- Publicidad -

Cromañón: Los tres muertos de Morón: Gisela, José y Marianela. Es inexplicable, indecible con palabras, siquiera las imágenes pueden transmitir lo que significa la pérdida de un hijo. Pero Mónica Schild (39), de todos modos, entre lágrimas, logró contárselo a Anticipos. A las 09:30 del jueves 30 de diciembre de 2004, habló por última vez, aunque ella no lo supiera en ese momento, con su hija Marianela (19).

(por Laura Conde).-

– Hola, hola mamá. Estoy en Once te llamo para pedirte permiso para ir a bailar -, le dijo la hija a su madre.

«Ya estaba en Once, ¿qué le iba a decir? Nunca llegó tarde, jamás un problema con la policía, de lunes a viernes trabajaba, los sábados estudiaba. Llegué a decirle que se cuidara, que Once era bravo, y entonces me cortó porque sus amigos ya estaban entrando al boliche«, le contó a Anticipos Mónica.

Mónica dejó el geriátrico de Palermo en el que aún hoy trabaja. Subió al 166, bajó en Morón, volvió a subir a otro ómnibus y llegó al barrio de Texalar, Morón Sur. Eran las 23:30 cuando llegó cansada a su casa, encendió el televisor y  se horrorizó ante la noticia que emitía con letras gigantes la pantalla: el incendio de un boliche en Once contabilizaba 170 muertos.

Desesperada, Mónica llamó por teléfono a una de las amigas de Marianela para averiguar cuál era exactamente el lugar al que había ido su hija. Y escuchó del otro lado de la línea lo que menos deseaba. Su hija Marianela había asistido al recital de «Callejeros«, en República de Cromañón.

- Publicidad -

Sin dudar un instante, llamó, angustiada hasta el exceso, a sus familiares, y entonces, junto a su madre, su cuñado y su yerno, inició un recorrido que duraría toda la noche por clínicas y hospitales con la esperanza de encontrar a su hija en alguna habitación. Pero nada. Marianela no aparecía. «Me tuve que resignar, y entonces fuimos a la morgue y comenzamos prestar atención a la lista de fallecidos«, cuenta Mónica.

La incansable búsqueda terminó con la peor noticia. A las 20:00 del 31,en la segunda lista leída en las puertas de la Morgue Judicial, aparecía el nombre de Marianela Rojas. Y, aunque las autoridades del lugar no le permitían a su madre reconocer el cuerpo, argumentando que ya estaba identificado y que el procedimiento no era necesario, la mujer insistió y tuvo acceso al cadáver de su hija.

«Tenía cara de paz, de tranquilidad –cuenta Mónica, entre lágrimas, en el living de su casa-, sin señales de sufrimiento en el rostro. Solamente tenía un raspón en la mejilla derecha y una mancha negra del humo en la frente. Pero se notaba que no estuvo expuesta al fuego, no estaba quemada» narró Mónica, al recodar  el duro momento de enfrentarse al cuerpo sin vida de su hija.

Marianela ingresó a República de Cromañón pasadas las 21:30. La banda soporte había terminado su show y  apareció Callejeros sobre el escenario. Suena el primer tema y Marianela decide subir al primer piso para dirigirse al baño (en donde estaba la guardería clandestina) con dos de amigos Ezequiel Agüero y Matías Ferreira (también víctimas fatales de la «Tragedia de Cromañón»).

Estalla la bengala, se propaga el fuego, el pánico se apodera del público y ya nadie volverá a ver ni a Marianela, ni a Ezequiel ni a Matías con vida. En el infierno de la noche, el grupo de amigos se desespera y, a oscuras, rodeados por los gases, encuentran dentro del local a Matías. Logran sacarlo (sin saber que estaba muerto) y lo introducen en una ambulancia.

Marianela Rojas vivía en Morón Sur, barrio Texalar, junto a su madre, Mónica y tres de sus cuatro hermanas (Soledad, de 17; Leonela, de 15; y Iara, de 2).

Ya no se levantará todos los días a las 05:20 de la mañana para ir a trabajar a la fábrica de cortadoras de césped de La Roche al 700 (Máquinas Schäfer), no madrugará más los sábados para ir a estudiar la Academia Gastronómica Argentina y llegar a ser chef, no ayudará más económicamente a su madre ni imaginará junto a su abuela cómo será la casa que construirían en el terreno de Rafael Castillo que tenían intenciones de comprar.

Marianela no solía ir a recitales. En lo que tuvo de vida, sólo estuvo en dos. Una semana antes, presenció el mega show de Callejeros en el «Excursionistas«. Siete días más tarde, el 30 de diciembre del 2004, atravesó la puerta de República Cromañón para ver una vez más a «Callejeros«, y perdió la vida.

El padre de Gisela Barbalace (de Villa Sarmiento), también muerta en República de Cromañón, se excusó ante Anticipos. «Es todo muy reciente. Por el momento no estoy en condiciones de hablar ni de hacer declaraciones para ningún medio«, dijo y ya no pudo sostener la voz. Luego cortó.

La misma actitud tomó la familia de José Leandro Avalos (también del barrio Texalar).

En tanto, la comuna constituyó un «Comité de Ayuda para Víctimas de Emergencias y Catástrofes» (San Martín 964, teléfono 4628-8464) bajo la coordinación de la licenciada Diana Bueno (psicóloga y trabajadora social).

En las primeras cuatro horas de trabajo (abrió éste lunes a las 09:00), el Comité absorbió seis casos: el de un grupo de sobrevivientes que buscan terapia de grupo y el de una esposa que no sabe cómo contarle a su hijita de tres años que el papá se encuentra internado en estado crítico.

A su vez, el «Comité de Emergencia y Catástrofe» (del que también participa el Colegio de Psicólogos de Morón) brinda atención médica y realiza derivaciones. Y, confirmó Bueno que durará todo lo que sea necesario.

«Los casos que tratamos evidencian con-moción y stress postraumático. También, un sentimiento de marginalización. ¿Por qué a mí? Se preguntan muchos sin entender que se trató de un accidente. Están shockeados y no aceptan lo que ha sucedió», expresó la licenciada a este medio.

También podés seguirnos en twitter haciendo click en: @diarioanticipos

Anticipos Diario Twitter

- Publicidad -
Artículo anteriorDeslucida asunción de los nuevos concejales de Morón
Artículo siguienteCromañón: «Después de la muerte de Gisela, no tengo más vida», dijo el padre