Lo que no se puede es una categoría moral kantiana que ya registra la sociedad actual. Se puede, se puede protestar contra la injusticia, y el modo de protesta es variado y la injusticia también.
Una mujer con un alias dejó un mensaje muy claro: «Aún hay trabajadores y trabajadoras que cobran miseria, aún así van a trabajar. ¿Por qué no cumplen pagando lo que corresponde? ¿Por qué juegan con la gente? Ya sabemos que no les interesa, obviamente está más que claro. Ah y hoy es 31, hoy seguramente cenes muy bien, y levantes tu copa, déjame decirte que hay otros y otras que no lo van a poder hacer», dice una municipal a un posteo oficial del Gobierno Local hablando de manera implícita, sin la valentía de los que hablan de manera explícita, de la violencia que se dio ayer contra el Estado por parte de los trabajadores municipales.
Otra agregó: «No naturalicen dejarnos sin lo que nos corresponde por favor. Yo no pido que me regalen nada solo lo que trabaje y bien trabajado para poder pasar unas fiestas en paz y no puedo. Esto el trabajador no se los perdonan más».
Escuchen a estos dos trabajadores, sobre todo el último, cómo se pone, cómo corta la nota para no llorar:
Lo que no se puede, ni debe naturalizarse es la falta de pago
En el camino se rompieron cosas, sí, claro. Eran del Estado, o sea de todos, sí claro. Cuál fue la respuesta. Meter policías, más y más. Y entonces tenemos que discernir. Una cosa es la violencia institucional y otra cosa es el reclamo, agresivo, de un grupo disperso de trabajadores que a 24 horas de festejar Año Nuevo, no tienen el dinero que les corresponde por falta de planificación gubernamental.
Salvo que existe un sadismo crónico en el que uno lea «sino te gusta andate». Pero no creo. Debe ser mi mente repleta de sentido.
La violencia institucional es aquella ejercida por agentes del Estado (funcionarios, fuerzas de seguridad, personal de salud o educación) que, mediante acciones u omisiones, vulneran los derechos fundamentales de las personas, como cobrar.
No se trata solo de un acto aislado de un individuo, sino de una práctica estructural donde la institución utiliza su poder para dañar, discriminar o impedir el ejercicio de derechos. Y ayer, martes 30 de diciembre, se unió el Estado Local a las Fuerzas de Seguridad para «tranquilizar la manifestación».
Lo que no se puede, ni debe naturalizarse
Es el contexto de asimetría. Existe una relación de poder desigual entre la institución (que debería proteger) y el ciudadano (que queda vulnerable).
El sujeto activo es ejercido por funcionarios públicos o personal de instituciones que actúan en nombre del Estado.
Y el mecanismo puede manifestarse a través de la fuerza física, pero también mediante trámites burocráticos, normas discriminatorias o la falta de respuesta (omisión).
La violencia institucional se presenta en diversos ámbitos de la vida cotidiana:
| Ámbito | Ejemplos comunes |
| Seguridad | Brutalidad policial, detenciones arbitrarias, torturas en cárceles o el llamado «gatillo fácil». |
| Salud | Violencia obstétrica (trato deshumanizado durante el parto), negación de atención médica o falta de insumos básicos por negligencia. |
| Justicia | Obstaculizar el acceso a denuncias, la revictimización de mujeres en casos de género o la demora injustificada en procesos legales. |
| Educación | Discriminación por origen étnico, orientación sexual o discapacidad por parte de directivos o docentes. |
Lo que no se puede, ni debe naturalizarse: ¿Por qué es tan grave?
A diferencia de un delito común entre particulares, aquí el responsable es quien tiene el deber legal y moral de garantizar la seguridad y los derechos. Cuando el Estado ejerce violencia, se rompe el «contrato social» y se genera una desprotección sistémica que suele afectar con mayor fuerza a los sectores más vulnerables (jóvenes de barrios populares, mujeres, migrantes, personas LGBTIQ+ y trabajadores).
Dato clave: En muchos países, el 8 de mayo se conmemora el Día Nacional de la Lucha contra la Violencia Institucional para visibilizar y combatir estas prácticas.

