Ubicado en Avenida Santa Fe 750, frente a la histórica Plaza San Martín, el Palacio Paz, también conocido durante décadas como Palacio Retiro, es una de las residencias privadas más imponentes construidas en la Argentina. El edificio ocupa una manzana completa, con frentes sobre las calles Santa Fe, Maipú y Marcelo T. de Alvear y la Plaza San Martín.
La residencia fue concebida por el doctor José Clemente Paz, fundador del diario La Prensa, quien a comienzos del Siglo XX integraba la elite argentina que mantenía estrechos vínculos con Europa y pasaba largas temporadas en París. Nacido en Buenos Aires en 1842, era hijo de Ezequiel Paz y Jacoba Cueto Cernadas, y en 1869 fundó el matutino que marcaría una época en el periodismo nacional y sería el más importante por casi cien años.

El propietario de la residencia, José C. Paz, fue embajador en Francia a finales del siglo XIX, y tuvo una indisimulable predilección por la cultura académica francesa de la que quiso rodearse a lo largo de su vida y aun más allá. El altorrelieve emplazado en el frontón central del Palacio Paz es una copia del grupo escultórico realizado por el artista francés Jean Baptiste Carpeaux para el Pabellón de Flora del Louvre. Se titula “El triunfo de Flora” y junto con “La Danza” de la Ópera de París son consideradas sus obras más importantes en ese período.
Abajo, la escultura «La Vendimia» emplazada sobre una base de nogal tallado del escultor francés Francois Raoul Larche (1860-1912). Gran Hall de Entrada es una extraordinaria estatua de mármol de Carrara, apoyada sobre una base giratoria y rodeada por vitraux, permitía a la familia observarla durante el día en diferentes posiciones.
Una vez adquirida la obra por José C. Paz fue trasladada a Buenos Aires y colocada en el hall de ingreso sobre la calle Marcelo T. de Alvear (el edificio estaba dividido internamente en dos grandes residencias ocupadas por los hijos de José: Ezequiel y Zelmira).

En las colecciones del Museo de Orsay y del Louvre se conservan también dos versiones en terracota del “Triunfo de Flora” realizadas por el mismo artista. Algunos suponen que la obra del Palacio Paz puede tratarse de un estudio preliminar de Carpeaux, pero es poco probable ya que la versión porteña tenga la calidad expresiva de la original.
El proyecto arquitectónico fue encargado al prestigioso arquitecto francés Louis-Marie Henri Sortais, aunque la dirección efectiva de la obra quedó en manos del arquitecto e ingeniero argentino Carlos Agote, ya que Sortais nunca viajó a la Argentina. Tras la muerte del profesional francés en 1911, Agote continuó los trabajos respetando la esencia del diseño original, aunque incorporó algunas modificaciones solicitadas por la familia Paz.

La construcción concluyó en 1914 y se transformó en uno de los máximos exponentes de la arquitectura francesa en Sudamérica. La fachada principal, orientada hacia Plaza San Martín (foto de portada), se inspiró en el ala del Museo del Louvre que mira al Río Sena, mientras que el frente sobre Marcelo T. de Alvear tomó referencias del célebre Château de Chantilly. A su vez, la fachada sobre Avenida Santa Fe reproduce elementos característicos de los grandes palacios franceses del siglo XVII.
Sobre un terreno de 6.154 metros cuadrados, se construyeron 12.000 metros cuadrados cubiertos, distribuidos en 140 ambientes y 40 baños, dimensiones que requerían una planta permanente de alrededor de 80 personas dedicadas a tareas de limpieza, mantenimiento y maestranza. Desde Europa fueron traídos especialmente mármoles, herrerías artísticas, arañas, mobiliario, pisos, faroles y numerosos elementos ornamentales que aún pueden apreciarse en sus salones. Es la mayor residencia del país.

