Morón: Todo para Clarín
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Morón: Todo para Clarín, Medios Territoriales Cero. La política de Comunicación del Gobierno Local responde a la desconfianza en la profesión y ejercicio de libre expresión.

Morón: Todo para Clarín, Medios Territoriales Cero. Tanto, que luego de cuatro años de tensión, en el último tramo de la campaña electoral, la utilización de medios porteños y concentrados para dar a conocer de manera selectiva actos del gobierno local, la mayoría del pasado, intentaron desbordar los medios territoriales. Está claro, no lo consiguieron.

Obviamente hubo una gran falla conceptual, producto del ejercitar la profesión como si sólo se tratara de Títulos de Commodity Manager y Fotos con Filtros de PhotoShop.

Pasar de las redes al periodismo real, es tan difícil como atravesar 35 materias universitarias, tesis y final.

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La realidad es completamente distinta, tanto como en el Barrio San José de Morón Sur y sus entidades de bien público, lugar al que jamás el Área de Medios envió una cámara, un titulador o un fotógrafo del área para que la gente que le da vida a cada espacio, a cada club, a cada tarde, cuente su historia, su presente y sus ambiciones.

Este dispositivo de trabajo recrea el concepto liberal y fracasado de que la oferta ordena la demanda.

Y si fuese así, desde abril de 2018, cuando se disparó el dólar y jamás logró controlarse, la demanda del elector se transformó netamente en económica, justamente el punto más débil del Gobierno de Juntos por el Cambio.

Contra una economía en crisis, desde Morón se comunicó hechos pasados y actos mínimos como el concurso para bautizar «Perros Policías» o las clases de «Viandas Saludables» cuando el 30% de Morón tiene problemas alimentarios, otro 50% vive buscando precios y el resto puede darse algunos gustos.

Pese al cambio de demanda, siguió la misma oferta informativa desde el aparato estatal, y este es el punto del fracaso en materia de medios de comunicación.

Morón: Todo para Clarín, Medios Territoriales Cero

Los medios territoriales no pueden salir de esa lógica por el simple hecho de que miran, escuchan y hablan con todos los hombres y mujeres que los rodean. Están anclados en el tiempo y lugar en el que escriben y editan.

¿Qué se dio a conocer en Morón desde el aparato del Estado de Medios? La satisfacción de las demandas de 2015, que variaron por completo en abril de 2018. Y que para 2019, ya fueron otras completamente distintas.

Cuando se piensa que el tiempo no avanza, se cae en la idea imposible de que la historia se detiene. Entonces emerge como un hecho sincero la falta de territorialidad y cada día se esquiva caminar, observar y escribir como un oficio terrestre.

Las redes son más cool, claro. Pero trabajar es completamente distinto. Trabajar no tiene que ver con lo cool, tiene que ver con la vocación, el esfuerzo y la preparación. Tiene que ver con los demonios que uno exorciza con cada letra, con cada párrafo. Con la capacidad de bautizar cada acontecimiento, cada hecho.

Mandar un twitter es una simple cuestión de ingenio. Por eso está lleno de twitteros y hay un solo Roberto Bolaño.

Construir periodismo, es fomentar el diálogo y no bloquear contactos de WhatsApp. Por el contrario, el trabajo estaba basado en el intercambio de ideas, las mismas que en muchos casos se transforman en acción.

Y ante el rechazo de los medios locales de una agenda para minorías, el Gobierno Local optó por fortalecer al Grupo Clarín que no tiene vínculos ni sociales ni económicos con el distrito.

Ni siquiera tiene una sede física, habilitada, que pague impuestos. Y no hay un solo redactor estable que resida en el distrito.

Estas son las decisiones que generaron errores de aprendices. El Gobierno Local basó su política de Medios en plataformas extranjeras cuestionables como Facebook, la short read Instagram y Twitter. También en medios porteños, principalmente Clarín, al que le siguieron Diario Popular y Crónica.

Entonces, al desterritorializar la generación y distribución de información, se engendró el fantasma del emisor. ¿Quién habla, a quién preguntar? Se comunica una agenda errada, sin firma, anónima, oculta en los pasillos del Palacio Municipal e incapaz de construir un diálogo.

La despersonalización de la construcción informativa tuvo un costo alto porque no recibió en ningún caso repreguntas. Ante la falta de oídos, las voces se reorganizaron para que alguien las escuche. Y los que escucharon, encauzaron en acción la nueva demanda vinculada a la economía.

Todos los logros se intentaron fomentar por repetición y se transformaron en ecos de noticias de ayer. En un mundo, pequeño, tanto como el de un municipio, tener voz sin escuchar es extremadamente difícil.

Transmitir sin repreguntas es bajar un texto en forma de propaganda. Copiar y pegar denigra la profesión. Pensar que la noticia es un objeto y el medio un supermercado, también. Suponer en la era del WhatsApp que un correo electrónico abre el intercambio informativo, es atrasar.

No hubo chances de revertir la agenda de los medios locales interesados en saber qué ocurría en las Fábricas de Morón y las Áreas Comerciales. Sólo hubo un flujo de dinero para forzar la propaganda en formato de noticia. Y entonces, cuando la realidad que no es twittera ni instagramer se impuso, fue demasiado tarde para lágrimas.

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