Fue la lucha de un grupo de estudiantes secundarios militantes fueron secuestrados, torturados, violados y desparecidos por la implementación del Boleto Estudiantil Secundario.
Se conmemora cada 16 de septiembre como el Día de los Derechos de los Estudiantes Secundarios, un homenaje para que «los lápices sigan escribiendo» páginas en la tarea de establecer Memoria, Verdad y Justicia.
Cursaban en el Colegio Normal 3 de La Plata y fueron secuestrados por efectivos a las órdenes del entonces jefe de la Policía bonaerense, el coronel Ramón Camps, en el marco de un operativo de represión ilegal que se conocería como «La Noche de los Lápices».
Ese día se llevaron contra su voluntad a los estudiantes: 1) Claudia Falcone (16 años), del Bachillerato de Bellas Artes de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP); 2) María Clara Ciocchini (18 años), del Bachillerato de Bellas Artes de la UNLP; 3) Francisco López Muntaner (16 años), del Bachillerato de Bellas Artes de la UNLP; 4) Daniel Racero (18 años), quien había estudiado en la Escuela Normal N.º 3 de La Plata y en 1976 cursaba en el Industrial Modelo de Berisso; 5) Horacio Ungaro (17 años), de la Escuela Normal N.º 3 de La Plata; 6) Pablo Díaz (18 años), del Colegio José Manuel Estrada (también citado en algunas fuentes como Colegio España); 7) Patricia Miranda (17 años), del Bachillerato de Bellas Artes de la UNLP; 8) Emilce Moler (17 años), del Bachillerato de Bellas Artes de la UNLP; 9) Gustavo Calotti (18 años), del Colegio Nacional «Rafael Hernández» de la UNLP; y 10) Claudio de Acha (18 años), del Colegio Nacional «Rafael Hernández» de la UNLP.
De los diez estudiantes secundarios, seis fueron torturados, violados, asesinados y desaparecidos.
Los desaparecidos fueron: 1) Claudia Falcone (16 años); 2) María Clara Ciocchini (18 años); 3) Francisco López Muntaner (16 años); 4) Daniel Racero (18 años); 5) Horacio Ungaro (17 años); y 6) Claudio de Acha (22 años).
Y aunque luego de atravesar todo tipo de tormenos, sobrevivieron cuatro: 1) Pablo Díaz (18 años); 2) Patricia Miranda (17 años); 3) Emilce Moler (17 años); y 4) Gustavo Calotti (18 años).
Las víctimas eran jóvenes militantes estudiantiles que, además de participar en distintas organizaciones políticas y sociales, habían tenido un rol activo en la campaña que, durante 1975, logró que el gobierno de la provincia de Buenos Aires implementara el Boleto Estudiantil Secundario (BES). Ese beneficio permitía a miles de alumnos viajar en transporte público con una tarifa reducida, facilitando el acceso a la educación para estudiantes de menores recursos.
Tras el golpe de Estado del 24 de marzo de 1976, la dictadura cívico-militar inició un proceso de eliminación de derechos y de persecución contra toda forma de organización social, sindical, política y estudiantil. En ese contexto, durante agosto de 1976, las autoridades de facto dejaron sin efecto el beneficio del Boleto Estudiantil Secundario, argumentando razones económicas y de reorganización administrativa.
La medida provocó nuevas manifestaciones y reclamos por parte de estudiantes secundarios de La Plata, quienes exigían la restitución del beneficio y defendían el derecho a la educación. Sin embargo, para los servicios de inteligencia y las fuerzas represivas, esas movilizaciones constituían una muestra de «subversión» o de «activismo político», por lo que comenzaron a identificar a los principales referentes de los centros de estudiantes y de las agrupaciones juveniles.
