La histórica láctea Verónica atraviesa una crisis extrema: sin leche para procesar desde febrero, con las plantas casi paralizadas y salarios en conflicto, la empresa redujo la jornada laboral de sus trabajadores a la mitad mientras negocia contrarreloj la posible venta de la compañía.
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La decisión fue comunicada formalmente a los más de 450 empleados a través de una carta interna en la que la empresa reconoce que enfrenta una “ruptura de la cadena de abastecimiento” y niveles de producción mínimos que impiden sostener el ritmo habitual de actividad. En ese contexto, la compañía dispuso reducir la jornada de ocho a cuatro horas diarias y ajustar los salarios de acuerdo con ese nuevo esquema.
Según indicaron desde la empresa en la comunicación enviada al personal, la medida responde a la necesidad de reorganizar la operatoria mientras se intenta recomponer el suministro de leche cruda y evitar, al menos por ahora, una ola de despidos masivos. La reducción horaria se aplicará hasta abril inclusive, con la expectativa —expresada por la propia firma— de recuperar niveles razonables de producción y empleo.
Sin embargo, en el sector lácteo predomina el escepticismo. Fuentes vinculadas a la actividad aseguran que la empresa enfrenta una crisis estructural que viene profundizándose desde hace más de un año y que hoy se manifiesta en la interrupción total de la actividad industrial.

Salarios adeudados y conflicto gremial
La delicada situación laboral encendió alarmas en el gremio de los trabajadores lácteos. La Asociación de Trabajadores de la Industria Lechera de la República Argentina (Atilra) presentó una denuncia penal contra la empresa al considerar que la paralización de la actividad podría constituir un lockout patronal.
El sindicato también alertó que la empresa mantiene deudas salariales con su personal. Según señalaron, los trabajadores todavía no cobraron los sueldos correspondientes a enero y febrero de 2026, además de la segunda cuota del aguinaldo que debía abonarse en diciembre del año pasado.
La falta de pago y la incertidumbre sobre la continuidad de las plantas generaron un clima de fuerte preocupación en las localidades donde la compañía tiene presencia, ya que la firma representa una de las principales fuentes de empleo industrial en varias regiones lecheras.
La caída de Verónica en números
Radiografía de la crisis
| Dato clave | Situación |
|---|---|
| Trabajadores | Más de 450 empleados |
| Jornada laboral | Reducción de 8 a 4 horas diarias |
| Producción en su pico (2020) | Más de 1 millón de litros por día |
| Producción en 2025 | Cerca de 300.000 litros diarios |
| Producción actual | Plantas prácticamente paralizadas |
| Deuda con tamberos | Alrededor de USD 50 millones |
| Cheques rechazados | 3.834 documentos sin fondos |
| Deuda documentada | Más de $13.400 millones |
| Valor estimado de la empresa | Entre USD 60 y 70 millones |
| Pretensión de los dueños | Cerca de USD 100 millones |
| Exportaciones 2020-2025 | Más de USD 102 millones |
| Principal destino | Argelia |
Un posible comprador bajo la lupa
Mientras intenta sostener la actividad mínima, la empresa mantiene conversaciones para encontrar un inversor que se haga cargo de la compañía. De acuerdo con distintas fuentes del sector, en las últimas semanas se habrían intensificado las negociaciones con la firma Alimentos Fransro SRL.
Se trata de una empresa que en los últimos años tuvo participación en el suministro de alimentos al Estado a través del entonces Ministerio de Desarrollo Social, actualmente reconvertido en el Ministerio de Capital Humano. La compañía fue mencionada en investigaciones judiciales vinculadas a presuntas irregularidades en la contratación de proveedores para programas sociales.
Aunque por el momento no hay confirmaciones oficiales sobre una operación concreta, en el mercado consideran que la búsqueda de un comprador se volvió una prioridad para la familia propietaria de Verónica.
El proceso, en realidad, comenzó hace varios meses. Desde mediados de 2024 la compañía mantuvo conversaciones con algunos de los principales jugadores del sector lácteo argentino, entre ellos Adecoagro, Savencia y la firma cordobesa Punta del Agua. Esas negociaciones, que incluían la posible venta de activos industriales o incluso de la empresa completa, no prosperaron.
Según estimaciones que circulan en el mercado, el valor de la compañía podría ubicarse entre los 60 y los 70 millones de dólares. Sin embargo, los dueños de la empresa habrían pretendido un monto cercano a los 100 millones, una diferencia que terminó frustrando las conversaciones.

