El Malón de la Paz fue la primera gran movilización indígena de alcance nacional de la Argentina contemporánea. El 15 de mayo de 1946, una columna integrada por 174 hombres, mujeres y niños partió desde Abra Pampa, en la Puna jujeña, con destino a Buenos Aires, donde esperaba obtener una respuesta del recientemente electo presidente Juan Domingo Perón.

Durante 81 días recorrieron aproximadamente 1.900 a 2.000 kilómetros atravesando Jujuy, Salta, Tucumán, Santiago del Estero, Córdoba, Santa Fe y Buenos Aires, hasta arribar a Plaza de Mayo el 3 de agosto de 1946. El objetivo era reclamar la restitución de tierras que las comunidades consideraban propias por derecho histórico y que desde fines del siglo XIX habían pasado a manos de grandes propietarios rurales.
La movilización logró instalar por primera vez en la agenda nacional el problema de la propiedad comunitaria indígena. Su recorrido fue seguido diariamente por la prensa y despertó un amplio movimiento de solidaridad que convirtió el reclamo territorial kolla en un tema de debate público en todo el país.

Y a su vez te dejamos la imagen a calor por si querés apreciarla con una mirada actual:

¿Por qué se llamó «Malón de la Paz»?
La expresión fue creada por el ingeniero militar Mario Augusto Bertonasco, quien acompañó la marcha y posteriormente dejó un detallado diario de viaje. El nombre constituye un claro oxímoron: históricamente, la palabra «malón» había sido utilizada para describir las incursiones armadas de pueblos indígenas durante el siglo XIX, mientras que esta movilización estuvo caracterizada por su absoluto carácter pacífico.
Con esa denominación se buscó resignificar un término asociado a la violencia y transformarlo en el símbolo de un reclamo basado exclusivamente en el diálogo, la justicia y la recuperación de los derechos históricos de las comunidades originarias.

En la foto publicada a continuación en colores, se lo ve al ingeniero militar Mario Augusto Bertonasco que escribió finalmente los relatos del viaje y le dio un sentido de paz y equidad a la distribución de tierras.

El origen del conflicto por las tierras
Las raíces del conflicto se remontaban a las últimas décadas del siglo XIX. Tras la consolidación del Estado nacional y la expansión de los grandes latifundios, numerosas comunidades kollas perdieron el control efectivo de los territorios que ocupaban desde hacía generaciones.
Muchas familias pasaron a convertirse en arrendatarias de sus propias tierras y quedaron obligadas a pagar alquileres, entregar parte de sus cosechas o prestar servicios personales a los propietarios para poder permanecer en ellas. Durante décadas presentaron reclamos administrativos y judiciales sin obtener soluciones favorables.

Diversos investigadores, entre ellos Marcelo Valko, sostienen que en algunas zonas de la Puna persistían formas de explotación extremadamente severas, entre ellas sistemas de endeudamiento permanente, pagos mediante vales o fichas canjeables únicamente en comercios de las propias haciendas y otras prácticas de fuerte dependencia respecto de los grandes propietarios rurales.

Una caminata histórica hacia Buenos Aires
La columna partió el 15 de mayo de 1946, apenas unas semanas antes de la asunción presidencial de Juan Domingo Perón. Durante casi tres meses atravesó pueblos y ciudades donde fue recibida con muestras de solidaridad por vecinos, sindicatos, estudiantes, organizaciones sociales y autoridades locales.
El avance del Malón ocupó durante semanas un lugar destacado en diarios, revistas, emisoras radiales y noticieros cinematográficos como Sucesos Argentinos, que registraron el paso de los marchantes por distintas provincias. La movilización alcanzó una repercusión inédita para un reclamo indígena en la Argentina.
Cuando la columna ingresó en la provincia de Buenos Aires comenzaron a organizarse incluso comités de apoyo a la Reforma Agraria, mientras miles de personas salían a saludar a los marchantes a medida que se acercaban a la Capital Federal.

Entre los participantes había representantes de Queta, Tinates, Casabindo, Casa Colorada, Guadalupe, Agua Chica, Miraflores de la Candelaria, Quichagua, Abra Pampa, Rinconada y numerosas comunidades más. Uno de sus integrantes más recordados fue Hermógenes Cayo, cuyo diario manuscrito constituye hoy una de las fuentes documentales más importantes sobre aquella travesía.

El recibimiento de Perón y el abrupto cambio de escenario
El 3 de agosto de 1946, la llegada del Malón de la Paz a Buenos Aires tuvo un enorme impacto político y social. Miles de personas acompañaron la movilización hasta la Casa Rosada, donde el presidente Juan Domingo Perón saludó a los manifestantes desde el balcón presidencial e invitó a dos representantes kollas a compartir ese histórico momento.
Diversos testimonios y documentos de la época señalan que durante ese encuentro Perón transmitió a los representantes indígenas un mensaje de confianza respecto de sus reclamos, lo que alimentó la expectativa de una pronta solución al conflicto por las tierras.

Sin embargo, pocos días después la situación cambió de manera drástica. Los integrantes del Malón de la Paz fueron alojados en el Hotel de Inmigrantes, donde permanecieron bajo vigilancia. Finalmente, el 28 de agosto de 1946, por decisión del Gobierno nacional, el edificio fue desalojado y los integrantes de los pueblos originarios fueron trasladados por la fuerza a trenes de carga que los devolvieron al norte argentino sin que sus reclamos hubieran sido resueltos.

