El sistema de educación superior en Argentina ha entrado en una fase de alerta máxima. Bajo la consigna La universidad no se apaga, las instituciones públicas de todo el territorio nacional llevarán a cabo una jornada de visibilización de 24 horas consecutivas, comenzando este miércoles 15 de abril a las 8 horas.
La relevancia de esta medida ahora es crítica: sin la actualización de las partidas presupuestarias y salarios dignos para docentes y no docentes, las actividades académicas y científicas corren el riesgo real de detenerse por completo. Esta situación afecta directamente el futuro de millones de estudiantes y el desarrollo tecnológico nacional, planteando un escenario donde el conocimiento argentino podría entrar en un apagón irreversible si no se cumple con la Ley de Financiamiento Universitario.
La jornada de la universidad no se apaga no será un cese de actividades tradicional, sino una vigilia activa. Durante un día entero, la Universidad Nacional de Hurlingham (UNAHUR) y el resto de las casas de altos estudios se convertirán en centros de debate, clases públicas, muestras científicas y actividades de extensión, demostrando que la universidad sigue viva a pesar del ahogo financiero.
Qué exige la Ley de Financiamiento Universitario y por qué es clave
El eje central del reclamo que impulsa la campaña La universidad no se apaga es la plena ejecución de la Ley de Financiamiento Universitario. Esta normativa tiene como objetivo principal garantizar la protección de los recursos necesarios para que las universidades nacionales puedan cumplir con sus funciones de docencia, investigación y extensión. La ley establece parámetros para la actualización de los gastos de funcionamiento, que han quedado pulverizados por la inflación, y para la recomposición salarial del personal universitario.
El cumplimiento de esta ley no es una opción discrecional, sino una obligación legal que asegura la autonomía y la calidad educativa. Cuando el financiamiento se corta, se afectan servicios básicos como el mantenimiento de laboratorios, el pago de servicios públicos en los campus y las becas para estudiantes que dependen del apoyo estatal para no abandonar sus carreras.
24 horas de resistencia académica y científica
La jornada nacional de la universidad no se apaga está diseñada para mostrar la potencia del sistema universitario en cada rincón del país. Desde las 8 horas del miércoles hasta la misma hora del jueves 16 de abril, las facultades permanecerán abiertas con una programación ininterrumpida. Esta maratón de conocimiento busca involucrar a toda la comunidad, no solo a los estudiantes, para que comprendan la magnitud de lo que está en juego.
Entre las actividades de la universidad no se apaga programadas se incluyen:
- Clases abiertas en las plazas y accesos a los edificios.
- Presentación de proyectos de investigación que hoy carecen de insumos.
- Intervenciones artísticas y culturales que reflejan la identidad universitaria.
- Charlas de extensión que vinculan a la universidad con las problemáticas locales.
El impacto práctico: cómo afecta el desfinanciamiento al estudiante
Sin presupuestos actualizados, se cierran comisiones de estudio, se suspenden prácticas profesionales que requieren materiales costosos y se reduce la oferta de horarios, dificultando la cursada para quienes trabajan.
Además, la fuga de cerebros se acelera. Los investigadores y docentes, ante la falta de salarios dignos, se ven obligados a buscar oportunidades en el sector privado o en el exterior, descapitalizando el conocimiento que el país invirtió años en formar.
Este es un atentado silencioso contra la ciencia nacional, que es la que permite, por ejemplo, desarrollar vacunas, mejorar la producción agrícola o diseñar infraestructura urbana eficiente, por eso las instituciones hoy dicen: la universidad no se apaga
El riesgo de un apagón definitivo en el conocimiento
Las autoridades universitarias han sido contundentes: lo que la universidad pública genera, crea y produce se está apagando. El reclamo bajo el lema la universidad no se apaga advierte que el sistema está llegando a un punto de no retorno. La educación pública argentina es reconocida mundialmente por su excelencia y su carácter gratuito, un modelo que ha permitido el ascenso social de generaciones enteras.
Si no se garantiza el financiamiento básico, el impacto no será solo una estadística económica, sino una fractura en el tejido social. Una universidad que no puede pagar sus cuentas de luz o que no puede retener a sus profesores es una institución que pierde su capacidad de transformar la realidad.
Por eso, la convocatoria la universidad no se apaga insta a la sociedad civil a sumarse a estas 24 horas de actividades, defendiendo un modelo de país que apuesta al desarrollo a través de la formación académica y la investigación soberana.





