Castelar: El Castillo Ayerza tiene su placa de «Patrimonio Cultural» (¿Lo Sabías?)

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En 2009, el histórico Castillo Ayerza fue declarado Lugar Histórico de Interés Municipal mediante una ordenanza del Honorable Concejo Deliberante de Morón, en reconocimiento a su valor patrimonial y a su estrecha vinculación con los orígenes de Castelar Norte. Como parte de esa distinción, el edificio exhibe una placa que lo identifica como «Patrimonio Cultural», descubierta el 24 de noviembre durante un acto del que participaron autoridades municipales y directivos del Instituto Inmaculada, institución que funciona en el predio desde mediados del siglo XX.

Castelar: El Castillo de

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La historia del actual Castillo Ayerza se remonta a una extensa propiedad que perteneció a la familia González desde tiempos coloniales. Con el paso de los años, las tierras fueron subdivididas y cambiaron de manos en varias oportunidades. Uno de sus propietarios fue Cosme Gaviña, motivo por el cual el predio llegó a ser conocido como la “Quinta de Gaviña”.

Hacia fines del siglo XIX, la propiedad fue adquirida por el francés José Sahores Prat, quien impulsó la transformación del antiguo establecimiento rural en una elegante quinta de recreo. Diversas investigaciones históricas le atribuyen la construcción de la residencia que más tarde sería conocida popularmente como el “Castillo Ayerza”, debido a su singular arquitectura y a la relevancia que alcanzó posteriormente la familia propietaria.

El predio fue adquirido por el ingeniero Rómulo Ayerza en 1895 y a partir del año siguiente se instaló con su familia a pasar los veranos y fines de semana en la ahora denominada Quinta San José. En aquella época Castelar era una zona de quintas y casas de descanso de familias acomodadas de Buenos Aires, atraídas por el aire puro y el entorno rural.

La propiedad era enorme: ocupaba unas 15 hectáreas entre las actuales vías del ferrocarril, la avenida Sarmiento, la calle Zapiola y el Arroyo Morón. Tenía frutales, jardines, rosedales, animales de granja, una capilla privada y hasta una pileta, algo excepcional para la época.

El Ingeniero Rómulo Ayerza era hermano del médico Abel Ayerza, casado con Adela Petrona Arning Lawson, quienes sufrieron la tragedia de perder un hijo en manos de sus secuestradores, y de Francisco Ayerza, pionero de la fotografía argentina, casado con Josefina Jacobé Iraola, hermana de la mujer de su hermano Rómulo.

Lejos de la medicina, ámbito en el que se destacaría su hermano Abel Ayerza, Rómulo Ayerza desarrolló una importante carrera como ingeniero. Formado en Europa, dirigió el Ferrocarril Oeste y llegó a ocupar el cargo de Inspector General de Ferrocarriles de la Nación, convirtiéndose en una figura relevante del desarrollo ferroviario argentino de fines del siglo XIX. Fue precisamente durante esos años cuando adquirió la extensa propiedad de Castelar, donde estableció la denominada Quinta San José, origen del actual Castillo Ayerza y del posterior Barrio Parque Ayerza.

Si bien no existen registros precisos sobre las estadías del reconocido médico Abel Ayerza, hermano de Rómulo, todo indica que la residencia formó parte del ámbito familiar compartido por una de las dinastías más influyentes de la Argentina de principios del siglo XX.

Como muchas de las familias que se afincaron en Morón, los Ayerza lo hicieron por cuestiones de salud, dado que la esposa de Rómulo, María Jacobé Pereyra, y su descendencia padecían de asma. Esa zona de Morón (que luego fue Castelar) es alta y arbolada, por lo que se decía que proveía aires beneficiosos para enfermedades pulmonares.

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Los Ayerza y las hermanas Jacobé Iraola: una historia familiar entrelazada

La genealogía de la familia Ayerza presenta una particularidad que ayuda a comprender los vínculos entre algunos de los principales protagonistas de la historia de la antigua Quinta San José, conocida posteriormente como Castillo Ayerza.

El tronco familiar parte de José Toribio Ayerza, padre de varios de los integrantes más destacados de la familia. Uno de ellos fue Rómulo Ayerza, quien contrajo matrimonio con María Antonia Jacobé Iraola. De esa unión nacieron varios hijos, entre ellos Esther Ayerza, cuyos recuerdos familiares permitieron reconstruir aspectos de la vida cotidiana en la histórica propiedad de Castelar.

Otro de los hermanos fue Francisco Ayerza, casado con Josefina Jacobé Iraola, con quien tuvo ocho hijos. A su vez, Alfonso Ayerza se casó con María Helena Jacobé Iraola y formó una numerosa familia. Por su parte, Abel Ayerza contrajo matrimonio con Adela Arning, unión de la que nacieron once hijos.

Lo que suele generar confusión entre investigadores y descendientes es que María Antonia Jacobé Iraola, Josefina Jacobé Iraola y María Helena Jacobé Iraola eran hermanas. Es decir, tres hermanos de la familia Ayerza —Rómulo, Francisco y Alfonso— se casaron con tres hermanas de la familia Jacobé Iraola, consolidando un fuerte vínculo entre ambos linajes.