Como parte del plan sistemático de persecución desplegado por la dictadura, entre la noche del 16 de septiembre y la madrugada del 17 de septiembre de 1976, grupos de tareas secuestraron a varios de esos estudiantes en sus propios domicilios. Aunque durante años se difundió la idea de que fueron detenidos únicamente por reclamar el boleto estudiantil, las investigaciones históricas y los juicios por delitos de lesa humanidad establecieron que el operativo se inscribió en una política represiva mucho más amplia, dirigida contra jóvenes identificados por su militancia política, estudiantil y social. El reclamo por el boleto fue uno de los elementos que permitió a los represores individualizar a varios de ellos, pero no constituyó el único motivo de la persecución.
«La Noche de los Lápices», un nuevo aniversario de los estudiantes asesinados por la dictadura

Así consta en un documento de inteligencia titulado «La Noche de los Lápices», que años más tarde fue hallado en dependencias de la Policía Bonaerense, y en el cual el comisario mayor Alfredo Fernández describe las acciones que se debían emprender contra estos jóvenes, «integrantes de un potencial semillero subversivo».
¿Quién fue Alfredo Fernández?
Sobre Alfredo Fernández existe una particularidad que llama la atención de los investigadores: a diferencia de otros represores de la última dictadura militar, como Ramón Camps o Miguel Etchecolatz, se conoce muy poco sobre su trayectoria personal y profesional. La documentación pública disponible apenas permite reconstruir algunos aspectos de su actuación dentro de la estructura represiva de la Policía de la Provincia de Buenos Aires, mientras que la mayor parte de las referencias a su nombre aparecen en archivos de inteligencia y en investigaciones sobre La Noche de los Lápices.
Lo que sí se encuentra debidamente documentado es que Fernández se desempeñaba como comisario mayor de la Policía Bonaerense, aunque algunas publicaciones posteriores lo mencionan como comisario general, posiblemente debido a un ascenso o a una diferencia en la denominación del cargo. Además, integraba la Dirección de Inteligencia de la Policía de la Provincia de Buenos Aires (DIPPBA), el organismo encargado de reunir información, infiltrar organizaciones sociales, políticas y estudiantiles, y elaborar informes sobre personas consideradas «peligrosas» por el régimen militar.
El documento «La Noche de los Lápices»
La principal razón por la que el nombre de Alfredo Fernández trascendió históricamente fue su firma en un documento de inteligencia titulado «La Noche de los Lápices», elaborado por la DIPPBA. En ese informe, los estudiantes secundarios fueron definidos como «integrantes de un potencial semillero subversivo», una expresión que refleja cómo los organismos de inteligencia justificaban la vigilancia, persecución y posterior represión contra jóvenes que participaban en organizaciones estudiantiles y actividades políticas.
Ese documento, hallado años después en los archivos de la Policía Bonaerense, constituye una de las pruebas documentales más importantes para comprender el funcionamiento del aparato represivo. Su contenido demuestra que los secuestros de los estudiantes no fueron hechos aislados ni decisiones improvisadas, sino el resultado de un operativo previamente planificado, sustentado en tareas de inteligencia, seguimiento e identificación de quienes eran considerados objetivos por la dictadura.
La cadena de mando del operativo
Los investigadores coinciden en que Alfredo Fernández no fue el máximo responsable del operativo represivo. La estructura de mando estaba integrada por 1) Ramón Camps, jefe de la Policía de la Provincia de Buenos Aires; 2) Miguel Etchecolatz, director general de Investigaciones y uno de los principales ejecutores del terrorismo de Estado en territorio bonaerense; 3) Ricardo Eugenio Campoamor, jefe del Destacamento de Inteligencia 101 del Ejército, encargado de coordinar las tareas de inteligencia militar; y 4) oficiales de la DIPPBA, entre ellos Alfredo Fernández, responsables de producir los informes de inteligencia que permitieron identificar y seguir a los estudiantes que luego serían secuestrados.
