Hay vidas que no concluyen con la muerte. Permanecen suspendidas en la memoria de una comunidad, en las palabras que otros repiten, en los gestos que sobreviven al tiempo y en los lugares donde una presencia continúa siendo reconocible. El padre Raúl Roberto Trotz pertenece a esa estirpe de hombres cuya ausencia no ha conseguido apagar el eco de una existencia entregada al servicio de los demás.
Este sábado 11 de julio, cuando se cumplan dos años de su fallecimiento, la comunidad católica de Morón volverá a reunirse para honrar su memoria. A las 12, la Catedral Basílica Nuestra Señora del Buen Viaje abrirá nuevamente sus puertas para celebrar una misa en su recuerdo. Luego, como un gesto que une la liturgia con la memoria, los fieles caminarán en procesión hasta la ermita donde descansan sus restos para elevar una oración, depositar una ofrenda floral y renovar un homenaje que ya forma parte del patrimonio espiritual de la ciudad.
Un pastor que dejó una huella en la historia de Morón
Durante más de cinco décadas, el nombre de Monseñor Raúl Roberto Trotz quedó indisolublemente unido a la vida religiosa, social y cultural de Morón. Su cercanía con los vecinos, su compromiso con las causas sociales y su defensa de los derechos humanos hicieron que su figura trascendiera los límites de la Iglesia para convertirse en una de las personalidades más respetadas del distrito.
Nacido en Buenos Aires el 10 de enero de 1941, ingresó muy joven al seminario y fue ordenado sacerdote el 14 de agosto de 1966. Sus primeros pasos pastorales transcurrieron en las parroquias Nuestra Señora del Carmen, de Ramos Mejía, y Sagrada Familia, de Haedo, donde comenzó a forjar un estilo sacerdotal basado en la cercanía, la escucha y el acompañamiento cotidiano.
En 1988, el entonces obispo Justo Oscar Laguna lo designó párroco de la Catedral Basílica Inmaculada Concepción del Buen Viaje, responsabilidad que ejercería durante veintiocho años. Desde ese templo acompañó a miles de familias en bautismos, matrimonios, despedidas y celebraciones religiosas, convirtiéndose en un rostro inseparable de la historia contemporánea de Morón.
En 2016, el obispo Luis Guillermo Eichhorn lo puso al frente de la parroquia Nuestra Señora de las Flores, su último destino pastoral. Dos años más tarde recibió el título de Párroco Emérito de la Catedral de Morón, reconocimiento reservado para quienes han consagrado una vida entera al servicio de la Iglesia.
Una Iglesia comprometida con su tiempo
Cuando el padre Trotz murió, el 11 de julio de 2024, no sólo se apagó la voz de un sacerdote. También concluyó una de las trayectorias pastorales más influyentes que conoció la diócesis durante la segunda mitad del siglo XX y los primeros años del XXI.
La noticia atravesó los muros de la Iglesia. Vecinos, dirigentes sociales, representantes políticos, instituciones y generaciones enteras de feligreses encontraron en aquella despedida la dimensión de una pérdida colectiva. Muchos comprendieron entonces que desaparecía una figura que había acompañado bautismos y funerales, alegrías familiares y momentos de profundo dolor, conflictos sociales y esperanzas compartidas.
La Diócesis de Morón anunció entonces que el sacerdote había emprendido «el retorno a la casa del Padre» y destacó que dejaba «una estela de fe, de pasión y de amor a Dios y a la Iglesia de Morón». Aquellas palabras resumían una vida cuya mayor obra nunca fue material, sino humana.
El entonces obispo Jorge Vázquez, acompañado por el presbiterio diocesano, agradeció «su vida y su más que fecundo ministerio». Al día siguiente presidió la misa exequial y la sepultura en la Ermita de Nuestra Señora del Buen Viaje, el mismo lugar hacia el que volverán a dirigirse los pasos de la procesión de este sábado.
