Azucena Villaflor: La semilla de una rebelión de pañuelos

En el momento más oscuro de la historia argentina, una madre salió a buscar a su hijo y terminó encontrando a miles. Esta es la historia de Azucena Villaflor, la mujer que impulsó las primeras rondas en la plaza y cuya desaparición física no hizo más que multiplicar un grito de justicia que aún resuena en cada pañuelo.

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Azucena Villaflor desapareció el 30 de abril de 1977 y se transformó en el disparador para reafirmar el reclamo por los desaparecidos. Azucena Villaflor de De Vincenti, movida por la ausencia de su hijo Néstor De Vincenti y su nuera Raquel Mangin (secuestrados el 30 de noviembre de 1976), convocó a otras mujeres que deambulaban por despachos oficiales. Ante doce madres que la observaban como a una líder natural, Azucena sentenció con claridad histórica:

“Individualmente no conseguimos nada. Nos mienten, nos cierran las puertas. Tenemos que ir directamente a la Plaza de Mayo y quedarnos allí hasta que nos den una respuesta. Tenemos que ser cien, doscientas, mil madres, hasta que el mundo se entere y el propio Jorge Rafael Videla se vea obligado a recibirnos”.

Aquel sábado, en plena dictadura cívico-militar, nació el movimiento que desafiaría al terrorismo de Estado. Al ser obligadas por la policía a «circular» debido al estado de sitio, comenzaron a caminar en círculos alrededor de la Pirámide de Mayo, dando origen a la Ronda de las Madres. Las astucia de las mujeres siempre nos supera.

La emboscada del «Ángel de la Muerte»

La respuesta de la dictadura fue la infiltración. El capitán de fragata Alfredo Astiz, bajo el alias de “Gustavo Niño”, se presentó como hermano de un desaparecido. Ganándose la confianza del grupo, Astiz señaló a las víctimas en la Iglesia de la Santa Cruz.

La cacería comenzó el 8 de diciembre de 1977. Al salir de la parroquia en el barrio de San Cristóbal, el Grupo de Tareas 3.3.2 de la ESMA secuestró a:

  • Mary Ponce de Bianco y Esther Ballestrino de Careaga (fundadoras de Madres).
  • Las monjas francesas Alice Domon y Léonie Duquet.
  • Los familiares y militantes Ángela Auad, Gabriel Horane, Raquel Bulit, Patricia Oviedo y Horacio Elbert.

El secuestro de Azucena y los Vuelos de la Muerte

Dos días después, el 10 de diciembre de 1977, Día Internacional de los Derechos Humanos, Azucena terminó de organizar la publicación de una solicitada en el diario La Nación reclamando por los desaparecidos. Cerca de su casa en Sarandí, partido de Avellaneda, mientras cruzaba la Avenida Mitre con su bolsa de mandados, fue interceptada por dos autos.

Fue llevada a la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), donde fue torturada brutalmente. Días después, junto a sus compañeras de cautiverio, fue trasladada al Aeroparque Metropolitano para ser arrojada viva al mar en los denominados «Vuelos de la Muerte».

Nada las detuvo, ni el dolor, ni el frío, ni el agua, ni el hambre, ni la dictadura genocida
Nada las detuvo, ni el dolor, ni el frío, ni el agua, ni el hambre, ni la dictadura genocida

La verdad que el mar no pudo ocultar

En una ironía del destino o un acto de justicia poética, el mar devolvió los restos de Azucena y sus compañeras a las costas de Santa Teresita y Mar del Tuyú a los pocos días. Fueron enterradas como «NN» en el cementerio de General Lavalle.

No fue sino hasta el año 2005 que el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) logró identificar sus restos. Aquel hallazgo confirmó científicamente el horror que la dictadura intentó negar. Su esposo, Pedro De Vincenti, había fallecido años antes sin conocer la verdad.

Memoria y Presente

Hoy, las cenizas de Azucena Villaflor descansan en dos sitios que simbolizan su lucha:

  1. Al pie de la Pirámide de Mayo, el epicentro de su resistencia política.
  2. En el solar de la Iglesia de la Santa Cruz, junto a sus compañeras de búsqueda.