Lo que no se puede, ni debe naturalizarse
Hay una frase que se le atribuye a Juan Domingo Perón como casi el 90% del fraserío argentino. Después de todo, con 18 años de exilio, las habrá pensado una y otra vez hasta sacarlas.
Pero «la violencia de arriba genera la violencia de abajo», no es de Juan Domingo Perón. Lo siento por los peronistas.
Esa frase, popularizada en gran medida por el pedagogo y filósofo Paulo Freire y por diversos movimientos sociales, resume una visión sociológica sobre el origen de la conflictividad. Plantea que la violencia no nace en el vacío, sino que es una reacción.
Lo que no se puede, ni debe naturalizarse es la «Violencia de Arriba» (Estructural e Institucional)
Es la violencia que se ejerce desde los centros de poder. No siempre se manifiesta con golpes o armas; a menudo es silenciosa y se da a través de:
La injusticia social: La falta de acceso a comida, salud, educación y vivienda digna.
La desigualdad extrema: Un sistema que beneficia a pocos a costa del esfuerzo de muchos.
La represión: El uso de la fuerza estatal para acallar reclamos legítimos.
La indiferencia: Cuando las instituciones ignoran sistemáticamente las necesidades básicas de la población.
La «Violencia de Abajo» (Reactiva o de Resistencia)
Es la respuesta de quienes sufren la presión de la primera. Se manifiesta a través de:
Protestas sociales, disturbios o estallidos.
Conductas delictivas derivadas de la falta de oportunidades y la exclusión.
Sentimientos de ira y resentimiento social ante la falta de justicia.
Lo que no se puede, ni debe naturalizarse
Entiendo cualquier crítica. Pero sería equivocada. Tres décadas de estudio me llevaron a escribir estas pocas líneas otros pocos valorarán.
Pero es necesario hacerlo. Hay que se muy cagón para no defender a los trabajadores en un país en que primero mataron a los indios (Campaña del Desierto), después a los inmigrantes (La Patagonia Rebelde), después a los cabecita negra (La Resistencia) y por último con ferocidad a la juventud (Proceso de Reorganización Nacional).
La Perspectiva de Paulo Freire
Freire argumentaba que la verdadera violencia es la que ejerce el opresor. Según su pensamiento: «Con el establecimiento de una relación de opresión, la violencia ya se ha instaurado. Jamás en la historia de la humanidad la violencia ha sido iniciada por los oprimidos.»
Para esta corriente de pensamiento, llamar «violentos» a los que están abajo sin cuestionar las condiciones que los llevaron a ese punto es una forma de hipocresía institucional, esto lo dice Freire. No yo. Aunque coincido. Por eso pido que no se confundan los términos.
Lo que no se puede, ni debe naturalizarse: El Ciclo de la Violencia
El peligro de esta dinámica es que crea un círculo vicioso difícil de romper:
Presión: El sistema genera exclusión y deshumanización.
Explosión: Los sectores vulnerados reaccionan (a veces de forma caótica).
Justificación: El poder utiliza esa reacción para aumentar la represión («mano dura»), retroalimentando la violencia de arriba.
Y atención: Este análisis invita a pensar que, para lograr la paz social, no basta con «controlar» a los de abajo, sino que es necesario transformar las estructuras que generan la desigualdad desde arriba.
Aunque la frase explica el origen, también plantea un dilema ético y político:
¿Justifica o explica? Muchos sociólogos dicen que la frase ayuda a explicar por qué sucede la violencia, pero no necesariamente justifica cualquier acto violento de los de abajo (como el daño a otros trabajadores).
La trampa del orden: Quienes detentan el poder suelen pedir «paz» y «orden», pero como decía Dom Hélder Câmara (obispo brasileño): «La paz no es la ausencia de conflictos, es la presencia de justicia».
Por cual no seamos tan rápidos en postear y volquemos toda la energía en pagar. Eso es lo justo.
Y perdón, pero alguién en Morón tiene que animarse a hablar.
(Dedicada a La Petisa y al 10 que laburan todo el día y aunque saben de las injusticias, no pierden la sonrisa)





