La Fuerza Aérea no se hace cargo: su bautismo de fuego fue en Formosa contra índigenas y no en Malvinas contra ingleses

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Rincón Bomba fue el escenario de una de las masacres más brutales del siglo XX en la Argentina. En 1947, durante la presidencia de Juan Domingo Perón, el Estado ejecutó una represión contra el pueblo pilagá en el entonces Territorio Nacional de Formosa, un hecho silenciado durante décadas y reconocido como genocidio más de setenta años después.

El contexto histórico de la represión

Para comprender lo ocurrido en Rincón Bomba es necesario retroceder varias décadas. La masacre no fue un hecho aislado, sino parte de un proceso de sometimiento de los pueblos originarios en el norte argentino. Desde fines del siglo XIX, el Estado impulsó campañas militares y políticas de control territorial que derivaron en la explotación sistemática de comunidades indígenas. Las reducciones, el trabajo forzado y el despojo territorial formaron parte de ese esquema. En ese marco, lo sucedido aparece como una consecuencia extrema de esa lógica estatal.

En ocasiones el sufrimiento no tiene fin
En ocasiones el sufrimiento no tiene fin

El origen del conflicto que terminó en Rincón Bomba

En mayo de 1947, el ingenio San Martín del Tabacal, propiedad de Robustiano Patrón Costas, incumplió las condiciones laborales de cientos de trabajadores indígenas. El pago prometido fue reducido a menos de la mitad. Tras las protestas, los trabajadores fueron expulsados. Sin recursos, miles de personas iniciaron una migración forzada hacia Formosa, que terminaría concentrándose en la zona de Rincón Bomba.

Formosa tenía apenas años de formación. En 1879, al finalizar la guerra de la Triple Alianza, nace la ciudad de Formosa con el
traslado de Villa Occidental. Hasta 1884, será la capital del Gran Chaco, momento en que se separa en dos territorios (Formosa y Chaco) dependientes ambos del poder central como territorio federal.

El Ingenio San Martín del Tabacal había sido fundado en Formosa justamente porque las leyes que regían el territorio emanaban de Poder Ejecutivo Nacional, en ese entonces en manos de Juan Domingo Perón.

En el ingenio trabajaban a finales de abril de 1947, cientos de familias pertenecientes a los pueblos indígenas qom, pilagá, mocoví, chorote y wichí, que habitaban en el Territorio Nacional de Formosa.

Rincón Bomba, Formasa, y el Imperio de San Martín del Tabacal
Rincón Bomba, Formasa, y el Imperio de San Martín del Tabacal

La concentración en Rincón Bomba y el temor estatal

Miles de indígenas —pilagás, qom, wichís y mocovíes— se instalaron en el paraje de Rincón Bomba, en La Lomita, en condiciones extremas de hambre y abandono. El grupo era liderado por el sanador Tonkiet (rebautizado Luciano Córdoba), y los caciques Oñedie (rebautizado Paulo «Pablito» Navarro) y Nola Lagadick. Por entonces Las Lomitas era una localidad habitada por 1974 personas, la mayoría de ellos gendarmes y sus familias según comprobamos en el Censo de 1947.

La presencia masiva fue interpretada como una amenaza. La idea de un supuesto “malón” comenzó a circular en Las Lomitas, generando presión sobre las autoridades. La Gendarmería Nacional estableció un cerco armado sobre la comunidad en Rincón Bomba, montando posiciones con ametralladoras y controlando los movimientos.

Aterrorizados ante las noticias que hablaban de un inminente ataque indígena, los vecinos de Las Lomitas se reunieron en la sede de la Comisión de Fomento y reclamaron la intervención del Escuadrón de Gendarmería Nacional. Presionados por los vecinos, el comandante Emilio Fernández Castellanos dio la orden de establecer un «cordón de seguridad» de unos cien gendarmes alrededor del campamento pilagá, para impedir el contacto con la población «blanca», colocando cuatro nidos de ametralladoras en sitios estratégicos.[21] Adicionalmente la Gendarmería allanó las chozas indígenas y confiscó las armas que tenían en su poder (escopetas obsoletas, cuchillos y machetes).[24

Hambre, abandono y escalada hacia la masacre

La crisis se agravó cuando alimentos enviados por el Estado llegaron en malas condiciones, provocando intoxicaciones y muertes. La situación humanitaria se volvió insostenible. La tensión creció y el conflicto pasó de social a militar.

El 10 de octubre de 1947, en Rincón Bomba, la Gendarmería convocó a una reunión con los caciques. Las familias acudieron confiadas. Muchas llevaban imágenes de Perón y Evita. La respuesta fue una descarga de ametralladoras. La masacre comenzó con disparos indiscriminados contra hombres, mujeres y niños.

La persecución tras la masacre

Después del ataque inicial, la represión continuó durante días. Los sobrevivientes fueron perseguidos en el monte a lo largo de kilómetros. La violencia incluyó fusilamientos, desapariciones, violaciones y quema de cuerpos. Se estima que entre 750 y 1000 personas murieron como consecuencia de la masacre de Rincón Bomba.

