Hay vidas que no concluyen con la muerte. Permanecen suspendidas en la memoria de una comunidad, en las palabras que otros repiten, en los gestos que sobreviven al tiempo y en los lugares donde una presencia continúa siendo reconocible. El padre Raúl Roberto Trotz pertenece a esa estirpe de hombres cuya ausencia no ha conseguido apagar el eco de una existencia entregada al servicio de los demás.
Acá te dejamos un extracto de las palabras del concejal Diego Spina en 2017 cuando el Concejo Deliberante declaró a Monseñor Raúl Trotz Ciudadno Ilustre ✅✅✅👇:
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Este sábado 11 de julio, cuando se cumplan dos años de su fallecimiento, la comunidad católica de Morón volverá a reunirse para honrar su memoria. A las 12, la Catedral Basílica Nuestra Señora del Buen Viaje abrirá nuevamente sus puertas para celebrar una misa en su recuerdo. Luego, como un gesto que une la liturgia con la memoria, los fieles caminarán en procesión hasta la ermita donde descansan sus restos para elevar una oración, depositar una ofrenda floral y renovar un homenaje que ya forma parte del patrimonio espiritual de la ciudad.
Un pastor que dejó una huella en la historia de Morón
Durante más de cinco décadas, el nombre de Monseñor Raúl Roberto Trotz quedó indisolublemente unido a la vida religiosa, social y cultural de Morón. Su cercanía con los vecinos, su compromiso con las causas sociales y su defensa de los derechos humanos hicieron que su figura trascendiera los límites de la Iglesia para convertirse en una de las personalidades más respetadas del distrito.
Nacido en Buenos Aires el 10 de enero de 1941, ingresó muy joven al seminario y fue ordenado sacerdote el 14 de agosto de 1966. Sus primeros pasos pastorales transcurrieron en las parroquias Nuestra Señora del Carmen, de Ramos Mejía, y Sagrada Familia, de Haedo, donde comenzó a forjar un estilo sacerdotal basado en la cercanía, la escucha y el acompañamiento cotidiano.

En 1988, el entonces obispo Justo Oscar Laguna lo designó párroco de la Catedral Basílica Inmaculada Concepción del Buen Viaje, responsabilidad que ejercería durante veintiocho años. Desde ese templo acompañó a miles de familias en bautismos, matrimonios, despedidas y celebraciones religiosas, convirtiéndose en un rostro inseparable de la historia contemporánea de Morón.
En 2016, el obispo Luis Guillermo Eichhorn lo puso al frente de la parroquia Nuestra Señora de las Flores, su último destino pastoral. Dos años más tarde recibió el título de Párroco Emérito de la Catedral de Morón, reconocimiento reservado para quienes han consagrado una vida entera al servicio de la Iglesia.

Una Iglesia comprometida con su tiempo
Cuando el padre Trotz murió, el 11 de julio de 2024, no sólo se apagó la voz de un sacerdote. También concluyó una de las trayectorias pastorales más influyentes que conoció la diócesis durante la segunda mitad del siglo XX y los primeros años del XXI.
La noticia atravesó los muros de la Iglesia. Vecinos, dirigentes sociales, representantes políticos, instituciones y generaciones enteras de feligreses encontraron en aquella despedida la dimensión de una pérdida colectiva. Muchos comprendieron entonces que desaparecía una figura que había acompañado bautismos y funerales, alegrías familiares y momentos de profundo dolor, conflictos sociales y esperanzas compartidas.

