¿Morón está mejor? *

Entre obras de infraestructura que transforman el paisaje urbano y reclamos históricos por seguridad que no cesan, la gestión local enfrenta su desafío más grande: convencer al vecino de que el cambio es real. Un recorrido por las cifras, las voces de la calle y los proyectos que buscan definir si Morón vive hoy una etapa de progreso o de estancamiento.

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¿Morón está mejor? Hace un año, el intendente Lucas Ghi decidió romper con su referente político y mentor Martín Sabbatella y comenzar una purga profunda para excluir del Municipio a funcionarios y trabajadores de Nuevo Encuentro. Las y los militantes sabbatellistas que aún integran la planta municipal son maltratados y continúan su acción política a escondidas, lejos de los ojos de la Privada, ante la amenaza de quedarse sin empleo. La purga violenta continúa con la intención de sembrar pánico entre las y los municipales y paralizar al sabbatellismo. El fracaso en esa estrategia enerva al alcalde y su Corte ínfima.

Mal que nos pese a las víctimas directas de esa persecución inédita en Morón, el enfrentamiento entre un dirigente político y quien impulsó su crecimiento no es nueva. La historia del país y del mundo está repleta de personajes que “se despiertan” y deciden “librarse de las ataduras” de quienes los alumbraron. La psicología o la sociología abundan sobre el tema de ese desprendimiento umbilical que tuvo, tiene y tendrá distintas dimensiones, formas de manifestarse y consecuencias.

Sobre estas últimas quisiera detenerme. Pero no haciendo foco en las derivas económicas, familiares o psicológicas que la purga luquista tiene sobre las y los perseguidos. Ese aspecto es de enorme gravedad y ocupa gran parte de las conversaciones, al mismo tiempo que alimenta la libido del intendente y su entorno. La cuestión que me interesa tampoco pasa por la fisurada psicopatía de estos últimos.

La inquietud que creo que importa más al conjunto de la sociedad de Morón es: ¿logró Ghi mediante este proceso de ruptura y purga mejorar la gestión que conduce? Dicho en otras palabras: sacarse de encima a quienes gobernaron Morón desde diciembre de 1999 (con el hiato del pésimo gobierno macrista entre el ‘15 y el ‘19), ¿le permitió al intendente “liberado” implementar políticas municipales más eficientes para satisfacer las necesidades y expectativas de la comunidad? ¿Morón está mejor?

La evidencia demuestra que no. Sobre todo, en la comparación entre la situación actual y la previa a 2015 cuando, aún gobernando Ghi, la impronta sabbatellista en el Gobierno era contundente. Entre 2019 y el momento más explícito de la ruptura, hay una etapa larga de transición defectuosa en la que las numerosas áreas encabezadas por referentes de Nuevo Encuentro vieron condicionada su capacidad de gestión por tres elementos: la herencia que dejó el macrista Ramiro Tagliaferro, la crisis generada por la pandemia y, en mayor medida, el encierro de Ghi en su despacho, que lo hizo disociar sus acciones de las del Gabinete y limitar hasta al fastidio a este último.

No estaría de más, antes de continuar, ensayar una rápida identificación de cada etapa municipal de este siglo: la primera, hasta 2009, podría llamarse Gobierno Sabbatellista. Es el período de mayor transformación de Morón, el que se posiciona al distrito como un ejemplo de gestión en el conurbano y en el país, con Martín Sabbatella como intendente de toda esa década. Hay mucho para contar y analizar, pero no es lo que nos ocupa hoy.

La segunda etapa podríamos llamarla el Gobierno de Nuevo Encuentro, en la que Ghi asume la intendencia y Sabbatella crece como figura nacional desde el Congreso. El tándem de dirigentes potencia al distrito, por la mayor llegada del exintendente al Gobierno nacional y Ghi apoyado en la capacidad de los equipos sabbatellistas comunales.

El tercer tramo es el deficiente y efímero Gobierno Macrista, con Ramiro Tagliaferro al frente de la gestión, quien no logra traducir la contemporaneidad con María Eugenia Vidal y Mauricio Macri para cambiar definitivamente el signo político del distrito, como hizo Diego Valenzuela en Tres de Febrero.

El cuarto período lo podríamos llamar Gobierno de Transición, en el que Ghi tensiona con su partido Nuevo Encuentro y lo margina paulatina y subrepticiamente de la gestión.

El quinto es el actual, el Gobierno Luquista, que desplaza al sabbatellismo del Palacio Municipal y reconstruye su marco político a partir de alianzas con exrousselotistas, macristas y gente del mundo empresario.

Infografía de las Etapas de Gobierno realizada por 5G Fox exclusiva para Diario Anticipos
Infografía de las Etapas de Gobierno realizada por 5G Fox exclusiva para Diario Anticipos

Volvamos a la comparación de la gestión con la signada por el sabbatellismo. En lo que hace al espacio público, la gestión actual es mucho peor que la previa a Tagliaferro. Incluso el macrismo había logrado un cierto cuidado del entorno urbano, al menos en las áreas centrales, que con mucho marketing podía hacer diluir en la memoria las extraordinarias intervenciones conseguidas durante los gobiernos sabbatellista y de Nuevo Encuentro. A partir de 2019 -crisis sanitaria, económica y social de la pandemia mediante-, se genera un retraso notorio del mantenimiento urbano, fruto de la carencia de recursos y la falta de articulación interna ejecutada por Ghi. En esta etapa, que llamé de Transición, no existieron reuniones del Gabinete y todas las decisiones se concentraron en los cinco despachos y los dos baños que tiene el área privada del primer piso.