El apoyo aéreo

La represión en Rincón Bomba contó con intervención de la Fuerza Aérea Argentina. Un avión Junkers Ju 52, equipado con ametralladoras, operó entre el 15 y el 23 de octubre, participando en la persecución de los indígenas. La aeronave partió desde la base de El Palomar, Morón, reforzando el operativo represivo.

JU52-F-AZJU, el original alemán que se utilizó para transportar tropas
JU52-F-AZJU, el original alemán que se utilizó para transportar tropas

Entre los crímenes perpetrados se registraron fusilamientos, desapariciones, torturas, violaciones, secuestros y la reducción a trabajos forzados de cientos de personas. Como consecuencia del operativo represivo, se estima que murieron entre 750 y 1000 víctimas.

JU-52-87 que atacó poblaciones indígenas que se lo armó de ametralladoras para matar en masa a indígenas
JU-52-87 que atacó poblaciones indígenas que se lo armó de ametralladoras para matar en masa a indígenas

Fue el primer ataque aéreo contra objetivos terrestres efectuado por la Fuerza Aérea. Tal acción ha sido calificada como el bautismo de fuego de esta, aunque oficialmente no es reconocida de ese modo.

En 1947, la conducción de la aviación militar argentina estaba en manos del brigadier Bartolomé de la Colina, quien se desempeñaba como máxima autoridad de la naciente Fuerza Aérea Argentina en pleno proceso de consolidación institucional.

La Fuerza Aérea Argentina había sido reconocida como arma independiente pocos años antes, en 1945, dejando atrás su dependencia del Ejército. Para 1947, ya bajo la presidencia de Juan Domingo Perón, el objetivo era estructurar una fuerza moderna, con doctrina propia, capacidad operativa y presencia territorial.

En ese contexto, Bartolomé de la Colina ocupaba el cargo de Comandante en Jefe de la Aeronáutica, función equivalente al actual jefe de la Fuerza Aérea, con responsabilidad directa sobre la organización, el despliegue y las operaciones aéreas en todo el país.

Formado dentro del Ejército en los años previos a la autonomía de la aviación militar, De la Colina integró el grupo de oficiales que protagonizaron la transición hacia una fuerza independiente. Su gestión estuvo marcada por la institucionalización del arma aérea y la consolidación de su estructura operativa.

La jefatura de Bartolomé de la Colina resulta un dato central para analizar cualquier intervención o despliegue aéreo en 1947, ya que toda acción de la Fuerza Aérea Argentina respondía a su cadena de mando directa dentro del esquema militar del gobierno de Juan Domingo Perón.

Este es avión utilizado para disparar con ametralladora a los indios estafados que huyeron a Las Lomitas, Rincón Bomba
Este es exactamente el avión utilizado para disparar con ametralladora a los indios estafados que huyeron a Las Lomitas, Rincón Bomba. Fue adquirido a los aliados luego de la Segunda Guerra Mundial. Sin bien era alemán, los aliados habían incautado todos sus bienes, sobre todos los de guerra.

Mediante la Ley N.º 18 559/70 fue declarado como Precursor de la Aeronáutica Argentina.

Desde marzo de 1995 y hasta el 20 de agosto de 2008 el nombre oficial del Aeropuerto Internacional Astor Piazzolla de Mar del Plata, provincia de Buenos Aires, fue Aeropuerto Internacional Brigadier General Bartolomé de la Colina.

En 2022 el ministro de Defensa impuso el nombre «Brigadier General Bartolomé de la Colina» al Centro de Experimentación y Lanzamiento de Proyectiles Autopropulsados de Chamical, La Rioja.

Reducción y trabajo forzado tras Rincón Bomba

Los sobrevivientes fueron trasladados a colonias indígenas como Francisco Muñiz y Bartolomé de las Casas. Allí fueron sometidos a trabajos forzados y control estatal, en un sistema de reducción que buscaba disciplinar a la población.

El encubrimiento de la masacre

Tras lo ocurrido, el Estado construyó una versión oficial que hablaba de un “alzamiento indígena”. La prensa replicó esa narrativa, justificando la represión y ocultando el crimen. Durante décadas, la masacre de Rincón Bomba desapareció del relato oficial.

La construcción de la versión oficial no fue un hecho aislado ni espontáneo, sino el resultado de una acción coordinada dentro del propio aparato estatal. Los primeros informes elaborados por la Gendarmería Nacional presentaron lo ocurrido como un supuesto “alzamiento indígena”, una interpretación que luego fue avalada por el entonces Ministerio del Interior a cargo del dirigente sindical socialista Ángel Borlenghi y replicada por las autoridades del Territorio Nacional de Formosa, a cargo de Juan Carlos Díaz Colodrero, un ignota en la historia argentina.

Esa narrativa fue rápidamente amplificada por la prensa de la época, que adoptó términos como “malón” o “sublevación”, consolidando un relato que buscó justificar la represión y desviar la responsabilidad del Estado sobre los hechos. La masacre no tuvo cobertura periodística proporcional a su gravedad.

