La «Guerra Santa» libertaria pareciera ser una estigmatización del Islam y la fractura religiosa dentro del Gobierno. La movida es peligrosa.
En los pasillos del poder, las lealtades políticas suelen ser volátiles, pero las convicciones religiosas están demostrando ser el nuevo campo de batalla en el ecosistema de La Libertad Avanza. Lo que comenzó como una provocación en redes sociales ha mutado en una versión criolla de las Cruzadas, enfrentando a la guardia pretoriana digital de Javier Milei con el linaje de los Menem, y profundizando la brecha entre el ala evangélica del Ejecutivo y el catolicismo nacionalista de la Vicepresidencia.
La «Guerra Santa» libertaria
El estallido: El «Gordo Dan» y la ofensiva contra el Islam
El conflicto se desató cuando Daniel Parisini, conocido como el «Gordo Dan» y líder de la agrupación «Las Fuerzas del Cielo», lanzó una diatriba frontal contra el Islam. En un intento por golpear por elevación a sectores internos, el influyente tuitero calificó a la religión musulmana como «liberticida, asesina y pedófila», sentenciando que sus preceptos son incompatibles con los valores morales de Occidente.
Esta declaración no fue un comentario aislado, sino el catalizador de una ola de hostilidad por parte de la estructura de trolls oficialistas. Incluso el diputado porteño Alejandro Fargosi se sumó a la tendencia solicitando frenar el ingreso de musulmanes al país, aunque debió retractarse y borrar sus mensajes poco después, presuntamente bajo una férrea «penitencia» impartida por Martín Menem, titular de la Cámara de Diputados.

La respuesta del clan Menem: Identidad y defensa
La reacción de la familia Menem no se hizo esperar. Zulemita Menem, en una defensa que funcionó como escudo para su primo Martín y su primo «Lule» Menem, salió al cruce con una elegancia que contrastó con la virulencia del ataque.
«Confundir al Islam con el terrorismo es un error grave y doloroso para quienes profesamos esta fe y rechazamos toda forma de violencia», expresó Zulemita, ratificando su fe musulmana y reivindicando los valores de libertad inculcados por su padre.
A pesar de que el expresidente Carlos Menem debió convertirse al catolicismo para acceder a la magistratura bajo la antigua Constitución, el apellido permanece indisolublemente ligado a la tradición islámica. La tensión es evidente: mientras el ala «pura» de la militancia digital busca una homogeneidad ideológica y religiosa, la estructura política que sostiene al Gobierno en el Congreso —encabezada por los riojanos— siente el impacto de un fuego amigo que roza la discriminación.
Milei y Villarruel: Un abismo litúrgico
Más allá del conflicto con el Islam, la cúpula del poder exhibe su propia fractura de fe. El presidente Javier Milei ha consolidado un giro pragmático hacia el mundo evangélico, desplazando la histórica relación con la Conferencia Episcopal Argentina. Por segundo año consecutivo, el mandatario evitó la tradicional audiencia navideña con la Iglesia Católica, optando en su lugar por priorizar eventos con referentes del culto evangélico.
La contrapartida llegó desde el Senado. En un gesto cargado de simbolismo, Victoria Villarruel decidió ocupar el despacho que perteneciera al ex comulgado Edgardo Kueider para inaugurar un oratorio católico en plena víspera de Nochebuena. Este acto no fue solo una manifestación de fe, sino un mensaje político: frente al avance evangélico y el misticismo del Presidente, la Vicepresidente se erige como la guardiana de la tradición católica hispanista.
- Ala «Pura» Digital (Gordo Dan / Trolls): Promueven una identidad occidental cerrada y hostil al Islam, a menudo asociada a valores del ala más conservadora de EE. UU.
- Ala Política Territorial (Los Menem / Estructura Legislativa): Representan el sincretismo riojano y la defensa de la identidad árabe-musulmana como parte esencial del ser nacional.
- La Cúpula Presidencial (Milei vs. Villarruel): Un duelo silencioso entre el misticismo evangélico-judaizante del Presidente y el catolicismo pre-conciliar de la Vicepresidente.

La «Guerra Santa» libertaria: Un escenario de fragmentación
La interna ha dejado heridos en el camino. Sectores radicalizados, como el analista financiero conocido como «El Oráculo de Trenque Lauquen», han denunciado una supuesta «censura» por parte de los Menem hacia los críticos del Islam, sugiriendo que el Gobierno está «perdiendo la batalla» cultural frente a los sectores musulmanes internos.
Lo que queda claro es que la narrativa de «Las Fuerzas del Cielo» ya no es un bloque monolítico. El Gobierno se enfrenta hoy a un dilema complejo: cómo mantener la cohesión de una tropa que, en su afán por purificar el pensamiento occidental, ha terminado por atacar las raíces de sus propios aliados estratégicos.
