La Plaza de Mayo se encontraba repleta ese miércoles. Los balcones de la Casa Rosada estaban colmados de funcionarios. Transcurrido un largo rato de ovación al primer mandatario, el general Juan Domingo Perón, se entonaron las estrofas del Himno Nacional y la marcha Los muchachos peronistas. Luego hubo un minuto de silencio por la fallecida Eva Perón. A continuación, habló el secretario general de la Confederación General del Trabajo (CGT), Eduardo Vuletich, y por último dio su discurso el presidente.
El acto fue convocado para animar al pueblo frente al desabastecimiento, el agio, la especulación y la inflación que carcomían el sustento argentino.

La vecina de Ituzaingó fue la señora Santa Festiggiata De D’amico: italiana de 84 años, inhumada en el cementerio de Flores el día 17, a las 11 horas (84-7-16-19). Despidieron sus restos José F. Santos, en nombre del Partido Peronista, y Floreal Oscar Díaz, en representación del Partido Peronista Femenino.

(por el prof. Héctor Daniel De Arriba).-
Para facilitar la concurrencia, se había declarado asueto administrativo. En cuanto a la difusión del acto, los discursos programados serían transmitidos por LRA, Radio del Estado, junto con la Red Argentina de Radiodifusión.
Con antelación al acto, convocado por la CGT, personas civiles de un grupo antiperonista habían colocado bombas en dos sitios, las cuales estallaron en la Confitería Conte, que estaba cerrada por refacciones, y en el primer piso del Gran Hotel Mayo (ubicado en H. Yrigoyen 420 esquina Defensa, hoy Banco Santander) y en el interior de la estación Plaza de Mayo del Subte Línea A, en un vagón de ese transporte. La primera bomba estalló a las 17.45 horas y cinco minutos después la segunda.

El acto prosiguió en un clima tenso, mientras los servicios de emergencia y ambulancias de la Fundación Eva Perón, de la Asistencia Pública, de la Cruz Roja y de distintos policlínicos socorrían a los heridos y rescataban los cadáveres.
La bomba del Conte, dentro del Hotel, sólo originó pánico y muchos heridos. La bomba del subterráneo, más poderosa, mató a 6 personas.

Definitivamente por efecto del segundo estallido fallecieron en el acto cinco personas, identificadas como Santa Festeggiatta, viuda de D’Amico, Mario Pérez, León David Roumieux, Osvaldo Mouché y Salvador Manes. El 02 de mayo murió, como consecuencia de las graves heridas, José Ignacio Couto.
Los heridos pasaron por los siguientes establecimientos Consultorio Central de la Asistencia Pública, Hospital Ramos Mejía, Hospital Rawson, Hospital Argerich (se los llamaba Policlínicos en esa época) y Hospital Policial Bartolomé Churruca.
Todos fueron inhumados en los cementerios de Chacarita, Flores y Avellaneda, y Juan Domingo Perón envió flores a sus respectivos velorios. A su vez, dispuso que visitadoras sociales se interiorizaran sobre las necesidades familiares de los deudos y parientes de las víctimas, ya sean heridos o muertos. Las Fuerzas Armadas también enviaron ofrendas florales.

El edecán del presidente, teniente coronel José García Althabe, asistió a cada uno de los velatorios llevando el pésame de Perón: en Díaz Vélez 3565, a los familiares de León David; en Lobería 161, a los Santa; en Echeandía 4527, a los de Salvador; en José León Suárez 5732, al de Mario y en Julio A. Costa 3939, Lanús Oeste (municipio llamado en esa época 4 de Junio) a los de Osvaldo.
Tenía 40 años de residencia en el país. Estaba jubilada como obrera textil. Vivía en Lobería 161, junto con su hija Josefa de De Felice y su nieta Belisa Nicolina.
Este aporte histórico está dentro del libro Los muertos de Plaza de Mayo: 1945, 1953 y 1955, Editorial Dunken, 2022, 368 págs., cuyo autor es el Profesor en historia Héctor Daniel De Arriba le dedicó cinco años a la investigación sobre la base de diarios, revistas, obituarios, libros de inhumaciones y testimonios de varios familiares de los fallecidos.

