La salud visual de miles de usuarios ha quedado en el centro de la escena luego de que la ANMAT prohibió lentes de contacto y soluciones multipropósito tras detectar gravísimas irregularidades.
A través de una disposición publicada en el Boletín Oficial, la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT) prohibió el uso, la comercialización y la distribución de todos los productos identificados con la marca NOVMAS. Esta medida drástica se tomó tras una inspección donde se incautaron cerca de 10.000 blisters que carecían de datos de importación, registros sanitarios, números de lote y fechas de vencimiento, representando un peligro latente para cualquier consumidor.
El operativo, que comenzó como una investigación penal, puso al descubierto la comercialización de lentes de contacto (incluyendo versiones estéticas de «Halloween») y líquidos de limpieza que no pasaron por ningún control de seguridad y eficacia. La ANMAT prohibió lentes de esta procedencia debido a que es imposible garantizar que hayan sido fabricados bajo normas de higiene adecuadas. En el ámbito de la salud ocular, un producto que está en contacto directo con la córnea y no está certificado puede convertirse en un vehículo de bacterias y daños permanentes.
¿Cuáles son los riesgos de utilizar lentes que no están aprobados?
El ojo es uno de los órganos más sensibles del cuerpo humano. Por lo que usar productos sin certificar aumenta los riesgos para el tejido ocular. Utilizar lentes de contacto o soluciones de limpieza que no poseen aprobación oficial puede desencadenar una serie de complicaciones que van mucho más allá de una simple irritación.
Entre los problemas más comunes que pueden traer estos productos no certificados se encuentran:
- Úlceras corneales: La falta de permeabilidad al oxígeno o materiales de baja calidad pueden generar lastimaduras en la córnea que se infectan rápidamente.
- Infecciones bacterianas y fúngicas: Al no estar garantizada la esterilidad del producto, microorganismos peligrosos pueden colonizar el ojo, provocando queratitis graves.
- Conjuntivitis química: Las soluciones de limpieza no aprobadas pueden contener sustancias tóxicas que queman la superficie ocular.
- Daños irreversibles: En casos extremos, una infección mal tratada derivada de un lente de baja calidad puede terminar en la pérdida parcial o total de la visión.
La importancia de los lentes de sol certificados y el riesgo de la «venta libre»
El peligro de los productos ópticos sin registro no se limita a los de contacto; el caso de los lentes de sol es igualmente crítico. Muchas personas adquieren anteojos en puestos callejeros o comercios no habilitados sin saber que están exponiendo sus ojos a un daño mayor que el de no usar nada. Es fundamental que los anteojos de sol cuenten con una certificación de filtros UV aprobada por autoridades sanitarias.
¿Por qué es tan peligroso un anteojo de sol no aprobado? El efecto es contraintuitivo: al ser oscuros, la pupila se dilata (se abre más) para dejar pasar la luz. Si el cristal no tiene un filtro UV real y certificado, los rayos ultravioletas del sol entran de forma masiva y directa a través de la pupila dilatada, impactando directamente en la retina y el cristalino. Esto acelera la aparición de cataratas, maculopatías y quemaduras solares en la retina. Por eso, la importancia de que sean certificados radica en asegurar que la oscuridad del lente venga acompañada de una protección física real contra la radiación.
Recomendaciones tras la medida de la ANMAT
Ante la noticia los especialistas en oftalmología insisten en que los consumidores deben verificar siempre el rotulado de los productos. Un artículo de tecnología médica legal debe exhibir el número de legajo del importador o fabricante y el número de registro del producto ante la ANMAT.
Adquirir insumos ópticos únicamente en ópticas habilitadas y bajo la supervisión de un profesional matriculado es la única forma de garantizar que lo que ponemos en nuestros ojos ha cumplido con los estándares de seguridad necesarios. Recordá que la visión es un sentido que no se recupera: no vale la pena arriesgarla por un ahorro momentáneo en productos de origen dudoso.





