Ituzaingó y 20 de Febrero, a qué remiten. Al surgimiento de un Nombre: De Santa Rosa a la Estación Ferroviaria.
En los albores de enero de 1873, el progreso llegaba a las tierras del oeste bonaerense bajo el silbato de la locomotora. Al proyectarse la inauguración de la nueva estación, la empresa Ferrocarril del Oeste tomó una decisión que alteraría la cartografía simbólica de la región: desestimando la denominación popular de «Santa Rosa», optó por bautizar al paraje como Ituzaingó.
Aquel bautismo supuso una ruptura con la tradición toponímica de la época, que solía rendir honores a los propietarios de las tierras o a los nombres vernáculos de los parajes. Al imponerse «Ituzaingó», no solo se desplazó el antiguo nombre, sino que se fundó una tradición: la de convertir al pueblo —luego ciudad y hoy municipio— en un santuario vivo de la memoria histórica. Cada rincón de su trazado urbano se configuró como un homenaje coherente a una de las gestas militares más gloriosas de las Provincias Unidas del Río de la Plata.
La Batalla de Ituzaingó: Geopolítica y Gloria en el Siglo XIX
Para comprender la magnitud del nombre, debemos remontarnos al conflicto que definió la geopolítica del Cono Sur en el siglo XIX. Entre 1825 y 1827, las tensiones territoriales entre las Provincias Unidas y el Imperio del Brasil eclosionaron en una guerra abierta tras la ocupación brasileña de la Banda Oriental.
Aquel drama histórico tuvo hitos memorables, como el desembarco de los Treinta y Tres Orientales al mando de Juan Antonio Lavalleja. La ruptura de relaciones diplomáticas y el ascenso de Bernardino Rivadavia como primer presidente de la República enmarcaron la formación de un ejército que, bajo la conducción estratégica del Brigadier General Carlos María de Alvear, marcharía hacia la inmortalidad.
Aquella Jornada del 20 de Febrero de 1827
El escenario del encuentro no fue suelo argentino, sino la región de Río Grande do Sul, exactamente en Paso del Rosario o Ituzaingó. Allí, un ejército republicano de unos 8.000 hombres se enfrentó a las tropas imperiales del Marqués de Barbacena.
El combate quedó marcado por el heroísmo y la tragedia. Alvear, advirtiendo un error táctico en las filas brasileñas, ordenó una carga de caballería que Lavalleja ejecutaría con ferocidad. Sin embargo, el momento más solemne de la jornada lo protagonizó el Coronel Federico Brandsen. Ante una orden que implicaba un riesgo extremo debido a un profundo zanjón, Brandsen respondió con honor: «Sé que voy a morir, pero cumpliré la orden». Su sacrificio se convirtió en el catalizador de una carga imparable que, tras seis horas de lucha encarnizada, selló uno de los éxitos militares más deslumbrantes de nuestra historia.
La Ciudad como Museo Abierto: Ituzaingó en el Recuerdo
Hoy, la memoria de este hecho de armas está preservada por una inteligente toponimia de calles que, merced a una ordenanza municipal de 1940, vincularon sus nombres de forma definitiva al citado suceso.
La plaza principal ostenta el nombre 20 de Febrero. Al recorrer las calles del actual Ituzaingó, el vecino se encuentra permanentemente con la gesta: desde los jefes caídos en combate, Brandsen y Besares, hasta figuras clave como Olavarría, Lavalle, Soler y el cirujano Dr. Francisco Javier Muñiz. Los nombres de los orientales como Lavalleja y Oribe, junto a hitos navales como Los Pozos o Juncal, conviven en un trazado donde el pasado no es un eco lejano, sino la gramática cotidiana de sus habitantes.