Este entramado familiar resulta fundamental para comprender la historia patrimonial de los Ayerza y la sucesión de bienes vinculados a la familia. En el caso de la antigua Quinta San José, la residencia que con el tiempo sería conocida como Castillo Ayerza, aún resta determinar con precisión cuál de los descendientes de Rómulo Ayerza heredó la propiedad y quiénes fueron los integrantes de la familia que concretaron su venta en 1958 a la congregación de los Oblatos de la Virgen María, institución que posteriormente instaló allí las primeras dependencias del actual Instituto Inmaculada.

El “castillo” está inspirado en el Chateau La Musse (Francia), un típico palacete francés de tres niveles y un subsuelo, con una gran escalinata central de mármol y dos grupos de columnas jónicas que enmarcan el ingreso principal. Posee molduras y dinteles en relieve sobre los amplios ventanales. La cubierta está resuelta en mansarda con crestería de zinc.

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Recién en 1946 se hicieron remodelaciones. Pero entre los decendientes de los Ayerza, no existe ningún Luis excepto Luis Monsegur Saint Gilly quién construyó la vivienda original y luego amplió a pedido de los hijos de Rómulo Ayerza modernizó la vivienda agregándole baños y cocina y colocando la inscripción “San José 1895”. Agregó un baño por piso en la torre que está ubicada en la esquina sureste.

Esto hace que hoy estos cuartos de baño nos sorprendan por su forma circular y sus coloridos vitrales. El subsuelo de la casa estaba destinado a la despensa, la enorme cocina y el comedor de servicio.

Había tres dormitorios muy grandes para el personal doméstico. Y una carbonera porque la cocina era de carbón. El lavadero estaba afuera.

Había un cocinero que era el único que no vivía en la casa, era un italiano. Después estaba el pinche de cocina con su señora que era la lavandera. También estaba Helena Lamber, que era la mucama de adentro, que era irlandesa, que también era fija porque después venía a la casa de Buenos Aires todo el año. Había siete peones que eran los que se ocupaban de la quinta, que eran los que araban el rosedal. Pero el hombre de confianza Rómulo Ayerza era Pedro Lind.

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Se vende el Castillo Ayerza

En 1958 los Ayerza vendieron la casa a la congregación de los Oblatos de la Virgen María para instalar las primeras aulas del Instituto Inmaculada.

Tras permanecer durante décadas en manos de la familia Ayerza, el destino de la histórica residencia cambió de manera definitiva en 1958, cuando sus propietarios vendieron el casco principal de la antigua Quinta San José a la congregación de los Oblatos de la Virgen María. La operación abrió una nueva etapa para el edificio, que pasó de ser una mansión familiar a convertirse en el núcleo fundacional del actual Instituto Inmaculada, donde comenzaron a funcionar las primeras aulas del establecimiento educativo.

Las habitaciones que durante años habían albergado a distintas generaciones de los Ayerza fueron adaptadas para uso escolar, dando inicio a una historia educativa que continúa hasta la actualidad. Poco después, los religiosos trasladaron a Castelar el proyecto educativo que desarrollaban en Villa Udaondo, consolidando el crecimiento de una institución que terminaría formando a miles de alumnos de la región.

La manzana completa en la que quedó el Castillo Ayerza y el nuevo edificio, ambos como Instituto Inmaculada y la Iglesia justo en el esquina
La manzana completa en la que quedó el Castillo Ayerza y el nuevo edificio, ambos como Instituto Inmaculada y la Iglesia justo en el esquina

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Los Oblatos y el Castillo Ayerza

Los Oblatos están presentes en Argentina desde hace aproximadamente un siglo y poseen comunidades en distintos puntos del país, entre ellos Castelar, Villa Udaondo, Buenos Aires y Córdoba.

La relación con el Castillo Ayerza

Para la historia local de Castelar, los Oblatos tienen una importancia especial porque en 1958 adquirieron a la familia Ayerza la antigua Quinta San José, donde se encuentra el histórico Castillo Ayerza. Allí comenzaron a funcionar las primeras dependencias educativas que luego dieron origen al actual Instituto Inmaculada, uno de los establecimientos más tradicionales de la zona.

La compra marcó el paso de una residencia privada de una familia aristocrática a un espacio educativo y religioso abierto a la comunidad, preservando además uno de los edificios patrimoniales más emblemáticos de Castelar.

Para 1960 los alumnos ya tomaban clases en el Instituto Inmaculada
Para 1960 los alumnos ya tomaban clases en el Instituto Inmaculada

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Ya en 1933 una parte había sido cedida o transferida a religiosas del Sagrado Corazón, y para 1945 la propiedad original de unas 15 hectáreas se había reducido a la casa principal, la pileta y una manzana adicional. Los registros indican que, tras la muerte de Rómulo Ayerza en 1948, la enorme Quinta San José comenzó a subdividirse. Y posteriormente, gran parte de los terrenos fueron loteados, dando origen al actual Barrio Parque Ayerza.

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