La «Guerra Santa» libertaria: Qué dijo el «Gordon Dan»
El problema, Alejandro (Fargosi), es que cuando el sistema de creencias de toda una sociedad está basado en un libro que avala golpear mujeres y lapidarlas a piedrazos (como explica acá el Imán según lo que dicta la ley sharia), matar a personas por su orientación sexual, casarse con nenas de 6 años o matar a todos aquellos que no sean musulmanes o que hayan dejado de serlo llamándolos infieles y, más aún, cuando NUNCA aparecen los individuos musulmanes a condenar (COMO INDIVIDUOS) los atentados terroristas cometidos en nombre de su dios (ni hablar de las instituciones locales que siempre se callan la boca), entonces la conclusión lógica a la que uno llega es que lo que no funciona no es la conducta individual de cada terrorista, golpeador, violador, pedófilo o asesino per se, sino el completo sistema de creencias en su totalidad y desde el principio siendo absolutamente legítima la generalización. Su religión es liberticida, asesina y pedófila, desde su concepción, desde que fue escrita, siendo absolutamente incompatible con los valores morales de Occidente. Por no comprender esto, que no es otra cosa que la Paradoja de la Tolerancia de Karl Popper, es decir, ser demasiado tolerantes con los intolerantes, es que Europa cayó en desgracia y probablemente nunca se recupere. Nosotros no permitiremos que pase lo mismo en la Argentina. El presidente Milei no hizo un milagro económico con nuestro país para que lo tiremos a la basura en dos días dejando a entrar a una cultura invasora que le rinde culto a la muerte. Argentina resistirá y será faro del mundo, ejemplo de grandeza humana, porque los argentinos tenemos cabeza y, muy por sobre todo, huevos.
Y este posteo en la red social X lo ilustro con la imagen que se ve a continuación:

La «Guerra Santa» libertaria: Qué le respondió Zulemita Menem
Estimado Daniel. Nos conocemos desde hace muchos años, desde aquellos inicios en Twitter, cuando vos y Agustín Romo comenzaban a involucrarse en el apasionante mundo de la política, y yo colaboré acercándolos a dirigentes y espacios. Recuerdo incluso que, en ese clima de confianza, los apoyé cuando estamparon remeras con frases de Menem como “no los voy a defraudar”, “hasta la estratósfera” o “1 peso, 1 dólar”. Todo eso forma parte de una historia compartida que merece ser recordada con honestidad y respeto.
Desde lo más profundo de mi corazón, y como firme defensora de la libertad, valores que me inculcó mi padre, siento la necesidad de decirlo con claridad y serenidad: confundir al Islam con el terrorismo es un error grave y doloroso para quienes profesamos esta fe y rechazamos toda forma de violencia, provenga de donde provenga. Nunca es sano confundir conceptos, y mucho menos cuando se trata de espiritualidad y valores. Hablo como argentina y musulmana. Cuando el mundo es golpeado por la violencia, las víctimas hieren a la condición humana en su conjunto, sin distinción de religión, cultura o creencia. Esa realidad debería impulsarnos a buscar la paz entre los hombres, no a profundizar divisiones ni prejuicios. Como por ejemplo el horror vivido recientemente en Sídney duele a todos los que creemos en Dios y respetamos la vida. No es un dato menor, especialmente para quienes atacan injustamente a nuestra religión, que la persona que evitó que la tragedia fuera aún mayor, sea de fe islámica y haya actuado como lo hace un verdadero musulmán: defendiendo la vida. Ese gesto fue reconocido públicamente por el Presidente de los EEUU como un acto heroico. Del mismo modo, tras los atentados del 11 de septiembre, el entonces presidente de los Estados Unidos visitó una mezquita para reunirse con líderes musulmanes y reafirmar algo fundamental: que no se estaba en guerra contra el Islam, sino contra el terrorismo. Somos muchos los argentinos que profesamos la fe islámica que vivimos en este país. Trabajamos y damos trabajo, convivimos con respeto y cumplimos con uno de los pilares de nuestra fe, la asistencia a los pobres y a los huérfanos. Aportamos a la sociedad y creemos profundamente en la convivencia. Merecemos el mismo respeto hacia nuestra fe que el que brindamos a los demás. Ayer me dolió ver cómo se filmaba a una mujer musulmana recibiendo comentarios y palabras terribles simplemente por llevar una abaya mientras caminaba por su barrio. Y me pregunto con honestidad: qué debería suceder cuando vemos a una mujer vestida con muy poca ropa, a una mujer judía que, por su fe, viste de manera recatada, o a una monja profesando su religión? La respuesta debería ser siempre la misma: RESPETO. Eso es lo que hacemos los musulmanes de bien: RESPETAMOS. También vale recordar que personas que hoy acompañan al Presidente Javier Milei y a su hermana en el proceso de transformación de la Argentina, tienen raíces musulmanas, y que algunos de ellos profesan el Islam. Esto habla, una vez más, de diversidad, convivencia y compromiso con valores que trascienden cualquier religión. Con esa misma serenidad, quiero recordarte algo esencial “la humildad, el trato respetuoso y la igualdad ante Dios son pilares fundamentales del Islam.”
