El 17 de octubre de 1945 como un acto de independencia

El 17 de octubre de 1945 como un acto de independencia. En el siguiente artículo, Sebastián Zárate, periodista, Estudiante de Letras en la Universidad de Buenos Aires y profesor en el nivel secundario, sostiene que con el protagonismo y ascenso de los sectores populares, la clase media siente que su nicho cultural es invadido por formas que le parecen grotescas y plebeyas.

(por Sebastián Zárate).- En las primeras horas del caluroso miércoles 17 de octubre de 1945, los sindicatos, ante la presión de las bases, comienzan a movilizarse para exigir la liberación de Perón.

El gremialista de la carne Cipriano Reyes organiza en el cordón de La Plata las primeras columnas de manifestantes que avanzan hacia Plaza de Mayo. Ante el avance de los trabajadores que vienen desde la zona Sur del Conurbano, la Policía resuelve levantar los puentes sobre el Riachuelo, pero la gente cruza en balsas y a nado.

La multitud es imparable y en las primeras horas de la tarde colma por completo la Plaza de Mayo, donde los manifestantes se refrescan los pies en la fuente. La imagen horroriza a la prensa tradicional, que habla de “aluvión zoológico” a la hora de estigmatizar a los trabajadores movilizados para defender sus derechos, frase que pronunció el diputado nacional Ernesto Sanmartino, de la bancada de la Unión Cívica Radical.

Aunque varios mandos del Ejército lo solicitan, el Gobierno se niega a reprimir y envía emisarios al Hospital Militar con el objetivo de pactar una salida con Perón. Mientras el sol cae, se acuerda el pase a retiro de Eduardo Ávalos (cabeza de los sectores conservadores del Ejército), la renuncia del gabinete y la convocatoria a elecciones generales para los primeros meses de 1946. Pasadas las 23 horas, desde el balcón de la Casa Rosada, Perón habla a la multitud y, en un hecho que inaugura la liturgia del Movimiento Nacional Justicialista, pide la desmovilización “en paz”.

Cinco días después, Perón se casa con Evita y su amigo Diego Alfredo Mercante(gobernador de Buenos Aires entre 1946 y 1952) asume la Secretaría de Trabajo y Previsión. El 24 de febrero, Perón se presenta como candidato a Presidente y gana con el 54% de los votos en el marco de la campaña “Braden o Perón” en alusión al embajador de Estados Unidos, Spruille Braden, quien juega a favor de la Unión Democrática.

El 17 de octubre se recuerda “Día de la Lealtad”. Lo más trascendente de aquella jornada de 1945 es la incorporación de la clase trabajadora como factor de poder de un movimiento que garantizó derechos a los pobres.

El 17 de octubre es esencialmente un día popular. Un día de los trabajadores y de las masas pobres. En este nuevo contexto, la clase media tiene dificultades para reconocer su dependencia de los procesos populares y oscila entre ese hecho real que está en su propia génesis y el deseo de identificarse culturalmente con los sectores más acomodados.

Con el protagonismo y ascenso de los sectores populares, la clase media siente que su nicho cultural es invadido por formas que le parecen grotescas y plebeyas. Esa superposición provoca reacciones emotivas y escandalizadas entre las fracciones con menos cultura política, más atrasadas de ese conglomerado social, que se expresan en forma primitiva, gritona y agresiva.

La definición política de amplios sectores de los sectores medios ha sido pendular. El peronismo las necesitó para ganar y los conservadores también.

El Día de la Lealtad es otro enfoque para el 17 de octubre. Son los trabajadores movilizados en defensa del dirigente que concretó reivindicaciones por las que habían luchado largos años. Durante el primer peronismo, el día fue proclamado feriado nacional.

Tras el derrocamiento, los actos fueron emblemáticos de la resistencia peronista. Se hicieron en la clandestinidad con consignas como “Fusiles y machetes, por otro diecisiete” y eran reprimidos con saña. En los 18 años de proscripción, del ’55 al ’73, la inquietud era creciente en el universo antiperonista dominante cada vez que se aproximaba esa fecha, esperada por los peronistas y despreciada y temida por los antiperonistas.

El peronismo se desdibujó ideológicamente con el neoliberalismo menemista y se revitalizó con el kirchnerismo al recuperar sus contenidos originales de vocación popular y nacional. Este último generó reacciones parecidas en lo emotivo y en lo político, probablemente no de la misma intensidad, pero en el mismo sentido, a las que produjo el primer peronismo.

La clase media se beneficia directamente cuando los trabajadores tienen buenos salarios y aumenta su capacidad de consumo.

Esto sucedió con PerónNéstor KirchnerCristina Fernández pero no fue así con Menem. Hasta el “rodrigazo”, la situación de los trabajadores había mejorado desde el ’73 a pesar de la inflación. En el caso del menemismo, los altos índices de desocupación y la drástica reducción de afiliados sindicales mostraron una clara contradicción entre el menemismo, el peronismo y los períodos peronistas de mayor prosperidad de los trabajadores.

El peronismo fue pensado por Perón sobre la base de los paradigmas de los movimientos populares de la segunda mitad del siglo XX, cuyo desempeño principal se daba en la movilización territorial y en los sindicatos. El aspecto electoral estaba en un plano secundario. El partido o la herramienta electoral era apenas la rama política del movimiento. Ese modelo empezó a cambiar cuando Perón regresó de su exilio. Y se reconvirtió finalmente en 1984, con el comienzo de la democracia: la figura del movimiento quedó prácticamente desplazada por la del partido. En una democracia estable, los procesos políticos empezaron a definirse cada vez más en términos electorales, cosa que antes no ocurría.

Estos 34 años de democracia han sido de aprendizaje para todas las fuerzas políticas, además del peronismo. Desde la izquierda trotskista, que ahora adoptó un lenguaje claramente electoralista, hasta la derecha, resignada a no respaldarse como antes en un partido militar. Es un aprendizaje lento en un país donde a los que más les cuesta aprender es a los que se proclamaron “demócratas” cuando la democracia para ellos eran los gobiernos militares o regímenes con proscripciones.

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