Osvaldo Bayer
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Osvaldo Bayer: El Maestro. Esta nota, el periodista, docente y estudiante de Letras Sebastián Zárate, recuerda su primer encuentro con Osvaldo Bayer.

Osvaldo Bayer: El Maestro. Conozco a Osvaldo Bayer un sábado de diciembre de 2012. Yo tengo 32 años, él 85. Estudiamos juntos dos novelas de Heinrich Mann, El súbdito y El ángel azul (o El profesor basura), para un final de Literatura Alemana que tengo que rendir en mi carrera de Letras.

(por Sebastián Zárate).- Lo primero que veo cuando ingreso a El Tugurio son fotos de Marlene Dietrich, la actriz favorita de Osvaldo, protagonista principal en la película El ángel azul que justamente está basada en la novela que Osvaldo y yo nos sentamos a estudiar. «Marlene sigue cantándome todas las noches, cuando cierro los ojos y empiezo a soñar», me dice aquella tarde Osvaldo.

Osvaldo Bayer: El Maestro

El martes 19 de septiembre de 2017 es la segunda vez que visito a Bayer en El Tugurio. Yo tengo 37 años, Osvaldo 90. El encuentro comienza a las 17:00 y finaliza a las 18:50. Le entrego en sus manos las diez páginas de la conversación imaginaria con Fidel Castro que escribí la madrugada del domingo 17 septiembre, dos días antes de este segundo encuentro.

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Bayer lee en voz alta mi trabajo. Algunas oraciones, con énfasis. Hablar con Bayer es recuperar a Rodolfo Walsh y David Viñas. Por eso en la charla los recuerda como también recuerda a Osvaldo Soriano.

Los cuatro y León Rozitchner se sentaban a dialogar largas horas en la mesa que está en la sala donde nosotros conversamos y donde Bayer apoya mi texto después que termina de leerlo.

Bayer me cuenta cómo fue el encuentro de alto nivel intelectual -así lo define Raúl Fernández, el militante que lo cuida y acompaña- que mantuvo con Cristina Fernández de Kirchner el 15 de septiembre de 2017 en el mismo lugar donde él y yo nos encontramos este inolvidable 19 de septiembre.

Le pido una reflexión a Osvaldo sobre la desaparición de Santiago Maldonado. Es un crimen -él utiliza esa palabra- que se está encubriendo. (El 17 de octubre Santiago Maldonado aparecerá sin vida).

Yo: ¿Sirven para algo los gobiernos?

Bayer: Para los ricos y los poderosos.

Claudia nos sirve café y Raúl comparte sandwiches de miga. Raúl se sienta y escucha atento cómo Bayer lee las palabras que escribí. Cuando Bayer termina, Raúl abre el diálogo.

Playa Girón, Prensa Latina y Walsh. Menciona a Maiakovski, Tolstoi y Dostoievski, autores que leí y estudié en Literaturas Eslavas.

Osvaldo Bayer: El Maestro

Si hablamos de Maiakovski, Dostoievski y Tolstoi hablamos de la Revolución Rusa. Y en ese contexto nos situamos. Primero en la Rusia del siglo XIX y los campesinos. Después, en la Rusia del siglo XX y los obreros. Todo sucedió muy rápido en Rusia. Bayer reflexiona sobre la Primera Guerra Mundial. En un momento, suena el teléfono en El Tugurio. Atiende Raúl.

Seguimos. Nuestras voces y el silencio. No veo un televisor en algún lado. Raúl menciona a Fanon y yo Los condenados de la tierra. Pasamos a historia argentina. Unitarios y Federales. Pasado y presente. El Estado.

Yo: ¿Para qué sirve el Estado? ¿Para qué sirven las instituciones?

Bayer: Para reprimir y someternos.

Santiago Maldonado. Jorge Julio López. Pienso en Bayer y en Walsh. En Viñas. En Sartre y el escritor comprometido. Bayer es un intelectual que reflexiona. No todos los intelectuales reflexionan en Argentina. Esto hay que decirlo. Bayer sí. El día después de nuestro encuentro, Bayer irá a la Universidad de Avellaneda, donde abrieron la Cátedra de Historia y Derechos Humanos que lleva su nombre.

Antes de despedirme, Bayer me pide más copias para distribuir la conversación imaginaria con Fidel que yo escribí, él leyó y permanecerá por siempre en El Tugurio. Llámeme por teléfono, me pide después que me despido de él con un beso. Raúl y yo caminamos por el pasillo hasta la puerta. Cruzamos Arcos y Monroe.

Raúl se queda en la esquina. Yo continúo por Monroe hacia Cabildo. Mientras camino por Monroe, pienso «cuánto ruido hay en las calles de la ciudad».

La última vez que visito a Bayer en El Tugurio es el 2 de marzo de 2018. Yo tengo 38 años, Osvaldo 91. Llego a su casa a las 17.30 junto a mi compañera de trabajo, la docente Daniela Bergel.

Raúl nos abre la puerta. «Fumá tranquila, no hay problema», le dice Raúl a Daniela, que tira el cigarro para que se apague de a poco sobre la vereda. Entramos. «¿Dónde estacionaste?», le preguntan Osvaldo y Raúl a Daniela, que saluda a Bayer con un beso y se sienta a su derecha en un sillón. Yo hago lo mismo en una silla a la izquierda del Maestro.

Yo: «Soriano le puso El Tugurio, ¿no Osvaldo?».

Bayer: «Sí, él decía que esta casa es un verdadero Tugurio».