El origen del deterioro
La crisis de Verónica comenzó a hacerse visible en abril de 2025, cuando la empresa empezó a mostrar dificultades para cumplir con sus compromisos financieros. En aquel momento se registraron los primeros atrasos en el pago de salarios y también se acumularon deudas con productores tamberos que abastecían de leche a sus plantas.
Frente a ese escenario, la empresa intentó activar un Procedimiento Preventivo de Crisis (PPC) que le permitiera reestructurar su estructura laboral y desvincular a unos 200 empleados. La solicitud no prosperó y la situación financiera continuó deteriorándose.
Con el paso de los meses, el problema se extendió a toda la cadena de pagos. En el sector estiman que la deuda acumulada con productores lecheros podría rondar los 50 millones de dólares. Esa situación terminó provocando el corte del suministro de materia prima, lo que dejó a la compañía sin capacidad para sostener su nivel habitual de procesamiento.
La magnitud del deterioro queda reflejada en los volúmenes de producción. Hace apenas cinco años, en 2020, Verónica figuraba entre las tres principales empresas lácteas del país por volumen procesado, con una capacidad industrial que superaba el millón de litros diarios.
En medio de la crisis, hacia 2025 la producción se había reducido a unos 300.000 litros por día. Hoy, con las plantas prácticamente paralizadas, ese número cayó a cero.

Un intento fallido de sostener la actividad
En septiembre del año pasado, con la intervención del gobierno de la provincia de Santa Fe, se intentó implementar un esquema transitorio para evitar el cierre de las plantas.
Bajo ese acuerdo, Verónica comenzó a trabajar a fasón para otras empresas del sector, entre ellas Saputo y la marca Punta del Agua. La modalidad permitía utilizar las instalaciones industriales de la compañía para producir productos que luego eran comercializados por esas firmas.
El convenio permitió sostener parcialmente la actividad durante algunos meses y regularizar el pago de salarios atrasados, pero no logró resolver el problema de fondo: la acumulación de deudas con proveedores de leche, insumos industriales, servicios y logística.
Durante ese período, además, continuaron sumándose compromisos impagos con empresas de mantenimiento, transporte y otros servicios necesarios para el funcionamiento de las plantas.
Los registros del Banco Central reflejan la dimensión del deterioro financiero: la compañía acumula 3.834 cheques rechazados por falta de fondos, lo que representa una deuda superior a los 13.400 millones de pesos.
El acuerdo productivo tenía vigencia hasta el 8 de enero de este año. Una vez finalizado, la empresa volvió a enfrentar dificultades para financiar la compra de leche cruda y la actividad comenzó a frenarse de manera acelerada.
En pocas semanas, las calderas dejaron de funcionar, los camiones que transportaban al personal dejaron de circular y las líneas de producción se apagaron.

Un problema que excede a una empresa
La crisis de Verónica también refleja las tensiones que atraviesa el negocio lechero en la Argentina. Aunque el sector registró un fuerte crecimiento exportador durante el último año, la rentabilidad de la cadena sigue siendo uno de los principales problemas.
En 2025 las exportaciones de productos lácteos alcanzaron 425.042 toneladas por un valor de 1.690 millones de dólares, el nivel más alto en más de una década. El volumen exportado creció 11% interanual y el valor de las ventas externas se incrementó un 20%.
La producción también mostró una recuperación. Según datos del Observatorio de la Cadena Láctea Argentina (OCLA), el año pasado se produjeron 11.617 millones de litros de leche cruda, casi un 10% más que en 2024 y el mayor registro de los últimos cinco años.
Sin embargo, el incremento de los volúmenes no se tradujo en mejores márgenes para los productores. El precio promedio pagado al tambero fue de 476,60 pesos por litro, mientras que el costo de producción se ubicó en torno a 491,66 pesos.
De acuerdo con los cálculos del propio sector, el valor necesario para cubrir costos y obtener rentabilidad debería ubicarse cerca de 558 pesos por litro, un nivel que hoy el mercado interno no está dispuesto a pagar.
Para empresas con altos niveles de endeudamiento, como Verónica, esa ecuación terminó volviéndose insostenible.
Durante años, la compañía encontró en la exportación una vía para sostener su negocio. Entre enero de 2020 y abril de 2025 concretó ventas externas por más de 102 millones de dólares, con Argelia como uno de los principales destinos de su leche en polvo.
Pero en los primeros meses de 2025 ese flujo comenzó a reducirse de manera significativa. En el primer cuatrimestre del año pasado, las exportaciones sumaron apenas 3,8 millones de dólares, muy por debajo del mismo período del año anterior.
Hoy, con la producción detenida y las negociaciones abiertas para una eventual venta, el futuro de la histórica empresa láctea aparece rodeado de incertidumbre. La pregunta que atraviesa al sector es si todavía queda margen para rescatar a una compañía que supo ser uno de los grandes nombres de la industria láctea argentina.





