Adiós a Nélida Valaris, clave en la causa por partos clandestinos, ex empleada de la ex Contituyentes de Morón

La muerte de Nélida Valaris vuelve a sacudir una de las heridas más profundas de la Argentina: los partos clandestinos en Campo de Mayo y la apropiación de bebés durante la dictadura. La ex partera, que trabajó en la Clínica Constituyentes y declaró en causas judiciales, quedó vinculada a investigaciones sobre nacimientos en cautiverio, un engranaje del terrorismo de Estado que aún hoy sigue bajo escrutinio judicial y conmueve a la sociedad.

Publicación

Partos clandestinos. Ese fue el eje que marcó para siempre el nombre de Nélida Valaris, fallecida la semana pasada, y que volvió a poner en primer plano una de las tramas más sensibles de la última dictadura: los partos clandestinos en Campo de Mayo y el destino de bebés nacidos en cautiverio. La ex partera, que trabajó en la Clínica Constituyentes y declaró ante la Justicia, quedó bajo la lupa en investigaciones por apropiación de recién nacidos, un capítulo que todavía estremece y mantiene abiertas causas judiciales.

En el corazón del Hospital Militar de Campo de Mayo, donde funcionó una maternidad clandestina durante la última dictadura, una partera asistió partos de mujeres secuestradas sin registros oficiales ni identidad garantizada para sus hijos. Décadas después, su nombre —Nélida Valaris— apareció en los juicios de lesa humanidad, donde su testimonio ayudó a reconstruir cómo operaba uno de los engranajes más oscuros del terrorismo de Estado y el circuito de partos clandestinos.

Existe información documentada sobre la partera Nélida Valaris —mencionada en algunas crónicas judiciales también como Balaris— quien se desempeñó en el Sector de Ginecología y Obstetricia del Hospital Militar de Campo de Mayo durante la última dictadura militar argentina (1976-1983).

Nélida Valaris, la parte de Campo de Mayo, en vida, oculta, ya sin estar entre partos sino con tareas administrativas en la ex Clínica Constituyentes de Morón
Nélida Valaris, la parte de Campo de Mayo, en vida, oculta, ya sin estar entre partos sino con tareas administrativas en la ex Clínica Constituyentes de Morón

Su nombre cobró relevancia en el marco de los juicios por delitos de lesa humanidad vinculados a la denominada “maternidad clandestina” que funcionó en ese predio militar. Según se reconstruyó en el ámbito judicial, en ese sector del hospital mujeres secuestradas por el terrorismo de Estado dieron a luz en condiciones irregulares y sus hijos fueron posteriormente apropiados en el marco de partos clandestinos.

Valaris declaró en distintas oportunidades ante la Justicia acerca de su trabajo en el hospital y sobre al menos dos partos de mujeres detenidas ilegalmente que asistió. En sus testimonios sostuvo que desconocía la situación real de esas pacientes y afirmó que, de haber sabido lo que ocurría, habría rechazado participar e incluso considerado abandonar el país.

Sus declaraciones fueron incorporadas como prueba en las causas que investigaron el circuito de nacimientos clandestinos y apropiación de bebés en Campo de Mayo. Durante aquellos años, el hospital militar no solo funcionó como centro de atención sanitaria, sino también como escenario sistemático de partos clandestinos de mujeres privadas ilegalmente de su libertad, cuyos hijos quedaron fuera de todo registro oficial.

Un grupo de jóvenes embarazadas que pasó por el Hospital Militar de Campo de Mayo, parieron y luego fueron ejecutadas
Un grupo de jóvenes embarazadas que pasó por el Hospital Militar de Campo de Mayo, parieron y luego fueron ejecutadas

“Es una mochila muy pesada”

Durante años, Nélida Valaris guardó imágenes que, según ella misma definió, “no se borran nunca”. No eran recuerdos difusos: eran escenas precisas. Mujeres vendadas. Habitaciones frías. Recién nacidos separados de sus madres en cuestión de segundos tras partos clandestinos.