Un personaje del que aún se sabe poco
Pese a la importancia del documento que firmó, hasta la actualidad no existe una biografía pública completa de Alfredo Fernández. Tampoco se conocen con precisión datos sobre su fecha de nacimiento, el desarrollo de su carrera policial o las circunstancias de su fallecimiento. Su nombre quedó asociado principalmente a aquel informe de inteligencia, considerado una pieza clave para reconstruir cómo la Policía Bonaerense planificó y ejecutó la persecución contra los estudiantes secundarios de La Plata durante La Noche de los Lápices.
¿El Documento La Noche de los Lápices fue real?
Ese documento existió y es una de las pruebas documentales más citadas para reconstruir cómo la Dirección de Inteligencia de la Policía de la Provincia de Buenos Aires (DIPPBA) planificó la persecución contra los estudiantes secundarios de La Plata. Fue hallado años después del regreso de la democracia entre los archivos de la Policía Bonaerense y luego pasó a integrar el acervo documental que hoy conserva la Comisión Provincial por la Memoria.
El informe llevaba por título «La Noche de los Lápices» y estaba firmado por el entonces comisario mayor Alfredo Fernández, quien describía a los estudiantes como «integrantes de un potencial semillero subversivo». Esa expresión es considerada muy significativa porque revela que los organismos de inteligencia no veían a los adolescentes únicamente como participantes de una protesta por el boleto estudiantil, sino como futuros militantes políticos a los que debía neutralizarse preventivamente.
El documento también demuestra que el nombre «La Noche de los Lápices» no surgió posteriormente por el libro de María Seoane y Héctor Ruiz Núñez ni por la película de 1986. Por el contrario, era una denominación utilizada por los propios organismos de inteligencia de la Policía Bonaerense para identificar el operativo represivo contra los estudiantes.
Desde el punto de vista histórico, este hallazgo tuvo un valor probatorio importante porque permitió confirmar que los secuestros no fueron hechos aislados, sino parte de un operativo previamente planificado, con tareas de inteligencia, identificación de objetivos y coordinación entre la Policía Bonaerense, el Batallón de Inteligencia 601 del Ejército y otros organismos represivos.
También ayudó a matizar una interpretación muy difundida durante años: la de que los estudiantes fueron secuestrados exclusivamente por reclamar el Boleto Estudiantil Secundario. Los documentos de inteligencia y las sentencias judiciales posteriores muestran que ese reclamo fue uno de los elementos utilizados para identificarlos, pero que la persecución se dirigía contra jóvenes considerados políticamente activos o vinculados a organizaciones estudiantiles y de militancia, a quienes los servicios de inteligencia catalogaban como un riesgo para el régimen.
¿Quiénes fueron juzgados?
Hasta donde alcanza la documentación pública disponible, no hay constancia de que Alfredo Fernández haya sido juzgado o condenado por delitos de lesa humanidad.
De hecho, ocurre una situación llamativa: aunque su firma aparece en el documento de inteligencia «La Noche de los Lápices», que constituye una prueba relevante de la planificación del operativo represivo, su nombre no figura entre los principales imputados ni condenados en las causas judiciales vinculadas a ese caso o al circuito represivo de la provincia de Buenos Aires.
Quienes sí fueron investigados, juzgados y condenados por los crímenes cometidos en ese circuito represivo fueron, entre otros:
1) Ramón Camps, jefe de la Policía de la Provincia de Buenos Aires (falleció en 1994 con causas judiciales en su contra); 2) Miguel Etchecolatz, director general de Investigaciones de la Policía Bonaerense, condenado en múltiples juicios por delitos de lesa humanidad; y 3) numerosos integrantes del denominado Circuito Camps, responsables de centros clandestinos como el Pozo de Banfield, el Pozo de Quilmes, Arana y otras dependencias donde estuvieron cautivos varios de los estudiantes secuestrados.
¿Como se inició el Operativo La Noche de los Lápices?
La noche del 16 de septiembre de 1976, se inició un operativo conjunto de efectivos policiales y del Batallón 601 de Ejército para capturar a nueve jóvenes de entre 16 y 22 años.
