Mi abuela Asunta Capriati y el Día de la Mujer. Como muchas mujeres inmigrantes, llegaron en barco. Llegaron por las oportunidades que ofrecía el país, llegaron por las guerras europeas, llegaron del infierno al paraíso.
Día de la Mujer y mi abuela Asunta Capriati
(por Andrés Llinares).- Esta es mi abuela. Falleció y fue una gran pérdida. Mi abuela vino en un barco, adulta, sola y pobre. Se casó y tuvo dos hijas, Josefina y Martina.
Esas dos hermanas tuvieron una, cuatro hijos, y la otra, tres. De los siete nietos, una sola es mujer, Carina.
Mi abuela fue crack. «Má qué 4 x 4, veni per cuá», hubiera dicho.
Sólo nosotros entendíamos qué decía, solo nosotros pensábamos que sabíamos italiano, sólo nosotros disfrutábamos los fideos cortados a cuchillo, sólo nosotros sabíamos todo lo que hacía incluso ahorrar en el corpiño y sólo a nosotros a nos decía «pácaro que comió, voló» (con un acento extraño y la «c» por la «j»).
Como muchas inmigrantes, seguramente extrañaba su patria destrozada por la Segunda Guerra Mundial, sus familiares muertos, sus amigos perdidos, su hermano Alejandro atravesado por una bala en el foso de tumba al aire libre perdido en los campos de batalla.
En Argentina hizo una vida. Esa es Argentina. Esa es la vida.
De su capacidad de sentir y pelear, surgieron dos mujeres, de esas dos mujeres, siete hijos, y de esos siete hijos, diez bisnietos que no la conocieron. De esos diez bisnietos, seis son mujeres.
Mi abuela era mujer. Y hoy lloraría al ver al género marchando, luchando por derechos, abriéndose camino.
Siempre extrañé a mi abuela porque sí, era de refunfuñar, pero también de reírse mucho, mucho, y ponerle el cuerpo y su tiempo, su vida, a todo. La dedicación de ella por el otro era interminable.
Mi abuela estaría contenta con lo que hizo cada uno de los siete nietos. No importa que logramos. Ella, sólo por verlos grandes, adultos, felices, con hijos, estaría contentísima. Ese fue su logro y su logro fue un pequeño universo.
Hoy es 8M. Mi abuela quizás no hubiera ido a ninguna marcha. O quizás a alguna. No lo sé. No tengo manera de saberlo. Pero me habría dicho que vaya. «Eh, pero cuomo, no va ir», hubiera dicho o algo similar.
Perdoná abuela que escriba de vos después de 38 años de redactar sobre momentos de otras y otros.
Pero si lo hago es porque las mujeres golpeadas, lastimadas, asesinadas y las mujeres que marchan me hacen acordar lo mejor que tenías: esa potencia mayor a cualquier motor. Esa capacidad de llevar adelante la columna vertebral de una familia, la fluidez de todo lo emocional, la compresión frente a cualquier desacierto, la ternura ante nuestras travesuras.
Saludos de todos tus nietos, de todos tus sobrinos porque nosotros le hablamos de vos y le hablamos de tal modo, que se quedan mudos.
Nos vemos en cualquier momento.
Te extraño mucho, mucho, y siempre te quiero.





