Gran Morón: Nostalgias del carnaval
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Gran Morón: Nostalgias del carnaval. Acá reproducimos aquella nota de Jorge Zaballa para le revista Siglo XX de enero del año 2000, sobre los carnavales en aquel Morón que incluía a los primos hermanos de Hurlingham e Ituzaingó. Cuenta qué grupo esperaba la gente, dónde se agolpaba y quién daba comienzo y fin al carnaval.

Gran Morón: Nostalgias del carnaval. Nostalgias de un tiempo que pasó, que dejó recuerdos, reminiscencias que guardan evocaciones y reviven momentos en que los vecinos y los visitantes tenían a Morón como el lugar convocante para festejar los clásicos carnavales, aquellos que cada año se trataba de superar.

Las familias tenían las reservas de sus palcos, se renovaban con antelación y existían postulantes, principalmente los ubicados frente al ex municipio sobre Buen Viaje.

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Eran codiciados, era el lugar donde se podía ver aquellas confrontaciones de lanzar serpentinas desde los vehículos que recorrían una y otra vez el tramo fijado del corso y los ocupantes del palco hasta formar una trama de serpentinas que resultaba difícil desenmarañar o desembrollar semejante lazo.

Con la debida antelación, los carnavales no eran solamente una rutina, era la alegría, el disfrute, el júbilo y placer de todos, sin edades, sin ataduras.

Los niños se sorprendían, los jóvenes alternaban con el lanzaperfumes o el papel picado, los mayores (principalmente desde los palcos) arrojaban o entregaban aquellas varillas de nardos de oloroso perfume.

En el corralón municipal quedaron depositados, por largos años, los elementos carnavalescos. Aquellos grises que cruzaban las calles del corso, los palcos y todo lo que tenía que ver con la fiesta, al fin y al cabo, dentro del presupuesto del municipio figuraba el alquiler de palcos y otros rubros que balanceaban las entradas y salidas, ya el corso volvería el año entrante.

Carnaval Club Sportivo de Haedo 1958
Carnavales en Morón, Hurlingham e Ituzaingó – Carnaval Club Sportivo de Haedo 1958

La música, los disfraces, los bailes en clubes con sus coreografías creativas de lugares del mundo y de épocas que sirvieron para decorar paredes con temas, palmeras, uniformes, todo eso y mucho más se venía imaginando, soñando y trabajando hasta horas de la madrugada, momento en que la pintura podía ser manejada a nivel de amigos y sin molestias.

El carnaval debía contar con elementos decorativos, con grupos de disfraces que diferenciaban y daban la apoyatura de cada corso y sus grupos.

Vale recordar al formado en el norte moronense por el grupo de «Los Gatos»Aún hoy lo recuerdo y escuchaba a los mayores comentar algo que sorprendía a todos, la disciplina del grupo, el excelente estado físico de sus integrantes.

Había que saltar, trepar, correr todas las noches, porque de estos «gatos» se vieron poco y se recuerda mucho.

Existieron historias escritas ocurridas en el corso o a la salida del mismo y se los recuerda porque están emparentados con desgracias de vecinos.

Edgardo A. Coria, un vecino y mejor amigo, narrador de hechos, quien fue cronista de su pasado, dejó escritos memorables. Lo cierto es que todo concluía y comenzaba de igual forma. ¿Cómo? Con una bomba de artificio que el operador, a través de muchos años, encendía con pasión y entusiasmo, porque «Tormenta» Farinatti era parte del éxito de la fiesta.

Nostalgias del tiempo que pasó. Después todo cambió, se fue diluyendo y convirtiendo en casos de mal gusto y agresiones. En que, seguramente, en casa nadie contó lo que vivimos y disfrutamos del carnaval.

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