Semana de Mayo: Un Gobierno sin Independencia
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Semana de Mayo: Un Gobierno sin Independencia, una Patria sin República. Las fallas de origen son fundamentales para entender el origen y el origen para saber qué figura finalmente engendró la historia. Al asumir el General Cornelio Saavedra, como Presidente de la Primera Junta de Gobierno, no habíamos declarado aún la Independencia (faltarían seis años), ni teníamos el más mínimo ánimo de constituir una República, de ahí que cada convocatoria a un Congreso en Buenos Aires fallara.

Semana de Mayo: Un Gobierno sin Independencia, una Patria sin República. En realidad, el nombre es Semana de Mayo porque el conflicto comienza el 18 de mayo de 1810, con la caída de la Junta Suprema Central de Sevilla, y el 25 de mayo, fecha en que se destituye en en el Virreinato del Río de la Plata al virrey Baltasar Hidalgo de Cisneros y lo reemplaza la Primera Junta.

El lunes 14 de mayo de 1810 había llegado a Buenos Aires la fragata inglesa Mistletoe trayendo los periódicos que más querían traer: aquellos que confirmaban la caída en manos de los franceses de Napoleón Bonaparte de la Junta Central de Sevilla, último bastión de poder de Imperio Español.

El viernes 18, el Cisneros hizo leer en cada esquina una proclama que decía: «En el desgraciado caso de una total pérdida de la península, y falta del Supremo Gobierno» él asumiría el poder acompañado por otras autoridades de la Capital y de todo el virreinato y se pondría de acuerdo con los otros Virreyes de América para crear una Regencia Americana en representación de Fernando VII.

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Con esta plan estructurado con nadie, Cisneros sintió que no lo derrocarían. También, que no el mando sino la gloria de luchar en defensa del monarca Fernando VII contra toda dominación extranjera y finalmente prevenía al pueblo sobre «los genios inquietantes y malignos que procuran crear divisiones».

¿Ahora bien? Quién quería pelear por un virreinato, por una ciudad, por un puerto, sino los españoles y los exportadores monopólicos. Para el resto, no valía la pena el actual estado de las cosas el clima comenzó a crearse.

Para colmo, la Junta Suprema Central de Sevilla lo había nombrado virrey y ya no existía. ¿Cuál era su legitimidad entonces Los porteños que venían reuniéndose en la jabonería de Vieytes ya daban por derrocado a Cisneros pero les pedían paciencia.

La misma noche del 18, una grupo de jóvenes reunieron en la casa de Rodríguez Peña y decidieron exigirle al virrey la convocatoria a un Cabildo Abierto para tratar la situación en que quedaba el virreinato después de la caída de Junta Suprema Central de Sevilla. El grupo encarga a Juan José Castelli y a Martín Rodríguez que se entrevisten con el Virrey Cisneros.

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Sábado 19

La madrugada del sábado 19 y sin dormir el Jefe del Cuerpo de Patricios, Cornelio Saavedra y el reconocido abogado y rebelde Manuel Belgrano le pidieron al Alcalde Ambrosio de Lezica la convocatoria a un Cabildo Abierto. Mientras que Juan José Castelli hizo lo propio ante el síndico del Cabildo y pro Cisneros, Julián Leiva.

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Domingo 20

El domingo 20, el Virrey Cisneros reunió a los jefes militares y les pidió que lo respaldaran. Pero rechazaron respaldar a Cisneros. Por la noche, Juan José Castelli y Martín Rodríguez volvieron a visitar al virrey para que convoque a un Cabildo Abierto.

El Virrey Cisneros no soportó seis días de presiones, desde el lunes 14 al domingo 20, y empezó a quejarse del trato que recibía y cuando se disponía a disparar un soliloquio Martín Rodríguez le dijo que tenía cinco minutos para decidir.

Fue entonces que el Virrey Cisneros le contestó: «Ya que el pueblo no me quiere y el ejército me abandona, hagan ustedes lo que quieran» y convocó al Cabildo Abierto para el martes 22 de mayo. En el «Café de los Catalanes» y en «La Fonda de las Naciones», los criollos discutían sobre las mejores estrategias para pasar derrocar a Cisneros y conformar un gobierno autónomo que no quede a la vista de la España sometida por Francia, como un gobierno de traidores.

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Lunes 21

Al día siguiente, se reunió el Cabildo como todos los días para tratar temas cotidianos. Pero a los pocos minutos, los cabildantes tuvieron que interrumpir su trabajo porque La Plaza de la Victoria estaba ocupada por unos 600 hombres armados de pistolas y puñales que llevaban en sus sombreros el retrato de Fernando VII y en sus solapas una cinta blanca, símbolo de la unidad criollo-española desde la defensa de Buenos Aires.

Este grupo estuvo encabezado por Domingo French y Antonio Luis Beruti, y se hacían llamar «Legión Infernal». Desde la Plaza de la Victoria pedían a los gritos que se concrete la convocatoria al Cabildo Abierto.

Los miembros del cabildo acceden y el síndico Leiva sale al balcón y confirma que al día siguiente se hará el Cabildo Abierto. Pero «La Legión Infernal» no se calma. Piden a gritos que el virrey sea suspendido y amenazan con tomar el Cabildo. Así que finalmente interviene el Jefe del Regimiento de Patricios, Cornelio Saavedra quien logra calmarlos sólo porque es el Jefe de los Granaderos a Caballo, o sea, dueño de parte de las arma de la ciudad.

