Una fotografía que parece una amenaza
La imagen tomada por Beat Presser en Ghana parece mostrar a Klaus Kinski con un machete contra el cuello de Werner Herzog. Pero el filo aparece orientado en sentido contrario y, años después, tanto el fotógrafo como el director explicaron que Kinski posó para la cámara. La escena ocurrió durante el rodaje de Cobra Verde, la quinta y última película que hicieron juntos, una producción marcada por el calor, los choques en el equipo y una relación artística tan fértil como conflictiva.

La foto impresiona porque reúne todos los elementos de una agresión: Kinski aprieta el rostro en una mueca feroz y acerca un machete al cuello de Herzog. Sin embargo, hay un detalle visible en la copia que acompaña esta nota: el filo está orientado hacia el lado opuesto de la garganta. La imagen, por sí sola, no permite reconstruir con certeza el movimiento ni la intención del actor.
El propio Herzog ofreció después una explicación más concluyente. Al referirse a la fotografía en 2012, dijo que Kinski se lucía cuando advertía la presencia de un fotógrafo, que el gesto había sido “solo para la foto” y que no lo tomó como un ataque real. También señaló que las personas que aparecen detrás de ellos se estaban riendo. La descripción coincide con la de Presser, quien sostuvo que todos sabían que él estaba allí con sus cámaras y que Kinski probablemente exageró la escena porque tenía público. La conclusión más respaldada es que no hay fundamento para presentar la foto como un intento de matar a Herzog: fue una pose provocadora para la cámara.
Presser explicó que no se trató de una toma aislada, sino de una secuencia de seis fotografías que registra cómo se llegó a ese instante. La tomó durante el rodaje en Tamale, al norte de Ghana, en un paisaje de sabana que el fotógrafo recordaría como caluroso y seco. Dijo que en esa locación había un equipo de unas veinte personas y que algunos integrantes sufrieron las condiciones climáticas.
El archivo de imágenes del rodaje también conserva fotografías de otro tono: una muestra a Herzog y Kinski sonrientes y abrazados. Esa convivencia de gestos —la amenaza teatral en una foto y la cordialidad en otra— ayuda a entender por qué una imagen aislada podía volverse tan poderosa y, al mismo tiempo, tan engañosa.

Por qué Herzog la mantuvo en privado
Según Presser, cuando Herzog vio la foto en 1987 le estampó la leyenda «Private Photograph». El acuerdo entre ambos establecía que las imágenes marcadas así no podían publicarse. El fotógrafo no dijo que la decisión obedeciera a que la escena resultara demasiado inquietante; lo que relató fue que la etiqueta funcionaba como una restricción acordada entre ellos.
La historia cambió cuando Herzog preparó Mi enemigo íntimo —Mein liebster Feind, también conocida como My Best Fiend—, el documental de 1999 sobre su relación profesional con Kinski. Presser contó que el director lo llamó primero desde Los Ángeles para invitarlo a participar en el proyecto. Más adelante, mientras filmaban escenas en Praga, le pidió una fotografía de ambos que pudiera servir para promocionar la película.
Presser le envió algunas imágenes en las que aparecían juntos de manera cordial. Herzog las vio y pidió otra: la del machete. Presser le recordó que él mismo la había marcado como privada. La respuesta del director, según el fotógrafo, fue que ahora consideraba que la imagen encajaba con la película. El documental recuperó así una foto que había permanecido bajo aquella reserva.

