El bendito peronismo de Morón y el jardín de senderos que se bifurcan

Los cuatro peronismos de Morón giran alrededor de la revolución eterna. Volver al poder que perdieron en 1999 en manos de la Alianza.

(por Andrés Llinares).- El lapso histórico es difícil de analizar a partir de la división del Municipio de Morón el 28 de diciembre de 1994. Hasta en entonces, Morón era un “municipio peronista”. Con la división, Morón pasó a integrar el grupo de los tres municipios mejor rankeados en el conurbano. Es el tercero entre los 34 distritos que conforman el primer y segundo anillo si se toma el Indice de Necesidades Básicas Insatisfechas. Primero está el San Isidro de Gustavo Posse y segundo el Vicente López de Jorge Macri.

Los cuatros espacios peronistas que hoy atraviesan Morón están conformados por referentes de extracción disparar y se organizan de manera muy distinta.

1) El de de Santiago Muníz en sociedad con Hernán Solito, en tensión con Jorge D´Andrea.

Vamos de la universidad y la construcción incesante, al sindicalismo de confrontación intermitente; de la contemporaneidad a la generación pasada; de la propuesta y el enlace con otros distritos, a un armado sindical que nunca cierra porque la UOM de Sergio Souto no se mete y cuando lo hace prefiere establecer vínculos con el ex intendente Lucas Ghi de Nuevo Encuentro; porque los gastronómicos de Domingo Bruno participan del Frente Renovador; porque los mercantiles de Hugo Pintos también están en el massismo.

El pibe Muñíz es el actual Presidente del PJ MorónJorge D´Andrea el vicepresidente y deberán intercambiar lugares este mes tal como se comprometió el Presidente del  PJ Bonaerense, Gustavo Menéndez (intendente de Merlo), con Fernando Grey (intendente de Esteban Echeverría), su vicepresidente.

2) El Frente Renovador de Martín Marinucci con fisuras y arañazos internos sigue adelante aunque se debilitó. En un principio, que tenemos que establecer en 2013, intentó una construcción de identidad peronista como respuesta al cristinismo más cerrados y sectario, el camporismo, hasta que en 2017 sumó al GEN de Margarita Stolbizer o Sandra Yametti en su versión local, y no le dio los resultados electorales esperados.

Y sumó otra subdivisión. La apertura de la banca de Domingo Bruno que no dejó el massismo pero promovió su autonomía al fundar el bloque Frente Renovador Tercera Posición, el nombre de la agrupación que lidera Graciela Camaño en la Provincia de Buenos Aires.

3) El peronismo de Unidad Ciudadana que se encuentra dentro de la estructura de Nuevo Encuentro, el partido de Martín Sabbatella que en Morón, en términos institucionales lo representa su hermano, Hernán Sabbatella, y en términos de armado político Diego Spina. Esta versión peronista tiene dos referentes: los concejales Paula Majdanski (camporista) y peronista paladar negro Claudio Román.

4) Una sector del peronismo conservador, ortodoxo y que históricamente rechazó a Nuevo Encuentro esta dentro del Cambiemos de Ramiro Tagliaferro que no es del Gustavo Posse (San Isidro) y menos el de Jorge Nedela (Berisso). El cambiemos de Tagliaferro es conurbanero y centónico (de centón) pero con una sola cabeza que conduce, lidera y persuade. Cuando no, ordena, manda y ejecuta.

Este rizoma peronista se extiende desde el oficialismo hasta la oposición. Por la carencia de una narración coherente de su historia, no encuentra un liderazgo fuerte y concreto, amplio y basada en principios de realidad.

El peronismo hoy no puede construir sentido común.

Porque el principal problema del peronismo local es narrativo, literario. La historia no puede leerse por ciclos espaciales sino temporales. Nadie pueden saltearse hojas y luego conectar la historia. Hay un principio, esta claro. Pero jamás un final. Y ese principio que nunca termina, es temporal. No espacial. No se trata de la penetración en territorios sino del manejo de conceptos. Es puro juego del lenguaje.

