El misticismo del rock nacional vuelve a cobrar vida en las calles del oeste. La huella de Sumo en Hurlingham es mucho más que un recuerdo; es la base fundacional de un sonido que rompió todos los moldes en los años 80.
Este próximo sábado, desde las 15 horas, fanáticos y vecinos se reunirán en la icónica estatua de Alejandro Sokol, en la estación del tren San Martín, para iniciar una caminata ampliada que recorrerá locaciones históricas de Sumo en Hurlingham. La relevancia de este evento hoy radica en la recuperación de un patrimonio cultural vivo: Hurlingham no fue solo un lugar de paso, sino el refugio donde un Luca Prodan recién llegado de Europa encontró el caos y la libertad necesarios para gestar su obra máxima.
La caminata de este año de Sumo en Hurlingham no será una repetición de las anteriores. La organización ha confirmado un trayecto modificado que suma vivencias de vecinos que convivieron con la banda y locaciones que hasta ahora no formaban parte del circuito tradicional. Para el asistente, la experiencia representa un impacto práctico en su visión de la ciudad, transformando fachadas cotidianas en escenarios de una revolución artística global.
El origen del mito: por qué Luca eligió el oeste
La relación de Sumo en Hurlingham comenzó por una necesidad de escape. Luca Prodan llegó a la Argentina huyendo de su adicción a la heroína en Londres, contactado por su amigo de la infancia, Timmy McKern. Timmy vivía en la zona de las quintas de Hurlingham, un lugar que en aquel entonces mantenía una atmósfera tranquila y anglosajona que contrastaba con la intensidad que Luca traía en su equipaje cultural.
Fue en estas calles donde Prodan conoció a Germán Daffunchio y a un joven Alejandro Sokol. En una casa de la zona, entre zapadas y charlas en un inglés rústico, empezaron a delinear lo que sería el primer núcleo de la banda. Hurlingham le ofreció a Luca una «paz ruidosa», un entorno de clase media y quintas donde pudo reinventarse lejos de los fantasmas europeos, pero inyectando una modernidad musical (post-punk y reggae) que el país aún no conocía.
La Estatua de Sokol: el punto de partida emocional
El recorrido inicia en un lugar cargado de simbolismo: la estatua que homenajea a Alejandro «Bocha» Sokol en la estación de Hurlingham. Sokol fue el primer baterista de la banda y una pieza fundamental en la construcción del sonido de Sumo en Hurlingham. Su figura representa el vínculo más puro entre el rock de estadios y el barrio.
Los guías de la caminata de Sumo en Hurlingham relatarán en este punto cómo eran los días de la banda moviéndose en el Ferrocarril San Martín y cómo la estación era el nexo con el circuito porteño. La estatua no es solo un monumento de bronce, sino el recordatorio de un artista que nunca abandonó su lugar de origen y que, junto a Luca, caminó esas mismas veredas antes de convertirse en un mito del rock nacional.
Casas, bares y veredas: el mapa de la revolución
A diferencia de otras bandas que se encerraban en estudios de la Capital, el ADN de Sumo en Hurlingham se nutrió del contacto con la calle. El nuevo recorrido de este sábado pasará por frentes de casas que funcionaron como salas de ensayo improvisadas, donde las paredes retumbaron por primera vez con los acordes de temas que hoy son himnos.
Entre las historias que se compartirán de Sumo en Hurlingham, destacan las visitas de Luca a los bares de la zona. Se sabe que Prodan era un personaje habitual en los comercios locales, donde se mezclaba con los vecinos sin ninguna pretensión de estrella. Esas anécdotas de «Luca comprando el pan» o «Luca charlando con el diariero» son las que humanizan al ídolo y refuerzan por qué la identidad de Hurlingham es inseparable de la historia de la banda.
Una caminata gratuita abierta a la comunidad
El evento se destaca por ser de acceso libre y gratuito, buscando que el conocimiento sobre la historia local no tenga barreras. La caminata del 18 de abril está pensada para todas las edades: desde aquellos que vivieron la época de los pubs en los 80 hasta las nuevas generaciones que descubren a Sumo a través de plataformas digitales pero que nunca pisaron el «kilómetro cero» de la banda.
Se recomienda a los asistentes asistir con calzado cómodo y equipo de mate, ya que el trayecto durará varias horas y fomentará el intercambio de recuerdos entre los presentes. Al ser una «caminata ampliada», se explorarán zonas que conectan el centro de la ciudad con áreas residenciales donde el espíritu de la banda sigue flotando entre los árboles de las viejas quintas.
La historia de Sumo en Hurlingham es el relato de cómo un rincón del Conurbano se convirtió en el epicentro de la vanguardia. Participar de esta ruta no es solo hacer ejercicio o escuchar música; es entender por qué el oeste tiene ese «aguante» especial y cómo la presencia de un italiano visionario cambió la cultura argentina desde una vereda de barrio.
Para más información hace Click Aquí.