¿Consiguieron recuperar las tierras?
Aunque el desenlace inmediato fue vivido como una profunda frustración por los protagonistas de la marcha, el conflicto territorial no desapareció de la agenda pública. La movilización había logrado instalar el debate sobre la situación jurídica de las tierras ocupadas por las comunidades originarias y ejercer presión sobre las autoridades nacionales.
A partir de 1948, el Gobierno de Juan Domingo Perón comenzó a avanzar en la entrega de títulos de propiedad sobre parte de los territorios reclamados por algunas comunidades kollas. No obstante, la regularización fue parcial y el problema de la tenencia de la tierra continuó generando conflictos durante las décadas siguientes, muchos de los cuales aún permanecen abiertos.

Una historia recuperada por la investigación
Durante muchos años, el Malón de la Paz ocupó un lugar marginal dentro de la historiografía argentina. Recién en las últimas décadas comenzaron a recuperarse documentos, fotografías y testimonios que permitieron reconstruir con mayor precisión aquella movilización.
Entre los principales investigadores del tema se encuentra Marcelo Valko, autor de Los indios invisibles del Malón de la Paz y coeditor de los diarios escritos por Mario Augusto Bertonasco y Hermógenes Cayo, dos documentos considerados fundamentales para comprender el desarrollo de la marcha desde la mirada de sus protagonistas.
Un legado que permanece vigente
El Malón de la Paz constituye hoy uno de los episodios más significativos de la historia de los pueblos originarios argentinos. Además de haber sido la primera gran movilización indígena de alcance nacional, permitió visibilizar una problemática histórica que permanecía prácticamente ausente del debate público y abrió un camino que décadas más tarde derivaría en nuevos reconocimientos jurídicos de los derechos territoriales indígenas.
Su legado continúa vigente como antecedente de las actuales reivindicaciones de las comunidades originarias y fue una referencia directa del denominado Tercer Malón de la Paz, realizado en 2023, cuando comunidades de Jujuy volvieron a movilizarse hacia Buenos Aires para reclamar la protección de sus derechos territoriales, ambientales y culturales. La historia de aquella caminata de 1946, protagonizada por 174 kollas que recorrieron casi 2.000 kilómetros en busca de justicia, permanece como uno de los símbolos más poderosos de la resistencia pacífica de los pueblos originarios en la Argentina.

¿Qué cambios propone el Gobierno de Javier Milei en la Ley de Tierras?
Sintéticamente, hasta ahora, un extranjero puede comprar el 15% de las tierras del país. Con el cambio que propone el Presidente Javier Milei, ese límite dejará de existir. Capitales extranjeros podrán comprar la cantidad de tierra que deseen. Y así pasamos de «gobernar es poblar» a «vender es gobernar».

El Gobierno de Javier Milei impulsa una reforma de la Ley N.º 26.737, conocida como Ley de Tierras o Ley de Tierras Rurales, con el objetivo de modificar el régimen que desde 2011 limita la adquisición de tierras rurales por parte de extranjeros. La iniciativa forma parte del paquete de desregulaciones promovido por el Poder Ejecutivo y propone flexibilizar las restricciones vigentes para fomentar la inversión privada.
¿Qué cambios plantea el proyecto?
La propuesta del Gobierno introduce modificaciones de fondo al régimen actual. En primer lugar, elimina el límite nacional que establece que solo hasta el 15% de las tierras rurales del país puede estar en manos de personas físicas o jurídicas extranjeras. Además, transfiere a las provincias la facultad de decidir si mantienen, modifican o eliminan restricciones propias para la compra de tierras por parte de extranjeros, reemplazando el esquema uniforme que hoy rige en todo el territorio nacional.
Al mismo tiempo, el proyecto mantiene controles sobre los Estados extranjeros y las empresas estatales extranjeras, que continuarían necesitando autorizaciones especiales para adquirir inmuebles rurales, de acuerdo con lo informado por el Gobierno Nacional.

¿Qué establece la Ley de Tierras vigente?
La Ley 26.737 fue sancionada en 2011 con el propósito de preservar el dominio nacional sobre las tierras rurales. Entre sus principales disposiciones establece que: 1) los extranjeros no pueden ser propietarios de más del 15% de las tierras rurales del país; 2) ese mismo límite también se aplica en cada provincia y municipio; 3) una misma nacionalidad no puede concentrar más del 30% de ese 15%; y 4) existen topes máximos de superficie que puede adquirir un mismo propietario extranjero, los cuales varían según la región productiva.

¿Cuál es el argumento del Gobierno?
El Poder Ejecutivo sostiene que las restricciones vigentes desalientan la llegada de inversiones extranjeras en sectores como la agroindustria, la forestación, la producción y la infraestructura vinculada al ámbito rural. Funcionarios nacionales, entre ellos Federico Sturzenegger, aseguran que la eliminación de esos límites permitiría atraer inversiones por miles de millones de dólares, incrementar la actividad económica y generar nuevas oportunidades de desarrollo en distintas regiones del país.

¿Qué cuestionan quienes se oponen a la reforma?
Los sectores que rechazan el proyecto advierten que una flexibilización del régimen podría favorecer la extranjerización de tierras ubicadas en zonas consideradas estratégicas, como las áreas de frontera, regiones con reservas de agua dulce, yacimientos mineros, bosques nativos o sectores con acceso a puertos. También sostienen que la modificación reduciría la capacidad del Estado para ejercer controles sobre recursos naturales considerados estratégicos para la Argentina.

¿La reforma obliga a vender tierras?
No. El proyecto no obliga a vender propiedades rurales ni dispone la venta de tierras fiscales. La iniciativa únicamente modifica el régimen que regula quiénes pueden adquirir tierras rurales privadas en la Argentina, eliminando o reduciendo las restricciones vigentes para compradores extranjeros y trasladando parte de esa regulación a las provincias, que podrán definir sus propios criterios sobre la materia.