Licenciada en Obstetricia, y ya cerca de jubilarse, declaró por cuarta vez ante la Justicia sobre lo que vivió mientras trabajaba en el Hospital Militar de Campo de Mayo durante la última dictadura. Esta vez lo hizo ante el Tribunal Oral Federal Nº 6, en el juicio que analiza la apropiación de bebés nacidos en ese hospital en el marco de los partos clandestinos. Su testimonio no sólo reconstruyó hechos: también expuso el clima interno de una institución atravesada por el secreto, la obediencia y el miedo.

Otro grupo de jóvenes mujeres que también pasaron por el Hospital Militar de Campo de Mayo para tener su hijo o hija que no llegaron a conocer y luego ser ejecutadas
Otro grupo de jóvenes mujeres que también pasaron por el Hospital Militar de Campo de Mayo para tener su hijo o hija que no llegaron a conocer y luego ser ejecutadas

El hospital como engranaje

El Hospital Militar de Campo de Mayo no fue un centro clandestino típico. Era un hospital formal, con salas, quirófanos y personal civil y militar. Justamente por eso resultaba funcional: ofrecía una fachada de legalidad mientras en su interior se desarrollaban partos clandestinos vinculados al plan sistemático de apropiación.

En ese ámbito trabajó Valaris durante siete años en el sector de Ginecología y Obstetricia. Recordó nombres de superiores y colegas, pero sobre todo describió el mecanismo: mujeres vendadas, custodiadas, sin historias clínicas formales. Tras el parto, desaparecían.

Otro grupo de jovencitas, todas fueron trasladadas de su lugar detención al Hospital Militar de Campo de Mayo para parir y luego ser ejecutadas
Otro grupo de jovencitas, todas fueron trasladadas de su lugar detención al Hospital Militar de Campo de Mayo para parir y luego ser ejecutadas

Los dos partos que marcaron su vida

Ubicó los hechos entre 1976 y 1977. Ambos ocurrieron de día. Una mujer “llamativamente canosa”, con los ojos cubiertos, parió en silencio absoluto. El segundo caso la impactó aún más: fue trasladada por orden superior a asistir a una detenida en la cárcel de encausados de Campo de Mayo.

La escena quedó grabada: frío intenso, fuerte custodia, una joven rubia vendada. Nació un varón. Apenas cortó el cordón umbilical, se lo llevaron. Intentó apoyarlo unos segundos sobre el vientre materno para darle calor. No se lo permitieron.

Ese instante —la separación inmediata— fue uno de los núcleos del mecanismo de los partos clandestinos: impedir el vínculo inicial y borrar la identidad desde el primer minuto. No registró el parto. No sabía el nombre de la mujer. Nunca volvió a verla.

Jóvenes, embarazadas, en pareja, viajaban solas desde su lugar de detención al Hospital Militar de Campo de Mayo para mantener un parte clandestino y después encontrarse con la muerte sin tener a su hijo por un segundo en brazos
Jóvenes, embarazadas, en pareja, viajaban solas desde su lugar de detención al Hospital Militar de Campo de Mayo para parir y después encontrarse con la muerte

“El fondo”

Dentro del hospital existía un sector conocido como “Epidemiología”, al que el personal llamaba “el fondo”. Allí, según declaró, controlaban embarazos de mujeres detenidas: latidos, presión, semanas de gestación. Ventanales tapiados, aislamiento, ojos vendados.

“Las mujeres parían y se iban y venían otras”, sostuvo. El flujo constante evidenciaba que no se trataba de hechos aislados, sino de un circuito organizado de partos clandestinos.

El miedo y las amenazas

Tras la recuperación democrática, declaró ante la Conadep. Recibió amenazas. Años después volvió a testimoniar en las causas por el Plan Sistemático de Apropiación de Menores.

En el hospital, recordó, se hablaba de “las detenidas” o “las sediciosas”. El lenguaje deshumanizaba. Muchos trabajadores civiles —según afirmó— desconocían la dimensión del sistema. La compartimentación fue parte del engranaje que permitió que los partos clandestinos funcionaran dentro de una institución formal.

