Tras su pelea con el inefable Ringo Bonavena el boxeador Cassius Clay visitó por primera vez Buenos Aires a principios de noviembre de 1971.
En su visita de 42 horas, participó de una exhibición de boxeo en el estadio del Club Atlanta de Villa Crespo donde hizo guates con el púgil Miguel Ángel Páez. Luego asistió a un asado en la Fábrica Kelinda en Lanús con dirigentes sindicales.
La visita incluyó una pulseada con el Secretario General de la CGT José Ignacio Rucci ante la mirada de otros dirigentes sindicales; entre los que estaba Lorenzo Miguel.
Vendría a Buenos Aires unos años después, por segunda y última vez en Mayo de 1979, invitado para homenajearlo en el Luna Park por la Revista El Gráfico, publicación que cumplía su 60° aniversario. Y también por Canal 13 de la Capital Fedeal.
Cuando llegó a la Argentina, ya no tenía el mismo brillo a causa de su propio país. En 1967 había sido despojado del título mundial de los pesos completos por presiones del Departamento de Estado, ante su negación a incorporarse a las Fuerzas Armadas para combatir en Vietnam, alegando ser musulmán y por lo tanto objetor de conciencia.
Le había costado una inhabilitación de 43 meses, que lo había privado de sus mejores días en el ring, y una pena de prisión de cinco años que nunca cumplió, pero que lo obligó a un largo y costoso derrotero judicial hasta que la Corte Suprema de su país anuló la sentencia en junio de 1971.
El hombre estableció contacto con la secta de Los Hermanos Musulmanes, organización político-religiosa que abrazaba la causa del Islam. En homenaje a su maestro, Elijah Muhammad, Clay cambió su nombre anglosajón por el de Muhammad Ali.
Con ese nombre se registró en el Alvear Palace Hotel de la Ciudad de Buenos Aires, en los primeros días de noviembre de 1971. Venía a la Argentina del presidente de facto Agustín Lanusse en plan hacer algo de dinero. Una suerte de gira promocional que lo tuvo en Argentina 42 horas.
Participó en el programa televisivo Los 12 del Signo conducido por Horangel, que se emitía por el Canal 9 de Alejandro Romay y en el que el invitado era interrogado por doce personalidades del mundillo artístico y del espectáculo, una de cada signo del zodiaco.
En la Galería Velázquez de la calle Maipú, compró pinturas con motivos españoles para adornar el patio de su casa. Visitó el Centro Islámico de la calle San Juan, donde fue obsequiado con un artístico Corán y un pergamino. “Estoy entre mis hermanos”, comentó, “y lamento no poder quedarme a rezar, pero se me hace tarde”.
El motivo central de su viaje era una pelea de exhibición en la cancha de Atlanta frente al argentino Miguel Ángel Páez, campeón argentino pesado y luego rival de George Foreman que finalmente fue noqueado en mayo de 1972. El combate se desarrolló normalmente pero fuera del ring, según El Gráfico del 9 de noviembre, “sucedieron cosas desagradables que hicieron temer lo peor”. Grupos descontrolados rompieron los alambrados de la cancha, invadieron el lugar reservado al ring-side y cometieron desmanes. Cuando finalizó la exhibición subieron al cuadrilátero e impidieron por largo rato que los boxeadores se retiraran. Hubo destrozo de sillas y varios heridos. A duras penas Ali, pudo regresar al vestuario.
Luego de la pelea, invitado por el industrial peronista Lorenzo Spadone, Ali se trasladó hasta los fondos de una fábrica en Lanús para comerse un asado. Allí lo esperaban en el “Quincho de la Cordialidad” José Rucci, secretario general de la CGT; Lorenzo Miguel, secretario general de la UOM; Carlos Spadone, director de la revista Las Bases, órgano oficial del Movimiento Nacional Justicialista entre otros encumbrados ases de la derecha peronista. Lorenzo le habló del regreso de Perón y de la Tercera Posición. Rucci le anunció la creación del Sindicato del Boxeador. Ali lo abrazó emocionado y le agradeció: “Eso no existe en ninguna parte del mundo#», dio Alí. «El peronismo tampoco” le respondió José Ignacio. Spadone ensayó una forzada y deslucida metáfora: “El peronismo es como Muhammad Ali, vuela como una mariposa y pica como una avispa”
Al día siguiente Ali emprendió el regreso. Al igual que al peronismo, intensos temblores lo esperaban en el porvenir.





