Morón y los Pueblos Originarios. Dice P.H. Randie en su obra «Biografía Histórica de la Pampa Interior», refiriéndose a la antigüedad de los núcleos urbanos, y dividiéndolos en períodos cronológicos bien determinados: «reconstruir la estructura regional pretérita es posible sólo cuando estén dados suficientes elementos y relaciones concordantes.»
Morón y los Pueblos Originarios. En el largo período que abarca desde la fundación do Buenos Aires, el miércoles 11 de Junio de 1580 por Don Juan de Garay, hasta el año 1774 ocurrió, como se podrá observar un lapso de 194 años en donde nada exacto se puede obtener, en cuanto al acrecentamiento de la población primitiva, idiosincrasias definidas o cruzas, ascendencias naturales. Sólo a partir de dicha fecha, y conforme a datos de Manuel Ricardo Trelles entre otros, hallados en el Archivo General de la Nación, y que también consigna el Censo General de la Provincia de Buenos Aires en el año 1883, se pudo ya contar con elementos de juicio documentados, el incremento demográfico en esta parte del Río de la Plata.
Pero resulta indudable que algo se ha salvado mediante los cronistas circunstanciales de aquellos lejanos tiempos, que estamparon en diversos documentos, hechos y cosas relativas a los seres primitivos que habitaron esta zona del Río de la Plata y sus adyacencias. La región, con pobladores de carácter semi-nómades en ocasiones; otras, con poblaciones de extensas duraciones estables, fue habitada por razas aborígenes de ancestral supervivencia, hasta su desplazamiento gradual y progresivo, por imperativo de la fuerza, en su momento; por incompatibilidad de caracteres, otras, y también por la disparidad surgida entre la propia barbarie y la cultura e inteligencia desplegadas por los intrusos armados, lo que hizo, con el correr del siglo inicial de la conquista, y acentuándose más y más en los que le siguieron, que desaparecieran de sus lares las tribus y poblaciones indígenas, internándose a veces, o pereciendo lenta e inexorablemente al verse de éste modo disgregadas.
También es verdad que a lo largo de tres siglos quedaron, en las inmediaciones de la ciudad portuaria: entre ella y la extensa cinta de agua interior llamada Río Salado y, asimismo, abarcando el sud de Mendoza, Córdoba y San Luis y Buenos Aires desde Arroyo del Medio, que nos separa de Santa Fe.
La beligerancia de las razas nativas, que en forma de malones cada vez más atrevidos y violentos, como cruentos y plenos de depredaciones, desde 1834 hasta la década de 1870, dijeron de su presencia belicosa, tratando en vano de recuperar lo que notoriamente y por naturaleza, había sido suyo.
Esto que hemos descripto merece la mención aclaratoria, que fue debido al aporte de las razas guerreras del Arauco, confederadas con sus parientes argentinos de nuestro sud, que venían, en su mayor parte, de los Andes, que hizo posible una unión en sus deseos de violenta reivindicación, entabladas con sus congéneres de Buenos Aires y le crearan una real pesadilla a la naciente Nación Argentina.
El extinguido grupo étnico que habitara esta vasta región del hoy conglomerado del Gran Buenos Aires en su área metropolitana, donde se incluye a Morón, fue, incuestionablemente, el perteneciente a los querandíes.

De ello tenemos pruebas por las citas que expone uno de los primeros cronistas de los Adelantados, Don Ulderico Schmidel. Aunque no faltan historiadores que ubican a esta raza autóctona dentro de límites genéticos de los Pampas. Nos inclinamos, basados en el razonamiento del estudio de una lógica concordante, mucho más sustanciosa en cuanto a sus analogías, por adjudicarles una neta ascendencia de pueblo Guaraní.