Mientras los responsables de su asesinato, como Alfredo Astiz y Jorge «Tigre» Acosta, cumplen condenas de reclusión perpetua por crímenes de lesa humanidad, el legado de Azucena permanece vivo. Cada primavera, su hija Cecilia De Vincenti mantiene el ritual de comprar azucenas, las flores que llevan el nombre de la mujer que enseñó al mundo que, ante la injusticia, el único camino es no dejar de caminar.

Infografía realizada por G5 Fox para Diario Anticipos
Infografía realizada por G5 Fox para Diario Anticipos

¿Quién fue Azucena Villaflor?

La vida cotidiana de Azucena Villaflor estuvo marcada por la sencillez de una familia de clase obrera en el sur del Gran Buenos Aires, centrada en el trabajo, el hogar y, más tarde, una búsqueda incansable que cambió la historia de Argentina.

Su vida antes de la desaparición de su hijo

Azucena nació en Avellaneda y creció en un entorno humilde. Su rutina diaria era la de una mujer trabajadora y dedicada a su familia:+1

  • Juventud y trabajo: Debido a la precariedad económica, comenzó a trabajar a los 15 años. Fue obrera en una fábrica de vidrio y luego telefonista en la empresa de electrodomésticos Siam, en Avellaneda.+1
  • Hogar y familia: Se casó en 1949 con Pedro De Vincenti, un delegado sindical. Juntos tuvieron cuatro hijos (Pedro, Néstor, Adrián y Cecilia).
  • El rol de ama de casa: Sus hijos la recuerdan como la encargada de mantener el orden de la casa, preparar los almuerzos y cenas, y ocuparse de la crianza mientras su esposo trabajaba.

El quiebre en su rutina (1976-1977)

El 30 de noviembre de 1976, su hijo Néstor y su nuera Raquel fueron secuestrados. A partir de ese momento, su vida cotidiana dio un giro absoluto:

  • La búsqueda como empleo: Dejó de lado sus tareas domésticas habituales para dedicar cada hora del día a recorrer comisarías, cuarteles, iglesias y morgues.
  • La «burocracia del dolor»: Su rutina pasó a consistir en hacer filas interminables en el Ministerio del Interior o esperar ser atendida en el Vicariato castrense.
  • Reuniones clandestinas: Al notar que las gestiones individuales no daban resultado, comenzó a organizar reuniones en su propia casa en Avellaneda con otras madres que conocía en las salas de espera.

La creación de «las rondas»

Las rondas de Las Madres, había que circular y circularon alrededor de la esfinge de Plaza de Mayo
Las rondas de Las Madres, había que circular y circularon alrededor de la esfinge de Plaza de Mayo

Azucena fue quien propuso que debían visibilizar el reclamo. Esto instauró una nueva rutina para ella y sus compañeras:

  • Los jueves en la Plaza: Lo que comenzó un sábado (30 de abril de 1977) se convirtió en una cita fija todos los jueves a las 15:30 h en Plaza de Mayo.
  • Caminar para no ser arrestadas: Ante la orden policial de no quedarse quietas por el estado de sitio, incorporó el «circular» alrededor de la Pirámide de Mayo como parte de su método de protesta.

Su vida terminó abruptamente el 10 de diciembre de 1977, cuando fue secuestrada por un grupo de tareas en la esquina de su casa en Sarandí, tras haber publicado una solicitada en el diario pidiendo por el paradero de los desaparecidos.

