El El «Efecto Jesús María» se escuchó en el estruendo de los aplausos que recibieron a Javier Milei de las 30 mil personas que estuvieron esa nota, aún retumba en los oídos del peronismo. En el anfiteatro José Hernández de Jesús María no fue solo un fenómeno de color festivalero; fue un sismo político cuyas réplicas llegaron directamente al despacho del gobernador Martín Llaryora. Las 30.000 personas que vitorearon al Presidente representan el núcleo duro del electorado que ha sostenido al «cordobesismo» en el poder desde 1999: el sector agroindustrial, las clases medias del interior y el voto joven.
El fin de la «Sociedad de Convivencia»
Históricamente, el peronismo cordobés —bajo las figuras de José Manuel de la Sota y Juan Schiaretti— logró domesticar a los presidentes de turno. La dinámica era clara: el mandatario nacional de turno (ya fuera Néstor Kirchner o Mauricio Macri) recibía el calor del público cordobés siempre escoltado por el gobernador peronista local.
Sin embargo, el viernes se rompió la tradición. Al lado de Milei no estuvo Llaryora capitalizando el apoyo, sino Gabriel Bornoroni, el jefe del bloque de La Libertad Avanza en la Cámara de Diputados. Para la mesa chica del oficialismo provincial, esto marca un punto de inflexión: la Casa Rosada ya no busca un aliado en el Centro Cívico, sino un reemplazo.
Gabriel Bornoroni no es cualquiera
Es un abogado, empresario y político argentino que actualmente se desempeña como Diputado de la Nación por la provincia de Córdoba y y en Córdoba estuvo el fin de semana participando del festival al lado del Presidente Javier Milei y alimentando «El Efecto Jesús María».
Los aspectos más relevantes de su trayectoria y cargos actuales:
Cargos Políticos Actuales
- Presidente del Bloque de Diputados de La Libertad Avanza (LLA): Ejerce esta función desde el 10 de abril de 2024, tras la salida de Oscar Zago de la conducción del bloque.
- Diputado Nacional: Representa a Córdoba para el período legislativo 2023-2027.
- Referente Partidario: Es el presidente de la fuerza La Libertad Avanza en el distrito de Córdoba.
Perfil y Trayectoria
- Formación: Es abogado de profesión.
- Sector Empresarial: Antes de su rol legislativo de tiempo completo, se destacó como dirigente empresarial en el sector de los hidrocarburos, llegando a presidir la Confederación de Entidades del Comercio de Hidrocarburos y Afines de la República Argentina (CECHA) y la Federación de Expendedores de Combustibles y Afines del Centro de la República (FECAC).
- Vínculos Políticos: Se lo considera un hombre de extrema confianza de Karina Milei (Secretaria General de la Presidencia) y de Martín Menem (Presidente de la Cámara de Diputados).
- Iniciativas Mediáticas: Ha ganado visibilidad por sortear su dieta (sueldo) de diputado entre ciudadanos de la provincia de Córdoba, bajo la premisa de que «la política tiene que estar a disposición de la sociedad».
Bornoroni: El «Factor K» (de Karina) y la apuesta de 2027
La figura de Bornoroni ha dejado de ser la de un simple legislador para convertirse en el ejecutor del «rigor karinista» en la provincia. Apalancado por el eje de poder que conforman Martín y «Lule» Menem, Bornoroni está construyendo una arquitectura opositora que desvela tanto al PJ como a la UCR de Córdoba y que ambos sectores quedaron con la boca abierta cuando notaron «El Efecto Jesús María».
- El plan económico como plataforma: En el entorno de Bornoroni no hay dudas. «Si en un año el plan económico se consolida, la candidatura a gobernador es suya por decantación», afirman.
- La pinza con el Juecismo: En un movimiento táctico, Bornoroni excluyó de la lista de invitados a Rodrigo de Loredo (UCR), pero tendió puentes con Daniel Juez, hermano del senador Luis Juez. La estrategia es clara: una fórmula Bornoroni-Juez para 2027 que aglutine el voto anti-peronista.
- Transversalidad derechista: El diputado suma apoyos de figuras clave como la «patricista» Laura Rodríguez Machado (PRO) y sectores del radicalismo territorial representados por Soledad Carrizo, cercana al mendocino Alfredo Cornejo.