La Diócesis de Morón anunció entonces que el sacerdote había emprendido «el retorno a la casa del Padre» y destacó que dejaba «una estela de fe, de pasión y de amor a Dios y a la Iglesia de Morón». Aquellas palabras resumían una vida cuya mayor obra nunca fue material, sino humana.
El entonces obispo Jorge Vázquez, acompañado por el presbiterio diocesano, agradeció «su vida y su más que fecundo ministerio». Al día siguiente presidió la misa exequial y la sepultura en la Ermita de Nuestra Señora del Buen Viaje, el mismo lugar hacia el que volverán a dirigirse los pasos de la procesión de este sábado.
Más de medio siglo al servicio de los otros
Durante más de cincuenta años de ministerio sacerdotal, Raúl Trotz construyó una forma de ejercer el sacerdocio que encontraba su sentido menos en la solemnidad de los altares que en la cercanía con las personas.
Identificado con el espíritu renovador del Concilio Vaticano II, entendía que la fe debía dialogar con la realidad cotidiana y que el Evangelio sólo alcanzaba su verdadera dimensión cuando se traducía en compromiso con la dignidad humana.
Su acción pastoral nunca quedó limitada a la celebración de los sacramentos. Acompañó a los sectores más vulnerables, sostuvo causas sociales y de derechos humanos y participó activamente de la vida institucional de la diócesis.
Fue vicario general, vicario de Cultura, director del Museo de la Catedral, asesor nacional de la Liga de Madres de Familia, presidente de la Fundación Monseñor Oscar Vicente Vetrano e integrante del Consejo de la Fundación Universidad de Morón. Además, fue un habitual expositor en congresos, seminarios y medios de comunicación, donde reflexionó sobre la relación entre la Iglesia, la cultura y la sociedad.
Quienes lo conocieron recuerdan una cualidad poco frecuente: la capacidad de escuchar sin juzgar. En tiempos atravesados por la prisa y las divisiones, supo convertir la conversación pausada y la palabra serena en una forma silenciosa de acompañamiento.

El reconocimiento de una ciudad
El 7 de noviembre de 2017, el Concejo Deliberante de Morón lo declaró Ciudadano Ilustre, una distinción otorgada a quienes dejan una huella perdurable en la historia del distrito.
Durante aquella ceremonia expresó que el homenaje lo llenaba de orgullo y evocó los profundos cambios que había experimentado Morón desde su llegada como sacerdote. No hablaba únicamente del crecimiento urbano. Hablaba de las personas, de las generaciones que había visto nacer, crecer y formar nuevas familias bajo las bóvedas de la Catedral.
Su figura representó una manera de comprender la Iglesia inseparable de la realidad cotidiana: una Iglesia cercana a quienes más sufren, comprometida con los problemas sociales y convencida de que el Evangelio sólo alcanza plenitud cuando se convierte en una práctica concreta de fraternidad.

La memoria como una forma de presencia
El 11 de julio de 2024, a los 82 años, un paro cardíaco puso fin a su vida terrenal. Sus restos fueron velados en la parroquia Nuestra Señora de las Flores y luego trasladados a la Catedral de Morón, donde el obispo Jorge Vázquez presidió la misa exequial antes de la sepultura en la Ermita de Nuestra Señora del Buen Viaje.
Durante aquella celebración, el obispo sintetizó el sentimiento compartido por quienes lo habían conocido con una frase de extraordinaria sencillez: «Él llevaba la alegría de Jesús en el corazón.»

