Guerra contra Irán. Lanzaada el 28 de febrero de 2026 por Estados Unidos e Israel contra Irán —bautizada como “Operation Lion’s Roar”— se convirtió en pocas semanas en uno de los conflictos más intensos y costosos del siglo XXI, tanto por su volumen de fuego como por su impacto económico, humano y geopolítico (Wikipedia: Operation Lion’s Roar).
Lejos de un golpe quirúrgico, la ofensiva derivó en una campaña aérea masiva, con miles de objetivos atacados, respuesta iraní regional y una rápida escalada que ya deja miles de muertos y decenas de miles de heridos.
De ataque preventivo a guerra regional abierta
El punto de partida fue una ofensiva coordinada para destruir el programa nuclear y misilístico iraní, además de intentar un cambio de régimen (Council on Foreign Relations).
En las primeras semanas, Estados Unidos e Israel ejecutaron ataques simultáneos sobre Teherán y otras ciudades clave, combinando aviación, misiles de largo alcance y operaciones de inteligencia.
La respuesta de Irán no tardó: misiles balísticos, drones y ataques indirectos a través de aliados regionales impactaron en Israel, bases estadounidenses y países del Golfo. Esto expandió el conflicto a toda la región, incluyendo el estrecho de Ormuz, donde se afectó el 20% del comercio mundial de petróleo (Wikipedia: Strait of Hormuz crisis 2026).
A tres semanas del inicio, el conflicto muestra una tendencia clara: superioridad aérea de EE.UU. e Israel, pero persistencia del régimen iraní y capacidad de daño regional.

El arsenal: tecnología de precisión vs. guerra asimétrica
El conflicto expone una brecha tecnológica marcada.
Estados Unidos e Israel utilizaron:
- Misiles de crucero Tomahawk
- Bombas guiadas JDAM
- Municiones de precisión como AGM-154 JSOW
- Sistemas antimisiles Patriot y THAAD
- Drones avanzados MQ-9 Reaper (The Guardian)
Además, la campaña incluyó ataques sobre más de 7.000 objetivos dentro de Irán, una escala pocas veces vista en conflictos recientes (Reuters).
Irán, en cambio, respondió con:
- Misiles balísticos de mediano alcance
- Drones tipo Shahed (de bajo costo)
- Ataques a infraestructura energética y naval
La lógica es clara: Occidente gasta millones por interceptar armas que cuestan miles, generando una asimetría económica crítica (Wikipedia: Iran war 2026).

Cuánto se gastó: una guerra de miles de millones por semana
El costo económico es uno de los datos más impactantes.
- Estados Unidos:
- Más de 11.300 millones de dólares en los primeros días (The Guardian)
- Ritmo inicial de hasta 2.000 millones diarios (The Guardian)
- Proyección de decenas de miles de millones adicionales (Financial Times)
- Estimaciones independientes señalan que el costo superó los 890 millones de dólares diarios en promedio en la primera fase (Wikipedia: Iran war 2026).
- Israel no publica cifras oficiales, pero su participación en bombardeos masivos y defensa antimisiles implica costos también multimillonarios, especialmente por el uso intensivo de interceptores.
En contraste, Irán sostiene una estrategia mucho más barata, con drones de unos 50.000 dólares frente a interceptores occidentales que pueden costar entre 4 y 12 millones cada uno (Wikipedia: Iran war 2026).

El saldo humano: civiles en el centro de la tragedia
Las cifras de víctimas crecen día a día y muestran el carácter masivo del conflicto.
En Irán:
- Más de 1.300 a 1.400 muertos (The Guardian)
- Más de 18.000 heridos (Al Jazeera)
- Alto porcentaje de civiles, incluyendo niños y personal sanitario
En Israel:
- Entre 12 y 15 muertos por ataques iraníes (Associated Press)
- Miles de heridos
En el plano regional:
- Cerca de 900 muertos en Líbano (Associated Press)

Bajas militares: un conflicto con fuerte impacto en fuerzas armadas
- Estados Unidos:
- Irán:
- Más de 1.300 muertos totales, incluyendo militares
- Pérdida masiva de infraestructura y mandos
- Israel:
- Sin cifras completas oficiales
Además, se reporta la destrucción de más del 60% de los lanzadores de misiles iraníes, lo que redujo drásticamente su capacidad ofensiva (New York Post).

Un resultado abierto: superioridad militar sin victoria política
A pesar del poder de fuego desplegado, el resultado estratégico sigue en disputa.
Los informes de inteligencia indican que, lejos de colapsar, el régimen iraní se endureció y consolidó poder en manos de la Guardia Revolucionaria (The Washington Post).
Al mismo tiempo: A) el estrecho de Ormuz sigue siendo un punto crítico; B) el precio del petróleo se disparó; C) la guerra amenaza con expandirse aún más

Conclusión: una guerra costosa, prolongada y sin final claro
La guerra contra Irán dejó en evidencia una paradoja central:
Estados Unidos e Israel dominan el campo militar, pero no logran traducir esa superioridad en un resultado político definitivo
Mientras tanto, el costo humano crece —con civiles como principales víctimas— y el costo económico se multiplica a un ritmo difícil de sostener incluso para las mayores potencias del mundo.
El conflicto, lejos de cerrarse, parece entrar en una fase prolongada donde la destrucción es inmediata, pero las consecuencias serán de largo plazo.