Claudio De Acha, María Clara Ciocchini, María Claudia Falcone, Francisco López Muntaner, Daniel Racero y Horacio Ungaro fueron chupados de sus domicilios en las primeras horas de la noche.
Al día siguiente, el 17 de septiembre de 1976, los represores apresaban a Emilce Moler y Patricia Miranda, que estudiaba en el Colegio de Bellas Artes de La Plata.
Y cuatro días después fue detenido Pablo Díaz, quien formaba parte de las Juventud Guevarista, un grupo vinculado al Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT) que tenía como brazo armado al ERP (Ejército Revolucionario del Pueblo).
Todos fueron ingresados clandestinamente al Centro Arana, donde se los torturó durante semanas, y luego se los trasladó al Pozo de Banfield.
¿Que se sabe del Centro Clandestino de Detención Centro Arana?
El Centro Clandestino de Detención Arana, también conocido como Pozo de Arana, funcionó durante la última dictadura militar en la localidad de Arana, partido de La Plata, bajo la órbita de la Policía de la Provincia de Buenos Aires. Instalado en un antiguo destacamento policial, integró el denominado Circuito Camps, la red de centros clandestinos comandada por el entonces jefe de la Policía Bonaerense, Ramón Camps, donde cientos de personas secuestradas fueron mantenidas en cautiverio, sometidas a torturas e interrogatorios ilegales.
Por el Pozo de Arana pasaron numerosos detenidos-desaparecidos, entre ellos varios de los estudiantes secuestrados durante La Noche de los Lápices, quienes posteriormente fueron trasladados a otros centros clandestinos, como el Pozo de Banfield. Tras el regreso de la democracia, sobrevivientes identificaron el lugar y sus testimonios fueron fundamentales en los juicios por delitos de lesa humanidad, que acreditaron el funcionamiento del centro como parte del plan sistemático de represión implementado por la dictadura militar.
Lo que recuperaron la libertad, los que fueron ejecutados
Emilce Moler y Pablo Díaz recuperaron la libertad tras permanecer dos años, entre cautivos y detenidos.
Patricia Miranda también salió con vida del Centro Arana, la trasladaron al Pozo de Quilmes y finalmente quedó alojada en la Cárcel de Villa Devoto, a disposición del Poder Ejecutivo hasta marzo de 1978.
Gustavo Calotti, que había terminado el secundario un año antes, cayó en cautiverio el 8 de septiembre, y se lo considera un sobreviviente de estos hechos, ya que padeció la tortura junto a estos jóvenes.
El resto de estos estudiantes secundarios permanecen aún desaparecidos y componen la nómina de 232 de adolescentes secuestrados durante la última dictadura cívico militar.
Tras derogarse en 2003 las leyes de Obediencia Debida y Punto Final, y los indultos dictados por el expresidente Carlos Saúl Menem, se iniciaron los juicios de lesa humanidad y Miguel Etchecolatz recibió sentencias por varios crímenes.
Al expolicía se lo halló culpable junto a otros 15 represores en el juicio por los delitos cometidos en el Circuito Camps, un proceso en el que se investigó el caso de La Noche de los Lápices, además de otros crímenes perpetrados en los centros clandestinos de detención de La Plata y zonas cercanas.
Pese al trabajo del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF), los cuerpos de las víctimas aún no pudieron ser identificados.
El excabo de la policía Roberto Grillo, que participó en el secuestro de los estudiantes, le confió hace años a la familia Ungaro que debió «quemar los cuerpos de los chicos», pero que él no los mató.
En reconocimiento a la lucha de este grupo de jóvenes militantes desparecidos se conmemora cada 16 de septiembre, desde el 2006 y por decisión del entonces presidente Néstor Kirchner, el Día de los Derechos de los Estudiantes Secundarios, un homenaje para que «los lápices sigan escribiendo» páginas en la tarea de establecer Memoria, Verdad y Justicia.
