Morón Historia: La Pizzería Sportman (¿Te acordás?)

La Pizzería Sportman fue durante más de seis décadas el corazón social de Morón, un punto de encuentro donde convivieron la vida nocturna, la política, el deporte y las historias cotidianas de generaciones enteras en una esquina que marcó una época.

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La Pizzería Sportman fue mucho más que un local gastronómico: quedó en la memoria de generaciones de vecinos y también de quienes atravesaban el área central para conocer un circuito nocturno que llegó a tener tres cines. Durante más de 60 años, la Pizzería Sportman funcionó en una de las esquinas más transitadas de la ciudad, Belgrano y Avenida Rivadavia, y se consolidó como la gran competidora de la Pizzería Delva, que aún permanece en su histórico emplazamiento de Nuestra Señora del Buen Viaje y 25 de Mayo.

Acá empezó todo, en el Mercado Morón. Ahí nació la pizzería Sportamn.
Acá empezó todo, en el Mercado Morón. Ahí nació la pizzería Sportamn.

Sus primeros dueños fueron Mustoni y Botta según figura en una publicidad de 1927. Y años más tarde le siguieron los hermanos Alberto y Armando Pando que tenían la idea de una pizzería al paso, al corte, comida en barra, vajilla de metal irrompible, servilletas de papel y pizza corte y a comer de parado.

Durante más de seis décadas, la Pizzería Sportman no fue solo un comercio: funcionó como una verdadera postal viva de la historia social de Morón. Por sus mesas y su barra pasaron generaciones enteras, desde familias del barrio hasta visitantes que llegaban atraídos por el movimiento del centro. Fue testigo de festejos, discusiones políticas, encuentros de madrugada y rutinas cotidianas que terminaron construyendo una identidad propia, reconocible incluso fuera del distrito.

La Pizzería Sportman nació en el Mercado Morón no hay datos sobre cuándo se mudó a la esquina de Belgrano y Rivadavia
La Pizzería Sportman nació en el Mercado Morón no hay datos sobre cuándo se mudó a la esquina de Belgrano y Rivadavia

El atractivo de la Pizzería Sportman no se limitaba a su clásica pizza al molde. La dinámica de la casa también giraba alrededor de la pizza “al corte”, servida con rapidez en la barra sobre platos de aluminio, con servilletas de papel madera cortadas a mano. Ese formato, simple y directo, era parte del ritual: comer de pie, charlar, mirar el ir y venir constante de mozos y clientes, y seguir la noche.

El auge de la Pizzería Sportman coincidió con una época en la que Morón concentraba una intensa vida nocturna. La cercanía de los cines Cine Achával, Cine Morón y Cine Ocean generaba un flujo permanente de público. Cada función liberaba decenas —a veces centenares— de personas que cruzaban la calle y terminaban ocupando mesas o alineándose en la barra, extendiendo la noche entre porciones, café y sobremesas largas.

La gente salía del Cine Morón sobre la calle 25 de Mayo y rápidamente se instalaba en la Sportman de Rivadavia y Belgrano, sólo era pegar la vuelta manzana, pero a veces el salón no daba abasto
La gente salía del Cine Morón sobre la calle 25 de Mayo y rápidamente se instalaba en la Sportman de Rivadavia y Belgrano, sólo era pegar la vuelta manzana, pero a veces el salón no daba abasto

Detrás de esa escena estaba una de las figuras más recordadas de la Pizzería Sportman: “El Chino”, instalado tras la extensa barra como un personaje casi mítico. Su sello distintivo era una botella que guardaba bajo el mostrador y que aparecía en el momento justo para “coronar” cada porción de Postre Balcarce. El gesto tenía algo de ceremonia: un leve rocío antes de enviar el plato a la mesa. El secreto, en rigor, no era tal —almíbar con licor—, pero el efecto simbólico era contundente. Muchos clientes estaban convencidos de que allí se servía el mejor Balcarce de la zona, incluso con la creencia instalada de que llegaba especialmente preparado para la casa.

“El Chino” no era el único rostro que sostenía el pulso cotidiano de la Pizzería Sportman. En esa coreografía constante de bandejas, pedidos a los gritos y vasos que iban y venían, nombres como Paco y Carlitos se volvieron parte inseparable del lugar. No eran simplemente mozos: eran memoria viva. Sabían quién tomaba café corto, quién pedía siempre dos porciones al corte y quién se quedaba hasta el cierre. En las décadas del ‘60 y ‘70, cuando Morón latía al ritmo de sus noches, ellos fueron referencia, casi una institución dentro de otra institución.