“Es una mochila muy pesada”, repitió. No se refería sólo a recuerdos. Hablaba del peso de haber sido parte —aunque afirmara no conocer la totalidad del plan— de un dispositivo que terminó con bebés apropiados y madres desaparecidas. Cada uno de aquellos partos clandestinos no fue sólo un acto médico: fue el inicio de una identidad robada. Y esa carga, dijo, no desaparece con el tiempo.

Juicio por la maternidad clandestina de Campo de Mayo

CategoríaInformación
Lugar de los hechosHospital Militar de Campo de Mayo, dentro del predio de Campo de Mayo
Tribunal intervinienteTribunal Oral en lo Criminal Federal N°1 de San Martín
Período investigadoDictadura militar (1976-1983)
Hechos juzgadosFuncionamiento de una maternidad clandestina, partos de mujeres secuestradas y apropiación de recién nacidos
Imputados relevantesReynaldo Bignone, Santiago Omar Riveros, entre otros jefes militares
DelitosPrivación ilegal de la libertad, tormentos, homicidios y sustracción de identidad de menores
ResolucionesCondenas a prisión perpetua y penas de larga duración en distintos tramos del megajuicio
Impacto históricoAporte clave para reconstruir el circuito de nacimientos en cautiverio y para la restitución de identidad impulsada por Abuelas de Plaza de Mayo
El principal responsable del Hospital Militar de Campo de Mayo, Reynado Bignone, el último dictador que le entregó el mando a Raúl Alfonsín
El principal responsable del Hospital Militar de Campo de Mayo, Reynaldo Bignone, el último dictador que le entregó el mando a Raúl Alfonsín

Causa y tribunal

La partera Nélida Valaris declaró en el marco de las causas conocidas como “Campo de Mayo”, que investigaron los crímenes cometidos en esa guarnición militar durante la última dictadura. Su testimonio se incorporó en los juicios por los delitos cometidos en la denominada “maternidad clandestina” que funcionó en el Hospital Militar de Campo de Mayo, dentro del predio de Campo de Mayo. Las audiencias se realizaron ante el Tribunal Oral en lo Criminal Federal N°1 de San Martín, que llevó adelante varios tramos del megajuicio.

Año

Su declaración pública más difundida corresponde a las audiencias desarrolladas en 2014, cuando comenzaron a juzgarse específicamente los casos de mujeres embarazadas secuestradas que dieron a luz en ese hospital militar.

Contexto del juicio

La causa investigó:

  • El funcionamiento de una maternidad clandestina dentro del hospital.
  • El traslado de mujeres embarazadas detenidas ilegalmente para que dieran a luz allí.
  • La apropiación y sustitución de identidad de los recién nacidos.

Estos hechos forman parte de los delitos de lesa humanidad cometidos durante el terrorismo de Estado (1976-1983) y están vinculados con las investigaciones impulsadas históricamente por organismos como Abuelas de Plaza de Mayo.

Principales imputados

Entre los acusados juzgados en distintos tramos de la causa estuvieron:

  • Reynaldo Bignone, último presidente de facto.
  • Santiago Omar Riveros, ex comandante de Institutos Militares.
  • Jorge Luis García, ex director del Hospital Militar.

Penas de larga duración (según tramo y responsabilidad)

  • Jorge Luis García – vinculado al Hospital Militar.
  • Luis Ángel Firpo – condenado en tramos vinculados a secuestros y tormentos.
  • Germán José Montenegro – integrante del aparato represivo del área.
  • Hugo Alberto García – vinculado a centros clandestinos del predio.
  • Eduardo Raúl Corrado – condenado por delitos de lesa humanidad en la jurisdicción.
  • Carlos del Señor Hidalgo Garzón – ex oficial del Ejército condenado en los tramos de Campo de Mayo.

Las penas variaron entre prisión perpetua y condenas de más de 15, 20 o 25 años, según el grado de responsabilidad y los hechos acreditados (privación ilegal de la libertad, tormentos, homicidios y, en algunos tramos, apropiación de menores).

