Cómo nació el corso en Argentina y por qué marcó la historia del carnaval

Durante décadas, el corso fue mucho más que un desfile de carnaval: fue identidad barrial, expresión cultural y termómetro social. Desde los candombes afroporteños hasta las murgas y los grandes corsódromos del interior, su historia refleja cómo la fiesta popular logró sobrevivir a prohibiciones, crisis y cambios de época para convertirse en una de las tradiciones más emblemáticas de Argentina.

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Cómo nació el corso en Argentina. De los candombes afroporteños a las murgas de barrio y los grandes corsódromos, el corso transformó la calle en escenario y se convirtió en una de las expresiones culturales más populares de Argentina. Esta es la historia de su origen y de los carnavales que marcaron una época.

Antes de que existieran corsódromos y escenarios gigantes, el corso explotó en las calles polvorientas de Buenos Aires al ritmo de tambores afro porteños, serpentinas y máscaras recién desembarcadas de Europa. Fue fiesta, fue sátira y fue desahogo colectivo: una celebración que convirtió al barrio en teatro popular y que, entre rebeldía y brillo, terminó marcando para siempre la historia del carnaval argentino.

De Europa al Río de la Plata: el carnaval cruza el océano

El corso argentino no nació de un decreto ni de un desfile planificado: nació del deseo popular de desordenar lo establecido. Su semilla llegó desde Europa, especialmente desde el Carnaval de Venecia y el Carnaval de Cádiz, traída por inmigrantes españoles e italianos que desembarcaron en el puerto de Buenos Aires a fines del siglo XIX.

En la colonia ya existían celebraciones de carnaval —hay registros desde el período virreinal—, pero eran celebraciones más aristocráticas: bailes en salones cerrados, juegos de agua entre balcones, máscaras importadas. La élite jugaba a disfrazarse; el pueblo jugaba a desobedecer.

Con la gran ola inmigratoria (1880-1914), el carnaval dejó de ser un entretenimiento de salón y se volvió callejero. El barrio se transformó en escenario. Los faroles de gas iluminaban comparsas que mezclaban candombe afro porteño, pasodobles españoles y tarantelas italianas. El corso, palabra que alude al desfile en la vía pública, se convirtió en el corazón del carnaval porteño.

La era dorada del corso porteño (1900-1950): bailes, máscaras y desfiles multitudinarios que consolidaron al carnaval argentino como una de las celebraciones populares más convocantes del país.
La era dorada del corso porteño (1900-1950): bailes, máscaras y desfiles multitudinarios que consolidaron al carnaval argentino como una de las celebraciones populares más convocantes del país

El pulso afro y el candombe: el alma rítmica del corso

Mucho antes de que los inmigrantes europeos imprimieran su estilo, la comunidad afroargentina ya celebraba el carnaval con candombes y comparsas propias. En los barrios del sur porteño, especialmente en Monserrat y San Telmo, los tambores marcaban el ritmo.

Hay crónicas de 1869 que describen comparsas como “Los Negros Lubolos” y “Los Pobres de San Telmo” desfilando con trajes brillantes y coreografías ensayadas durante meses. No era solo fiesta: era identidad y resistencia cultural.

Con el tiempo, muchas comparsas blancas comenzaron a imitar ese estilo —a veces de forma caricaturesca—, pero el pulso afro quedó definitivamente incorporado al ADN del corso argentino.

El corso porteño vivió su era dorada entre 1900 y 1950, cuando miles de personas colmaban las avenidas de Buenos Aires para celebrar el carnaval argentino con carrozas, comparsas y murgas.
El corso porteño vivió su era dorada entre 1900 y 1950, cuando miles de personas colmaban las avenidas de Buenos Aires para celebrar el carnaval argentino con carrozas, comparsas y murgas.

La era dorada del corso porteño (1900-1950)

Entre las primeras décadas del siglo XX y los años 40, el corso explotó en popularidad. Buenos Aires tenía decenas de circuitos: Avenida de Mayo, Corrientes, Boedo, Palermo, La Boca.

Las anécdotas abundan:

  • En 1928, una carroza con forma de barco naufragó literalmente en plena Avenida de Mayo cuando cedió la estructura.
  • En Boedo, una murga ganó un concurso usando trajes hechos con recortes de diarios y tapas de revistas.
  • En La Boca, los genoveses armaban desfiles donde convivían Pierrots con pescadores disfrazados de sirenas.

Las murgas comenzaron a organizarse formalmente. Aparecieron nombres que luego serían míticos: Los Cometas de Boedo, Los Viciosos de Almagro, Los Amantes de La Boca. El corso no era solo desfile: había concursos, elección de reinas, sátira política y canciones picarescas.