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Martes 22

Al día siguiente, de los 450 designados a concurrir al Cabildo Abierto, sólo se presentaron 251 más una «barra» entusiasta. En la plaza, French, Beruti y la «La Legión Infernal» esperan novedades. No quieren a Cisneros, sino un gobierno propio.

Luego de cuatro horas de discursos algo estaba claro: Casi todos aprobaban la destitución del virrey, pero no se ponían de acuerdo en quien debía asumir el poder y por qué medios. Juan José Castelli propuso que fuera el pueblo a través del voto quien eligiese una junta de gobierno; mientras que el jefe de los Patricios, Cornelio Saavedra, era partidario de que el nuevo gobierno fuera organizado directamente por el Cabildo. El problema radicaba en que los miembros del Cabildo, la mayoría de origen español, apoyaban a Cisneros.

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Miércoles 23

Por la mañana se reunió el Cabildo para contar los votos emitidos el día anterior y expuso sus conclusiones: «Hecha la regulación con el más prolijo examen resulta de ella que el Excelentísimo Señor Virrey debe cesar en el mando y recae éste provisoriamente en el Excelentísimo Cabildo (…) hasta la erección de una Junta que ha de formar el mismo Excelentísimo Cabildo, en la manera que estime conveniente».

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Jueves 24

¿Qué ocurrió? Lo que había previsto Juan José Castelli. El Cabildo designó efectivamente una junta de gobierno presidida por el virrey Cisneros e integrada por cuatro vocales: los españoles Juan Nepomuceno Solá y José de los Santos Inchaurregui y los criollos Juan José Castelli y Cornelio Saavedra.

En la Plaza de la Victoria, se tomó esta primera junto que no llegó a durar horas, como una burla que activó a las milicias y al pueblo. Castelli y Saavedra renunciaron.

Manuel Belgrano, mayor del regimiento de Patricios, fue quién lanzó abiertamente la amenaza en la casa de Rodríguez Peña con su mano derecha sobre la cruz de su espada dijo: «Juro a la patria y a mis compañeros, que si a las tres de la tarde del día inmediato el virrey no hubiese renunciado, a fe de caballero, yo le derribaré con mis armas.»

Por la noche una delegación encabezada por Juan José Castelli y Cornelio Saavedra se presentó en la casa de Cisneros con cara de pocos amigos y finalmente lograron su renuncia. La Junta quedó disuelta y se convocó nuevamente al Cabildo para la mañana siguiente.

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El 25 de mayo de 1810

El Cabildo había convocado a los jefes militares para informarse de la situación de la cadena de mando. Los militares criollos le hicieron saber al Cabildo que no podían mantener en el poder a la Junta que tenía a Cisneros como Presidente porque corrían riesgos personales ya que sus tropas no les responderían. La mayoría de la gente se fue yendo a sus casas y el síndico del Cabildo salió al balcón y preguntó «¿Dónde está el pueblo?».

En esos momentos Antonio Luis Beruti irrumpió en la sala capitular seguido de algunos infernales y dijo «Señores del Cabildo: esto ya pasa de juguete; no estamos en circunstancias de que ustedes se burlen de nosotros con sandeces. Si hasta ahora hemos procedido con prudencia, ha sido para evitar desastres y efusión de sangre. El pueblo, en cuyo nombre hablamos, está armado en los cuarteles y una gran parte del vecindario espera en otras partes la voz para venir aquí. ¿Quieren ustedes verlo? Toque la campana y si es que no tiene badajo nosotros tocaremos generala y verán ustedes la cara de ese pueblo, cuya presencia echan de menos. ¡Sí o no! Pronto, señores decirlo ahora mismo, porque no estamos dispuestos a sufrir demoras y engaños; pero, si volvemos con las armas en la mano, no responderemos de nada.»

Minutos después se anunció finalmente que se había formado una nueva junta de gobierno. El presidente era Cornelio Saavedra; los doctores Mariano Moreno y Juan José Paso, eran sus secretarios; fueron designados seis vocales: Manuel Belgrano, Juan José Castelli, el militar Miguel de Azcuénaga, el sacerdote Manuel Alberti y los comerciantes Juan Larrea y Domingo Matheu. Comenzaba una nueva etapa de nuestra historia.

En Buenos Aires, el ex virrey Cisneros y los miembros de la Audiencia trataron de huir a Montevideo y unirse a Elío (que no acataba la autoridad de Buenos Aires y lograba ser nombrado virrey), pero fueron arrestados y enviados a España en un buque inglés.

Pero la Primera Junta de Gobierno no declaró la independencia, sino que declaró que gobernaba en nombre de Fernando VII.

Para algunos fue sólo una estrategia, ¿pero ante quién? ¿Frente a los españoles que ya no tenían armas? Si los criollos bien sabían qué podían hacer luego de probarse durante las invasiones inglesas.

Seis años pendulares tuvo lo que sería Argentina, decían que gobernaban en nombre de Fernando VII pero en realidad querían declarar la independencia hasta que finalmente lo haría don José de San Martín el 9 de julio de 1816.

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