El libro posee como objetivo, rescatar para el futuro la vida trunca de las víctimas inocentes de las tres fechas y recordarlas más allá de sus nombres y apellidos. Es una obra no partidista, que trae al presente argentino las muertes de una década del siglo XX.
Al finalizar el acto fueron tomadas e incendiadas la Casa del Pueblo, la Casa Radical, la sede del Partido Demócrata y el edificio del Jockey Club.

Luego de investigaciones, fueron acusados y detenidos Roque Carranza por ser lider y jefe de comando paramiliatr. Y le siguieron: 1) Dr. Francisco de Elizalde; 2) Roque Carranza; 3) Germán López; 4) Arturo Matas; 5) Miguel Angel Zavala Ortiz; 6) Patricio Cullen; 7) Vicente Centurión; 8) Ernesto Lanusse y 9) Emilio de Alzaga; 10) Jorge Fauzán Sarmiento y 11) Jorge Firmat Lamas.

Un atentado planificado para provocar una masacre
La investigación determinó que los responsables habían colocado dos artefactos explosivos que sí detonaron y otros sobre la terraza del Banco de la Nación Argentina, con la intención de provocar el derrumbe de parte de la mampostería sobre los asistentes. Esas bombas no llegaron a explotar, lo que evitó una tragedia aún mayor.
Las detenciones y la controversia posterior
Tras el atentado, los principales sospechosos fueron detenidos y sometidos a proceso judicial. Roque Carranza y Carlos Alberto González Dogliotti fueron señalados como autores materiales de las explosiones.
Con el paso de los años surgieron versiones contrapuestas sobre sus declaraciones. El historiador Félix Luna sostuvo que ambos confesaron bajo tortura. Posteriormente, González Dogliotti reconoció haber colocado los explosivos, aunque afirmó que se trataba de bombas de estruendo y atribuyó las muertes a la estampida provocada por el pánico. Carranza, por su parte, negó haber colocado las bombas, aunque admitió conocer el lugar donde eran fabricadas.
Décadas más tarde, Roque Carranza ocuparía el cargo de ministro durante la presidencia de Raúl Alfonsín, mientras que Arturo Mathov, considerado uno de los organizadores del operativo, llegaría a desempeñarse como diputado nacional por la Unión Cívica Radical.

La reacción tras las explosiones
Luego de conocerse el atentado, grupos de manifestantes identificados con el peronismo incendiaron diversos locales que asociaban con sectores opositores al gobierno. Aquellos hechos agravaron aún más el clima de enfrentamiento político que atravesaba la Argentina y anticiparon una etapa de creciente conflictividad que tendría nuevos episodios de violencia en los años siguientes.
Un discurso que continuó entre explosiones y el reclamo de castigo
Juan Domingo Perón decidió continuar su discurso desde el balcón de la Casa Rosada mientras aún reinaba el desconcierto entre la multitud. Sus palabras reflejaron el clima político de una Argentina atravesada por una creciente confrontación.
Cuando estalló la primera bomba, mientras miles de trabajadores participaban del acto organizado por la CGT, Perón interrumpió brevemente su alocución. Tras unos segundos de incertidumbre, retomó la palabra con una frase que quedó registrada por la historia
«¡Compañeros! Estos, los mismos que hacen circular rumores todos los días, parece que se han sentido más rumorosos, queriéndonos colocar una bomba.»
Mientras todavía hablaba, una segunda explosión —provocada por un artefacto compuesto por alrededor de 100 cartuchos de gelignita colocado en la estación Plaza de Mayo de la Línea A de Subterráneos— sacudió nuevamente el lugar.
El segundo estallido causó la muerte de varios manifestantes, dejó 19 mutilados y decenas de heridos y desató escenas de desesperación entre las miles de personas que colmaban la plaza.