Las deficiencias en el bacheo, el retraso en la renovación de luminarias, la falta de obras hidráulicas y las deficiencias en la limpieza y recolección hicieron que el espacio público de Morón sea, en promedio, peor que el de Tres de Febrero, Ituzaingó, Hurlingham, Merlo o La Matanza. Entrando por cualquier acceso (con la excepción de la anarquizada ruta 1001), cualquiera de esos distritos está hoy mejor que Morón, exactamente al revés de lo que ocurría durante los gobiernos de hegemonía sabbatellista.

La Seguridad es uno de los aspectos más propagandizados por el Gobierno Luquista. Sin dudas, el área conducida por el exdiputado de Unión PRO, el abogado de derecha Damián Cardoso, cuenta con un dispositivo publicitario mucho más exaltador que el que tenían los anteriores responsables de Seguridad Urbana. Algunos registros al estilo “Policías en Acción” dan cuenta de eso, con allanamientos en moradas en barrios pobres habitadas por presuntos criminales del narcomenudeo, razias contra familias en situación de calle o presentación de televisores que monitorean arrebatos que no derivan en la detención de los culpables, pero sí alimentan el rating de noticieros. En su afán propagandístico, Cardoso con el aval de Ghi difunde supuestas estadísticas de descenso del índice de delitos sin mostrar la fuente de esos datos y en franca contradicción con los registros oficiales que evidencian fluctuaciones en la criminalidad similares a lo que siempre ocurrió, y que mantiene a Morón en el mismo lugar del ranking delictivo que tuvo. Mal que le pese al secretario hollywoodense, la única constante en las variaciones de la inseguridad es la relación entre desigualdad social y delito; en general, cuando crece la primera, crece el segundo. En concreto, Morón no está mejor en materia de Seguridad y es un aspecto que todos los gobiernos, de cualquier signo, deben seguir trabajando, poniéndole más empeño a las políticas integrales que a las exhibiciones farandulescas, que le suman frivolidad a este drama social.

Las actuales políticas de inclusión social y atención de las emergencias sociosanitarias acercan más la foto de Ghi a la de su predecesor macrista. Desde su alejamiento de Nuevo Encuentro y la ruptura con Sabbatella, el intendente demuestra un desprecio por las víctimas del ajuste mileista y los habitantes de barrios pobres que lo posiciona cerca de Tagliaferro, pero a la derecha de éste.

El Barrio Carlos Gardel, símbolo urbanístico imponente del abordaje inclusivo de Sabbatella, suele ser visitado por Ghi solo en períodos preelectorales y en visitas relámpago como si la realidad de miles de familias que habitan ese o cualquiera de los barrios pobres de Morón fuera alérgica para el intendente y su entorno. Pero no es solo que a éstos los exciten más los VIPs de conciertos, la entrega de los Martín Fierro o las recorridas entre food trucks en barrios acomodados. El conjunto de las políticas públicas sociosanitarias, educativas, urbanísticas, alimentarias, de integración laboral o culturales destinadas a las poblaciones de la amplia base de la pirámide social fueron reducidas en el presupuesto municipal hasta el mínimo. El sabbatellismo se hartó de decirle al intendente que no bastaba con poner un Mercado Municipal en Haedo Norte, donde Alberto Samid vende un poco más barata la tapa de asado gracias a los descuentos de Cuenta DNI. El abandono de los abordajes integrales y la reducción de los equipos y recursos presupuestarios destinados a políticas sociales se traduce en un brutal desamparo de los sectores que están sufriendo la crisis generada por el gobierno de Milei.

Podríamos seguir mencionando áreas en las que se ve claramente que la gestión municipal, lejos de mejorar, empeoró luego de la decisión de Ghi de romper con el sabbatellismo. La promoción de actividades artísticas o de derechos humanos, la lucha por la igualdad de género y contra cualquier tipo de discriminación o violencia, el impulso concreto al desarrollo comercial e industrial y, sobre todo, la ausencia de un proyecto de Desarrollo Estratégico como el impulsado por Sabbatella en 2005, hacen que la actual etapa se parezca más a una aventura irresponsable de oportunistas incapaces que a un Gobierno como el deseado y elegido por las y los moronenses.

Sobre esto último, el entorno emocionalmente inestable del intendente suele repetir una falacia para justificarse y esquivar las evidencias: “La sociedad lo eligió a Ghi”. El pueblo de Morón votó al actual intendente, encabezando la boleta local del Frente para la Victoria (2011), Frente de Todos (2019) y Unión por la Patria (2023).

En rigor, nunca ganó solo o enfrentando al sabbatellismo, el cual puso en juego en esas oportunidades no solo todos sus recursos y su extensa militancia, sino la historia de las transformaciones extraordinarias que tuvieron lugar en Morón desde 1999. Fue eso lo que la sociedad plebiscitó y eligió cuando votó a Ghi; la continuidad y profundización de una forma de gobernar, una forma de abordar Morón y de construir futuro. La forma instaurada en el Municipio por Sabbatella, que contrasta fuertemente con este presente degradado y sin rumbo.

por Fernando Torrillate

Licenciado en Comunicación Social

Integrante de Nuevo Encuentro

Jefe de Prensa de Martín Sabbatella

Ex Secretario de Comunicación de Morón bajo los últimos años de la gestión de Lucas Ghi

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