Daniela se despide. Nos quedamos Raúl, Osvaldo y yo. En la mesa que está en la sala donde conversamos, se sentaban largas horas Bayer, Soriano, León Rozitchner, Tito Cossa y David Viñas.

«Soriano fue mi mejor amigo, escribíamos sentados uno al lado del otro en Clarín», recuerda Osvaldo. En esa redacción también estaban Paco Urondo y Haroldo Conti.

Le cuento a Bayer mi proyecto de investigación. «Hace falta un trabajo así, es necesario contar la historia», me alienta. La charla deriva en la Resistencia Peronista, el peronismo, el peronismo revolucionario, la izquierda, el yrigoyenismo, el kirchnerismo, el anarquismo.

Raúl Fernández es preciso. Habla con datos. Fechas. Nombres y apellidos. Bayer tiene 91 años y recuerda que estuvo con el Che Guevara en La Habana en 1960.

«Me invitaron al cumplirse un año de la Revolución», me explica y le pide a Raúl que sirva un vermouth (esa es la palabra que utiliza).

Bebemos. Le cuento a Bayer que este año voy a participar en un seminario sobre Viñas que el Doctor en Letras, Leonardo Candiano, va dar en la Facultad de Filosofía y Letras. Entonces busco el programa y le leo toda la bibliografía de Viñas que vamos a estudiar. Le digo: «También Los vengadores de la Patagonia Trágica».

Bayer: «¿Usted leyó algún libro mío?».

Yo: Rainer y Minou (Bayer me corrige la pronunciación), Los vengadores de la Patagonia Trágica y Los anarquistas expropiadores.

Bayer se pone de pie para ir al baño. Cuando regresa, antes que se siente, le digo «la ética siempre va a triunfar, Osvaldo».

Bayer, que apoya su mano derecha sobre la mesa que guarda interesantes debates, pronuncia la frase exacta: «La ética, finalmente va a triunfar».

Manteniéndose en pie frente a mí, y mirándome a los ojos, agrega: «Duele mucho ver tanta pobreza. Somos una porquería. ¡Tener a Macri de Presidente después de tantas experiencias!».

Osvaldo Bayer: El Maestro

Luego de 90 minutos de conversación, continuamos con Arlt, Borges, Viñas, Sarmiento, Cortázar.

De memoria, le recuerdo a Bayer el comienzo del capítulo «Los trabajos y los días» de El juguete rabioso. Entonces me acerco a él y le grafico la escena: «Silvio Astier está en su casa con su madre y en un momento ella le dice: ‘Silvio, es necesario que trabajes’. Y el jovencito Astier: ‘Yo que leía un libro junto a la mesa, levanté los ojos mirándola con rencor. Pensé: trabajar, siempre trabajar. Pero no contesté'».

Bayer sonríe y yo siento que se me va a piantar un lagrimón.

«Arlt fue un grande», define Bayer a mi escritor preferido. Le hablo del Aguafuerte «El placer de vagabundear» en el que Arlt pone en cuestión el saber de los libros y el aprendizaje callejero.

«El conocimiento está en la calle», sostiene Bayer y cuenta una anécdota en la casa de Cortázar en París durante el exilio. En ese recuerdo también están Günter Grass y Soriano. Raúl me cuenta que Bayer lee a veces en voz alta a Goethe y Schiller en alemán y español.

Le hablo de Werther y Raúl dice «es el libro preferido de Osvaldo». Nos situamos en Alemania y dialogamos sobre Hitler y el nazismo. Detrás mío hay una foto de Bayer en el Monumento a los Judíos de Europa. Le recuerdo a Raúl aquel sábado de diciembre de 2012 cuando visité por primera vez a Osvaldo para conversar sobre Heinrich Mann.

Llega la noche y Raúl enciende las luces. Volvemos al anarquismo y el libro de Bayer Severino Di Giovanni, el idealista de la violencia. Le digo a Osvaldo que voy a volver para que me lo firme. Me levanto de la silla, cuelgo mi mochila en mi espalda. «Me voy, Osvaldo». «Hasta luego, jovencito. Llámeme y regrese cuando quiera». Le doy un beso y Raúl me acompaña hasta la puerta por la que tres horas antes ingresé con Daniela.

Conversamos con Raúl en la vereda, sobre Arcos. Nos despedimos con un beso y un abrazo. A las 20:13 bajo a la calle y espero que el semáforo me habilite cruzar. Camino por Monroe. En Cuba y Monroe, cuatro jóvenes de una edad cercana a la mía toman fernet en botellas de plástico cortadas sentados sobre la vereda de un local cerrado. En Cabildo y Monroe me detengo en una fila larga a esperar el 114. Veo el Metrobus y pienso cómo el sistema capitalista en el siglo XXI direccionó la circulación peatonal y vehicular. Recuerdo a Arlt, a quien considero anarquista como Bayer, y quiero volver al silencio de El Tugurio.

El lunes 17 de diciembre de 2018 hablo con Raúl para agendar un cuarto encuentro con Bayer. La visita está prevista para el sábado 22 y me acompañará mi compañero de trabajo, el docente Javier Velárdez. Raúl me pide que vuelva a llamarlo para confirmar el encuentro, que finalmente no se concretará. El lunes 24 al mediodía, mientras almuerzo, me llega la noticia de su fallecimiento.

Hasta siempre, Osvaldo. ¡Viva la anarquía! ¡Venceremos y seremos libres!

Sebastián Zárate es periodista, docente y estudiante de Letras en la Universidad de Buenos Aires. 

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