Renuncia en la cúpula antiterrorista de EE.UU.: Joe Kent rompe con Trump por la guerra en Irán
La dimisión de Joe Kent, hasta este martes director del Centro Nacional Antiterrorista de Estados Unidos, sacudió el frente interno del gobierno de Donald Trump en medio de la escalada bélica con Irán. El funcionario, designado en julio de 2025 y confirmado por el Senado, hizo pública su renuncia con un argumento contundente: no puede “con la conciencia tranquila” respaldar un conflicto que, según sostuvo, no responde a intereses estratégicos de Washington. Su salida se produce en un contexto de creciente tensión militar y cuestionamientos políticos dentro del propio Partido Republicano.
Kent planteó que la decisión de avanzar contra Teherán carece de justificación real en términos de seguridad nacional, al afirmar que “Irán no representaba una amenaza” directa para Estados Unidos. En su carta, difundida en la red social X, advirtió además que el país está enviando a una nueva generación de soldados a “luchar y morir” en una guerra que no beneficia al pueblo estadounidense. El ahora exfuncionario marcó así una ruptura explícita con la línea de la Casa Blanca y dejó expuesta una grieta en el esquema de inteligencia del gobierno.

Acusaciones de presión israelí y paralelismos con la guerra de Irak
En uno de los tramos más sensibles de su renuncia, Joe Kent apuntó contra la influencia de Israel en la decisión de avanzar militarmente sobre Irán. Según su interpretación, la Casa Blanca cedió ante presiones externas que terminaron arrastrando a Estados Unidos a un conflicto directo. “Entramos en esta guerra por Israel”, afirmó, al tiempo que sostuvo que existió una campaña de desinformación impulsada por sectores políticos y mediáticos para instalar la idea de una amenaza inminente.
El exdirector del Centro Antiterrorista comparó esta situación con los antecedentes de la guerra de Irak en 2003, cuando se justificó la invasión bajo la presunción de armas de destrucción masiva que nunca fueron halladas. Kent denunció que se replicaron “las mismas tácticas” para inducir al gobierno de Donald Trump a una intervención militar, erosionando la doctrina de “Estados Unidos Primero”. En ese sentido, sostuvo que el presidente aún está a tiempo de “rectificar el rumbo” y evitar una escalada mayor.

El peso personal de la guerra en la decisión de Kent
La postura de Joe Kent también está atravesada por su experiencia personal en conflictos armados. Veterano de las Fuerzas Especiales, su esposa Shannon Kent murió en 2019 en un atentado suicida en Siria, hecho que marcó su vida y dejó a sus hijos sin madre. Ese antecedente, según allegados, refuerza su rechazo a nuevas intervenciones militares que impliquen costos humanos elevados sin objetivos claros ni consensos internos.
En su carta, Kent insistió en que la guerra en Medio Oriente ha demostrado ser una “trampa” para Estados Unidos, tanto en términos de vidas perdidas como de desgaste económico. Recordó que el propio Donald Trump había sostenido históricamente esa postura antes de asumir nuevamente la presidencia. La contradicción entre ese discurso y la actual ofensiva sobre Irán fue, para el funcionario, uno de los puntos de quiebre que motivaron su salida.

Bajas militares, heridos y un conflicto que escala
En paralelo a la crisis política, el Pentágono confirmó que al menos 140 militares estadounidenses resultaron heridos en ataques iraníes como respuesta a las operaciones conjuntas de Estados Unidos e Israel. Informes difundidos por la cadena CBS News indican además que varios efectivos en Kuwait sufrieron lesiones graves, incluyendo quemaduras, traumatismos craneales y heridas de metralla, lo que evidencia la intensidad del conflicto en curso.
Fuentes citadas bajo anonimato señalaron que un ataque con drones iraníes dejó al menos seis soldados estadounidenses muertos y decenas de heridos, algunos con secuelas permanentes. Estos datos, sumados a otras bajas confirmadas en el teatro de operaciones, incrementan la presión interna sobre la administración de Donald Trump. La percepción de una guerra abierta, sin resultados claros y con alto costo humano, comienza a impactar en la opinión pública.

Fractura republicana y el efecto del caso Epstein
El escenario político se complejiza aún más por la creciente fractura dentro del Partido Republicano. Dirigentes como el congresista Thomas Massie cuestionaron abiertamente la ofensiva militar y advirtieron que atacar Irán no hará desaparecer el impacto del caso Jeffrey Epstein, que vuelve a poner al presidente en el centro de la polémica. La desclasificación de documentos del FBI reavivó denuncias graves que salpican a figuras del poder.
Las tensiones también alcanzan a otros referentes republicanos como el senador Rand Paul y la congresista Marjorie Taylor Greene, quienes manifestaron su rechazo tanto a la guerra como a la falta de transparencia en torno al caso Epstein. Incluso algunos legisladores deslizaron temores por su seguridad personal, en un clima político cada vez más enrarecido. La combinación de crisis externa e interna erosiona la cohesión del oficialismo.

Encuestas adversas y rechazo social a una nueva guerra
Los sondeos de opinión reflejan un deterioro en el respaldo social a la política exterior de Donald Trump. Según datos difundidos por distintos estudios, más de la mitad de los votantes estadounidenses cree que la guerra contra Irán fue impulsada para desviar la atención del caso Epstein. La percepción de manipulación de la agenda pública alimenta la desconfianza hacia el gobierno en un año clave desde el punto de vista electoral.
Al mismo tiempo, encuestas recientes muestran que una mayoría se opone a la intervención militar en Irán, mientras que solo una minoría la respalda de forma clara. La suba del precio del petróleo, producto de la tensión en el Estrecho de Ormuz, añade preocupación económica a la incertidumbre geopolítica. Con este escenario, la administración enfrenta un desgaste acelerado que podría tener consecuencias directas en las elecciones de medio término.





