El pibe que no quería estudiar (pero sí tocar el clarinete)
Toto o Mauricio Borensztein nació en 1925 en una casa donde el presupuesto era más ajustado que el cinturón de un jubilado. Su padre vendía pieles, pero Tato prefirió «curtir» otra cosa: la calle.
Lo echaron de la escuela Roca (probablemente por hacerle chistes a la estatua del prócer) a Tato y en la técnica Otto Krause duró menos que un ministro de economía en plena crisis. A los 15 años ya era «plomo», cargando instrumentos ajenos, soñando con el jazz y acomodando gente en el Teatro Cervantes. Quién diría que años después, el país entero se acomodaría frente al televisor para escucharlo a él.
De Igor al Frac: El nacimiento de un mito
Todo empezó en una despedida de soltero (donde siempre pasan las mejores o las peores cosas de la vida). Entre chistes y copas, descubrieron a Tato. Primero fue Igor, un niño que hablaba tan mal que el Ministerio de Educación lo levantó del aire porque los pibes en los recreos decían «¡idish!» en vez de «¡sí!».
Pero Tato era un sobreviviente. Se casó con Berta (su mujer de toda la vida) después de que su suegro le dijera: «O dejás el teatro o no hay nena». Tato dijo que sí, pero el escenario tira más que una yunta de bueyes. Pasaron hambre, les prestaron un departamento y, finalmente, apareció el Frac, el habano y el teléfono.
¿Por qué el frac? Porque según su guionista, César Bruto, con tanto cambio de gobierno en este país, Tato tenía que estar vestido de etiqueta por si lo llamaban de urgencia para ser Ministro. ¡Y casi que daba el perfil!
Y acá sobre la Reforma Laboral. Todo un visionario.
El Deporte Nacional: Esquivar la Censura
Tato inventó el «monólogo ametralladora». Hablaba a 300 kilómetros por hora para que, cuando el censor se diera cuenta de que lo estaban cargando, Tato ya estuviera en su casa comiendo fideos.
Pasó de todo:
- Videla le prohibió una charla telefónica (y Tato respondió hablando con su guionista sobre qué chistes no podía hacer).
- Isabelita lo sacó del aire.
- Incluso le pusieron una bomba en la puerta de su casa, pero como era Tato, hasta el destino quiso que la desactivaran a tiempo.
El hit de la Jueza «Barú Budú Budía»
En 1992, la jueza Servini de Cubría intentó censurarlo por un chiste de 60 pesos. ¡Grave error! Logró lo imposible: que desde Spinetta hasta Charly García, pasando por todo el arco periodístico, terminaran cantando en coro una rima infantil que hoy es patrimonio de la humanidad: «La jueza Barú Budú Budía es lo más grande que hay».
Tato no solo le ganó a la censura; la transformó en un musical de Broadway con olor a estofado.
El último brindis
Tato se despidió con Good Show, rodeado de fideos, champán y sus hijos Alejandro y Sebastián cuidándole las espaldas (y los guiones). Un cáncer óseo decidió que ya era hora de que fuera a darle consejos a los ángeles y el 11 de enero de 1996 se nos fue el hombre que mejor nos explicó por qué este país es, al mismo tiempo, una tragedia y una comedia de enredos.
Hoy tiene una estatua en la calle Corrientes. Está sentado, con el teléfono en la mano. Si te acercás mucho, seguro escuchás que te dice:
«¡Vermouth con papas fritas y Good Show!» (Y ojo con el ministro que acaba de asumir, que este dura poco).

Si hoy viviera, uno de sus monólogos bien podría ser este:
Tato: (Hablando a cámara, ritmo ametralladora) ¡Hola! ¡Hola, Casa Rosada! ¿Me comunica con el despacho del León? ¿Cómo que no está? Ah, está en un Zoom con la Escuela de Austria… ¿Y quién habla? ¿El Conan número 4? No me diga, ¡qué bien que ladra ese perro, parece un ministro de Economía! Pasame con el Jefe, nene, pasame con Javier…
Tato: (Al teléfono) ¡Hola, Javi! ¡Querido! ¡Cómo andás, fenómeno! Te habla Tato. No, no te llamo para pedirte un puesto en el Banco Central, que total, para lo que va a durar el edificio… Escuchame una cosa, fiera de las pampas, te llamo porque acá en el barrio estamos un poco confundidos. Ayer fui a comprar dos medialunas y un café, y cuando me dieron la cuenta, pensé que me estaban cobrando el traspaso de Mbappé al Real Madrid.
Tato: (Escucha, pone cara de asombro) ¿Cómo? ¿Que la inflación ya tiene «fecha de defunción»? ¡Pero Javi, si la inflación es como Drácula, cada vez que le clavás la estaca en el pecho, se levanta y te pide un aumento de las tarifas! Me decís que va a bajar a cero… ¿Cero absoluto? ¿Tipo la temperatura en la Antártida o tipo el saldo de mi cuenta corriente?
Tato: (Gesticula con el habano) ¡Pará un poco, emoción! Me decís que el déficit es cero, que la emisión es cero, que la casta tiene miedo y que para el 2026 vamos a ser la envidia de Suiza… Pero escuchame, León: mientras llegamos a ese paraíso de la macroeconomía, la microeconomía está más flaca que modelo de los 90. La gente en la calle ya no sabe si el ajuste es para salvarnos o si nos están preparando para vivir del aire, que es lo único que todavía no tiene IVA.
Tato: (Se ríe) ¿Que soy un «degenerado fiscal»? ¡No, nene! Yo soy un sufridor serial. Lo que pasa es que en este país somos especialistas en el «mañana». Siempre el paraíso está a la vuelta de la esquina, el problema es que la esquina nos la corren diez cuadras todos los meses. Me decís que la inflación va a ser historia… ¡Pero Javi, en Argentina la historia siempre vuelve con una remake más cara y con peores efectos especiales!
Tato: (Cierra el teléfono) Sí, sí… te dejo, te dejo, que tenés que ir a postear un meme. ¡Chau, fiera! ¡Mandale un saludo a la motosierra, decile que si pasa por casa me corte el césped, que el jardinero me pidió un aumento del mil por ciento!
(Tato mira a cámara, se acomoda el frac y lanza su sentencia final)
¿Ustedes escucharon, no? Inflación cero. El hombre dice que estamos segundos detrás de la India. ¡Qué maravilla! Lo que no nos aclaró es si estamos segundos en crecimiento o segundos en la fila para pedir un préstamo al Fondo. Mientras tanto, sigan laburando, no miren los precios porque les va a dar un síncope, y si ven un peso en el suelo, no se agachen, que capaz es una trampa del mercado.
¡Preparen el estómago, cuiden la neurona y, como siempre digo… Vermut con papas fritas y ¡GOOD SHOW!!