Una de las tantas marchas y siempre la misma consigna, que aparezcan con vida
Una de las tantas marchas y siempre la misma consigna, que aparezcan con vida

Y terminaron de aplastar en la tristeza a la familia

El marido de Azucena Villaflor fue Pedro De Vincenti. De acuerdo con la información histórica y biográfica disponible, aquí tenés algunos detalles sobre su relación y vida familiar:

  • Matrimonio: Se casaron en 1949. Se habían conocido años antes (cuando ella tenía unos 16 años) en una empresa de electrodomésticos (SIAM) donde Azucena trabajaba como telefonista.
  • Ocupación: Pedro De Vincenti se desempeñó como delegado sindical.
  • Familia: Tuvieron cuatro hijos: Pedro, Néstor, Adrián y Cecilia.
  • Contexto familiar: Tras el secuestro de su hijo Néstor en 1976, la pareja atravesó momentos de gran tensión. Pedro temía por la seguridad de Azucena debido a su intensa búsqueda y exposición pública, llegando a pedirle que se detuviera por miedo a que a ella también le sucediera algo.
  • Fallecimiento: Pedro De Vincenti falleció en 1981, dos años después de la desaparición y asesinato de Azucena.

¿Quién fue Alfredo Astíz?

Alfredo Astiz, el Angel de la Muerte que condenó a los doce primeros pioneros por la lucha de los Derechos Humanos y se rindió frente a los ingleses sin disparar
Alfredo Astiz, el Angel de la Muerte que condenó a los doce primeros pioneros por la lucha de los Derechos Humanos y se rindió frente a los ingleses sin disparar

Alfredo Ignacio Astiz es un exmilitar y espía argentino, conocido por ser uno de los principales responsables de la represión ilegal durante la última dictadura cívico-militar en Argentina (1976-1983).

Actuación en la Dictadura y la ESMA

  • Infiltración: Bajo el nombre falso de «Gustavo Niño», se infiltró en las organizaciones de derechos humanos, particularmente entre las Madres de Plaza de Mayo. Se presentaba como un joven que buscaba a un hermano desaparecido para ganarse su confianza.
  • Grupo de Tareas: Integró el Grupo de Tareas 3.3.2 que operaba en la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), el centro clandestino de detención y tortura más grande del país.
  • Crímenes emblemáticos: Su infiltración facilitó el secuestro y desaparición de un grupo de doce personas entre el 8 y el 10 de diciembre de 1977, incluyendo a las fundadoras de Madres de Plaza de Mayo: Azucena Villaflor, Esther Ballestrino y María Ponce de Bianco y a las monjas francesas Alice Domon y Léonie Duquet.

Participación en la Guerra de Malvinas

  • En 1982, participó en la recuperación de las Islas Georgias del Sur. Sin embargo, es recordado por haberse rendido sin oponer resistencia ni disparar un solo tiro ante las fuerzas británicas.
  • Fue tomado como prisionero de guerra. Aunque Francia y Suecia solicitaron su extradición en ese momento por crímenes contra sus ciudadanos, incluyendo el caso de la adolescente sueca Dagmar Hagelin, Gran Bretaña lo devolvió a Argentina citando la Convención de Ginebra.

Condenas y Situación Legal

Debido a su apariencia joven y la ferocidad de sus actos, recibió el apodo de «El Ángel de la Muerte» o «El Ángel Rubio».

  • Condenas en el exterior: En 1990 fue condenado en ausencia a cadena perpetua en Francia por el asesinato de las monjas Domon y Duquet. También recibió condenas en Italia.
  • Condenas en Argentina: Tras la anulación de las leyes de impunidad, fue juzgado en las «Megacausas» de la ESMA. Recibió su primera condena a cadena perpetua en 2011, pena que fue confirmada y reiterada en juicios posteriores (como ESMA III en 2017) por delitos de lesa humanidad, incluyendo secuestro, tortura y homicidio.
  • Actualidad: Se encuentra cumpliendo su pena de prisión perpetua en una cárcel federal.

¿Quién fue el Tigre Acosta?

Tigre Acosta, un hombre perverso que decía Soy el dedo de Dios para demostrar que con breve movimiento tenía la vida o la muerte de uno en su mente
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«No quedará un solo Tarnopolsky sobre la faz de la tierra”, fueron las palabras de Acosta tras comprobar que su asistente, Sergio Tarnopolsky, quien realizaba el servicio militar obligatorio en la ESMA, pasó información de lo que allí sucedía a la Agencia Clandestina de Noticias (ANCLA) que había desarrollado Rodolfo Walsh.