Contrariamente a una creencia extendida, José Clemente Paz llegó a habitar el palacio antes de fallecer en 1912, en Mónaco. Tras su muerte continuaron viviendo allí su esposa, Zelmira Díaz, y sus hijos. Sin embargo, una serie de tragedias golpeó a la familia: poco tiempo después murió la viuda de Paz y más tarde falleció también su yerno, Aarón Anchorena, quien residía en un sector del edificio junto a su esposa, Zelmira Paz, y sus cuatro hijos.
La residencia fue concebida como una vivienda multifamiliar destinada a albergar a distintos miembros del grupo familiar. La familia Paz permaneció en el inmueble hasta 1938, cuando finalmente fue vendido al Círculo Militar, institución que desde entonces mantiene allí su sede central.

Actualmente el edificio alberga dependencias del Círculo Militar, una biblioteca abierta al público, un restaurante y el Museo de Armas de la Nación, además de conservar parte del mobiliario original de la familia. El palacio puede visitarse mediante recorridos guiados que permiten apreciar sus salones, escalinatas y detalles decorativos.
A lo largo de los años el inmueble sufrió algunas modificaciones. El jardín de invierno y las antiguas cocheras fueron demolidos, mientras que ciertos ornamentos de las fachadas fueron eliminados durante distintas intervenciones. Entre los elementos desaparecidos se encontraba una gran cartela ornamental que coronaba el histórico portón de ingreso sobre Avenida Santa Fe.
Pese a esas transformaciones, el Palacio Paz continúa siendo una de las construcciones más emblemáticas de Buenos Aires y un extraordinario testimonio del esplendor arquitectónico de la Argentina de principios del siglo XX.

A pesar de las demoliciones y reformas que sufrió el edificio es una de las residencias mejor conservadas de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, todas las habitaciones, salones de recepción e inclusive algunos baños y áreas de servicio se encuentras preservados en su estado original (sin el mobiliario que fue subastado por la familia).
Sirven como prueba las siguientes fotografías de los salones y dormitorios de los pisos superiores del palacio, que no se pueden visitar comúnmente ya que se tratan de áreas de trabajo del Círculo Militar. No así la planta baja, la mas suntuosa de todo el edificio, que se puede recorrer diariamente a través de visitas guiadas.

Los ámbitos de gran recepción, ubicados en la planta baja, fueron los menos utilizados, estos se caracterizaban por sus grandes dimensiones y por las riquezas que se encontraban allí.
Los salones más sencillos se encontraban en la segunda planta, que estaba destinado a la vida cotidiana. Las áreas de trabajo y alojamiento necesarias al personal de servicio se nucleaban en los pisos de las mansardas y buhardillas.
En cambio, los subsuelos solían agrupar depósitos y locales de usos especiales, como podía ser el gimnasio o la sala de cine en el caso del Palacio Paz.

El Salón de Baile en cambio es de Estilo Regencia. Este salón de baile y el comedor fueron inaugurados durante la Primera Guerra Mundial con una representación de «La Cenicienta» a beneficio de La Cruz Roja de los países aliados. En otros salones más pequeños encontramos estilos Luis XVI e Imperio.

Lo más imponente es la gran Galería de Honor que conduce al Gran Hall de Honor este recinto de imponentes dimensiones circular y coronado con una cúpula imponente.


Más adelante, una serie salones se conectan sucesivamente y deslumbran por los materiales con los que fueron adornados: mármoles procedentes de Europa, pisos de roble de Eslavonia, enormes zócalos de madera de nogal, paredes tapizadas en damasco de seda o recubiertas con dorado a la hoja y herrajes realizados por la Casa Bricard de París son algunos de los finísimos detalles de decoración.

La construcción demandó una compleja organización doméstica. Se estima que entre cincuenta y ochenta personas integraban de manera permanente el personal de servicio encargado del mantenimiento cotidiano de la residencia. Cocineros, camareros, jardineros, cocheros, mucamas, mayordomos, porteros y personal de limpieza garantizaban el funcionamiento de una estructura que, por sus dimensiones, se asemejaba más a un pequeño hotel de lujo que a una vivienda familiar.

