En medio de una severa crisis del consumo y salarios en declive, el Ministerio de Defensa avanzó con la adquisición de 235 vehículos de combate Stryker a Washington. Aunque el costo total no fue revelado oficialmente, tomando como referencia compras previas la operación podría rondar entre los 580 y más de 650 millones de dólares. Pero ninguna de esas cifras es el precio oficial de la nueva compra. El monto definitivo todavía no fue informado y puede variar según el equipamiento, los repuestos, la capacitación y el soporte incluidos.
La discusión, entonces, no debería ser si las Fuerzas Armadas necesitan modernizarse. Claro que necesitan equipamiento. La discusión es qué modelo de defensa se está construyendo, cuánto le cuesta al país y qué lugar ocupa la industria argentina en ese proceso. Porque modernizar las Fuerzas Armadas es una cosa. Convertir cada necesidad de defensa en una oportunidad de negocio para proveedores extranjeros es otra.
Stryker: qué compró el Ministerio de Defensa y qué rol cumplirán en el Ejército
La operación se formalizó mediante la suscripción de la Carta de Oferta y Aceptación (LOA) en el marco del programa estadounidense de Ventas Militares al Extranjero (FMS). El acto fue encabezado por el ministro de Defensa, Carlos Alberto Presti, acompañado por el jefe del Estado Mayor General del Ejército, Oscar Santiago Zarich. Por parte de Estados Unidos participaron el embajador Peter Lamelas y el subsecretario adjunto del Ejército para Exportaciones y Cooperación de Defensa, Patrick Mason.
El nuevo lote de 235 vehículos de combate 8×8 se integrará a las primeras ocho unidades que Argentina ya había acordado incorporar, configurando el núcleo del proyecto de blindados a rueda del Ejército Argentino. Las unidades estarán distribuidas en diversas variantes tácticas: transporte blindado de infantería (ICV), evacuación médica, puestos de comando móvil y apoyo de fuego.
Dotados de tracción integral 8×8 y blindaje compuesto, los Stryker ofrecen alta movilidad táctica y protección contra fuego de armas ligeras, esquirlas y artefactos explosivos. Según los fundamentos oficiales, la adquisición busca dotar a la fuerza de rápida respuesta y despliegue estratégico, con el objetivo explícito de profundizar la interoperabilidad y unificar doctrinas con los estándares militares de Washington.
Los tanques son blindados 8×8 utilizados por el Ejército estadounidense. Según el Gobierno, permitirán mejorar la movilidad, la protección y la capacidad de despliegue de las tropas, pero también “profundizar la interoperabilidad” con las Fuerzas Armadas de Estados Unidos.
La expresión salió del propio Ministerio de Defensa en su comunicado para presentar la operación como un avance. En otras palabras, no se trata solamente de comprar vehículos: también se busca que el Ejército argentino opere cada vez de manera más compatible con los sistemas y estándares militares de Washington.
Si bien la LOA deja la compra formalmente encaminada, el comunicado del Gobierno no detalla cuánto va a costar la operación ni explica qué hace que esas condiciones sean “tan convenientes”. Y con 235 blindados en juego, el precio no es un detalle menor que pueda esconderse detrás del lenguaje de los comunicados oficiales.

Las “relaciones carnales” también tienen factura
Los Stryker son otro capítulo del alineamiento militar de Milei con Washington. Antes llegaron los 24 F-16 comprados a Dinamarca, una operación que se concretó porque Estados Unidos debía autorizar la transferencia de los aviones, al tratarse de material de origen estadounidense. Fue la salida elegida por Argentina para reemplazar a los Mirage retirados en 2015.
La compra también generó críticas. Luis Petri tuvo que salir a defender los F-16 frente a quienes los calificaron de “chatarra” y sostuvo que “la soberanía se ejerce con actos como esta compra de aviones”.
Pero, ¿qué soberanía hay cuando para reequiparse hay que mirar qué autoriza Washington y terminar comprándole material a sus aliados?
Ahora la escena se repite. F-16, Stryker y cada vez más interoperabilidad con Estados Unidos. Washington vende, Argentina compra y el Gobierno presenta ese alineamiento como soberanía.

¿Modernización o dependencia?
El Gobierno asegura que los 235 Stryker se incorporan bajo condiciones especialmente favorables. Ahora falta conocer cuáles son esas condiciones y, sobre todo, cuánto cuestan.
La referencia disponible permite dimensionar el negocio. Si se toma el promedio de US$ 2,5 millones de los primeros ocho vehículos, los 235 nuevos representarían unos US$ 587,5 millones. Si el costo promedio fuera de US$ 2,8 millones, la cuenta subiría a US$ 658 millones.