La ceremonia de este sábado no será únicamente un aniversario. Tampoco un rito destinado a mirar hacia el pasado.
Cada paso de la procesión, cada oración pronunciada frente a la ermita y cada flor depositada junto a su tumba serán la expresión de una memoria que continúa viva porque sigue habitando en quienes compartieron parte de su camino.
Hay sacerdotes cuya misión concluye con el último oficio celebrado. Otros permanecen en el tiempo porque lograron convertirse en parte de la identidad de una comunidad.
Raúl Trotz pertenece a estos últimos.
Dos años después de su partida, Morón volverá a caminar detrás de su recuerdo. No para despedirlo otra vez, sino para confirmar que existen vidas cuyo verdadero legado comienza cuando dejan de estar físicamente presentes y pasan a formar parte de la memoria colectiva de un pueblo. Su nombre continúa siendo, para miles de vecinos, una palabra asociada a la solidaridad, la escucha, el compromiso y el servicio; una presencia serena que, aun en la ausencia, sigue iluminando la vida de la comunidad.
Diego Spina y qué dijo el día que lo nombraron Ciudadano Ilustre a Raúl Trotz
En nombre del bloque de Unidad Ciudadana de Morón, por supuesto que estamos más que satisfechos y sentimos un profundo orgullo por este nombramiento al padre Raúl Trotz.
Creo que quienes lo conocen saben que no hay mucho más para agregar. Simplemente decir que, a nuestro entender, no solamente es justo el nombramiento como Ciudadano Ilustre de Morón, sino que también constituye un reconocimiento a él, a su vida y a una Iglesia moronense que ha tenido muchísimas personas que aportaron al pensamiento intelectual de la Iglesia argentina, como monseñor Justo Laguna, monseñor Rómulo García y el propio padre Raúl Trotz. También está presente el padre Jorge Vázquez, vicario general de Morón, junto con las hermanas que nos acompañan en la sesión de hoy.
Este nombramiento al padre Raúl Trotz es un reconocimiento a su persona, a su trayectoria y a una forma de pensar, pero también a una forma de mantener la coherencia a lo largo de toda su vida.
Un concejal que hizo uso de la palabra al comienzo mencionaba el tema del Alzheimer, una de las primeras causas impulsadas por la Asociación Cerebro. Raúl conocía muy de cerca ese tema, pero su historia es mucho más profunda, porque también habla de la tragedia de una generación de argentinos.
Me refiero a la historia de Pablo, un soldado que estaba haciendo el servicio militar obligatorio cuando fue secuestrado por la dictadura militar. Muchos años después supimos que su cuerpo había sido arrojado al mar.
Siempre recuerdo, entre las muchas historias que rodean al padre Raúl Trotz, que en una oportunidad, cuando trabajábamos en la Comisión de Comunicación, le preguntamos por una anécdota: por qué había dicho alguna vez que había encontrado a Dios en un mural.
Raúl nos explicó que, en realidad, lo que había hecho, aun sabiendo el enorme riesgo que corría, fue pintar durante la dictadura una serie de murales para reclamar por un desaparecido moronense de apenas 18 años, un militante político.
Alguna vez, con el paso de los años, alguien dijo que si los curas hubieran salido con firmeza a denunciar desde el primer desaparecido, quizás la historia habría sido distinta y no hubiéramos tenido 30.000 desaparecidos. Raúl fue una de esas voces que se alzaron cuando casi nadie lo hacía.
Ese es, para mí, el mayor de los reconocimientos.
Además, como si fuera poco, mi vida estuvo atravesada desde muy chico por escuchar las misas que Raúl celebraba por Evita y por Perón, cuando todavía muchos seguían considerando al peronismo como una de las «cosas malditas» de la historia argentina.
Raúl convocaba no solamente a peronistas, sino también a personas de distintas ideas, porque siempre estuvo del lado de quienes no tenían voz.
Las historias más ricas de Raúl tienen que ver con esas pequeñas cosas que hoy parecen extraordinarias: la enorme cantidad de parejas que casó sin pedir dinero, la cantidad de chicos que bautizó sin importar la situación económica de sus familias.
Lejos de la imagen solemne que muchas veces se tiene de un sacerdote, Raúl humanizaba permanentemente esa figura. Recuerdo una anécdota que contaba: de chico se llamaba Raúl Roberto, igual que su padre, y bromeaba diciendo que en su familia no había más Raúl Roberto. Con esas historias sencillas lograba humanizar lo que para muchos parecía una figura inalcanzable: el representante de Dios en la Tierra.
Por eso, para mí es un honor, como militante político, como peronista y como concejal de este bloque de Unidad Ciudadana, ser parte del nombramiento del padre Raúl Trotz como Ciudadano Ilustre de Morón.
Y como él, siendo cura, siempre habló también de política cuando hizo falta, nosotros, desde la política, hoy queremos hablar de él como sacerdote. Vamos a nombrarlo Ciudadano Ilustre de Morón, en nombre del pueblo de Morón, pero también, como corresponde, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
Muchas gracias.