El edificio fue pensado para albergar distintas ramas de la familia Paz. De hecho, su organización interna permitía dividirlo en dos grandes sectores residenciales que serían ocupados por los hijos de José Clemente Paz: Ezequiel Paz y Zelmira Paz. Esta característica lo emparenta con otras grandes residencias porteñas de la época, concebidas para mantener reunidas varias generaciones de una misma familia sin resignar privacidad ni autonomía.
Grandes salones comunicados entre sí permitían organizar recepciones de magnitud excepcional para los estándares porteños de la época. Más arriba se encontraban los sectores destinados a la vida familiar cotidiana, de dimensiones más reducidas y decoración menos ceremonial. En las mansardas y buhardillas se ubicaban los dormitorios y dependencias del personal de servicio, mientras que los subsuelos albergaban depósitos, áreas técnicas y espacios especiales. Entre ellos se destacaban un gimnasio y una sala de cine privada, comodidades extraordinariamente modernas para comienzos del siglo XX.

Arquitectura, estilo y esplendor decorativo
El Palacio Paz constituye una expresión de la arquitectura francesa academicista construidas fuera de Europa. Su diseño responde a los principios de la tradición de la École des Beaux-Arts y combina monumentalidad, simetría y una rigurosa organización espacial.

El palacio fue pensado para albergar a toda la familia de José Clemente Paz. Tras su fallecimiento, la residencia pasó a ser ocupada por sus hijos, Ezequiel Paz y Zelmira Paz de Gainza.

La vida cotidiana dentro del palacio reflejaba las costumbres de la alta sociedad porteña de comienzos del siglo XX. Además de los salones de recepción, el edificio contaba con espacios destinados al esparcimiento y la educación. Cerca de la sala de cine privada funcionaba una sala de esgrima, mientras que las jóvenes de la familia recibían formación bajo la supervisión de una institutriz que organizaba actividades académicas, artísticas y físicas, combinando estudio, baile y ejercicios corporales.
La residencia permaneció en manos de la familia Paz hasta mediados de la década de 1930. Finalmente fue vendida por Zelmira Paz de Anchorena, quien donó gran parte del mobiliario original. Desde 1939 el edificio alberga la sede central del Círculo Militar y el Museo de Armas de la Nación. Aunque la institución ocupa solamente una parte de la inmensa construcción, ello ha permitido preservar gran parte de su arquitectura original.
Salones y ambientes principales
Los interiores del Palacio Paz constituyen una verdadera enciclopedia de los estilos decorativos franceses. El eclecticismo característico del siglo XIX permitió combinar referencias al Renacimiento Francés, Luis XIV, Regencia, Luis XV, Luis XVI e Imperio, otorgando a cada ambiente una personalidad propia.
Uno de los espacios más destacados es el Comedor de Honor, concebido en estilo Renacimiento Francés. Originalmente destinado a reuniones masculinas y conversaciones privadas, se convirtió en uno de los ambientes más sofisticados y modernos del conjunto.

Del palacio familiar a la sede del Círculo Militar
La historia del Palacio Paz cambió definitivamente cuando dejó de ser una residencia privada para convertirse en la sede del Círculo Militar, una de las instituciones más tradicionales de las Fuerzas Armadas argentinas. Sin embargo, el vínculo entre el edificio y la entidad militar comenzó mucho después de la creación de esta última.
Fundado en el siglo XIX, el Círculo Militar tuvo sus primeras sedes en distintos inmuebles de la ciudad de Buenos Aires. Inicialmente funcionó sobre la calle Florida, en una propiedad perteneciente a Paulino Rodríguez, donde disponía de salones para conferencias, espacios de recreación, salas de billar y dependencias administrativas. Entre sus socios fundadores se encontraba el escritor, militar y diplomático Lucio V. Mansilla, una de las figuras más destacadas de la época.

Con el crecimiento institucional, la entidad fue trasladándose sucesivamente a otros edificios porteños. La biblioteca, uno de los orgullos de la institución, fue desarrollada desde sus primeros años y llegó a contar con mobiliario construido por personal del propio Parque de Artillería. También existían espacios destinados a la práctica de la esgrima, disciplina que ocupaba un lugar central dentro de las actividades sociales y deportivas de los socios.
La adquisición del Palacio Paz permitió finalmente dotar al Círculo Militar de una sede acorde a su importancia. Desde entonces, los inmensos salones construidos para recepciones aristocráticas comenzaron a albergar actos protocolares, encuentros institucionales y actividades culturales vinculadas con la historia militar argentina.