La fe no divide. Confundirla con el terrorismo, sí.
La «Guerra Santa» libertaria: Musulmanes en Argentina

Determinar el número exacto de musulmanes en Argentina es complejo porque el Estado no pregunta sobre la filiación religiosa en sus censos poblacionales desde 1960. Sin embargo, existen diversas estimaciones de organismos internacionales y centros islámicos que ofrecen un panorama claro.
Se estima que en Argentina hay entre 400.000 y 1.000.000 de musulmanes, lo que convierte a la comunidad islámica argentina en la más numerosa de toda América Latina.
Aquí te detallo las cifras según las diferentes fuentes:
1. Estimaciones principales sobre los musulmanes en Argentina
- Cifras conservadoras: Diversos estudios académicos y censos de organizaciones locales sitúan el número cerca de los 450.000 a 500.000 fieles.
- Pew Research Center: En sus informes globales, ha estimado que la población musulmana ronda el 1.000.000 (aproximadamente el 2% de la población total del país).
- Centro Islámico de la República Argentina (CIRA): Suele manejar cifras que oscilan entre los 500.000 y 700.000 creyentes.
2. Distribución y Origen de los árabes en Argentina
- Comunidad Árabe: Es importante diferenciar entre «árabes» y «musulmanes». Se estima que hay cerca de 3.5 a 4 millones de descendientes de árabes en Argentina (principalmente de Siria y Líbano), pero la gran mayoría de ellos son cristianos.
- Ubicación: La mayor concentración se encuentra en la Ciudad de Buenos Aires y el Gran Buenos Aires, aunque hay comunidades históricas muy fuertes en provincias como La Rioja (de donde proviene la familia Menem), Tucumán, Salta, Córdoba y Santa Fe.
3. Presencia Institucional de los adeptos al Islam
Argentina alberga el Centro Cultural Islámico Rey Fahd en el barrio de Palermo, que es la mezquita más grande de América Latina, lo que subraya la importancia de esta comunidad en la región.
Dato clave: Debido a la alta tasa de matrimonios mixtos y la asimilación cultural de las segundas y terceras generaciones, algunos analistas sugieren que el número de personas que se identifican activamente como musulmanes practicantes podría ser menor que el número de personas con raíces familiares en el Islam.
La «Guerra Santa» libertaria: Como impacta en el Gobierno
El factor demográfico: Una comunidad arraigada
El ataque de la militancia digital contra el Islam no solo golpea la interna del Gobierno, sino que ignora una realidad estadística: Argentina alberga a la comunidad musulmana más grande de América Latina. Aunque los censos oficiales no miden la religión, las estimaciones del Pew Research Center y el Centro Islámico (CIRA) sitúan la cifra entre 500.000 y 1.000.000 de fieles.
Esta población no es un fenómeno reciente ni periférico. Está profundamente integrada en el tejido social y económico del país, con una presencia histórica en provincias clave como La Rioja. Al atacar estos valores, los sectores radicalizados de Las Fuerzas del Cielo no solo enfrentan al clan Menem; se enemistan con un electorado que representa cerca del 2% de la población nacional y que cuenta con el respaldo de instituciones de peso internacional, como el Centro Cultural Islámico Rey Fahd.
La pregunta que queda flotando en los despachos de la Casa Rosada es si el oficialismo puede permitirse una fractura de esta magnitud por una «guerra cultural» que, en los números, parece ser una batalla perdida de antemano.
Un conflicto en tres frentes
Para visualizar cómo se divide esta «guerra religiosa» dentro del poder, podemos esquematizar los bandos enfrentados:
- Ala «Pura» Digital (Gordo Dan / Trolls): Promueven una identidad occidental cerrada y hostil al Islam, a menudo asociada a valores del ala más conservadora de EE. UU.
- Ala Política Territorial (Los Menem / Estructura Legislativa): Representan el sincretismo riojano y la defensa de la identidad árabe-musulmana como parte esencial del ser nacional.
- La Cúpula Presidencial (Milei vs. Villarruel): Un duelo silencioso entre el misticismo evangélico-judaizante del Presidente y el catolicismo pre-conciliar de la Vicepresidente.





