Murió Lila Pastoriza y resucita el dolor que vuelve a atravesar la memoria argentina. Este fin de semana se confirmó la muerte de Lila Pastoriza, una figura silenciosa pero determinante en la historia del periodismo militante y los derechos humanos. La noticia fue difundida por el Espacio de Memoria de la ex ESMA, donde su nombre está inscripto como sobreviviente y testigo clave del horror.
Su partida se produjo en una fecha cargada de simbolismo: a 50 años del secuestro y desaparición de Rodolfo Walsh, su maestro, quien la eligió cuando aún era una joven periodista para una tarea decisiva en tiempos de dictadura: llevar adelante la Agencia de Noticias Clandestinas ANCLA.

La elegida de Walsh para resistir desde la palabra
En plena represión ilegal, cuando informar era jugarse la vida, Rodolfo Walsh confió en Lila Pastoriza para asumir responsabilidades dentro de ANCLA (Agencia de Noticias Clandestina), uno de los dispositivos más audaces del periodismo argentino.
No era un rol menor: implicaba recopilar, redactar y difundir información prohibida por la dictadura, esquivando la censura y el aparato represivo. Sin embargo, fiel a su estilo, Pastoriza nunca hizo de ese reconocimiento una bandera personal.
Secuestro, tortura y supervivencia en la ESMA
La periodista y sobreviviente Lila Pastoriza fue secuestrada a mediados de abril de 1977, alrededor del 15 de abril, en la Ciudad de Buenos Aires, en pleno despliegue del aparato represivo de la dictadura.
Ese momento no es un detalle menor: ocurrió apenas semanas después del asesinato de su maestro, Rodolfo Walsh (25 de marzo de 1977), lo que muestra el nivel de persecución sobre la estructura de prensa clandestina en la que ambos participaban.
Allí fue torturada y sometida a condiciones inhumanas. Pero sobrevivió. Y esa supervivencia no fue pasiva: con el regreso de la democracia, se convirtió en testigo fundamental en los juicios contra los responsables del terrorismo de Estado, aportando memoria, verdad y justicia. Su palabra ayudó a reconstruir lo que el aparato represivo quiso borrar.
En la Escuela de Mecánica de la Armada estuvo secuestrada junto a Miriam Lewin, Graciela Daleo, Liliana Lukin, Elena Alfonsín, Carlos Muñoz y Víctor Basterra.

Exilio, militancia y una vida compartida
Tras sobrevivir al cautiverio en la ESMA y recuperar la libertad en 1978, Lila Pastoriza debió abandonar el país en el marco de una práctica habitual del terrorismo de Estado: expulsar al exilio a quienes habían sobrevivido. Y eligió Francia donde había muchos argentinos y argentinas exiliadas. Como muchos sobrevivientes, cargó con las marcas del horror, pero también con la convicción de seguir militando por los derechos humanos.
Fue además compañera de vida de Eduardo Jozami, otra figura central en la reconstrucción democrática y la memoria colectiva. Juntos formaron una dupla comprometida con la historia, la política y la justicia. Su vínculo trascendió lo personal: fue también una alianza intelectual y militante que dejó huella en generaciones.
Y al regresar al país, ya en democracia, Lila Pastoriza se desempeñó como secretaria de redacción de Horacio Verbitsky, consolidando su trayectoria en el periodismo y manteniendo su compromiso con la memoria y los derechos humanos.
Una despedida cargada de historia
La muerte de Lila Pastoriza no es solo una pérdida individual. Es también el cierre de un capítulo vivo de la historia argentina reciente. Quienes la conocieron la recuerdan como solidaria, comprensiva y profundamente comprometida. No buscó protagonismo, pero su vida estuvo atravesada por decisiones que marcaron el rumbo de otros. Su partida, en una fecha tan simbólica, el 25 de marzo de 2026, vuelve a poner en escena la memoria de aquellos años oscuros y la importancia de quienes sobrevivieron para contarlo.
¿Qué fue ANCLA?

En los años más oscuros de la Argentina, cuando informar podía costar la vida, existió una estructura secreta que decidió enfrentarse al silencio impuesto por la dictadura. Se llamó ANCLA (Agencia de Noticias Clandestina) y fue creada en 1976 por el periodista Rodolfo Walsh.
Su misión era clara, pero extremadamente peligrosa: romper la censura, exponer los crímenes del régimen y hacer circular información que el poder intentaba ocultar. En un contexto donde los medios estaban controlados o directamente silenciados, ANCLA se convirtió en una herramienta clave de resistencia.
Un periodismo que se hacía con la vida en juego
ANCLA no funcionaba como una redacción tradicional. Era, en esencia, un sistema clandestino de producción y distribución de noticias. Sus integrantes recopilaban datos sobre secuestros, desapariciones y operativos represivos, los verificaban y los transformaban en cables informativos. Luego, esos textos se distribuían de forma secreta: se enviaban por correo, se dejaban en redacciones, embajadas o contactos internacionales. Cada movimiento debía ser calculado al detalle. Un error podía significar la captura. En ese esquema, el periodismo dejaba de ser solo un oficio: se transformaba en una forma de resistencia política directa.
La confianza de Walsh y el rol de Lila Pastoriza
Dentro de esa estructura operativa, Walsh confió en una joven periodista que luego sería clave en la reconstrucción de la memoria argentina: Lila Pastoriza.
La eligió para asumir responsabilidades dentro de ANCLA cuando todavía estaba dando sus primeros pasos en el oficio. No era un gesto menor. En un contexto donde la clandestinidad exigía máxima seguridad, la confianza era un valor absoluto. Pastoriza participó en tareas de redacción y circulación de información, integrando una generación que entendía el periodismo como compromiso, riesgo y militancia.

Censura, persecución y una red bajo amenaza constante
El funcionamiento de ANCLA estaba atravesado por la lógica de la supervivencia. Se utilizaban seudónimos, se fragmentaban las tareas y se cambiaban permanentemente los lugares de trabajo para evitar ser detectados. La dictadura no solo censuraba: perseguía, secuestraba y desaparecía. Por eso, cada cable emitido por ANCLA era también un acto de desafío. En ese contexto, Walsh también escribió y difundió su histórica denuncia contra el régimen, la Carta Abierta a la Junta Militar, que circuló por los mismos canales clandestinos.
Un legado que atraviesa generaciones
Aunque su existencia fue breve y marcada por la persecución, ANCLA dejó una huella profunda en la historia argentina. Documentó lo que el terrorismo de Estado intentaba borrar y sentó las bases de un periodismo comprometido con la verdad, incluso en las peores condiciones. Hoy, su historia vuelve a cobrar relevancia en cada debate sobre memoria, verdad y justicia.Porque ANCLA no fue solo una agencia. Fue, en esencia, una decisión colectiva de no callar.
Porque detrás de cada nombre hay una historia, y detrás de cada fecha, una decisión del poder. En el caso de Lila Pastoriza, su secuestro no fue un hecho aislado: fue parte de un plan sistemático para silenciar a quienes, incluso en la clandestinidad, seguían contando la verdad.