Morón y los Pueblos Originarios
Como una confirmación a nuestros estudios sobre la materia, recordamos aquí lo que a su tiempo expusiera el General de División Don Francisco M Vélez, en su extenso y erudito trabajo «Ante la posteriodad – Personalidad Marcial del Teniente General Julio A Roca»y que en su parte esencial expresa al respecto: «Según Información recogida entre las numerosas fuentes que existen sobre el particular, armonizadas unas con las otras, parece que los habitantes de estas tierras, cuando los conquistadores españoles pusieron su pie en ella, pertenecían a tres familias de la raza americana:
1. La Guaranítica que, siguiendo los ríos Paraná y Uruguay, bajó hacia el Sud; ocupó la mesopotamia, Formosa, el Chaco, Santa Fe, extendiéndose alguna de sus tribus a lo largo de la costa occidental del Plata, hasta el Río Salado del Sud, cuyo nombre indígena fuese Tubichamyni. Loe indios guaraníes tubichamynes vivieron en las tierras situadas inmediatamente al norte del Río Salado.»
2. La Aymara
3. Indios Venidos Allende Los Andes
Aquella primera denominación, con que a partir de Ulderico Schmidel se les conociera, aunque vagamente, esto es Querandíez , y que llegara a los tiempos modernos y contemporáneos, sólo se puede aplicar, entendemos, por desfiguración fonética -y aquí no inventamos nada, pues esto ya se ha comentado repetidamente-, no olvidemos que el Schimidel era de origen germano. Serían, y he aquí la lógica, pueblos de neta raíz Payaguas; belicosos indígenas guaraníes que, ya definidos como tales en el año 1527, batían en sus correrías de caza y pesca, desde el Río Paraná, grandes comarcas hacia el sud, buscando tanto los recursos de los ríos, como los ricos cotos, sin reserva alguna de las extensiones pampeanas con su inmensa provisión de variada fauna alimenticia. De ellos ya nos hablaba Don Sebastián Gaboto cuando, navegando «a la sirga» río arriba el Paraná, va en pos de la boca del Carcarañá para fundar, en sus márgenes, la fortaleza que se llamara «SANCTI SPIRITUS» el 9 de junio de 1527. Ellos fueron diestros navegantes en sus rústicas canoas, y ocuparon una gran zona que se prolongaba, en sus distintos pueblos guaraníes, desde el Río de la Plata hasta las proximidades de Salta, intercalándose en ese amplio y dilatado territorio con tribus de otras razas.
Cuando años más tarde, el 2 de febrero de 1536, el segundo adelantado Don Pedro de Mendoza instala su fortalece para buscarse vituallas, agua y hacer calafatear a sus navíos en las proximidades del hoy Riachuelo, nombrándolo “Puerto Real de la Santa María del Buen Ayre» -el plural vendría 44 años más tarde- y halla en su alrededor aquellas tribus guaraníes que, a poco y a raíz de la torpeza de los propios españoles, le presentan combate a uno de sus capitanes: Don Diego de Mendoza el 15 de Junio de 1536, en la desembocadura del río hoy Luján, por haberse atrevido éste a invadir sus tolderías. Allí muere junto con todos los oficiales un tal Pedro Luján que, muy posiblemente, haya dejado con su nombre en la zona, los orígenes de la posterior denominación del lugar.
Pero, vamos a ir atando dispersos vestigios que hasta nosotros han llegado, para encontrar los orígenes étnicos guaraníes en la zona, y muy principalmente en este lugar llamado Morón. Ellos fueron ayer, los precursores del avance hacia el Interior de la incipiente Conquista en esta parte de América. Nada tenemos en el lapso 1536-1580, solas vagas, imprecisas, aunque documentadas versiones y referencias de Don Ulderico Schmidel en sus crónicas y dibujos, para certificar algo de las razas que vivían en las costas del Río de la Plata, extendiéndose, hasta su mezcla con el Océano Atlántico , hacia el Sudeste del gran estuario, pero he aquí que nos ponemos de acuerdo con Don Manuel Lizondo Borda cuando dice: «La tradición o trasmisión oral, de hechos de carácter histórico, a través del tiempo es, igualmente, una fuente para el historiador. Y a veces, cuando está corroborado por otras noticias, o señales auténticas, aunque no sean documentos escritos, tienen tanto valor como cualquiera de estos». Llegamos así a la fundación de Buenos Aires o, como se denominó entonces, «Ciudad de la Trinidad en el Puerto de Santa María de los Buenos Ayres», el 11 de junio de 1580.