El caso tomó notoriedad pública en 1985, luego del testimonio de Pablo Díaz, uno de los sobrevivientes, en el Juicio a las Juntas. Además, Díaz participó de la creación del guion que llevó la historia al cine días antes de cumplirse una década de lo ocurrido, en el filme homónimo. Cuatro de los estudiantes secuestrados sobrevivieron a las posteriores torturas y traslados impuestos por la dictadura.
Los estudiantes asesinados fueron:

1- Claudio Acha de 17 años, Alumno del Colegio Nacional Rafael Hernández. Desde 2004 un aula del mismo lleva su nombre.
2 – María Clara Ciocchini de 18 años.
3 – María Claudia Falcone de 16 años, fue secuestrada en el departamento de su tía abuela junto a María Clara Ciocchini, quien era oficial de Montoneros y su superior jerárquica, que en ese momento era aspirante en la organización. Hacía sólo un mes que había cumplido 16 años.

4 – Francisco López Muntaner de 16 años
5 – Daniel Racero de 18 fue secuestrado en la casa de Horacio Ungaro.
6 – Horacio Ungaro de 17 años era Estudiante del Colegio Media 12 de Gonnet el cual llevó su nombre durante años para luego cambiarlo a Media 12.

Los estudiantes que lograron sobrevivir:
1- Gustavo Calotti de 18 años. Aunque fue secuestrado antes que el resto, se le considera un sobreviviente puesto que varios de los secuestrados eran sus ex compañeros de secundaria y pasó con ellos meses de prisión y tortura clandestina.
2 – Pablo Díaz de 19 años que en 1985 hizo público el caso en el Juicio a las Juntas.
3 – Patricia Miranda de 17 años. Al momento del secuestro, era estudiante de Bellas Artes sin militancia política alguna y tampoco había participado de los reclamos por el boleto estudiantil. Estuvo en los Centro Clandestio de Detención Arana, el Pozo de Quilmes, la comisaría de Valentín Alsina y finalmente la «blanquearon» al trasladarla a la Cárcel de Devoto, en donde quedó a disposición del Poder Ejecutivo Nacional hasta abril de 1978.
4 – Emilce Moler de 17 años.
Sitios de la Memoria que recuerdan a los estudiantes desaparecidos
En Bahía Blanca en 1995, se inauguró la Plaza de los Lápices, en la cual quedó emplazado un monumento que consiste en seis placas de hormigón que recuerdan a los desaparecidos de aquella noche.
En 2013 se colocó una placa recordatoria en la Plaza Vera de La Plata para las víctimas, según una ordenanza municipal. A su vez existe una placa homenaje a Claudio de Acha en la Escuela Nº 111.
En 2014, se instaló en la esquina de las calles 1 y 58, en La Plata, una placa como piedra fundamental del monumento a la Lucha Estudiantil.
En la Ciudad de Buenos Aires, alumnos docentes y padres en una votación de toda la comunidad escolar decidieron bautizar a la Escuela 491 de Palermo como María Claudia Falcone, también existe en su honor una escuela en la localidad de Presidente Derqui, en Pilar y una escuela Polimodal en el partido de Tres de Febrero.
En La Plata, se inauguró el 16 de septiembre de 2016 el mural La Noche de los Lápices, ubicado en la biblioteca del Colegio Nacional Rafael Hernández. Este mural fue realizado colectivamente por alumnos del colegio, y estudiantes y profesores de la facultad de Bellas Artes de la UNLP. Además, la Municipalidad de La Plata colocó una baldosa por la memoria en la calle 56 entre 5 y 6, para señalar el lugar donde fueron secuestradas hace 35 años las estudiantes María Clara Ciocchini y María Claudia Falcone.
Una calle del barrio Bella Vista, de Puerto Madryn fue nombrada María Claudia Falcone.
También fue nombrado en su honor el «Programa Nacional de Promoción de los Derechos Humanos Claudia Falcone».