Cobra Verde: una historia de esclavitud, poder y desmesura
Estrenada en 1987, Cobra Verde fue la quinta y última colaboración cinematográfica entre Herzog y Kinski. La película dura alrededor de 110 minutos y está basada en la novela El virrey de Ouidah, publicada por Bruce Chatwin en 1980. La novela y el filme se inspiran en hechos y figuras históricas, pero son obras de ficción, no reconstrucciones documentales.
Kinski interpreta a Francisco Manoel da Silva, un bandido brasileño apodado Cobra Verde. Después de quedar al frente de una plantación y embarazar a las tres hijas de su propietario, es enviado a África occidental con una misión que parece diseñada para acabar con él: reabrir el tráfico de personas esclavizadas. El personaje llega a negociar con un monarca africano, busca consolidar su poder y termina envuelto en una rebelión.
La producción se rodó entre Ghana, Colombia y Brasil. En Ghana, el fuerte de Elmina representó a Ouidah y, cerca de Tamale, se construyó un palacio de barro para las escenas de la corte. En su crónica del rodaje, publicada en la revista Interview, Chatwin describió el uso de un monarca real y de un séquito local para construir esa corte. También contó que una escena de la rebelión reunió a centenares de mujeres ghanesas como guerreras.
Ese despliegue es parte de la fuerza visual de la película. Time Out destacó las procesiones, la reconstrucción de una fortaleza esclavista, el ejército de mujeres y una cadena humana que transmite mensajes a lo largo de kilómetros. La misma reseña cuestionó que el relato estuviera poco desarrollado y que la representación del colonialismo resultara demasiado simple. El museo australiano ACMI propuso una observación cercana: en Cobra Verde, la esclavitud y el colonialismo quedan subordinados en parte al universo mítico y espiritual de Herzog. La tensión entre imágenes deslumbrantes y una lectura histórica esquemática forma parte de la recepción crítica de la película.
Un rodaje áspero y una última escena decisiva
La filmación también estuvo atravesada por discusiones concretas. Chatwin contó que Kinski insistía en demostrar cómo debía encuadrarse cada plano. La tensión con el camarógrafo Thomas Mauch, colaborador habitual de Herzog, terminó con la salida de Mauch y su reemplazo por el checo Viktor Růžička. El British Film Institute y TCM registran el cambio como uno de los signos del clima difícil que rodeó la producción.
Eso no significa que todo enfrentamiento del rodaje fuera una actuación. Herzog relató otro episodio, distinto de la foto del machete, en el que Kinski lo atacó con una piedra. Conviene no confundir ambos hechos: la fotografía fue descrita por sus protagonistas como una pose para la cámara; la agresión con la piedra pertenece a otro episodio que Herzog contó al recordar aquella producción.
Una escena de la película terminó adquiriendo un peso especial para los dos: Cobra Verde intenta empujar una embarcación hacia el mar, pero no consigue ponerla en el agua y acaba desplomado entre las olas. Chatwin relató que una ola había derribado a Kinski durante una toma en la playa y que el actor se dejó arrastrar una y otra vez por el agua para construir el final. Años después, Herzog recordó esa escena como el último día de rodaje que compartieron y dijo que la intensidad física de Kinski lo dejó exhausto.

La relación entre Herzog y Kinski
Herzog conoció a Kinski cuando tenía trece años. Compartían una pensión en Múnich: el futuro director vivía allí con su familia y el actor ocupaba una habitación pequeña. En su recuerdo, la primera imagen de Kinski fue la de un joven capaz de estallidos de furia que alteraban la vida de quienes lo rodeaban. El vínculo profesional llegaría años más tarde, cuando Herzog lo convocó para Aguirre, la ira de Dios.
Juntos hicieron cinco películas: Aguirre, la ira de Dios (1972), Nosferatu y Woyzeck (ambas de 1979), Fitzcarraldo (1982) y Cobra Verde (1987).

Kinski aportaba una presencia física y una intensidad que encajaban con los personajes obsesivos de Herzog; el director, a su vez, encontraba una forma cinematográfica para esa energía. Pero la colaboración acumuló discusiones, insultos y choques con integrantes del equipo. TCM recuerda que al terminar Cobra Verde ya no se hablaban y que Herzog decidió que no volvería a trabajar con él.
Reducir la relación a una amistad o a un odio permanente tampoco alcanza. Herzog dijo que entre ellos hubo enfrentamiento, entendimiento, respeto y, en ocasiones, amistad. También sostuvo que la relación profesional había terminado antes de la muerte de Kinski, en 1991, y que no quería prolongar una colaboración que ya había explorado todo lo que podía dar. En Herzog por Herzog, recordó que ambos percibieron el final durante la última escena de Cobra Verde.

En 2021, al volver sobre aquella etapa, Herzog resumió la mezcla de choque y creación con una frase: “Creamos en el conflicto y conseguimos cosas de gran intensidad. Fue una experiencia única y no lamento nada”.