¿Quiénes forman el cortejo que se agrega al Adelantado? Juan de Garay que desde Asunción del Paraguay inicia la gesta. Aquí retoñamos, por si faltaran antecedentes, los orígenes guaraníes de aquella población inicial que se multiplicara luego en la cabecera del país. Son 64 personas en total que con la sola excepción de diez de ellos, de nacimiento español, son genuinos descendientes de la sangre indígena americana, y lo que es más, algunos de ellos puros sin mezcla alguna de sangre europea y solo identificados con la Conquista Española por el idioma nuevo que han aprendido, en su convivencia azucena; luego vendrán más, sobre todo en las fundaciones litoraleñas, que cubrirán con esa vigorosa sangre nueva, la demografía de la patria, en lugares en los que, incuestionablemente, anduvieron hace ya mucho tiempo sus aborígenes antecesores.
Desde la nueva ciudad que Garay incorpora para su rey, y decimos que, cosa curiosa, entre esos 64 seres que componen la expedición fundadora y que partiera desde Asunción del Paraguay, una mujer los acompaña, sola, suponiéndose criteriosamente que sería viuda o con hijos naturales, pues las crónica coetáneas dicen que «venía con dos hijos» sin agregar más.
Los demás, hombres bravos y en campaña, tal como ya se había convenido, «traerían a sus mujeres y sus hijos, o tomarían mujer una vez establecidos en la tierra que se les daba». Esa única mujer, paraguaya, y por ende, de origen guaraní, se llamó Ana Díaz. Se dejó consignado debidamente -y no podía ser de otra manera, dado el carácter de la nueva fundación, la rectitud y condiciones personales del nuevo Adelantado- que entró en el reparto de los solares y logró uno de 300 varas por una legua de fondo o sea, unas 112 hectáreas y media. Al indagar, cuidadosamente, en su ubicación dentro del plano de la época, (trazado bajo la supervisión de Garay sobre un cuerpo pergamino posteriormente hallado en Sevilla en el año 1766) no la encontramos, suponiendo por pura deducción, que en la parte de la nueva ciudad sólo deben haber recibido las parcelas correspondientes, sus hijos Antonio Díaz -hoy esquina San Martín y Corrientes– y Juan Díaz -hoy, esquina 25 de Mayo y Tucumán-.
En cambio, en nuestra zona de Morón, y a través de las citas orales que nos llegan a través de la distancia del tiempo, en voz inextinguible de la tradición jamás extraviada o perdida, sabemos positivamente, que lindando con el actual Partido de Merlo, vecinos de Don Santiago Losa (como se escribía entonces), y predios menores del mismo dueño, vivió desde principios del Siglo XIX Don Isidoro Díaz, que era lejano, pues le separaban no menos de ocho generaciones atrás de aquella Ana Díaz que trajera Garay. De ello se supone, que ella habría recibido una de las suertes sobre los terrenos del entonces Río de las Conchas, que luego de la muerte de Garay, en 1583, fijara y entregara su sucesor, Don Hernando Aris de Saavedra.
Resta expresar, como último testimonio de la población guaranítica de nuestra zona, que en estos lugares y las que luego fueron sus tierras, un compañero de Garay, Don Juan Ruíz de Ocaña venció al cacique guaraní Telemonie Condie, y lo redujo a encomiendas, según ley de época, lo que demuestra de manera inequívoca los orígenes guaraníes de nuestro Morón.
Extraído de COMPILACIÓN HISTÓRICA DE MORÓN de EDGARDO AURELIO CORIA