La Pizzería Sportman en la esquina de Belgrano y Avenida Rivadavia fue el centro social de Morón
La Pizzería Sportman en la esquina de Belgrano y Avenida Rivadavia fue el centro social de Morón

Con el paso del tiempo, sus nombres dejaron de ser individuales para transformarse en categoría: “los mozos de la Pizzería Sportman”. Eran saludo obligado, cara conocida, guiño cómplice. Más que empleados, integraban ese paisaje humano que definía la identidad del lugar. Por eso, aún hoy, cuando se reconstruyen historias del centro de Morón, aparecen como figuras inevitables, protagonistas silenciosos de una escena que ya no existe pero que sigue viva en el recuerdo colectivo.

Ese ecosistema nocturno no se agotaba en la Pizzería Sportman. A pocos metros, sobre la Avenida Rivadavia, entre Belgrano y San Martín, la sede social y deportiva del 77 Fútbol Club sumaba su propia cuota de movimiento. Hacia fines de los ‘80 y comienzos de los ‘90, el amplio gimnasio del primer piso fue alquilado a una productora de espectáculos, abriendo una nueva etapa para la zona. Donde antes había actividad deportiva, comenzaron a desfilar recitales, shows y presentaciones que ampliaron la oferta cultural del centro.

La sede social del 77 Fútbol Club no competía con la pizzería Sportman que era para el "hombre moderno": rápida, ágil y de parado
La sede social del 77 Fútbol Club no competía con la pizzería Sportman que era para el «hombre moderno»: rápida, ágil y de parado

Por ese escenario pasaron artistas de todo tipo, en una programación que mezclaba géneros, públicos y estilos. Pero hubo una presencia que quedó grabada con fuerza en la memoria local: Sandro, Roberto Sánchez Ocampo, uno de los cantantes más populares de la Argentina. Su paso por ese espacio consolidó la idea de que Morón no era solo un punto de paso, sino también un lugar capaz de convocar grandes nombres y generar noches memorables. En ese entramado de cines, pizzerías y escenarios, la Pizzería Sportman seguía ahí, como epicentro inevitable donde todas esas historias, tarde o temprano, terminaban cruzándose.

En la Pizzería Sportman no solo se comía: también se construía historia. Entre sus mesas y su inconfundible barra se gestaron instituciones que marcaron a fuego la identidad local. Allí, en 1927, nació el “Morón Automóvil Club”, en reuniones donde la pasión y el impulso organizativo se mezclaban con el humo de las cocinas y el ruido constante del salón. En ese mismo espacio, hombres como Luis Turchetto (padre), Luis Testa, Carlos Bello, Alfredo Kade, Bernardo Schwarzberg, José Bellio, Miguel Patalizio, Rodolfo Peluffo, Rogelio Passadore y Osvaldo Weiss no solo eligieron un nombre: comenzaron a redactar las primeras actas, dando forma concreta a una iniciativa que trascendería el tiempo.

La Pizzería Sportman también funcionó, durante décadas, como punto de encuentro informal —pero decisivo— para la vida política y gremial de la región. Entre cafés, sobremesas largas y discusiones intensas, se tejieron acuerdos, estrategias y debates que luego tendrían impacto en la vida pública. Era, en los hechos, una sede paralela, sin cartel ni protocolo, pero con una gravitación real en el pulso cotidiano de Morón.

Cuando la pizzería Sportman desbordaba, sobre todo los sábados por la noche la gente elegía una opción más tranquila: Delva, en Buen Viaje y 25 de Mayo
Cuando la pizzería Sportman desbordaba, sobre todo los sábados por la noche la gente elegía una opción más tranquila: Delva, en Buen Viaje y 25 de Mayo

Lejos del refinamiento de la Confitería Aramburu de principios de siglo o del círculo selecto del Jockey Club Morón, la Pizzería Sportman ocupó otro lugar: el de la pertenencia popular. Sin pretensiones de elegancia, pero con una identidad sólida, ofrecía una pizza al molde que hoy resulta difícil de encontrar y, sobre todo, un espacio donde convivían trabajadores, comerciantes, militantes, familias y noctámbulos.

Durante décadas, la Pizzería Sportman fue el gran punto de encuentro de los sectores populares de Morón, Hurlingham e Ituzaingó, en tiempos en que el mapa político-administrativo aún no estaba fragmentado. Allí, en esa esquina siempre viva, se cruzaban historias, se armaban proyectos y se consolidaba una comunidad. Porque la Pizzería Sportman, más que un lugar, fue una época.

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