Qué resolvió el tribunal

En los distintos tramos del megajuicio, el tribunal dictó condenas a prisión perpetua y penas de larga duración para varios de los responsables por secuestros, tormentos, homicidios y apropiación de menores.

El caso de la maternidad clandestina fue considerado clave porque permitió reconstruir el circuito de nacimientos en cautiverio dentro de Campo de Mayo, uno de los principales complejos represivos del país.

Aunque la entonces partera de Campo de Mayo, Nélida E. Valaris, fue desprestigiada luego de declarar, su aporte fue muy valioso para reconstruir cómo fue el Plan Sistemático de Bebés sin que a ella lo afectara. Se presentó y testificó de buena fe y sin embargo no fue retribuida de la misa manera porque muchos no le creyeron que ella «no sabía qué pasaba» como narró en el juicio.

De Campo de Mayo a la ex Clínica Constituyentes, hoy Santa Clara

Mario L. Piccinin y la Clínica Constituyentes: auge, crisis y caída de un emblema sanitario en Morón

La Clínica Constituyentes tuvo su época de oro en los '90 pero lentamente se vino abajo
La Clínica Constituyentes tuvo su época de oro en los ’90 pero lentamente se vino abajo. Vita’s fue su pre paga.

Fundada a comienzos de los años 80, la institución logró consolidarse como referencia médica en Morón. Sin embargo, en los últimos años enfrentó una profunda crisis financiera y denuncias laborales que pusieron en cuestión su modelo de gestión y derivaron en una reestructuración total.

Con la apertura democrática, dejó el Hospital Militar de Campo de Mayo y buscó trabajo en la sociedad civil. Finalmente encontró trabajo en la ex Clínica Constituyes a fines de los años ’80 y falleció la semana pasada. Fue parte de la Conducción de la clínica que se detalla a continuación.

  • Presidente: Mario L. Piccinin
  • Vicepresidenta: Silvia Insua
  • Directora: Lic. Karina A. Piccinin
  • Director Ejecutivo: Lic. Julián Octavio Piccinin
  • Director Médico: Dr. Daniel Nul
  • Gerente de Administración: Lic. Pablo Ferraro
  • Gerente de Recursos Humanos: Dr. Ariel Raggio
  • Gerente de Compras: Lic. Karina Piccinin
  • Coordinadora General de Gestión de Pacientes: Lic. Nélida E. Valaris

Comité de Calidad:

  • Dr. Daniel Nul
  • Lic. Nélida E. Valaris
  • Lic. Adriana Capelli

La historia de la Clínica Constituyentes es también la historia de un modelo de gestión privada que acompañó el crecimiento del conurbano oeste desde los años 80. Según distintas reseñas periodísticas y registros empresariales, la institución fue creada a comienzos de esa década y quedó bajo la órbita de la familia Piccinin, con Mario L. Piccinin como una de sus principales figuras directivas.

Durante años, el sanatorio amplió servicios y consolidó su posicionamiento en el mercado de salud privado, ofreciendo guardia, internación y especialidades médicas. En una región con alta densidad poblacional y fuerte dependencia de obras sociales, la clínica logró sostener una estructura de mediana complejidad que la convirtió en un actor sanitario relevante.

Así ve vio la Clínica Constituyentes cuando comenzó a llamarse Santa Clara
Así ve vio la Clínica Constituyentes cuando comenzó a llamarse Santa Clara

Las tensiones del sistema

El modelo, sin embargo, comenzó a mostrar fisuras en un contexto macroeconómico adverso. La inflación crónica, los atrasos en los pagos de financiadores y la presión de costos impactaron de lleno en la estructura del sanatorio.

Trabajadores denunciaron atrasos salariales y condiciones laborales irregulares en distintos momentos de la última década. Los conflictos escalaron con medidas de fuerza, visibilización pública y reclamos judiciales. Las coberturas de medios locales reflejaron una situación crítica que afectó tanto al personal como a pacientes.

El punto de quiebre

La crisis derivó finalmente en un cambio de administración. La clínica dejó de estar bajo la conducción histórica de la familia Piccinin y pasó a nuevos grupos empresarios, en un proceso de reestructuración que incluyó redefinición operativa y modificaciones en la estructura societaria.

