Matar por una camiseta. No hace falta un clásico, ni una pelea previa, ni siquiera un partido de fútbol cerca. Solo caminar por la calle equivocada con los colores equivocados puede ser suficiente. Y eso fue exactamente lo que ocurrió en Ituzaingó durante una madrugada que terminó en tragedia.
Jorge Luis Payare, reconocido hincha y colaborador del Club Ferrocarril Midland, murió desangrado tras ser perseguido durante varias cuadras por dos barrabravas del Club Atlético Ituzaingó. La razón, según la investigación judicial, fue tan simple como brutal: llevaba puesta una camiseta y una gorra del club rival. Lo que comenzó como una intimidación de barrabravas terminó convertido en un crimen absurdo que vuelve a exponer el lado más oscuro de la violencia ligada al fútbol.
La madrugada de la persecución
Todo ocurrió el jueves 19 de febrero de 2026 alrededor de las 03.30 de la madrugada. Payare caminaba junto a un conocido, Jonathan Blanco, por la esquina de Beltrán y Caaguazú, en Ituzaingó Sur. Ambos regresaban a sus casas en Libertad después de viajar en colectivo. Payare llevaba puesta una camiseta y una gorra de Midland.
En ese momento aparecieron dos hombres que la Justicia identificó como integrantes de la barra de Ituzaingó: Jonathan Ezequiel Suasnavar Gallucci, de 35 años, apodado “Koky”, y Lautaro Caín Varela, de 21.

Según reconstruyó la fiscalía a partir de testigos y cámaras de seguridad, los agresores comenzaron a increparlos de inmediato.
Acto seguido tomaron palos y piedras y comenzaron a correrlos. La intención, de acuerdo con los investigadores, era robarles la ropa del club rival como parte de los códigos violentos que manejan las barras bravas. Los dos amigos huyeron en direcciones distintas. Blanco logró perder a los agresores después de unos 200 metros. Payare no tuvo la misma suerte.
Cinco cuadras de terror
Durante varias cuadras, los dos barras lo persiguieron por las calles desiertas del barrio. Payare corrió desesperado durante casi cinco cuadras hasta que el cansancio lo alcanzó. Acorralado y sin escapatoria, intentó lo único que parecía posible: refugiarse en una casa. Para hacerlo, trepó una reja perimetral de hierro. Pero en esa maniobra desesperada se produjo la tragedia. Uno de los filos de la reja se le incrustó en el muslo izquierdo y le seccionó la arteria femoral. La herida provocó una hemorragia masiva.
Los dueños de la vivienda llamaron al 911 y una ambulancia lo trasladó de urgencia al Hospital del Bicentenario, pero el daño ya era irreversible. Payare murió poco después producto de un shock hipovolémico. Había salido a caminar de madrugada. Terminó muerto por llevar los colores de un club que en el barrio odiaban.

La versión falsa que intentó instalarse
En las primeras horas posteriores al hecho circuló otra historia. Algunos rumores sostenían que Payare intentaba cometer un robo en la zona cuando sufrió el accidente fatal. Pero esa versión comenzó a derrumbarse rápidamente. Testigos, cámaras de seguridad y el relato del amigo que lo acompañaba permitieron reconstruir lo ocurrido: Payare y Blanco se habían cruzado minutos antes con los agresores en un kiosco de la zona. Desde allí comenzó el hostigamiento que derivó en la persecución mortal.
La investigación judicial terminó confirmando ese recorrido. Las imágenes de cámaras de seguridad registraron parte de la corrida y permitieron identificar a los atacantes.
La investigación y los acusados
Tras analizar testimonios, videos y otras pruebas, el fiscal imputó a los dos sospechosos por homicidio en ocasión de robo, ya que el ataque habría tenido como objetivo robarle la camiseta y los objetos vinculados al Club Midland. Durante los primeros allanamientos no fueron encontrados y permanecieron prófugos durante varios días.
Sin embargo, la causa tuvo un giro reciente: Jonathan Suasnavar Gallucci se presentó voluntariamente ante la policía y quedó detenido, mientras que Lautaro Caín Varela continúa prófugo con pedido de captura nacional e internacional.
Los investigadores creen que el caso está prácticamente esclarecido, aunque resta capturar al segundo implicado.
Una rivalidad que arrastra años de violencia
Aunque actualmente compiten en categorías diferentes —Midland en la Primera Nacional e Ituzaingó en la Primera B— la rivalidad entre ambas hinchadas tiene décadas de historia.
El antecedente más recordado ocurrió en 2013, cuando un enfrentamiento a tiros entre barras dejó muerto a un comerciante de Merlo que quedó atrapado en medio del fuego cruzado. La barra de Ituzaingó, además, acumula un historial de internas violentas. Durante años el poder estuvo dividido entre sectores del norte del distrito —principalmente en el barrio San Alberto— y grupos del sur vinculados a los barrios Santa Rosa y Aquino. En los últimos tiempos la disputa interna se había calmado y la violencia comenzó a buscar enemigos por fuera.
Un crimen sin sentido
En la madrugada del 19 de febrero esa lógica brutal volvió a aparecer. No hubo un partido. No hubo una pelea. No hubo una provocación. Solo un hombre caminando por una calle del conurbano con la camiseta de su club. Y dos barrabravas que decidieron que eso era suficiente para correrlo hasta matarlo.