Más de medio siglo al servicio de los otros
Durante más de cincuenta años de ministerio sacerdotal, Raúl Trotz construyó una forma de ejercer el sacerdocio que encontraba su sentido menos en la solemnidad de los altares que en la cercanía con las personas.
Identificado con el espíritu renovador del Concilio Vaticano II, entendía que la fe debía dialogar con la realidad cotidiana y que el Evangelio sólo alcanzaba su verdadera dimensión cuando se traducía en compromiso con la dignidad humana.
Su acción pastoral nunca quedó limitada a la celebración de los sacramentos. Acompañó a los sectores más vulnerables, sostuvo causas sociales y de derechos humanos y participó activamente de la vida institucional de la diócesis.
Fue vicario general, vicario de Cultura, director del Museo de la Catedral, asesor nacional de la Liga de Madres de Familia, presidente de la Fundación Monseñor Oscar Vicente Vetrano e integrante del Consejo de la Fundación Universidad de Morón. Además, fue un habitual expositor en congresos, seminarios y medios de comunicación, donde reflexionó sobre la relación entre la Iglesia, la cultura y la sociedad.
Quienes lo conocieron recuerdan una cualidad poco frecuente: la capacidad de escuchar sin juzgar. En tiempos atravesados por la prisa y las divisiones, supo convertir la conversación pausada y la palabra serena en una forma silenciosa de acompañamiento.
El reconocimiento de una ciudad
El 7 de noviembre de 2017, el Concejo Deliberante de Morón lo declaró Ciudadano Ilustre, una distinción otorgada a quienes dejan una huella perdurable en la historia del distrito.
Durante aquella ceremonia expresó que el homenaje lo llenaba de orgullo y evocó los profundos cambios que había experimentado Morón desde su llegada como sacerdote. No hablaba únicamente del crecimiento urbano. Hablaba de las personas, de las generaciones que había visto nacer, crecer y formar nuevas familias bajo las bóvedas de la Catedral.
Su figura representó una manera de comprender la Iglesia inseparable de la realidad cotidiana: una Iglesia cercana a quienes más sufren, comprometida con los problemas sociales y convencida de que el Evangelio sólo alcanza plenitud cuando se convierte en una práctica concreta de fraternidad.
La memoria como una forma de presencia
El 11 de julio de 2024, a los 82 años, un paro cardíaco puso fin a su vida terrenal. Sus restos fueron velados en la parroquia Nuestra Señora de las Flores y luego trasladados a la Catedral de Morón, donde el obispo Jorge Vázquez presidió la misa exequial antes de la sepultura en la Ermita de Nuestra Señora del Buen Viaje.
Durante aquella celebración, el obispo sintetizó el sentimiento compartido por quienes lo habían conocido con una frase de extraordinaria sencillez: «Él llevaba la alegría de Jesús en el corazón.»
La ceremonia de este sábado no será únicamente un aniversario. Tampoco un rito destinado a mirar hacia el pasado.
Cada paso de la procesión, cada oración pronunciada frente a la ermita y cada flor depositada junto a su tumba serán la expresión de una memoria que continúa viva porque sigue habitando en quienes compartieron parte de su camino.
Hay sacerdotes cuya misión concluye con el último oficio celebrado. Otros permanecen en el tiempo porque lograron convertirse en parte de la identidad de una comunidad.
Raúl Trotz pertenece a estos últimos.
Dos años después de su partida, Morón volverá a caminar detrás de su recuerdo. No para despedirlo otra vez, sino para confirmar que existen vidas cuyo verdadero legado comienza cuando dejan de estar físicamente presentes y pasan a formar parte de la memoria colectiva de un pueblo. Su nombre continúa siendo, para miles de vecinos, una palabra asociada a la solidaridad, la escucha, el compromiso y el servicio; una presencia serena que, aun en la ausencia, sigue iluminando la vida de la comunidad.