Un escenario de incertidumbre para Llaryora
El peronismo cordobés se enfrenta a un escenario inédito. En 2019, Mauricio Macri ayudó indirectamente a Schiaretti al dividir a la oposición (Juntos por el Cambio); hoy, el Gobierno Nacional parece decidido a lo contrario: unificar a la oposición bajo el sello del león.
Con una fecha tentativa de elecciones para abril de 2027, el reloj corre. Llaryora, quien hasta ahora intentaba un equilibrio entre la gestión y la crítica medida hacia el ajuste nacional, ve cómo el «puente» con Buenos Aires ha sido dinamitado. Mientras De Loredo lucha por no perder «nafta» dentro de un radicalismo fragmentado, los libertarios chicanean: «Se equivocan quienes creen que lanzarse por lanzarse es bien visto por el Presidente. Aquí la apuesta es la lealtad, y esa la encabeza Bornoroni».
Dato Clave: La ausencia de Luis Juez en el evento (por vacaciones) no impidió que su estructura estuviera presente, confirmando que la alianza LLA-Frente Cívico está más activa que nunca en el subsuelo de la política cordobesa.
De todos modos, más allá de «El Efecto Jesús María», sabe el Presidente Javier Milei que tiene lados flacos para que le den pelea como el caso Libra:
El fin de la intermediación cordobesa
La imagen de Javier Milei cantando «Amor Salvaje» junto al Chaqueño Palavecino en el escenario de Jesús María no fue un simple exabrupto folclórico de un presidente showman. Detrás del poncho y el estruendo de las 30.000 personas que colmaron el anfiteatro José Hernández, se terminó de cristalizar un giro copernicano en la política de Córdoba: la ruptura del cordobesismo como único intérprete del sentimiento popular de la provincia.
Durante un cuarto de siglo, José Manuel de la Sota y Juan Schiaretti perfeccionaron un modelo de supervivencia basado en la intermediación. Córdoba era una «isla» que amaba a los presidentes que el peronismo nacional detestaba (Macri, el ejemplo más nítido), pero siempre bajo la tutela del gobernador de turno. El Presidente de la Nación era el invitado; el Gobernador, el anfitrión y garante de esa armonía.
Sin embargo, el viernes en Jesús María, esa cadena de mando se rompió.
Milei no necesitó que Martín Llaryora le sostuviera el micrófono ni le pavimentara el camino. Al contrario, el León desembarcó en territorio «gringo» con su propia guardia pretoriana, encabezada por Gabriel Bornoroni. La presencia del jefe del bloque libertario en la foto principal —y la calculada exclusión de figuras como Rodrigo de Loredo— no es un detalle menor. Es el anuncio oficial de que la Casa Rosada ha decidido dejar de alquilar gobernabilidad en Córdoba para empezar a construir una propia.
Para el peronismo cordobés, la ovación a Milei, «El Efecto Jesús María», es un mensaje cifrado pero ensordecedor. El votante que llenó el anfiteatro es el mismo que le da el triunfo al PJ en las elecciones provinciales, pero que hoy parece haber encontrado una conexión directa con el líder libertario, saltándose la escala en el Centro Cívico. Llaryora, que observa desde la distancia de sus vacaciones, enfrenta ahora el dilema de su vida: cómo competir contra un fenómeno que no solo le saca los votos, sino que le está robando la identidad de «provincia rebelde y productivista».
La apuesta de La Libertad Avanza es tan audaz como peligrosa. Al ungir a Bornoroni como el depositario de la confianza presidencial, Milei ata el futuro político de Córdoba al éxito de su plan económico. Si la inflación cede y la economía rebota, el esquema de «cordobesismo» podría enfrentar su primera amenaza existencial desde 1998. La alianza táctica con el sector de Luis Juez y el acercamiento a los sectores duros del PRO (Rodríguez Machado) y la UCR (Soledad Carrizo) sugieren que la «avenida del medio» en Córdoba se está angostando rápidamente.
En el folklore, el «amor salvaje» es aquel que no conoce leyes ni mediaciones. En la política cordobesa, el romance de Milei con el electorado de Jesús María parece haber prescindido de los viejos «oficios» del peronismo local. Si Llaryora no logra recuperar el papel de interlocutor necesario, podría descubrir, demasiado tarde, que en la nueva Córdoba de las fuerzas del cielo, los gobernadores ya no son los dueños de casa, sino apenas otros espectadores en la tribuna.





