Una fábrica atravesada por el conflicto
La planta de Mercedes-Benz estaba sobre la Ruta 3, a la altura del kilómetro 43,5, en el partido de La Matanza. Algunas crónicas la ubican en González Catán; otras precisan que se encontraba en Virrey del Pino. Allí trabajaba Héctor Aníbal Ratto, primero como operario y luego como preparador de máquinas. En la sección de motores, recordó, el frío era tan intenso que los obreros encendían fuego en tachos para poder calentarse las manos y manipular las herramientas. Las condiciones de trabajo y los salarios se convirtieron en reclamos centrales.

La tensión no empezó con el golpe de Estado del 24 de marzo de 1976. Durante 1975, trabajadores de la fábrica organizaron una comisión interna combativa, conocida como “el Grupo de los Nueve”, que cuestionaba tanto las decisiones de la empresa como la conducción nacional del SMATA, encabezada por José Rodríguez.
En octubre de ese año, un paro por reclamos salariales y laborales terminó con más de un centenar de despidos y una huelga que duró 22 días. La medida de fuerza logró que la empresa reincorporara a los trabajadores y reconociera a la nueva comisión interna. Rodríguez la calificó públicamente como “ajena al gremio y prohijada por la subversión”, una expresión que contribuía a señalar a los delegados combativos en un clima político cada vez más peligroso.
Durante ese conflicto, Montoneros secuestró a Heinrich Metz, un ejecutivo de la empresa. Según el relato de Ratto, entre las exigencias para liberarlo estaban la reincorporación de los despedidos y un aumento salarial. La huelga y las disputas gremiales forman parte del contexto, pero no justifican ni equiparan los secuestros, las torturas y las desapariciones cometidos por el terrorismo de Estado.

De la organización sindical a la persecución
Después del golpe, la relación de fuerzas dentro de la planta cambió. La comisión interna fue disuelta y comenzaron las amenazas, los intentos de forzar renuncias y la persecución de quienes habían participado en los reclamos. La reconstrucción del CELS recoge que, el 25 de marzo de 1976, el Grupo de los Nueve recibió una citación del Estado Mayor del Ejército; pocos días después, el 5 de abril, fue secuestrado el trabajador Rubén Oscar Caddeo. El 29 de abril, el delegado Juan José Martín fue secuestrado dentro de la fábrica y sobrevivió.
La represión continuó en distintas oleadas. En diciembre de 1976 fueron secuestrados Miguel Grieco, José Antonio Vizzini y Alfredo Manuel Martín. En enero de 1977, después de una reunión con directivos de la empresa, fueron secuestrados Esteban Reimer y Víctor Hugo Ventura. En febrero desapareció Carlos Cienciala. La persecución se intensificó en agosto de 1977, cuando en unas dos semanas fueron secuestrados trabajadores y ex trabajadores de la firma. Los últimos secuestros vinculados con este conjunto de casos se registraron en 1978.
Los documentos y testimonios recopilados en la investigación describen una represión dirigida contra personas con actividad gremial. El CELS señala que la inteligencia policial registró a trabajadores de Mercedes-Benz como activistas y que fotografías de algunos de ellos provenían de sus legajos laborales. También consigna que varios sobrevivientes relataron interrogatorios centrados en su participación sindical dentro de la fábrica.

¿Cuántos trabajadores fueron secuestrados y cuántos siguen desaparecidos?
Para el grupo más citado en las investigaciones sobre Mercedes-Benz, la cifra es 18 personas: 17 obreros y un supervisor. Tres sobrevivieron: Héctor Ratto, Juan José Martín y Alfredo Manuel Martín. En ese recorte, 15 trabajadores permanecen desaparecidos. La reconstrucción del CELS identifica entre ellos a Rubén Oscar Caddeo, José Antonio Vizzini, Miguel Grieco, Esteban Alfredo Reimer y Víctor Hugo Ventura; Carlos Adolfo Cienciala, Oscar Alberto Álvarez Bauman, Charles del Carmen Grossi, Fernando Omar del Contte y Héctor Alberto Belmonte; y Alberto Gigena, Diego Eustaquio Núñez, Juan José Mosquera, Alberto Francisco Arenas y Jorge Alberto Leichner.
Hay recuentos más amplios. El CELS habla de al menos 20 trabajadores víctimas de crímenes de lesa humanidad, con 15 desaparecidos; un dossier del Ministerio Público Fiscal registra 22 obreros secuestrados, 15 que permanecen desaparecidos y un trabajador asesinado. Por eso conviene acompañar cada cifra con el recorte que está contando: las fuentes no siempre abarcan exactamente los mismos casos y períodos.