«No se saldrán con la suya»
Lejos de abandonar el acto, Perón volvió a interrumpir su discurso y pronunció un mensaje dirigido tanto a los asistentes como a los responsables del atentado.
«Ustedes ven que cuando yo, desde aquí, anuncié que se trataba de un plan preparado y en ejecución, no me faltaban razones para anunciarlo.»
A continuación, agregó:
«Compañeros: Podrán tirar muchas bombas y hacer circular muchos rumores, pero lo que nos interesa a nosotros es que no se salgan con la suya, y de esto, compañeros, yo les aseguro que no se saldrán con la suya. Hemos de ir individualizando a cada uno de los culpables de estos actos y les hemos de ir aplicando las sanciones que les correspondan.»
Finalmente, cerró con una frase que también quedó incorporada a la memoria política de la época:
«Compañeros: Creo que, según se puede ir observando, vamos a tener que volver a la época de andar con el alambre de fardo en el bolsillo.»
El reclamo de la multitud
Tras las palabras del Presidente, miles de manifestantes comenzaron a corear «¡Leña! ¡Leña!», una expresión del argot popular argentino utilizada entonces como sinónimo de un pedido de castigo severo para los responsables del atentado.
Ese clima de indignación derivó posteriormente en ataques e incendios contra locales identificados con sectores opositores al peronismo, en una jornada que profundizó aún más la polarización política que atravesaba el país.
El Presidente Perón tomó la expresión que repetían los manifestantes y dijo:
«Eso de la leña que ustedes me aconsejan ¿por qué no empiezan ustedes a darla? Compañeros: Estamos en un momento en que todos debemos de preocuparnos seriamente, porque el canalla no descansa, porque están apoyados desde el exterior. Decía que es menester velar en cada puesto con el fusil al brazo. Es menester que cada ciudadano se convierta en un observador minucioso y permanente porque la lucha es subrepticia. No vamos a tener un enemigo enfrente: colocan la bomba y se van. Aumentan los precios y se hacen los angelitos. Organizan la falta de carne y dicen que ellos no tienen la culpa. Al contrario, por ahí, en un diario, sacan un artículo diciendo que ellos, en apoyo del Gobierno, quieren que venga la carne, pero la carne no viene. Todo esto nos está demostrando que se trata de una guerra psicológica organizada y dirigida desde el exterior, con agentes en lo interno. Hay que buscar a esos agentes, que se pueden encontrar si uno está atento y donde se los encuentre, colgarlos en un árbol».
En los días siguientes, la policía detuvo a varios activistas antiperonistas que confesaron ser miembros del grupo terrorista causante del atentado. Entre ellos se encontraban el radical Roque Carranza, el demócrata progresista Carlos González Dogliotti, Miguel de la Serna y Rafael Douek, que fueron condenados por la justicia y amnistiados por el presidente Juan Domingo Perón en 1955.

Roque Carranza y la investigación judicial
Entre los principales acusados por el atentado se encontraba Roque Carranza, quien fue detenido junto a otros 12 militantes radicales y procesado por la organización del ataque terrorista del 15 de abril de 1953.
En el proceso judicial de la época, los detenidos confesaron su participación y fueron condenados por asesinato. Sin embargo, años más tarde surgieron fuertes controversias sobre esas declaraciones. Diversos historiadores sostuvieron que las confesiones habrían sido obtenidas bajo tortura, mientras que el propio Carranza negó posteriormente haber colocado las bombas, aunque reconoció haber conocido los lugares donde se preparaban los explosivos.
Con el retorno de la democracia, Roque Carranza ocuparía un lugar destacado en el gobierno de Raúl Alfonsín, desempeñándose como Ministro de Obras y Servicios Públicos y, posteriormente, como ministro de Defensa. Su figura continuó siendo objeto de debate histórico por su vinculación con los hechos ocurridos en Plaza de Mayo en 1953.






