El viernes 29 de mayo, el Centro Cultural Leopoldo Marechal de Villa Tesei se transformó en el escenario de una noche cargada de emotividad con la proyección del nuevo documental de la banda. La función, que se realizó con entrada libre y gratuita, tuvo un fin solidario, logrando recaudar una gran cantidad de alimentos no perecederos.
Este trabajo audiovisual ofrece una mirada íntima a la química, la amistad y el proceso creativo de Ricardo Mollo, Diego Arnedo y Catriel Ciavarella durante la grabación de su álbum en el estudio «La Calandria». Lejos de los tecnicismos de una grabación estándar, la producción se sumerge en las herramientas emocionales del trío, enriquecida con las entrevistas del filósofo Darío Sztajnszrajber y el productor Ale Vazquez.
El film cala hondo en la sensibilidad de los músicos, mostrando un costado humano pocas veces visto. El viaje a los orígenes es inevitable: el documental rescata los inicios de la banda en la zona oeste, uniendo Hurlingham con El Palomar a través de imágenes nostálgicas del icónico Teatro Helios, de la estación de tren de El Palomar y los recuerdos de Fortunata, postales vivas de su propia historia.
Tras la emotiva función, Diario Anticipos dialogó en exclusiva con Leopoldo Montero Ciancio, director del documental y el hombre que, tras 15 años de trabajar codo a codo con la banda, logró volverse «invisible» para registrar la esencia más pura de Divididos.
Diario Anticipos: ¿Desde hace cuánto trabajas con la banda?
Leopoldo Montero Ciancio: Yo trabajo con ellos hace unos 15 años. Empecé coordinando algunas cositas de comunicación cuando estaba por salir Amapola del 66 y, en el lanzamiento de ese disco, mi primer show fue acompañándolos en Tilcara. Ahí estaba coordinando el viaje de algunos periodistas que iban desde Buenos Aires. Después, con el pasar de los primeros años, no existían las redes sociales todavía; había por ahí algún Facebook que iba arrancando. Divididos llegó tarde a las redes, pero en función de la confianza que íbamos teniendo, abrimos un canal de YouTube y después lo mismo se subía a Instagram. Ahí fui encontrando mi lugar para salir de gira con ellos.
D.A. ¿Y cómo fuiste encontrando la voz de ellos en las redes? ¿Qué mostrar y cómo mostrarlo?
Primero, todo se basó en pos de la confianza, ¿no? De que ellos confiaron en un modo de mostrarse. Al principio era por ahí con poca participación de ellos directa hacia la cámara, era una comunicación más de mostrar lo que sucedía. Por suerte, fue generando como un entusiasmo en ellos de hacer más cosas. A partir de ahí, estando en todos los shows de todos los años y todas las giras, me fui transformando en una persona medio invisible.
Montero Ciancio sonríe al recordar esa mística de trabajo que se generó en la intimidad del grupo: «Claro, no se daban cuenta si yo estaba o no, si mi cámara estaba prendida o no, y si los estaba grabando o no. Entonces, en eso, y en saber que las cosas que después se subían eran cosas cuidadas, se armó una dinámica muy copada en la cual el grupo inventó su propia manera de comunicarse en redes y en lo audiovisual».

El nacimiento del documental y el desafío de «ir en contra del scroll»
D.A. ¿Cómo surgió la idea de hacer este documental?
Ellos grabaron el disco en varias etapas que fueron como de unos seis años. Al ser yo la persona que registra las cosas en la sala habitualmente, ya tenía material de los temas que ya se habían grabado cuando decidieron que formaran parte de un disco. Cuando toman la decisión de grabar esos cinco o seis temas que faltaban, fue: «Bueno, ¿qué hacemos con todo lo que tenemos? ¿Hacia dónde llevamos esto?». Ahí fue decir: «Bueno, el disco va a salir, veamos si sale algún documental». Pero al principio era más que nada grabar todas estas cosas y después veíamos; por ahí terminaban en contenidos de prensa, de redes o en una película. Se fueron ocurriendo ideas, una dirección específica de qué modo decorar esa situación. Ahí surgió la idea, cuando ellos aceleraron el final para grabar el disco.
D.A ¿Cómo fue la recepción de ellos cuando les dijiste que iba a ser un documental?
La decisión de que sea un documental fue conjunta de todos y fue bastante natural. Me acuerdo mucho el día que le llevé el primer corte del documental, que para mí tenía muchos riesgos porque había muchos silencios, mucha calma y poco «entre comillas» rock and roll. Para mí tiene un montón, pero no estaba por ahí tan ‘guitarrero’. Siempre digo que son infinitos los modos de contar lo mismo: podés contarlo con una foto o con un video al palo con mucha información. Había muchos nervios en esa presentación. Abrí el paraguas avisando que iba a haber silencio, que iba a haber construcción; les dije: «Sepan que es la mirada que se me ocurrió a mí, pero pueden tener otra».
Sin embargo, la respuesta de Mollo, Arnedo y Ciavarella superó las expectativas del director. «Por suerte, la respuesta de ellos fue no solo decir que estaba bueno, sino decir que se potencian esos silencios, que se potencian esos momentos de contemplación. Fue ir en contra del vértigo actual, del escroleo constante, de esas cosas que si no están en los primeros 30 segundos no sirven. Logramos hacer que la gente se siente a contemplar algo, a esperar y a llenarse de cosas lindas un rato».
Un circuito alternativo y solidario
D.A: ¿Fue una decisión conjunta la difusión en este tipo de espacios, como el de hoy en la municipalidad?
Sí, fue súper consensuado. Estamos llevando la película a todos los espacios que creemos que merecen difusión, que queremos. Algunos de ellos están como… no sé si silenciados, pero no se difunden del todo. La estamos mostrando en espacios de inclusión, en centros comunitarios, en espacios que abren la puerta de los barrios; lugares donde la gente pueda venir a disfrutar en familia y siempre de modo gratuito, e intentando también que sea de modo solidario, como fue esta noche que se juntaron muchos alimentos.
Por último, ¿qué va a pasar con todo el material que quedó afuera? ¿Tenés pensado para dónde va a ir?
(Risas) ¡Me lo voy a quedar yo! No, a ver… algunas cosas sí, lo que pasa es que son cosas que hay que juntarlas, ordenarlas y llevarlas hacia un lado. Son cosas demasiado valiosas que tenemos que ver hacia dónde van. Está siempre la idea de subir estas charlas así como fueron y que queden en algún lugar, pero por ahora nos parece que la peli tiene mucho camino que recorrer y que está bueno cómo está ordenado el material.
El documental de Divididos continúa su viaje itinerante, demostrando que la identidad de una de las bandas más grandes del rock nacional no solo se compone de grandes estadios, sino también de la memoria obrera de su querido oeste.