En términos temporales, la línea histórica arranca con César Albistur Villegas, sigue con Pedro de Martín, la heredan Ubaldo Merino y Coco Dvyhailo, le sigue Horacio Román, continúa con Juan Carlos Rousselot, se convierte en un monstruo de dos cabezas (Román/Rousselot) y termina con Juan(chi) Zabaleta en 2003 cuando el intento más potente del peronismo local de ganar el municipio.

A partir de ahí comenzó a florecer el jardín de senderos que se bifurcan.

Las acusaciones cruzadas de egos, personalismo y traiciones son infantilismos de militantes de centros de estudiantes. Frases muy duras que ocultan intereses reales, concretos. Intereses materiales. La verdad se encuentra en la acción y la acción es en el campo de batalla.

Cualquiera que rehuya del campo de batalla es porque sabe que no tiene fuerzas y si las tiene, no ejerce el carácter de conducir. No tiene voluntad de poder.

Ahí es donde el peronismo encuentra sus líderes, en el campo de batalla. O sea que para conducir al peronismo hay que meterse en la batalla, encabezarla, ganar o perder es una circunstancia, pero siempre regresar vivo.

El líder peronista tiene que ver con el héroe de la tragedia griega y no con el paramilitar psiquiatrizable de las películas norteamericanas.

Cualquier intento asociativo no es la conducción. Para la conducción, la herramienta es la acumulación de fuerzas, la construcción de una potencia, de un tanque político para dejar en claro quién manda.

Si hoy el peronismo de Morón es un laberinto infinitamente complejo es porque se trata de una novela interminable, extraordinaria e incomprensible para el lector de párrafos minimalista. De instagramers que quiere imágenes paganas.

La lectura entonces es mala. No se trata de una construcción a lo largo de los territorios, de fotos frente a nuestros ojos. Esta es la lectura espacial. Se trata de reencontrar la tradición a través del tiempo que hicieron particular al peronismo de Morón muy distinto al de La Matanza de Verónica Magario o al de Moreno de Walter Festa. Y esta es la lectura temporal.

Si César Albistur Villegas emergió de la Juventud Radical para fundar el peronismo y pelear a los gremios para llegar a intendente; si Pedro de Martín fue el hombre que se tuvo que comer la Resistencia y la Proscripción para terminar dentro del listado de los desaparecidos argentinos; si Ubaldo Merino y Coco Dvyhailo llegaron a la intendencia en 1973 y los envejeció la terrible dictadura videlista; si de la dictadura videlina (por Videla) surgió el sindicalista Horacio Román que nunca pudo realizar su sueño imposible (llegar jefe comunal) y si fue Juan Zabaleta el que lo enfrentó y le ganó para luego perder ante Nuevo Morón, la salida del inmenso laberinto esta frente a los ojos enrojecidos del peronismo que sólo por ser portador de apellido supone que tiene que ganar.

Volver a Villegas es volver al peronismo que admite Morón. Aquel peronismo potente, fuerte, instruido (sí, instruido y no iluminado), con capacidad de gestión que peleó contra la injusticia conservadora, el fraude, los negociados liberales y las fiestas nocturnas.

Fue aquel peronismo que lideró una alianza directa con los sectores populares y las clases medias aterrorizadas de la violencia de Manuel Fresco y Rafael Amato que se instaló en el Gobierno Municipal en 1948 para meter recién entonces a Morón en el siglo XX.

Dentro del cuento de Jorge Luis Borges, El jardín de senderos que se bifurcan, hay un poema exquisito en donde la historia sucede en el ahora, en el presente, y lo que ocurre, lo atraviesa a uno:

En la ventana estaban los tejados de siempre

y el sol nublado de las seis.

Me pareció increíble que ese día

sin premoniciones ni símbolos

fuera el de mi muerte implacable.

A pesar de mi padre muerto,

a pesar de haber sido un niño

en un simétrico jardín de Hai Feng,

¿yo, ahora, iba a morir?

Después reflexioné que todas las cosas

que suceden a uno suceden

precisamente, precisamente ahora.

Siglos de siglos y solo en el presente

ocurren los hechos;

innumerables hombres en el aire,

en la tierra y el mar,

y todo lo que realmente pasa me pasa a mí.

Anticipos Diario