Carrozas monumentales, figuras gigantes y reinas del carnaval marcaron la era dorada del corso porteño en la primera mitad del siglo XX, cuando miles de personas colmaban las calles de Buenos Aires para celebrar el carnaval argentino.
Carrozas monumentales, figuras gigantes y reinas del carnaval marcaron la era dorada del corso porteño en la primera mitad del siglo XX, cuando miles de personas colmaban las calles de Buenos Aires para celebrar el carnaval argentino (Imágenes Coloreadas)

La prohibición y la resistencia (1976 – 1983)

En 1976, durante la última dictadura, el carnaval fue oficialmente eliminado del calendario. Sin feriados, sin permisos, sin bombos. Pero el corso nunca desapareció del todo: sobrevivió en clubes de barrio, en patios cerrados, en ensayos clandestinos.

La murga se volvió un acto cultural de resistencia. Los bombos dejaron de ser solo ritmo y pasaron a ser memoria. En 1983, con el retorno de la democracia, volvieron los corsos. Pero recién en 2010, el carnaval volvió a ser feriado nacional. Fue un regreso simbólico: el corso recuperaba su espacio en la calle.

La Mancha Rojo Sangre de la Historia Argentina La Junta Militar que encabezó el genocida Jorge Rafael Videla prohibió los corsos
La Mancha Rojo Sangre de la Historia Argentina La Junta Militar que encabezó el genocida Jorge Rafael Videla prohibió los corsos

Los corsos más famosos de Argentina

Corso de Gualeguaychú (Entre Ríos)

Conocido como “el Carnaval del País”, el de Gualeguaychú se profesionalizó al estilo brasileño. Desde los años 80, el Corsódromo recibe miles de espectadores cada verano.

Comparsas como Ara Yeví y O’Bahía compiten con despliegues de plumas, carrozas monumentales y coreografías sincronizadas. Es espectáculo, turismo y economía regional.

El carnaval de Gualeguaychú y otros grandes corsos del país convirtieron el desfile en un espectáculo masivo, con carrozas monumentales, comparsas y miles de espectadores cada verano en Argentina.
El carnaval de Gualeguaychú y otros grandes corsos del país convirtieron el desfile en un espectáculo masivo, con carrozas monumentales, comparsas y miles de espectadores cada verano en Argentina

Corso de Lincoln (Buenos Aires)

En la ciudad de Lincoln, el sello distintivo son las carrozas artesanales y los famosos “cabezudos” de papel maché.

Aquí la creatividad manual es protagonista. Familias enteras trabajan durante meses en galpones construyendo figuras gigantes que desfilan entre espuma y serpentinas.

El carnaval en su máxima expresión: comparsas, carrozas, humor y tradición desfilan ante miles de personas en una noche de fiesta popular.
El carnaval en su máxima expresión: comparsas, carrozas, humor y tradición desfilan ante miles de personas en una noche de fiesta popular

Corsos barriales de la Ciudad de Buenos Aires

Los corsos de barrio —Boedo, Barracas, Saavedra, Villa Urquiza— mantienen el espíritu original. La murga porteña, con levita, galera y salto acrobático, es la reina.

En Boedo, el corso tiene fama de ser uno de los más pasionales. En Barracas, las murgas compiten por la mejor glosa (presentación cantada). En Saavedra, el desfile se mezcla con puestos de choripán y espuma para chicos.

El Corso de Boedo, uno de los carnavales barriales más tradicionales de Buenos Aires, reúne cada verano a miles de personas con murgas, música y actividades para toda la familia.
El Corso de Boedo, uno de los carnavales barriales más tradicionales de Buenos Aires, reúne cada verano a miles de personas con murgas, música y actividades para toda la familia

El carnaval correntino

En Corrientes, el carnaval es pasión competitiva. Comparsas como Sapucay y Ará Berá despliegan un show coreográfico y musical que rivaliza con Brasil.

El Corsó dromo Nolo Alías vibra con miles de espectadores cada noche. Es brillo, samba, y una identidad muy marcada del litoral argentino.

Del escenario al corsódromo: el brillo, la danza y la puesta en escena que convierten al carnaval en uno de los espectáculos populares más convocantes.
Del escenario al corsódromo: el brillo, la danza y la puesta en escena que convierten al carnaval en uno de los espectáculos populares más convocantes

Una fiesta que nunca fue solo fiesta

El corso argentino no es solo desfile: es crónica social. En sus letras se burlaron de presidentes, se denunciaron crisis económicas y se celebraron triunfos futboleros. Es sátira, es barrio, es identidad.

Del candombe afro al cabezudo bonaerense, del barrio al corsódromo, el corso es la prueba de que cuando la calle se convierte en escenario, la historia se baila.

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