Qué publicaron —y qué no— los diarios de Formosa y la región

En el plano local, la evidencia disponible muestra una ausencia casi total de cobertura directa, detallada e inmediata. El principal medio de la zona, El Territorio, no dejó registros contundentes de haber informado el hecho como una masacre. Las investigaciones posteriores sugieren que, en el mejor de los casos, pudieron existir menciones indirectas, encuadradas bajo terminología oficial, sin descripción de la magnitud de lo ocurrido.

Algo similar ocurre con La Voz del Chaco, que tenía circulación en el nordeste argentino. No hay constancia de que haya denunciado abiertamente los hechos ni que los haya jerarquizado como un episodio relevante. Otras publicaciones de menor escala —boletines, hojas políticas o ediciones discontinuas— tampoco dejaron huella significativa en términos de cobertura periodística verificable.

El comportamiento de la prensa nacional

En Buenos Aires, los grandes diarios tampoco instalaron el tema. Medios de peso como La Nación y La Prensa no construyeron el episodio como un caso de interés nacional. No hubo investigaciones, ni seguimientos, ni titulares que reflejaran la magnitud de la represión. En términos concretos, el hecho no se transformó en noticia de agenda. Por su parte, Democracia, alineado con el gobierno de Juan Domingo Perón, tampoco impulsó una cobertura crítica ni visibilizó lo sucedido en clave de denuncia.

Qué dicen los hechos comprobados

Desde una perspectiva de rigor histórico, es clave separar lo comprobado de lo interpretativo. Los datos verificables indican: A) no existió cobertura masiva ni sostenida en los principales diarios del país; B) el episodio no generó un escándalo público en 1947 ni en los años inmediatos; C) la reconstrucción detallada del caso surgió décadas más tarde, a partir de testimonios, archivos y trabajos de investigación como los de Valeria Mapelman y su película que grabó en 2010.

Por qué ocurrió este silencio informativo

Las explicaciones provienen del campo académico y deben ser leídas como interpretaciones fundadas. Entre las más aceptadas aparecen: A) el aislamiento geográfico del hecho, ocurrido en una zona periférica del Territorio Nacional de Formosa, lejos de los centros de poder mediático; B) la fuerte dependencia de los medios respecto de fuentes oficiales, como partes de Gendarmería o autoridades territoriales; C) el contexto político del primer peronismo, con una estructura de comunicación más centralizada; D) la histórica invisibilización de la violencia contra pueblos originarios, que no formaba parte de la agenda prioritaria de la prensa.

Una conclusión incómoda

La Masacre de Rincón Bomba no solo fue un episodio de violencia estatal: también fue un caso de «silencio mediático estructural» (frase que acabo de inventar). En 1947, la combinación de aislamiento territorial, dependencia informativa y contexto político derivó en una cobertura inexistente o insuficiente. El resultado fue que uno de los hechos más graves del siglo XX argentino no fue narrado en tiempo real, y su historia debió reconstruirse décadas después.

Porteños junto a la comunidad Pilagá tratando de persuadirlos de trabajar para ellos
Porteños junto a la comunidad Pilagá tratando de persuadirlos de trabajar para ellos

La verdad sobre Rincón Bomba emerge décadas después

Recién en 2005, la Federación del Pueblo Pilagá inició acciones judiciales para investigar lo ocurrido. Las investigaciones permitieron hallar restos, reconstruir testimonios y documentar la masacre. En 2019, la Justicia calificó los hechos como lesa humanidad, y en 2020 como genocidio.

Las Claves

Un repaso sintético de los datos centrales de la masacre: fechas, víctimas, fuerzas intervinientes y el reconocimiento judicial que llegó más de siete décadas después.

DatoInformación
1) HechoMasacre de Rincón Bomba
2) Fecha10 al 30 de octubre de 1947
3) LugarRincón Bomba, Formosa
4) VíctimasEntre 750 y 1000 indígenas
5) ReconocimientoGenocidio (2020)

Filmografía

Octubre pilagá, relatos sobre el silencio (80 min) y La historia en la memoria (18 min.) son dos documentales de la realizadora Valeria Mapelman estrenados en 2010. Ambos trabajos registran las memorias personales de las víctimas, sus hijos y testigos de la zona que dan cuenta de la masacre. Octubre pilagá fue premiado en el BAFICI 2010 en la sección de Derechos Humanos, y ganó el premio al mejor documental en el Festival Internacional Ícaro, de Guatemala.

Una herida abierta

La masacre de Rincón Bomba sigue siendo una de las páginas más oscuras de la historia argentina. El reconocimiento judicial fue un paso importante, pero la falta de condenas y la persistente invisibilización mantienen abierta una deuda histórica. Recordar Rincón Bomba es una forma de exigir memoria, verdad y justicia.

Este medio agradece a Norberto Urso, ex detenido y desaparecido, militante de los derechos humanos, integrante del campo popular y nacional, investigador y escritor por aportar los datos iniciales para realizar este texto. Y por supuesto, con esta nota queremos simplemente homenajearlo.

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