La violencia urbana en el conurbano bonaerense sigue creciendo. El pasado 24 de enero, el barrio Agustoni se convirtió en el escenario de una tragedia que conmocionó a la zona: el caso de los hermanastros asesinados en Pilar.
Lo que en un principio se investigó como un posible ajuste de cuentas vinculado al narcotráfico, derivó en una realidad mucho más mundana pero no menos aterradora. La vida de dos jóvenes, uno de 34 años y una mujer de 22, fue segada por una deuda de apenas 230.000 pesos, una cifra que hoy pone de manifiesto la fragilidad de la existencia en sectores donde la ley del más fuerte impera sobre el derecho a la vida.
Una discusión que terminó en tragedia: El móvil de los hermanastros asesinados en Pilar
El detonante del crimen fue un reclamo económico relacionado con la adquisición de electrodomésticos. Según la reconstrucción realizada por los investigadores de la UFI N°1 de Pilar, Jonathan Posdeley y Priscila Oriana Barski se encontraron con sus victimarios en la calle Pedro de Agustoni al 600.
Los agresores llegaron al lugar a bordo de una camioneta Toyota Hilux de color claro con un objetivo claro: cobrar el dinero o impartir un castigo ejemplar. Lo que comenzó como un intercambio de palabras subió de tono rápidamente, pero los asesinos no buscaron una resolución pacífica ni una extensión de los plazos.
En el caso de los hermanastros asesinados en Pilar, la saña fue el componente principal. Los delincuentes abrieron fuego a sangre fría, disparando al menos cinco veces contra los hermanos. Lo más desgarrador del relato de los testigos es que las ejecuciones se produjeron frente a varios familiares de las víctimas, incluidos niños pequeños que presenciaron cómo sus seres queridos eran acribillados en la vía pública.
«No fueron a asustarlos, fueron directamente a matarlos», declaró Gabriel, tío de las víctimas, quien describió a Jonathan como un hombre pacífico y a Priscila como una madre trabajadora dedicada al cuidado de sus hijos y empleada de limpieza en el Hospital Central de Pilar.
La investigación judicial y la sombra del prestamista prófugo
Tras los disparos, los homicidas huyeron velozmente en la camioneta, dejando a los hermanos gravemente heridos. Ambos fueron trasladados de urgencia al Hospital Central de Pilar (mismo lugar donde Priscila trabajaba), pero la gravedad de las heridas fue fatal. Jonathan recibió dos impactos en el tórax, mientras que Priscila fue alcanzada por tres proyectiles: dos en el pecho y uno en el brazo izquierdo. Ninguno de los dos logró sobrevivir a la intervención médica.
La causa, liderada por el fiscal Raúl Casal, avanzó rápidamente hacia la identificación de los sospechosos. Horas después del ataque, la Policía Bonaerense logró localizar la Toyota Hilux cerca de la estación de trenes de Pilar. En su interior se encontraba un joven de 27 años que fue detenido de inmediato.
Si bien este hombre no sería el autor material de los disparos, quedó imputado por el delito de encubrimiento agravado. La pieza clave del caso de los hermanastros asesinados en Pilar es, sin embargo, el dueño del vehículo: un prestamista de la zona que ya fue identificado y sobre quien pesa una orden de captura nacional.
Impacto social y la búsqueda de justicia por los hermanastros asesinados en Pilar
Este doble crimen ha dejado una herida abierta en la comunidad de Agustoni. La desproporción entre el motivo (una deuda de poco más de 200 dólares al blue) y el desenlace fatal refleja una degradación social donde la figura del prestamista informal actúa con total impunidad, recurriendo a sicarios o métodos de justicia por mano propia para saldar cuentas menores.
Las autoridades continúan con los allanamientos para dar con el paradero del prestamista, quien se cree cuenta con protección o recursos para mantenerse oculto. Mientras tanto, la familia de los hermanastros asesinados en Pilar exige que la justicia no se detenga en el cómplice detenido y que el autor intelectual y material de la masacre pague por el dolor causado.