El secuestro de Ratto y la dirección de Diego Núñez
El 12 de agosto de 1977, Ratto estaba trabajando en la planta cuando personal de vigilancia le dijo que lo llamaban desde su casa. La explicación le resultó sospechosa: su familia no tenía el teléfono de la fábrica y él acababa de salir de su domicilio. Además, ya habían secuestrado a otros compañeros. Se negó a salir.
Horas más tarde, Juan Tasselkraut, entonces gerente de producción, lo llamó a su oficina. Allí había dos hombres de civil que dijeron ser policías. Según el testimonio de Ratto, Tasselkraut le explicó que habían ido a buscarlo y que esperaba que personal del Ejército se hiciera cargo de retirarlo de la planta.
Mientras permanecían en la oficina, sonó el teléfono. Ratto declaró que escuchó cómo Tasselkraut transmitía a uno de los hombres de civil la dirección de su compañero Diego Eustaquio Núñez. Núñez fue secuestrado de su domicilio durante la madrugada del día siguiente, 13 de agosto, y permanece desaparecido. Testimonios de sobrevivientes lo ubicaron cautivo en El Campito, dentro de la guarnición de Campo de Mayo.
A Ratto lo retiraron de la fábrica en camiones del Ejército. Su relato reconstruye un recorrido que pasó por dependencias policiales de San Justo y Ramos Mejía. Después de varios días, cuando le hicieron creer que lo liberarían, reaparecieron los hombres de civil que había visto en la oficina de Tasselkraut. Uno lo encapuchó y le dijo la frase que da título a la crónica de Tiempo Argentino: «La otra noche te nos escapaste porque no éramos más que tres, pero ahora caíste». Luego lo metieron en el baúl de un auto y lo llevaron a Campo de Mayo.
Ratto reconoció allí El Campito, uno de los centros clandestinos de detención, tortura y exterminio que funcionaron dentro de Campo de Mayo, también conocido como Los Tordos. En ese predio, bajo control del Ejército, estuvieron secuestradas miles de personas. Ratto declaró que pudo escuchar y reconocer las voces de compañeros de Mercedes-Benz, entre ellos Núñez. Tras permanecer en Campo de Mayo, fue trasladado nuevamente a la Comisaría de Ramos Mejía. Recuperó la libertad el 8 de marzo de 1979, casi 19 meses después de su secuestro.
El recorrido de Ratto no debe presentarse como si hubiera sido idéntico para todos los trabajadores. El Campito y otros centros de Campo de Mayo aparecen en varios de los casos, especialmente en los expedientes que tramitaron en San Martín. Pero las causas también se dividieron según los lugares donde estuvieron cautivas las víctimas, y otros trabajadores pasaron por distintos centros clandestinos.

La responsabilidad empresarial y sindical bajo investigación
La acusación contra Tasselkraut se apoya, entre otros elementos, en el relato de Ratto sobre su secuestro en la fábrica y sobre la transmisión de la dirección de Núñez. La Cámara Federal de Casación confirmó el procesamiento del exgerente antes de que el caso llegara a juicio oral. En el proceso actual, sin embargo, debe hablarse de acusación, no de condena: el tribunal todavía debe decidir si su responsabilidad penal quedó probada.
También fueron señalados otros actores, con situaciones judiciales diferentes. En 2014, fiscales federales pidieron investigar a Rubén Pablo Cuevas, gerente de Asuntos Jurídicos, y a Tasselkraut por su presunta intervención en secuestros, tormentos y otros delitos contra trabajadores. Cuevas murió y no forma parte del juicio actual. La investigación y las querellas también analizaron el papel de Pedro De Elías, director de Relaciones Industriales, a partir de registros de reuniones con funcionarios militares y de información sobre la comisión interna que habría sido entregada a las autoridades.
Otro nombre vinculado con la estructura de seguridad de la empresa fue Rubén Luis Lavallén, ex comisario identificado por víctimas como secuestrador y torturador. Mercedes-Benz lo contrató como jefe de Seguridad en 1978. Lavallén fue condenado por la apropiación de Paula Logares, hija de una pareja desaparecida; esa condena corresponde a ese delito.
La conducción del SMATA, en particular su secretario general José Rodríguez, aparece en la reconstrucción del conflicto previo al golpe por su enfrentamiento con el Grupo de los Nueve y por la estigmatización pública de sus integrantes. Las querellas y distintas investigaciones también examinaron la relación entre la dirigencia sindical, la empresa y funcionarios civiles. Pero el juicio oral que se desarrolla ahora no juzga a Rodríguez ni a esos otros actores; su objeto es la conducta atribuida a Tasselkraut en los secuestros de Ratto y Núñez.
La responsabilidad de los integrantes de las fuerzas represivas se investigó en causas separadas por los crímenes cometidos en Campo de Mayo y otros centros clandestinos. La ficha oficial de Ratto registra sentencias por su privación ilegal de la libertad y los tormentos, con integrantes de la estructura militar entre los imputados en esos procesos. Esa historia judicial es distinta de la responsabilidad empresarial que ahora se debate.

El juicio y una historia que todavía no tiene sentencia final
El juicio oral contra Tasselkraut comenzó en octubre de 2026 ante el Tribunal Oral Federal N.º 1 de San Martín. El ex gerente está acusado por la privación ilegal de la libertad de Ratto y Núñez; el segundo continúa desaparecido. En la audiencia del 29 de octubre, Ratto declaró durante más de dos horas, pero su testimonio quedó pendiente de continuación. Tiempo Argentino publicó la crónica de esa declaración y la frase que el sobreviviente dijo haber escuchado cuando lo sacaron de la comisaría.
La importancia del proceso está en que, junto con la responsabilidad de quienes ejecutaron los secuestros, examina la posible participación de un directivo civil en la entrega de trabajadores a las fuerzas represivas. La pregunta judicial es concreta: qué hizo Tasselkraut en los dos casos que llegaron a juicio y si su conducta facilitó los secuestros. La respuesta todavía no existe; corresponde al tribunal establecerla después de escuchar las pruebas y los alegatos.
La historia de Mercedes-Benz, sin embargo, excede esos dos expedientes. Reúne reclamos por condiciones laborales, una comisión interna enfrentada con la empresa y la cúpula sindical, trabajadores perseguidos por su actividad gremial, centros clandestinos y décadas de búsqueda de verdad y justicia. Ratto sobrevivió y pudo contar lo que vio y escuchó. Núñez y otros compañeros no regresaron. El juicio actual vuelve a poner sus nombres y sus destinos ante los tribunales.

Fuente del testimonio citado: Tiempo Argentino, “«Ahora, caíste»: sobreviviente de la represión en Mercedes Benz relató el momento de su secuestro”.