El desenlace dejó interrogantes abiertos: ¿fue la crisis resultado exclusivo del contexto sanitario argentino o hubo errores en la gestión? ¿Se trató de un problema estructural del sistema o de un modelo empresarial agotado?

Los trabajadores de la Clínica Constituyentes reclamaron durante tres años posteriores a la pandemia cobrar sus salarios pero hubo pocas respuestas
Los trabajadores de la Clínica Constituyentes reclamaron durante tres años posteriores a la pandemia cobrar sus salarios pero hubo pocas respuestas

Balance y preguntas pendientes

La figura de Mario L. Piccinin quedó asociada a la etapa más extensa de la clínica: su consolidación y también su deterioro. Para algunos actores del sector, representó el desarrollo de un emprendimiento privado que dio empleo y cobertura médica durante décadas. Para otros, la crisis expuso debilidades administrativas y falta de previsión en un sistema cada vez más complejo.

La historia de la Clínica Constituyentes no es un caso aislado: sintetiza las tensiones que atraviesa la salud privada en el conurbano bonaerense. Y deja, todavía, preguntas abiertas sobre responsabilidades, decisiones empresariales y el futuro del sistema sanitario regional.

Nélida Elena Valaris llegó a la Clínica Constituyentes

La evidencia pública indica que Nélida E. Valaris fue una profesional de la salud con antecedentes como obstetra (entre ellos trabajo y testimonios vinculados al Hospital Militar de Campo de Mayo) y que, en la etapa más reciente documentada, aparece en la nómina/directorio operativo de la Clínica Constituyentes de Morón en un rol administrativo/operativo (coordinadora/gestión de pacientes). No hay, sin embargo, un acta pública o nota que describa con detalle la fecha exacta y la forma jurídica (contratación, designación societaria, compra de participación) de su ingreso a la clínica.

Karina Piccinini, miembro del Directorio, la única a la que se le conoce la cara
Karina Piccinini, miembro del Directorio, la única a la que se le conoce la cara

Qué muestran las fuentes

  1. Antecedentes profesionales y judiciales: Valaris declaró y figura en expedientes vinculados a investigaciones por delitos de Lesa Humanidad, donde se la identifica como obstetra que trabajó en el Hospital Militar de Campo de Mayo en la época de los hechos juzgados. Esos testimonios y expedientes la posicionan como profesional con trayectoria clínica previa.
  2. Presencia en el staff operativo de la clínica: en directorios públicos y fichas institucionales (por ejemplo perfiles y listados de personal de la Clínica Constituyentes) Nélida Valaris aparece listada en funciones de coordinación y gestión de pacientes —un cargo administrativo/operativo dentro del organigrama del sanatorio— junto a otras autoridades (presidente, director médico, gerentes). Esto sugiere que su llegada a la clínica fue en calidad de integrante del equipo de conducción/gestión, no necesariamente como socia fundadora.

Noticias relacionadas

La verdadera historia del Cine Petit Palace

La verdadera historia del Cine Petit Palace es, en realidad, la historia del crecimiento cultural de Ituzaingó. Desde su inauguración en 1925 hasta su...

Qué son las tierras raras y por qué se convirtieron en el “oro” estratégico del siglo XXI

Qué son las tierras raras: Son 17 elementos químicos poco conocidos por el público, pero indispensables para la tecnología moderna. Están en los celulares,...

Deportivo Morón: arranque equilibrado y mirada puesta en el torneo largo

Deportivo Morón: arranque equilibrado. No arrancó goleando ni liderando la tabla, pero dejó algo igual de importante: señales de equipo serio. Invicto tras dos...

En 1928 abrió el Cine Teatro Palacios de El Palomar: la sala que marcó a generaciones

El Cine Teatro Palacios abrió sus puertas en 1928 sobre la calle Pedernera, a metros de la estación ferroviaria de El Palomar. Fue la...
spot_img
spot_img
spot_img
spot_img
spot_img