Merlo en el recuerdo: las “chanchitas” que cambiaron la historia ferroviaria. En los años ’40, una pequeña formación ferroviaria de aspecto redondeado y motor ruidoso marcaba el ritmo cotidiano de Merlo. Eran las famosas “chanchitas”, coches diésel británicos que revolucionaron los ramales del oeste bonaerense y cuya llegada, en 1936, escondía una decisión estratégica que cambiaría para siempre el transporte regional.

La apuesta no era menor. Hasta entonces, el vapor dominaba la escena ferroviaria argentina. Sin embargo, los costos de operación, el mantenimiento intensivo y la necesidad de mayor eficiencia impulsaron la incorporación de unidades livianas, autónomas y más económicas. Así nacieron las populares “chanchitas”.
Tecnología de avanzada para su tiempo
Las unidades estaban equipadas con motores Gardner de seis cilindros en línea y 102 HP, una potencia modesta pero suficiente para recorridos suburbanos y rurales. El sistema diésel-hidráulico representaba una innovación significativa en la Argentina de los años ’30.
Existían cinco variantes, diferenciadas por su configuración interior: algunas priorizaban asientos de madera para trayectos cortos; otras incorporaban sectores mixtos de primera y segunda clase. Sin embargo, todas compartían el mismo diseño exterior: formas redondeadas, frente curvo y carrocería compacta.
Ese perfil robusto y algo rechoncho fue el que les valió el apodo popular de “chanchitas”, una denominación que trascendió generaciones y aún hoy sobrevive en la memoria ferroviaria.

Merlo como punto estratégico
La imagen histórica muestra una formación de tres coches acoplados en la estación de Merlo, listos para partir rumbo a Lobos a mediados de los años ’40. En aquella década, Merlo ya comenzaba a consolidarse como nodo clave del oeste bonaerense.
La estación —hoy integrada al servicio metropolitano del Trenes Argentinos— era entonces un punto neurálgico para trabajadores rurales, comerciantes y estudiantes que viajaban a diario hacia localidades como Marcos Paz o Lobos.
Un dato poco difundido: estas formaciones podían circular acopladas en múltiple comando, algo poco habitual para unidades livianas de la época. Esto permitía adaptar la capacidad según la demanda sin necesidad de locomotoras adicionales.

Detalles que casi nadie recuerda
- Las “chanchitas” fueron clave durante la Segunda Guerra Mundial, cuando la importación de carbón se vio restringida y el diésel resultó más accesible.
- Varias de estas unidades continuaron prestando servicio hasta bien entrada la década del ’60.
- Algunas fueron reconvertidas para servicios internos o mantenimiento, prolongando su vida útil más allá de lo previsto.
- En los ramales rurales, eran conocidas por su puntualidad y bajo consumo comparado con las locomotoras a vapor.
También existía una particularidad sonora: el característico traqueteo del motor Gardner era fácilmente reconocible incluso antes de que la unidad ingresara a la estación. Para muchos vecinos, ese sonido marcaba el ritmo cotidiano del pueblo.
Un símbolo de modernidad en tiempos de cambio
La incorporación de estos coches motor no solo significó un salto tecnológico. Representó una nueva forma de pensar el transporte ferroviario: más flexible, más eficiente y adaptado a las necesidades reales del interior bonaerense.
Hoy, cuando el debate sobre la recuperación de ramales históricos vuelve a instalarse en la agenda pública, las “chanchitas” reaparecen como símbolo de una etapa en la que la innovación y la expansión ferroviaria caminaban de la mano.
En Merlo, su paso dejó una huella silenciosa pero profunda. Porque antes de la electrificación masiva y del crecimiento urbano acelerado, fueron estas pequeñas unidades británicas las que conectaron pueblos, sostuvieron economías regionales y escribieron una página fundamental del oeste bonaerense.
Qué significaba F.C.N.B.O. y por qué aparece en las “chanchitas”

Las siglas F.C.N.B.O. corresponden a Ferrocarril Nacional Buenos Oeste, denominación que adoptó el histórico Ferrocarril Oeste de Buenos Aires en la etapa previa a la nacionalización definitiva del sistema ferroviario argentino.
El Ferrocarril Oeste —fundado en 1857 y considerado el primero del país— fue originalmente de capital provincial y luego pasó a manos británicas. Con el avance del proceso de reorganización ferroviaria en la década del ’40, comenzó a identificarse como Ferrocarril Nacional Buenos Oeste, nombre que aparece pintado en numerosos coches motores Drewry.
En 1948, tras la nacionalización impulsada por el Estado argentino, la línea pasó a denominarse Ferrocarril Domingo Faustino Sarmiento, nombre que conserva hasta la actualidad y que hoy forma parte del sistema operado por Trenes Argentinos.





