La víctima tenía 49 años y convivía con 18 perros en una vivienda de Ituzaingó Sur. Su hijo fue hasta la casa después de no poder comunicarse con él y pidió ayuda policial. La autopsia deberá determinar si las mordeduras se produjeron antes o después de la muerte.
El llamado que alertó a su hijo
El hallazgo ocurrió el martes 27 de octubre en una vivienda de la calle Olivera al 2100, cerca de la esquina con Villegas, en Ituzaingó Sur. El hombre, de 49 años, vivía solo con sus 18 perros.
La noche anterior había hablado por teléfono con su hijo y le había dicho que no se sentía bien. Según la reconstrucción de esa conversación, comentó que tenía fuertes dolores y ambos quedaron en verse a la mañana siguiente.
Cuando el hijo intentó comunicarse por teléfono y por WhatsApp, no obtuvo respuesta. Preocupado, se acercó hasta la casa y llamó al 911 para pedir asistencia policial. La vivienda estaba cerrada con llave y, según la información difundida sobre el caso, no presentaba signos visibles de violencia en sus accesos. Con autorización del hijo, los efectivos forzaron la puerta para entrar.

Ocho perros impedían acercarse al cuerpo
El hombre fue encontrado en su dormitorio, recostado junto a la cama y sin signos vitales. Una médica que llegó en ambulancia constató el fallecimiento. En distintas partes del cuerpo se observaron mordeduras, pero la presencia de los animales impidió que los profesionales se acercaran de inmediato.
Ocho de los 18 perros estaban dentro de la habitación. Los animales bloqueaban el paso y fue necesaria la intervención de personal de Zoonosis municipal, que logró ponerlos a resguardo para que los equipos médicos y los investigadores pudieran trabajar en el lugar. Los otros diez perros se encontraban en la propiedad, aunque la información difundida no detalla dónde estaban al momento del ingreso.
Qué se sabe sobre las últimas horas
Familiares contaron que el día anterior el hombre había sufrido fuertes dolores de cabeza y abdominales y que, por ese motivo, se había acostado a descansar. Ese antecedente abrió la posibilidad de que hubiera atravesado una descompensación o un problema de salud antes de que su hijo llegara a la vivienda.
Una de las hipótesis que se analiza es que el hombre haya muerto primero y que, al quedar solos con el cuerpo, algunos perros lo hayan mordido después. Sin embargo, esa secuencia todavía no está confirmada. También debe establecerse si alguna de las lesiones se produjo cuando la víctima aún estaba viva o si tuvo incidencia en el fallecimiento.
La Policía Científica se presentó en el lugar, tomó todas las muestras que establece el protocolo y en este momento las están analizando para saber cuál fue con certeza la causa de la muerte.

La autopsia, clave para esclarecer el caso
La investigación quedó a cargo de la UFI Descentralizada N.º 1 de Ituzaingó, bajo la carátula de “Averiguación de causales de muerte”. La fiscalía ordenó una autopsia para determinar qué provocó el fallecimiento y establecer, en la medida que permitan los estudios forenses, cuándo se produjeron las heridas.
La causa de muerte y el momento en que aparecieron las mordeduras son dos preguntas distintas, pero relacionadas: la víctima pudo haber fallecido por una causa médica y haber sufrido las lesiones después, aunque tampoco se puede descartar de antemano que las mordeduras hayan ocurrido antes o contribuido al desenlace. Por eso, la escena por sí sola no alcanza para establecer qué pasó.
Hasta la información pública disponible al 1 de noviembre, no se había difundido el resultado de la autopsia. La investigación continúa abierta y no hay una conclusión definitiva sobre las causas de la muerte ni sobre el momento en que se produjeron las mordeduras.





