico. Mis hijos estudian ahí desde jardín de infantes. Tienen sus amigos, sus docentes, su historia. Sacarlos ahora es romper toda su trayectoria escolar”, sostuvo.

El caso de Evangelina: “No tengo deuda y tampoco me dejan matricularlos”
Entre los testimonios que comenzaron a hacerse públicos aparece también el de Evangelina, madre de tres estudiantes del colegio, quien asegura haber cancelado completamente la deuda que existía y aun así no logró que sus hijos fueran matriculados. Según explicó a Anticipos Diario, el problema se originó por un conflicto judicial con el padre de los chicos, que establecía que ambos debían dividir el pago de las cuotas escolares.
“Yo pagué siempre mi mitad. El papá de mis hijos dejó de pagar la suya y entonces se acumuló una deuda”, relató. «A mí no me avisaron nada, y a él lo intimaron. Yo finalmente saqué un crédito, me aceptaron pagar toda la deuda pero igual no me renuevan la matricula», contó angustiada.
“Le mandaron la carta documento a él y a mí no. Cuando fui a resolverlo ya me dijeron que no había vacantes lo que no es cierto. Uno está en sexto grado de primaria, otro en cuarto año, y el mayor en sexto año de secundaria. Es su último año y no quiero que se quede afuera”, explicó Evangelina.

“El colegio quiere marcar un precedente”
Para Evangelina, la decisión institucional responde a una postura deliberada frente a los atrasos en las cuotas. “El colegio quiere marcar un precedente con los padres que se atrasaron, pero al final los que se quedan afuera son los chicos”, cuestionó y agregó: «No son chicos que llegaron ahora. Están desde jardín”.
Reclamos sin respuesta
Las familias afectadas aseguran que intentaron dialogar con la conducción del establecimiento, pero que el acceso al diálogo ha sido limitado. Según relataron, el director del colegio, Fray Felipe Andrés Burmano, habría recibido a algunos padres, pero la mayoría no logró ser atendida.
Mientras tanto, varias familias iniciaron gestiones ante distintas instituciones, entre ellas el Municipio de Morón, el Obispado de Morón y la DIEGEP (Dirección de Educación de Gestión Privada), organismo que supervisa las escuelas privadas en la provincia de Buenos Aires. Pero no obtuvieron respuestas concretas.

Impacto emocional y posible vía judicial
El conflicto ya comenzó a escalar y algunas familias evalúan iniciar acciones judiciales para exigir la matriculación de los estudiantes, apelando al derecho a la continuidad pedagógica. El impacto emocional en los chicos es uno de los aspectos que más preocupa a los padres.
“No es solo cambiar de escuela. Pierden su grupo, sus amigos y su historia escolar”, dijo Evangelina como vocera.
Mientras tanto, las familias protesta todos los días frente al establecimiento. “Es una situación desesperante como mamás. Es muy angustiante. Voy a ir hasta lo último para que mis hijos puedan seguir en su escuela”, concluyó Evangelina.

En 2017, el Colegio Monseñor Solari se vio envuelto en un escándalo y su comunidad lo ayudó
Justamente fue por la detención de un cura acusado de abusar de una nena de tres años. Se tomaron medidas judiciales. Los medios cubrieron las notas, pero no hubo escándalos por parte de los padres.
El sacerdote colombiano Guillermo León Pulgarín Acevedo, de 50 años, fue detenido este martes por la noche en el partido bonaerense de Morón acusado de abuso sexual agravado contra una niña de apenas tres años, un hecho que habría ocurrido en 2017 dentro del Colegio Monseñor Solari, donde el religioso se desempeñaba en ese momento.

El arresto fue realizado por efectivos de la División Búsqueda de Prófugos y Personas Desaparecidas de la Policía Federal Argentina (PFA), quienes lo localizaron tras varios meses de tareas investigativas. Sobre Pulgarín pesaba pedido de captura nacional e internacional y una alerta roja de Interpol emitida a comienzos de este año, en el marco de una causa que tramita en la UFI N.º 4 del Departamento Judicial de Morón.
Pulgarín Acevedo es oriundo del municipio de San Vicente, en el departamento de Antioquia, Colombia, y desde hacía varios años residía en la Argentina, donde ejercía funciones pastorales y educativas vinculadas a instituciones religiosas.
La denuncia y el inicio de la causa
Según consta en el expediente judicial, los hechos denunciados habrían ocurrido en noviembre de 2017 dentro del establecimiento educativo religioso donde el sacerdote tenía contacto cotidiano con alumnos de nivel inicial.
De acuerdo con el relato de la familia de la víctima, la niña —que entonces tenía apenas tres años— comenzó a manifestar cambios en su comportamiento durante ese año. Fue recién tiempo después cuando contó a sus padres una situación que los alarmó, lo que derivó en la denuncia penal presentada en mayo de 2018.
“Ella me lo contó a principios de noviembre de 2017 y siempre nombraba al padre Guillermo”, relató en su momento Carmen, madre de la menor, en diálogo con el diario Crónica. “Manifestó que la tocaron y que esta persona hizo un juego con ella”, recordó.
La mujer también señaló que nunca había tenido contacto directo con el sacerdote dentro del colegio. Según su relato, recién pudo identificarlo cuando lo vio en un supermercado de la zona y su hija lo señaló como la persona que la habría agredido.
“A mitad de año ella había cambiado de actitud”, explicó la madre, quien describió un comportamiento distinto y retraído en la niña antes de que pudiera verbalizar lo sucedido.
La investigación y la fuga
Tras la denuncia, la causa quedó en manos de la fiscalía especializada de Morón, que reunió testimonios, informes psicológicos y otros elementos probatorios. Con el avance del expediente, la Justicia ordenó la captura del sacerdote por el delito de abuso sexual agravado, una figura penal que contempla circunstancias especialmente graves cuando la víctima es menor y el agresor ocupa una posición de autoridad o confianza.
Sin embargo, cuando la orden se hizo efectiva, Pulgarín ya no se encontraba localizable, lo que llevó a los investigadores a sospechar que había abandonado los lugares donde se movía habitualmente.
A comienzos de este año, ante la imposibilidad de ubicarlo, se dispuso su captura internacional mediante alerta roja de Interpol, herramienta utilizada para la localización de prófugos en distintos países.
La pista que condujo a su detención
Las tareas de búsqueda incluyeron seguimientos y reconstrucciones de sus posibles movimientos en distintos puntos del país. Una de las pistas llevó a los investigadores hasta La Lucila del Mar, una localidad balnearia del Partido de La Costa, donde el sacerdote mantenía contactos y donde funcionaría una congregación vinculada a su comunidad religiosa.
Según indicaron fuentes policiales, los investigadores lograron confirmar que Pulgarín habría estado allí durante un tiempo, posiblemente intentando mantenerse fuera del radar judicial.
Sin embargo, al profundizar las tareas de inteligencia se detectó que el religioso había regresado al conurbano bonaerense, lo que permitió montar un operativo discreto en Morón.
Finalmente, este martes por la noche, agentes de la Policía Federal lo interceptaron en la vía pública y concretaron su detención, poniendo fin a varios meses en condición de prófugo.





