El rock argentino acaba de recuperar un pedazo fundamental de su geografía mística. Roberto Pettinato volvió a cruzar la puerta de Fortunata en El Palomar, el restaurante ubicado en Nelson Page 332 que hoy ocupa el espacio físico donde Sumo dio sus primeros pasos.
La noticia estalló en redes sociales con un video revelador donde el saxofonista muestra el lugar exacto donde la banda ensayaba los temas de «Sumo en Obras» y sus discos más icónicos. Este regreso a Fortunata en El Palomar no es solo un acto de nostalgia; es la vuelta del lugar que cerró sus puertas hace unos años y que ahora volvió a abrir.
Para el fanático, existe un lugar de peregrinación tangible donde Luca Prodan, Arnedo, Mollo, Daffunchio, Sokol, Curtet y Pettinato crearon un sonido que se inundaba, literal y metafóricamente, de vanguardia. El músico anunció que este sótano se presentará con su stand up en en el santuario más importante de la historia de Sumo.
Caminar por las calles de El Palomar hoy tiene un nuevo significado al saber que, bajo los pies de los comensales actuales, se gestó la revolución musical más disruptiva de los 80, con anécdotas que Pettinato comenzó a desempolvar en su visita.
El sótano inundado: donde la humedad se hizo música
Durante su recorrida por Fortunata en El Palomar, Pettinato recordó esos años en los que este lugar que se inundaba constantemente, una característica que, según el músico, definió la esencia de la banda durante toda su trayectoria. «Como todo Sumo, se inundó toda la vida», sentenció el saxofonista frente a la cámara, conectando las características del espacio con la fuerza creativa del grupo.
En aquel entonces, Fortunata en El Palomar no tenía el brillo que ostenta hoy el restaurante. Era un espacio al que los músicos accedían tras bajar del tren en la estación de El Palomar y caminar unas pocas cuadras. La rutina incluía golpear la puerta para que «la vieja» —la dueña del lugar en aquel entonces— los guiara hacia las profundidades donde el sonido de Luca Prodan comenzaba a retumbar.
La mirilla del colegio: el primer público de Sumo
Uno de los datos más impactantes del video es el descubrimiento de «la mirilla». Pettinato señaló una pequeña abertura en la estructura de Fortunata en El Palomar que funcionaba como un nexo entre el sótano y la calle. Según su relato, los chicos del colegio Matienzo, al salir de clase, se amontonaban frente a esa hendidura para escuchar los ensayos de la banda.
Aquellos jóvenes fueron, sin saberlo, los primeros testigos de la creación de clásicos que luego llenarían estadios. Esa mirilla de Fortunata en El Palomarrepresenta el vínculo indestructible de Sumo con el barrio y con una juventud que buscaba algo nuevo. Hoy, ese detalle arquitectónico se convierte en una pieza de culto para quienes visiten el establecimiento buscando respirar el aire de la época.

De restaurante a centro cultural del rock nacional
La visita de Pettinato a Fortunata en El Palomar no fue solo una recorrida nostálgica. El músico adelantó que existen planes concretos para que el lugar se convierta en un polo de atracción cultural.
«Vamos a hacer muchas cosas más para que este se convierta en el lugar donde Sumo nació, creció y se desarrolló», aseguró Pettinato. Este proyecto promete cambiar la dinámica comercial de la zona, atrayendo a turistas y melómanos que quieran conocer «el lugar más importante en la historia de Sumo». El restaurante, consolidado en la gastronomía local, sumará ahora una dimensión histórica que pocos comercios en el mundo pueden ostentar.
El Palomar y la ruta de Luca Prodan en el Oeste
La confirmación de Fortunata en El Palomar como cuna de Sumo completa un mapa que une a Hurlingham, Ramos Mejía y Morón en una ruta indispensable del rock.
La figura de Luca Prodan, siempre ligada al oeste, recupera ahora un punto de referencia físico indiscutible que invita a redescubrir la discografía de la banda desde una perspectiva territorial.
Lo que tenés que saber sobre la cuna de Sumo
La historia de Sumo es la historia del oeste. Saber que en Fortunata en El Palomar todavía se conserva el espíritu de aquellos ensayos es una invitación a valorar el arte que surge de la adversidad. El sótano ya no se inunda, pero la música que allí nació sigue mojando la memoria de varias generaciones de argentinos.