Acosta decidió no sólo torturarlo y eliminarlo a él, sino también a toda su familia. «El secuestro de mi familia se produjo en julio de 1976, -explica Daniel Tarnopolsky, único sobreviviente- en cuestión de horas un grupo de tareas de la ESMA irrumpió en la casa de mis padres Hugo de 52 años (químico) y Blanca Edelberg de 49 (psicopedagoga). El raid continuó con el secuestro de mi hermanita Betina, de 15 años, a quien arrancaron de casa de mi abuela y el de mi cuñada Laura del Duca, de su hogar. Mis padres y yo no militábamos. Mi hermano Sergio y su mujer Laura eran de la Juventud Peronista (JP) y mi hermanita de la Unión de Estudiantes Secundarios (UES)».

Daniel, que esa noche estaba en lo de un amigo, debió exiliarse para estar a salvo. En París volvió a sentir el peligro cuando Astiz se infiltró en el grupo de familiares de desaparecidos que lo sostenían y que denunciaban a la dictadura. «Yo lo conocí con otro nombre en la parroquia parisina Saint-Eustache». Cuando Daniel retorna al país, su abogada tuvo la lucidez, en tiempos de impunidad, de iniciar un juicio civil al Almirante Massera. Un litigio que duró años, pero que ganaron. Massera debió indemnizarlo por daños y perjuicios morales. Daniel donó lo conseguido a Abuelas de Plaza de Mayo.

Jorge Eduardo Acosta, conocido por su apodo «El Tigre», fue un capitán de fragata de la Armada Argentina y uno de los represores más emblemáticos y crueles de la última dictadura militar (1976-1983).

Su figura es central en la historia de los crímenes de lesa humanidad en Argentina, principalmente por su rol jerárquico en la ESMA (Escuela de Mecánica de la Armada), que funcionó como el centro clandestino de detención y exterminio más grande del país.

Su rol en la dictadura

Acosta fue el jefe de Inteligencia y del Grupo de Tareas 3.3.2 de la ESMA entre 1976 y 1979. Bajo las órdenes directas del almirante Emilio Eduardo Massera, tenía un poder casi absoluto sobre los prisioneros:

  • «El dedo de Dios»: Sobrevivientes relatan que Acosta solía decir «yo soy el dedo de Dios», refiriéndose a que él era quien decidía quién vivía (para ser utilizado como mano de obra esclava en proyectos de la Armada) y quién moría (enviado a los «traslados» o «vuelos de la muerte»).
  • Vuelos de la muerte: Se lo señala como el responsable de organizar y decidir los listados de personas que eran arrojadas vivas al mar desde aviones militares.
  • Casos emblemáticos: Estuvo involucrado en el secuestro y asesinato del periodista Rodolfo Walsh, de las monjas francesas Alice Domon y Léonie Duquet, y de las fundadoras de Madres de Plaza de Mayo (como Azucena Villaflor).

Condenas y situación judicial

Tras la anulación de las leyes de impunidad en Argentina, Acosta enfrentó múltiples juicios y recibió las penas máximas previstas por la ley:

  1. Cadenas perpetuas: Ha recibido varias condenas a prisión perpetua en los juicios denominados «Megacausa ESMA» por secuestros, torturas, homicidios y robo de bebés.
  2. Delitos sexuales: En 2021, fue condenado a 24 años de prisión adicionales por considerarse que las agresiones sexuales contra las secuestradas no eran «excesos» individuales, sino parte del plan sistemático de represión. Esta condena fue confirmada recientemente en 2024.
  3. Plan sistemático de robo de bebés: También fue condenado por su participación en la apropiación de hijos de mujeres que daban a luz en cautiverio dentro de la ESMA.

Actualidad

A sus 84 años, Jorge Acosta continúa cumpliendo sus penas en cárcel común. A diferencia de otros represores que obtuvieron el beneficio de la prisión domiciliaria por razones de edad o salud, la justicia le ha denegado repetidamente este pedido debido a la gravedad de sus crímenes y al riesgo de fuga o entorpecimiento.

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