Habló el padre del soldado que se quitó la vida. Una extorsión iniciada en una aplicación de citas, amenazas que se multiplicaron y un miedo que lo consumió en silencio. El padre del soldado de 21 años que se quitó la vida en Olivos reveló el drama que vivía su hijo antes de morir: “No quería decepcionarnos”, dejó escrito en una carta en la que habló de deudas y de supuestos policías que le exigían dinero por una denuncia que nunca existió.
A nosotros nos sirve y mucho, que mires los videos de nuestro Canal de YouTube, les des un like y te suscribas. Acá te dejamos el video del día en que se difundió la terrible noticia. Contamos con vos. Gracias. Acá el video 🎥💻✔️👇:
La voz se le quiebra, pero intenta mantenerse firme. Rodrigo Gómez tenía 21 años, vestía el uniforme del Ejército y soñaba con un futuro en las Fuerzas Armadas. Su historia terminó en Olivos, atravesada por una trama de amenazas, miedo y una extorsión que comenzó en una aplicación de citas y derivó en una presión que, según su familia, lo llevó a tomar la decisión más drástica.
La ministra de Seguridad, Alejandra Monteoliva, y la jueza federal Sandra Arroyo Salgado brindaron detalles del caso en una conferencia de prensa. Allí confirmaron que en la carta de despedida que dejó el joven había referencias directas a una app de citas y a personas que se presentaban como policías, quienes le exigían dinero para frenar una supuesta denuncia que nunca existió.

En ese escrito, Rodrigo dejó frases que hoy estremecen a su entorno. “Quién diría que entrar a una app de citas me traería muchos problemas. A partir de esa app estoy con problemas legales y muchas deudas”, escribió. En otro tramo expresó su mayor angustia: “Yo no le tengo miedo a la muerte, sino respeto. A lo que sí le tengo miedo es a decepcionarlos”. Para su padre, esas palabras son la prueba de la presión extrema bajo la que vivía en silencio.
“Él no quería defraudar a nadie. No me decepcionó a mí ni a la familia. Estamos orgullosos de él”, afirmó con dolor. Lo describe como un joven reservado, dedicado, “un chico de la casa”, sin antecedentes ni conflictos. Desde pequeño soñaba con vestir el uniforme. Había logrado ingresar al Ejército y proyectaba seguir estudiando para intentar entrar a la Fuerza Aérea. Tenía planes, metas y una vida que recién comenzaba. “Se le cruzó esto en el camino y no se supo defender”, lamentó.
La investigación judicial permitió identificar a los presuntos integrantes de la organización que habría ejecutado la maniobra extorsiva. Según informaron las autoridades, varios de ellos operaban desde las unidades penitenciarias de Magdalena y Olmos, desde donde coordinaban las amenazas mediante teléfonos celulares. En total, hay siete personas detenidas.
De acuerdo con los datos oficiales, el esquema consistía en intimidar a las víctimas haciéndoles creer que enfrentaban una denuncia penal. Luego, bajo la amenaza de una supuesta causa judicial, exigían transferencias de dinero. Esas sumas se enviaban a cuentas a nombre de mujeres vinculadas a la banda y posteriormente se redistribuían para dificultar el rastreo.
El padre de Rodrigo también apuntó contra las condiciones de seguridad dentro de las cárceles bonaerenses. “En las cárceles es moneda corriente tener un teléfono, notebook. Si el gobierno provincial pusiera inhibidores de señal, esto no pasaría. Desde adentro les están sacando la plata a personas que trabajan todos los días”, sostuvo. Además, aseguró que ninguna autoridad de la provincia de Buenos Aires se comunicó con la familia tras la muerte de su hijo. “Jamás aparecieron, ni un pésame”, expresó a el portal TN.
En medio del duelo, dejó un mensaje dirigido a otros padres. Pidió diálogo y atención ante este tipo de estafas que combinan manipulación emocional y amenazas institucionales falsas. “Que averigüen primero, que no les pase lo que nos pasó a nosotros. Si alguien se hace pasar por policía, que hablen con la familia antes de hacer nada”, aconsejó.
La muerte de Rodrigo Gómez no solo expone el drama íntimo de una familia quebrada por la pérdida, sino también una modalidad delictiva que se expande en silencio, aprovechándose del miedo, la vergüenza y la soledad. Una cadena de presiones invisibles que, en este caso, terminó de la manera más dolorosa.





