¿Quién fue Ludovico Arioli? (Gran Morón)

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Ludovico Arioli fue uno de esos hombres de temple que, llamados por la voz subconsciente de una vocación, ingenian el espíritu en la creación de ideales que son para la vida, el norte de sus pasos.

¿Quién fue Ludovico Arioli? Nació en Italia en 1868 y llegó a la Argentina en 1893. Se instaló en Morón al año siguiente. Su actuación en esta ciudad le sirvió para granjearse la confianza y estimación de sus semejantes, que descubrieron en él virtudes acrisoladas que elevan a planos superiores.

En la foto de portada: Ludovico Arioli un 4 de diciembre de 1898 en la sede de la Calle San Martín 844 de lo que fue el Club de Artesanos actualmente Club Morón.

Dedicado a la industria, fundó una gran fábrica de caramelos, cuyos afamados productos fueron conocidos en todo el territorio nacional, habiendo merecido diversos premios en varias exposiciones del país y del extranjero. Luego, asociado posteriormente al conocido industrial Roberto Parodi, su establecimiento giró hoy bajo la firma de ambos.

En la vida societaria, Ludovico Arioli llegó a merecer por sus condiciones humanas e intelectuales, el cargo de presidente de varias instituciones de prestigio, entre ellas, del Club de Artesanos de Morón, hoy Club Morón, por el mandato 1904 a 1905. Y de las Sociedad Italiana, entre cuya colectividad, goza de elevado concepto y estimación.

Formó parte de las Comisiones de Valuación, Revaluación, del Capital, Giro, e integró la Comisión de Mayores Contribuyentes para Obras Sanitarias de Morón, habiendo contribuido con su voto al pronunciamiento favorable de las mismas.

Amigo de la unión y de la sociedad, el señor Ludovico Arioli fue de los que bregaron incansablemente, durante años, en pro de la fusión de las Sociedades Italianas, siendo coronados sus esfuerzos con el resultado auspicioso que se conoce.

Con el trabajo de su fábrica, que es un establecimiento modelo en su género, el señor Arioli contribuyó al progreso social de Morón en su aspecto industrial y al acrecentamiento de sus instituciones sociales y de beneficencia, mereciendo por toda su actuación la consideración de que es justicieramente acreedor.

A manera de anécdota, diremos que la sirena de la fábrica de caramelos del señor Arioli, fue por muchos años el reloj de Morón.

Artículo aparecido en el periódico “La Tribuna” el 15 de mayo de 1930.

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