Morón y el boom del automóvil. A comienzos del siglo XX, la Argentina se convirtió en uno de los países con mayor cantidad de autos por habitante del mundo y Morón fue protagonista silencioso de esa revolución. Concesionarias pioneras, talleres que trabajaban día y noche y la fundación del Morón Automóvil Club en 1927 marcaron el pulso de una época en la que el automóvil dejó de ser un lujo extravagante para transformarse en símbolo de progreso, negocio y pasión popular en el oeste bonaerense.
El auge del automóvil en la Argentina
Durante la década de 1910, la llegada masiva de modelos importados —como el Ford T— aceleró el proceso. La red de concesionarios creció al ritmo de una economía en expansión y de una clase media que veía en el automóvil una herramienta de progreso y movilidad social.

En 1904 se fundó el Automóvil Club Argentino (ACA), institución clave para organizar competencias, impulsar el turismo en ruta y promover el desarrollo vial. Años más tarde, el automovilismo deportivo encontró su expresión más popular en el Turismo Carretera (TC), creado en 1937, que consolidó la pasión fierrera en todo el país.

El crecimiento del parque automotor obligó a mejorar caminos, señalización y servicios. Talleres mecánicos, estaciones de combustible y casas de repuestos se multiplicaron en barrios y pueblos, generando empleo y nuevas oportunidades comerciales.

En el oeste bonaerense, el partido de Morón no quedó al margen de esta transformación. Ya en 1919, en la esquina de 25 de Mayo y Rivadavia, Carlos Wilcock abrió una agencia oficial de Ford, acercando los modelos de la marca estadounidense a los vecinos de la zona. Fue uno de los primeros hitos comerciales vinculados al automóvil en la región.

Hacia 1928, el mapa automotor local se había ampliado notablemente. Juan C. Parpaglioni comercializaba vehículos de las marcas Rugby, Flint y Locomobile, firma que más tarde quedaría en manos de Alberto Serritelli.

En la calle San Martín, J. M. Nardelli operaba una agencia Fiat, reflejo del creciente ingreso de marcas europeas.

En Haedo, sobre 25 de Mayo al 800, Demicheli y Heguilein ofrecían modelos Chevrolet y Oldsmobile, consolidando una oferta diversa que abastecía a una clientela en expansión.

La proliferación de talleres mecánicos acompañó el fenómeno: no solo reparaban autos, sino que vendían combustibles, neumáticos y repuestos, convirtiéndose en puntos de encuentro para aficionados y conductores.
El nacimiento del Morón Automóvil Club
La pasión por los motores también se organizó institucionalmente. En 1927, en el bar Sportman, un grupo de vecinos entusiastas —Luis Turchetto, Carlos Bello, Alfredo Kade, Bernardo Schwarzberg, José Bellio, Rogelio Passadore y Osvaldo Weiss— fundó el Morón Automóvil Club. La entidad comenzó a organizar competencias y encuentros que atrajeron a pilotos y público de toda la región, insertando a Morón en el mapa del automovilismo bonaerense.
Aquellas iniciativas reflejaban un fenómeno más amplio: el automóvil ya no era solo un objeto de lujo, sino un motor económico y cultural. Impulsó la infraestructura vial, estimuló el turismo interno y fortaleció el tejido asociativo en ciudades y pueblos.
Más de un siglo después, la huella de aquellos pioneros sigue visible en la identidad local. Las concesionarias, los talleres y los clubes automovilísticos que florecieron en la década de 1920 fueron la base de una tradición que convirtió al automóvil en parte inseparable de la historia argentina y, en particular, del desarrollo de Morón y Haedo.
El fanatismo por el IKA Torino
La pasión por el automovilismo se extendió por todo el país y tuvo en el Torino uno de sus símbolos más potentes, elegantes y recordados. Nacido en 1966 bajo la órbita de Industrias Kaiser Argentina (IKA) y diseñado sobre la base del Rambler American con intervención estética del italiano Pininfarina, el Torino combinó potencia, sofisticación y un sello nacional que lo convirtió en mito.
El modelo irrumpió en un momento clave para la industria automotriz argentina. Con motores Tornado de seis cilindros en línea —2.9 y 3.8 litros—, el Torino ofrecía versiones que iban desde el confortable 300 hasta el deportivo 380W, preparado por Oreste Berta. Esa combinación de ingeniería local y espíritu competitivo lo llevó a protagonizar una de las hazañas más recordadas del deporte motor argentino: las 84 Horas de Nürburgring en 1969.
En aquella competencia internacional en Alemania, tres Torino representaron al país y, aunque penalizaciones los relegaron en la clasificación final, uno de ellos completó más vueltas que cualquier otro competidor. La epopeya quedó grabada en la memoria colectiva como un acto de orgullo nacional y consolidó al modelo como emblema del automovilismo argentino.
Tras la adquisición de IKA por parte de Renault, el vehículo pasó a llamarse Renault Torino y continuó su producción hasta comienzos de los años 80. En total se fabricaron más de 99.000 unidades, una cifra significativa para un auto de carácter deportivo en el mercado local.
Hoy, el Torino es pieza codiciada por coleccionistas, protagonista de encuentros clásicos y referencia obligada cuando se habla de la historia industrial argentina. Su silueta inconfundible, su sonido inigualable y su legado en las pistas lo mantienen vigente a casi seis décadas de su lanzamiento.
El Torino no fue solo un auto: fue una declaración de identidad, una muestra de capacidad técnica nacional y un símbolo de una época en la que Argentina soñaba en grande sobre cuatro ruedas.
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Fiat 600 Competición
En Morón los hermanos Olivera le hacen honor a esta tradición corriendo en FIAT 600 y trabajando en su propio taller de la calle Sucre.
Las carreras en Fiat 600 son una de las expresiones más populares y accesibles del automovilismo argentino. Desde hace décadas, distintas categorías zonales y provinciales mantienen viva la tradición de competir con el histórico modelo fabricado en el país. Livianos, ágiles y económicos de preparar en comparación con otras divisiones, estos autos generan espectáculos vibrantes en autódromos de Buenos Aires, Santa Fe, Córdoba y otras provincias, donde el público acompaña con pasión cada fecha del calendario.
La categoría conocida como Fiat 600 Competición reúne a pilotos amateurs y experimentados que preparan sus vehículos con reglamentos técnicos específicos: motores potenciados, jaulas antivuelco, suspensiones adaptadas y estrictas normas de seguridad. A pesar de su tamaño compacto, los 600 alcanzan velocidades sorprendentes en recta y ofrecen maniobras espectaculares en curvas, lo que convierte cada carrera en una disputa intensa vuelta tras vuelta. La paridad mecánica es una de sus claves, ya que reduce diferencias presupuestarias y prioriza la destreza del piloto.
Más allá de lo deportivo, el Fiat 600 representa un fenómeno cultural. Para muchos corredores, es la puerta de entrada al automovilismo y una categoría formativa donde se aprende técnica, estrategia y trabajo en equipo. Además, mantiene viva la memoria de uno de los autos más emblemáticos producidos en Argentina, conectando generaciones a través de la competencia. Las carreras de Fiat 600 no solo llenan grillas: también sostienen una tradición que combina historia, pasión y velocidad en cada circuito del país.
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