Estado, Campaña Política

Estado, Campaña Política y el uso ilegal de los recursos. Actualmente rige la noticia express, un disparador sin razonamiento que atonta a pelo de la consigna «esto ocurre acá y ahora».

Estado, Campaña Política y el uso ilegal de los recursos. El «acá y ahora» es un flash, un boletín, un simple título. Quizás un párrafo de cinco líneas. Darle volumen a ese texto lleva esfuerzo y tiempo. Y no vivimos en tiempos que el esfuerzo requiera tiempo y esfuerzo. El esfuerzo hoy es la oportunidad. Pero la oportunidad no es historia.

Pese a esto, todo es «acá y ahora». El uso indebido de los recursos del estado para fortalecer una campaña política, como por ejemplo la que realiza en Morón Cambiemos, no es sorpresa cuando se realizaron y realizan prácticas similares en todo el país.

Pero parece que la política no quiere ser ser ejemplo de algo. Quiere simular un sujeto animado que nadie organiza ni controla.

Un video en las redes sociales, o un texto que para los medios como el del concejal Nicolás Canario (ex Cambiemos), destroza la participación, la valoración, la esperanza que se puede articular con el Estado para producir un hecho productivo, o sea, que le genere un plus al castigo aparato público.

Desde ya, Cambiemos no generó ese plus, lo demostró la última elección del 11 de agosto. Incluso lo rebajó aún más.

Pero como en el juego de la mancha, o la novela El Proceso de Franz Kafka (concepto que eleva un poco la discusión), atravesado por la lectura de los filósofos Félix Guattari y Gilles Deleuze, nada importante ocurre en la sala de enjuiciamiento.

Lo importante está en dónde no lo vemos. En los infinitos salones de pasos perdidos que existen en la Justicia Federal, Provincial, Ministerios Públicos, y Cuerpos Legislativos. Y cada uno con sus aparatos ideológicos gravitando.

Utilizar una camioneta el Estado Municipal para llevar boletas de campañas a Castelar Sur o al que fuera, pone al resto de las fuerzas políticas en el plano de la desigualdad.

Sacarlo a la luz es ver lo que ocurre detrás de escena. Ahora bien, ¿cree la gente que esto pasa sólo en Cambiemos? Claro que no. Pero el agravante es que Cambiemos se opuso fuertemente a estas prácticas y claudicó o perdió. En ambos casas, como en tantos, entre lo que propuso y lo que hizo, la brecha fue grande como un continente, como por ejemplo, tenemos que dejar pasar el primer bimestre y terminamos en 48 meses consecutivos de recesión.

Utilizar una camioneta el Estado Municipal para llevar boletas de campañas a Castelar Sur no es un hecho democrático, sino de una imposición despótica. El Estado al servicio de los interés políticos de un sujeto es cuestionable ayer, hoy y mañana. No es una noticia express.

Debería avergonzarse la política de estas prácticas que la desgastan y colocan al sujeto en el lugar del nihilismo negativo.

Mientras que el militante festeja, la gente frunce la nariz y se aleja. O sea que aquellos que pregonan la participación, en realidad están reduciéndola.

Cambiemos tiene la gran responsabilidad, no sólo por el uso de la camioneta, sino porque pregona el funcionamiento de la República como el aparato formal por el cual se divide el poder del Estado en tres.

Los amantes de la República, si es que lo son, no deberían ni pensar en estas prácticas. Si las hacen, opinan que la República esta vacía y no sirve en absoluto lo que es hora de que alguien se de cuenta.

La contradicción aflora a través de todo el ciclo de gobierno. Los mismos que cuestionaron los Planes Sociales desde su origen, son los que pudieron terminar su mandato gracias a las políticas públicas universales del gobierno anterior.

El Presidente Mauricio Macri finaliza sus cuatros años justamente por uno de los aspectos que más criticó, los planes sociales frase de la derivaron formas nominalizadas despectivas como «planero» (de choripanero).

La suerte fue distinta para el ex Presidente Fernando De La Rúa quien no terminó el mandato. No eran épocas que existieran los planes sociales. Cuando arremetió el ajuste, kaput, todo se disolvió en el aire y salio de Casa Rosada en helicóptero luego de firmar la renuncia.

Entiendo que hay un concepto despótico cuando un grupo ilustrado piensa en la gente no sabe qué voto. Y partir de ahí, cualquier transgresión es en defensa de los intereses de la mayoría.

Este es un sofisma tristísimo. Jamás la trampa, lo ilegal, es en bien de la mayoría.

Pero los que hoy son oposición y no gobiernan y volverán a gobernar, deben pensar que las denuncias de hoy no pueden ni deben ser prácticas de mañana.

Estado, Campaña Política y el uso ilegal de los recursos

Y claro que hay muchas prácticas que erradicar. Sería interminable hacer el listado.

No sólo el «contrato laboral» a cambio de nada, o la tira de la palabras como «banda», «capo», «monje negro», «caja» o «fierros» (como sinónimo de dinero). De punta a punta todas prácticas y juegos de lenguaje que marca los límites del campo de batalla de la política tanto para militantes como para la gente común.

En un apartado, sólo por considerar que puedo hacerlo, la divulgación de noticias a través de una red extranjera que es parte del giro de divisas argentinas al exterior también habría que erradicarla. Y ni que hablar de la red admite noticias falsas sin que haya un responsable visible en Argentina como es el caso de Facebook.

Cambiemos también acá inició la cadena de errores contratando a Cambridge Analytica en 2015, hoy judicialmente privada de funcionar en Europa y Estados Unidos.

Si gracias a la República se puede triplicar la deuda externa, duplicar la inflación, subieron 8 puntos la pobreza e incumplir todas las promesas de campaña, okey. Entonces la República es tal como dije un aparato formal que se puede violar.

Debería aceptarse la derrota en los términos que el mismo oficialismo planteó: Sin Listas Colectoras, Elecciones Unificadas y PASO 70 días antes de la General. Fue el plan maestro del genio de las redes sociales y las encuestas, Marcos Peña.

Luego pactar la transición y por último volver a reagruparse para plantearle un proyecto a la gente.

Que una directora municipal, que es un cargo político, salga durante el horario de trabajo a dejar volantes en las casas con una camioneta municipal, es más que mediocre y triste y le quita las ganas a cualquiera de pensar que algo decente es posible.

Tres funcionarios del Estado Local que vieron a Cambiar las cosas, pasan por ese petit novell costumbrista. Desde la zapatillas del ex Gobernador Carlos «Meter Bala» Ruckauf, debería ser un caso superado.

Pero no, por la República no es nada sin democracia, y la democracia es participación y debate. No es puertas cerradas, Twitter, Facebook, Instagram, Gigantografías y Volantes. Eso esta bien para un viaje de egresados. La comunicación, seria, conflictiva, que genera intercambio serio, es muy distinta. La redes, redes son. Título, foto y dinero. Una fórmula demasiado frívola y fugaz para lo que el país necesita.

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